martes, 16 de agosto de 2011

Globalització i interculturalitat: Lectura recomendada


La situación social y económica global que vivimos actualmente es compleja. Los acontecimientos transcurren a tal velocidad de vértigo que  muchas veces tenemos la sensación de que nos sobrepasan y no logramos comprender el alcance y fondo de lo que ocurre.

Además vivimos rodeados, como forma de evasión de esta desagradable realidad, del espectáculo y lo ilusorio. Tenemos pocos momentos para detenernos y pensar. Ahora sin duda, son más que nunca necesarias las Humanidades para retomar una cultura basada en la lectura y la reflexión.

La educación requiere esfuerzo y dedicación pero proporciona a cambio lo más preciado para un ser humano: la construcción de una vida plena de significación con la que poder dar respuesta a todos los retos que se nos planteen.

Uno de los libros que desde la Filosofía y las Humanidades pueden ayudarnos en este camino de comprender el mundo actual si hacemos una parada para reflexionar es: Globalització i interculturalitat: Reptes i escenaris publicado en La Busca edicions. He tenido la satisfacción de participar en él con la inclusión de un artículo sobre como gestionar la globalización con propuestas hacia una gobernancia mundial.

El libro surge de un ciclo de conferencias sobre Pensar la globalización realizadas en el Ateneu Barcelones por el grupo de prestigiosos profesores de filosofía que componen el  Liceo Maragall de Filosofía dirigidos por el profesor de Filosofía de la UB Gonçal Mayos.

Globalització i Interculturalitat nos muestra la genealogía de la presente globalización (Gonçal Mayos) y como gestionarla, apuntando a una gobernancia mundial (Alfonso Bárcena). Evalua las consecuencias de la creciente impotencia del Estado (Sergi Mas), de los "sueños imperiales" convertidos en "pesadillas globales" (Joan Lara) y la emergencia de nuevos sujetos políticos como la "multitud" de Toni Negri  (Marta Doltra). Investiga los miedos y esperanzas que genera el otro en nuestro mundo global, ya sea impulsando un cosmopolitismo inclusivo (Norbert Bilbeny), denunciando el falso multiculturalismo (Lluís Roca), explicitando la ética que emerge de la globalización informática (Anna Sarsanedas), o bien criticando el riesgo globalizado de una sociedad crecientemente inhóspita (Josep Casol).

El libro encara pues la complejísima situación actual: acontecimientos como el terrorismo y el contraterrorismo globales, el "choque de civilizaciones" internacional pero que también es interno en cada una de las sociedades (como se ve en las actuales revueltas en Londres), la crisis económica que amenaza no sólo las personas sino la soberania de Estados enteros e, incluso, hace sentir a Occidente que es superado por Oriente.

Una recomendación, en forma de libro, que espero sinceramente os sea de ayuda en ese, a veces, esforzado camino de responsabilizarnos de nuestra propia educación para comprender y dar sentido y así posteriormente actuar y opinar con lo más valioso y satisfactorio: la formación del criterio propio


viernes, 12 de agosto de 2011

La cultura empresarial como hacedora de visiones de la vida


Uno de los hechos más relevantes del último siglo es la irrupción del mundo empresarial y de la gestión (management en inglés) en nuestra realidad diaria. La mayoría de nosotros nos desarrollamos en nuestro ámbito profesional dentro de organizaciones y empresas cuyas formas de hacer nos influencian, quizás más de lo que pensamos, en nuestra vida cotidiana.

Las organizaciones al estar conformadas por personas generan su propia cultura e idiosincracia como forma de dar coherencia, identificar, unir esfuerzos y dar sentido a la actividad que realizan.

Esta cultura normalmente no se genera espontáneamente sino que hay una clara intencionalidad en la construcción de unos valores y una visión de la realidad que son transmitidos a los miembros de la organización y a los cuales se les pide identificación si quieren desarrollar su actividad profesional en ellas.

Las empresas se han convertido en uno de los principales influenciadores en nuestra sociedad en la visión  y sentido que tenemos de nuestra realidad quizás incluso por encima de otras instituciones tradicionales como pueden ser la iglesia o la familia.

Son expertas en crear marcos referenciales (frames en el pensamiento del lingüísta George Lakoff) que delimitan, enmarcan y direccionan nuestra mirada, no sólo como trabajadores sino también como consumidores, hacia lo que ellas consideran como relevante en función de sus intereses empresariales.

Es la creación artificial de un mundo feliz donde solo hace falta seguir sus consejos para alcanzar la plenitud. El reverso de la moneda es claro: la generación de excluidos de aquellos que, o bien no son económicamente capaces de seguirlos o su espíritu crítico, aún no adormecido, se lo impide.

Y una de las formas de apreciar esta influencia es en los lemas que toda compañía que se precie tiene. Son la captura magistral de toda una visión en una simple frase. Hay tres empresas Europeas que son claros ejemplos de visiones de la vida en sus lemas y que quizás expliquen gran parte de la situación económica actual:

  • AEG: Empresa alemana. Lema: "Perfekt in form und funktion". La visión racional de la vida tan propia de los países centroeuropeos.
  • Electrolux: Empresa Sueca. Lema: "Thinking of you". La visión idealista de la vida propia de sociedades nórdicas donde el bienestar de las personas es central.
  • Zanussi: Empresa Italiana. Lema: "La vita è bella". La visión latina estética y hedonista de la vida. El carpe diem, vivir y disfrutar el presente (la deuda ya se pagará de alguna forma...). 

¿Cuál es la mejor visión? ¿Quién lo sabe? Seguramente el secreto radique en una sabia combinación de las tres visiones pero que sólo a nosotros personalmente nos es dado llegar a descubrir. Y afortunadamente tenemos toda una vida para ello.





domingo, 7 de agosto de 2011

Actuar desinteresadamente: nuestra integridad moral en tiempos líquidos

Podemos quizás sencillamente resumir en tres preguntas el campo de actuación de la filosofía en lo que respecta a su estudio del qué es el hombre:

1) ¿Qué puedo saber?
2) ¿Qué debo hacer?
3) ¿Qué debo esperar?

Estas preguntas que el filósofo Immanuel Kant se hace y a partir de las cuales desarrolla su profunda propuesta filosófica, son sin duda cuestiones que alguna vez nos hemos hecho todos en nuestro devenir existencial.  Y es que en nuestros cada vez más correosos y líquidos tiempos modernos, la pregunta que gana más actualidad sea  probablemente qué debemos hacer en un mundo que parece que se desmorona ante nosotros por instantes.

Y sabemos como postmodernos desencantados  y, algunos indignados que también son, que no existen respuestas únicas ni categóricas. Se impone actualmente con más fuerza si cabe, una reflexión profunda de qué somos en realidad y qué podemos esperar en consecuencia.

Quizás nos sería de ayuda volver a reescribir el  imperativo clásico de que en el fondo lo que debemos hacer en nuestra vivir cadencioso diario es desarrollar nuestra humana conditio (llegar a ser lo que eres): sin estridencias, sin exhibicionismos ni imposturas, sin ambiciones inalcanzables o perversas ni imposiciones a terceros.

Y nos queda también afortunadamente la opción personal de volver, como nuestros sabios antepasados clásicos, a la olvidada por nuestra velocidad diaria:  contemplación estética de la vida. No como una distracción o evasión pueril de nuestra desconcertante realidad, sino como una voluntad clara de apreciar las cosas desinteresadamente, como las sentimos y apreciamos, sin objetivos finalistas, sin instrumentalizar nuestras relaciones y sin condicionantes externos.

Y a partir de aquí desarrollar nuestro propio y reflexionado imperativo ético de actuar conforme a este desinterés que nos ofrece la contemplación estética de la vida cuando somos capaces de detenernos a apreciarla en su justa medida.


Wittgenstein ya nos decía que ética y estética son lo mismo. El filósofo barcelonés Eugenio Trias nos expone también que el arte muestra la verdad subyacente a la realidad a través de la revelación de conductas (buenas / malas). Muestra el ethos del habitante del límite.

Esa mostración supone cierta epojé, distanciamiento, desinterés (kantiano) que sin duda necesitamos actualmente para construir nuestra personal integridad moral  desde la consciente actuación desinteresada para poder dar una respuesta  clara a tan interesados creadores de caos en nuestro acontecer diario.

domingo, 24 de julio de 2011

La invención de lo humano: reviviendo nuestros valores con Shakespeare

"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos". Shakespeare

Damos por sentado normalmente que mucho de lo que nos conforma y nos guía como seres humanos esta consolidado y no sufre ningún peligro. Valores e ideales como la verdad, bondad, libertad o igualdad nos parecen cuestiones de cuya existencia, solidez  y continuidad no cabe dudar. Pero en el fondo, como en todo lo humano, la más absoluta de las fragilidades nos rodea y es parte consustancial a nosotros.

Vivimos tiempos difíciles, como tantos otros como nosotros antes los han vivido, y quizás nuestra responsabilidad, no sólo con nosotros mismos sino con las próximas generaciones, sea revivir en nuestra contemporaneidad esos valores e ideales como parte de algo tan vital como es la construcción y mantenimiento del sentido en nuestras acciones. La fuerza interna que de esta revisitación obtendremos se hará difícil de diluir a pesar de las grandes tempestades cotidianas que nos toque vivir.

Y en esta nueva y titánica tarea no estamos solos sino que tenemos una gran aliada: las Humanidades.  Obras y creaciones artísticas de  personas, que como nosotros, han tenido que enfrentarse a dilemas y  vivir situaciones críticas y desde su voluntad expresiva inquebrantable, nos han legado sus creaciones y personajes a modo de invitación para redescubrir los valores y el sentido que ellos le dieron a su existencia dentro de sus azarosas circunstancias.

Uno de esos gigantes que nos ofrecen las Humanidades en este camino vital es sin duda el inglés Shakespeare. En su obra, como nos dice Harold Bloom, se inventa nada menos que lo humano: en Shakespeare, los personajes se desarrollan más que se despliegan, y se desarrollan porque se conciben de nuevo a sí mismos. A veces esto sucede porque se escuchan hablar, a sí mismos o mutuamente. Espiarse a sí mismos hablando es su camino real hacia la individuación, y ningún otro escritor, antes o después de Shakespeare, lo ha logrado tan bien.

Trazó con su pluma los contornos inmortales de numerosos personajes, capaces de las mejores obras, de las peores y también de las más contradictorias. Suyos son los retratos de grandes reyes atormentados y de brujas, generales, duendes traviesos, dulces enamorados o villanos sin remordimiento: Hamlet y la duda, Otelo y los celos, Tito y la ira, Shylock y la avaricia, Bruto y la honradez del ciudadano son sólo esquemáticas muestras de la grandeza y variedad no sólo artística, sino humana de su obra.

Shakespeare valora como ninguno la enseñanza moral que brindan las tribulaciones del mundo las cuales templan al ser humano como una piedra preciosa es pulida hasta llegar a mostrar toda su belleza. Estos atribulados tiempos que nos tocan vivir en el fondo no son muy diferentes a los que él vivió. Aceptemos con templanza esta invitación y revivamos con conciencia  en sus obras el valor y los ideales de lo humano como forma abierta de alcanzar la belleza pulida en nuestra vida. 









sábado, 16 de julio de 2011

Teniendo visión: transformando nuestra conciencia con la crisis



Cuentan que en el siglo XVIII en Europa aún se pensaba que todos los cisnes eran de plumaje blanco hasta que a finales de ese siglo unos exploradores descubrieron en la numerosa fauna de Australia y de forma sorpresiva, cisnes negros. El cisne negro es un suceso que tiene tres características básicas: gran impacto (cambia incluso la forma de pensar), difícil de predecir y sobrepasa las expectativas aceptadas.

Esta parábola es utilizada por el profesor Nassim Taleb en su libro "El Cisne negro" para ejemplarizar la poca capacidad que tenemos los seres humanos para predecir los grandes acontecimientos cuyo impacto cambiarán el futuro y de que no debemos obsesionarnos con intentar modelizar toda la realidad dado que siempre podrá existir algún elemento altamente improbable no modelizado convenientemente, que producirá un efecto desproporcionadamente grande.

Y que duda cabe que nuestra actual crisis responde a sucesos cuyas consecuencias sistémicas y negativas no supimos predecir. En el fondo debemos quizás extraer la enseñanza de que vivimos en un mundo incierto y que esta incertidumbre a veces provoca consecuencias muy dañinas pero que siempre nos quedará lo principal que nos constituye y define como personas: nuestra actitud y talante ante esas circunstancias.

Y en está época de crisis podemos comenzar por ampliar nuestra visión: la perspectiva con la observamos los hechos  para dar con la actitud adecuada. Esto podemos hacerlo de la mano de pensadores como el economista Alex Rovira que nos ofrece un lúcido análisis y sabias propuestas para aprovecharla en su libro "La buena Crisis". Comienza por una reflexión muy sencilla, la etimología de la palabra crisis. A veces confundimos crisis con desgracia. La desgracia es trágica e irreversible. La desgracia es la muerte de un ser querido. La crisis proviene del griego krisis y nos habla de un momento decisivo, de un punto de inflexión y primariamente de krinein que significa cribar, elegir, separar.Comparte etimología con crítica que es el razonamiento necesario y criterio que es la capacidad de pensamiento.

Una crisis nos proporciona, ya desde su etimología, la oportunidad y las herramientas para transformarnos ya que no es un proceso irreversible. Como decía Eric Fromm nos obliga a dejar de Tener para poder llegar a Ser a través de una cambio en nuestra conciencia y perspectiva de ver las cosas.

Como dice Alex Rovira:

Desde el punto de vista financiero, hemos comprado con dinero que no teníamos cosas que tal vez no necesitábamos, para impresionar a quien no conocíamos o que no nos caían bien, o hemos invertido en activos que no valían lo que costaban. Por tanto, en realidad una crisis económica sería una crisis de conciencia. ¿Por qué? Porque probablemente hay una premisa que ha estado olvidada durante mucho tiempo y es que la psicología crea la economía

Y si la psicología crea la economía y en psicología se está asumiendo esta premisa que parece un eslogan pero que es real: “lo que creemos es lo que creamos”. Y en la economía es así de claro. La oportunidad de cambio esta en nuestras manos, en nuestra conciencia de lo que somos y sobretodo de lo queremos Ser.

Y no puede haber valor económico sin valores. Santo Tomás decía que a toda crisis se llega desde el vicio, es decir, desde la dejadez, desde la inercia, desde el no cuidar, y que de toda crisis se sale solo desde la virtud, desde la voluntad de hacer bien las cosas, de responder, de actuar, de ejecutar.

Ahora que vivimos momentos decisivos, críticos, hagamos pues un viaje muy rápido hacia la etimología de las definiciones que da el diccionario no sólo de crisis sino también de la palabra valor.

domingo, 10 de julio de 2011

Amando la vida con Spinoza: la pasión triste

Cuando actuamos nos encontramos siempre ante el dilema de entender la realidad como algo externo a nosotros y objetivo o pensar que podemos con nuestra actuación no sólo cambiarnos, sino también al mismo tiempo, cambiar esta realidad.

Haciendo un paralelismo científico con la Física podemos decir que se pueden dar explicaciones de la realidad mecanicistas y deterministas como hace la Física clásica o por el contrario cambiar el paradigma para propugnar como hace la más reciente Física cuántica, que con nuestra conciencia modificamos el comportamiento y respuesta de esa realidad.

Nuestro conocimiento actual nos dice que la Ciencia ya no puede afirmar: "La realidad es tal verdad objetiva" sino que hoy debe decir: "La realidad no es tal verdad fija y objetivable, es voluble y cambiante al observarla" y de estos corolarios científicos tenemos todos la oportunidad de sacar ciertas preciadas orientaciones para nuestra manera cotidiana de Ser:
  • Nos induce a pensar de modo más creativo y lateral sin dar por sentadas o aceptar las explicaciones y formas de actuar tradicionales.
  • Nos impulsa a actuar sin victimizarnos construyendo nuestra propia realidad.
  • Nos ayuda a sentir que estamos todos entrelazados.

Quizás el filósofo que supo magistralmente anticiparse a esta nueva concepción de la realidad fue el judío holandés de origen Ibérico Baruch Spinoza. Aunque era determinista trato de responder a la más difíciles de las preguntas: ¿Cómo podemos ser felices en un mundo donde todo es pura necesidad y las cosas parece que ocurren siempre de una forma determinada?

Para Spinoza no existe la libertad o el libre albedrío: nos creemos libres porque simplemente ignoramos las cosas que nos  determinan. Pero lejos de caer en la melancolía o en lo que denominaba la pasión triste que nos proporcionaba el conocimiento, su filosofía es de la acción y nos gritaba que debemos amar si cabe con más fuerza y pasión la vida desde esa pulsión melancólica. No podemos escapar de nuestras pasiones pero nuestro esfuerzo ético consiste para él,  en transformar las pasiones tristes en alegres y éstas en acciones que guíen nuestro comportamiento.

Este esfuerzo que en esencia es a veces la vida, se puede resumir en el fondo en tratar dos afectos inestables básicos: la esperanza y el miedo. Comprender de forma interconectada la naturaleza y la realidad desde el panteísmo de Spinoza o al modo de la nueva Física cuántica nos ayuda sin duda a aceptar la vida y mirarla con nuevos y abiertos ojos porque aunque sin duda, de nuestras esperanzas y miedos se nutre la materia real de lo humano, de nuestros deseos de conocimiento se nutren los cambios que soñamos para ella.

Como sabiamente ya nos decía Aristóteles: "la felicidad está en el conocimiento aunque a veces produzca melancolía". Sed pues entonces bienvenidos con alegría a la pasión triste.

domingo, 3 de julio de 2011

Una ventana abierta al Realismo: de la utopía a la evasión

Todos vivimos una misma realidad pero cada uno de nosotros desde la perspectiva de nuestros pequeños y distintos mundos personales. Se da actualmente un consenso científico físico de que la realidad existe previamente con independencia de nuestra percepción. Confrontar, interpretar y gestionar esa realidad externa a nosotros como seres humanos es quizás con mayúsculas la Tarea titánica de nuestra vida.

A través de la interpretación que damos a los hechos que nos ocurren y de la interacción social, vamos extrayendo los significados que las cosas tienen para nosotros. Y del conjunto de significados podemos, no sin dificultad, construir el sentido de todo el conjunto: nuestra actitud y carácter (ethos) ante una realidad externa que siempre afortunadamente nos desafía.

Vivimos unos tiempos de indignación donde varias propuestas, algunas utópicas, han sido lanzadas desde el espacio público. Es gratificante ver, que a pesar de ataques de bárbaros ahora con corbata , volvemos a defender nuestros orígenes como Occidentales, donde la verdadera democracia se declamaba y dirimía en los plazas y forums griegos y romanos. De estos ilustres antecesores nuestros, debemos sin duda aprender la lección de no ser presa fácil de dogmatismo o ideologías que coarten nuestra recién adquirida libertad: no sólo la externa sino la tan preciada interna.

Nuestra sociedad moderna hiperconectada sólo nos ofrece alternativas de evasión ante una realidad que unos pocos gestionan de forma exclusiva e interesada. Nos imponen un ocio cargado de ficción, virtual, evasivo que al final desdibuja la misma realidad y bloquea nuestra autonomía personal provocando que dejemos de ser sujetos activos.

En un nuevo escenario virtual los nuevos parias ya no son los explotados sino los invisibles, de ahí la necesidad de exhibirse, de estar conectado en la red social: quien no se muestra no existe. Y aquí es donde sacrificamos, en aras del dogma de la conectividad virtual impuesta, nuestros tan trabajados espacios de intimidad y libertad personal.

Quizás sean estos tiempos en los que deberíamos volver a un realismo militante: abrir de nuevo la ventana de este mundo virtual cuasi falsamente utópico en el que vivimos encerrados, para dejar entrar aire fresco y analizar de forma cruda, objetiva y sin ficciones lo que hay delante y buscar alternativas no escapistas con el esfuerzo de todos. Y es que a veces hay que ser realistas para pedir lo imposible.

Y como siempre el Arte nos puede acompañar y guiar en este difícil trabajo vital. El realismo pictórico, con Antonio López como uno de sus máximos representantes, es una tendencia pictórica que ha sido a veces denostada y excluida pero que es sin duda un soplo de aire fresco a tener en consideracion ante nuestra artificiosa realidad actual.

domingo, 26 de junio de 2011

Paseando por Praga: la belleza del absurdo

Hay ciudades que proporcionan a sus afortunados visitantes, paseos que nos permiten saborear la esencia de alguna de las cuestiones constituyentes de lo humano en sus cadenciales pasos al caminar por ellas.

Son ciudades que mantienen sus calles aún empedradas, sus barrios nuevos y antiguos claramente diferenciados, pero unidos por resistentes puentes llenos de alegorías en forma de figuras, castillos que parecen inexpugnables, construcciones armónicas y cierta obsesión por la medida del tiempo en fascinantes relojes astronómicos. Praga es sin duda una de esas ciudades donde belleza, historia y pensamiento parecen haberse dado armoniosamente la mano.

Muchas veces, no son estas ciudades en sí mismas las que muestran a primera vista la profundidad de su esencia al paseante que deambula sin rumbo, sino que son sus ilustres habitantes los que han sabido capturar y transmitir, no sólo el ambiente de un periodo histórico vivido, sino también la respuesta que como seres humanos han dado a esa inquietud o desasosiego vital que les asaltaba en una ciudad que era tan suya como ahora nuestra.

Kafka estaba sin duda completamente decidido a ser alguien en ese barrio judío de la ciudad de Praga de la que llego procedente de su pueblo. Aunque fue un hombre misterioso, casi emblema del introvertismo, del ser encerrado en sí mismo, pretendió algo realmente imposible: hallar respuestas a todas las preguntas que desde los primeros tiempos han inquietado a la Humanidad.

Y se topó proféticamente con el absurdo y lo inverosímil, algo que en nuestra acelerada época moderna ha alcanzado, desgraciadamente, el grado de devoción en nuestros medios de comunicación y  algunos pensadores y de sensación inquietante en parte de nuestro devenir diario.

En sus obras como La Metamorfosis o El proceso nos encontramos convertidos una mañana en cucaracha rechazada por todos o enjuiciados ante un tribunal sin saber el motivo. Situaciones y mundos construidos por hombres que parecen en principio fantásticos pero que irónicamente pueden ser rigurosamente auténticos, provocando esa angustia vital tan reconocible por el hombre moderno.

Y es que en ocasiones percibimos magistralmente en sus escritos, que el sentido del mundo no es enunciable sino que sólo podemos afortunadamente sentirlo paseando por esas bellas ciudades como Praga con tan ilustres habitantes.

domingo, 19 de junio de 2011

Creadores de sentido: el tiempo de lo humano

Como efímeros seres humanos nuestro tiempo se diluye cadencialmente en medio de la eternidad. Reflexionar sobre este tiempo vivido y encontrarle un sentido es algo en lo que en algún momento de nuestro devenir existencial hemos pensado. Todos nos enfrentamos a la tan nombrada realidad: un fenómeno físico externo a nosotros, muchas veces temido, pero que si lo observamos con cierto detenimiento, afortunadamente esta sujeto a infinitas interpretaciones y perspectivas. Tantas como seres humanos, pero no todo el mundo tiene la habilidad de crear un sentido compartido desde esa perspectiva particular.

Y la Cultura y todas sus manifestaciones no es sino la respuesta que como humanos intentamos dar al desafío del sentido. Y a veces puede parecernos en ciertos momentos vitales que esta búsqueda es un esfuerzo inútil e incesante y que como en el mito griego de Sísifo, estemos condenados a subir absurdamente la pesada roca que al llegar a la cima vuelve a despeñarse hacia abajo. Pero en estos casos en los que parece que tengamos los ojos vendados y esta realidad nos supere sólo debemos dejarnos arropar por algún creador de sentido.


¿Y dónde podemos encontrarles? Basta simplemente con enfocar de nuevo nuestra mirada hacia el mundo y ejercitar algo tan importante como la imaginación y los encontraremos sin dificultad en las páginas de los clásicos griegos y su defensa de la dignidad humana, en las obras teatrales de Shakespeare con el magistral trato hamletiano de la duda, en los arrebatos de Ana Karerina de Tolstoi o en tantas otras obras literarias y artísticas que son sin duda como faros que nos guían en la tempestad en la que a veces se convierte nuestra realidad particular.

Y la cultura requiere esfuerzo, pero la recompensa de tener acceso a este enorme legado cultural de personas que como nosotros, quisieron encontrar un sentido a su tiempo vivido y fueron capaces, no sólo de crearlo, sino de compartirlo, es sin duda enorme. En un mundo moderno donde las Humanidades son denostadas y lo efímero mercantilizado en producto televisivo toma caracter de ley universal, sabemos íntimamente  lo afortunados que somos de  formar parte de una inmensa minoría de personas capaces de encontrar y reconocer a estos creadores de sentido que nos ayudan a diluir nuestro tiempo vital y hacerlo eterno.

lunes, 13 de junio de 2011

Ariadna y el dilema de la obediencia: un relato vital


No conseguí llegar a mi despacho aquella mañana. La mirada de la secretaria del Director General no era muy alentadora cuando me pidió secamente que fuese sin dilación a su despacho para tratar un asunto de extrema urgencia. De camino por el pasillo varias miradas furtivas  de recelo se clavaron en mí. La verdad es que la situación económica actual de la compañía  en la que ejercía como Director Financiero distaba mucho de sus mejores tiempos, todo el mundo sabía que estábamos en un proceso de venta a una multinacional alemana interesada en nuestro sector y que eso podría provocar restructuraciones de personal. Los detalles concretos sólo los conocíamos la familia propietaria de la empresa y yo por mi cargo, pero esto lejos de disminuir mi inquietud, la aumentó en mayor medida ante lo que parecía una reunión a todas luces intempestiva a primera hora de la mañana de un lunes.
Golpeé sin mucha convicción la puerta de Javier miembro de la familia propietaria y Director General en funciones. Se oyó una voz apagada detrás de la puerta que me invitaba a pasar. El despacho era de una suntuosidad propia de la viejas sagas familiares burguesas: una ecléctica combinación de símbolos de poder tradicional y apoltronamiento en un pasado mejor que no se volverá a revisitar nunca más arrasado por una modernidad devoradora de viejas querencias familiares.
-          Pasa Álvaro, te estaba esperando
-          He venido en cuanto me han avisado –acerté a decir-
-          Sí tranquilo, lo que quería discutir contigo era urgente. Toma asiento – me dijo escrutándome de arriba abajo-
-          ¿De qué se trata? ¿Algún problema grave? – pregunté con impaciencia-
-          No, al contrario es solamente un sencillo asunto técnico. ¿qué tal os va con tu familia en la nueva torre que os habéis comprado? – me inquirió sobrevenidamente con cierta malevolencia-
-          Bien, pero bueno… ya sabes, haciendo grandes esfuerzos para pagarla tal y como están ahora las hipotecas con la crisis que estamos pasando y si a eso añadimos los gastos de los niños pues no resulta a veces fácil -titubeé-
-          Sí me lo imagino, por cierto ¿qué tal le va a tu suegro? ¿creó que también era empresario? del sector inmobiliario, ¿verdad?- me dijo sonriendo ampliamente.
-          Así es, la verdad que como al resto de sector no le han ido muy bien las cosas, tuvo que cerrar la empresa – contesté no sin recelo.
-          Todos sabemos que las crisis económicas tienen estas cosas. Seguro que vendrán tiempos mejores y su situación cambia – afirmó con calculada condescendencia.
-          Eso esperamos todos – respondí con cierto abatimiento.
-          Pero bueno vayamos al tema que quería comentarte: como bien sabes estamos en las últimas valoraciones financieras de nuestra compañía para la compra por parte de los alemanes.
-          Cierto, precisamente esta semana íbamos a presentarles la valoración definitiva tal y como acordamos en el Consejo Familiar de la pasada semana – expuse con decisión.
-          Lo sé, y precisamente por eso te he hecho llamar- me espetó seriamente-
-          ¿Hay algo que no hayáis entendido de la última valoración? – pregunté intrigado
-          La verdad es que mi familia y yo pensamos que no refleja justamente todo el esfuerzo que hemos dedicado desde hace tres generaciones a levantar esta empresa y que  un simple ajuste contable bastaría para arreglar esta indeseable situación – expuso con heladora calma
-          ¿Un simple ajuste contable? ¿A qué te refieres exactamente? – inquirí con sorpresa.
-          Se trata sencillamente de cambiar la valoración de las naves industriales de Barcelona lo cual aumentaría considerablemente el precio a pagar y se acercaría con mayor justicia a lo que pensamos que realmente vale nuestra empresa.
-          ¿Cómo? ¿Cambiar la valoración? No puede hacerse, es de mercado  fue validada por una empresa auditora externa y yo soy responsable de su firma final – respondí con indignación.
-          Si quizás sea así, pero piensa que en futuro seguramente esas naves valdrán incluso más y seríamos ingenuos si dejamos que otros se lleven los beneficios de nuestros esfuerzos. Además la familia quiere hacerte saber que te recompensará ampliamente por este pequeño ajuste. Habíamos pensando en depositarte un porcentaje de la venta a tu nombre en nuestro banco en Suiza. Piensa que esto solucionaría tus preocupaciones económicas familiares por mucho tiempo y quién no quiere ayudar a su familia ¿verdad? –expuso sonriendo con cinismo
-          Entiendo…déjame que lo piense –contesté temblando amargamente con la intención de acabar la conversación.
-          Sí claro, tómatelo con calma, tenemos toda esta semana para concretar los detalles. Piensa que como dijo el poeta es de necios confundir valor y precio –rio sonoramente mientras se levantaba de la mesa y me acompañaba a la puerta con su mano paternalmente depositada sobre mi hombro.
Cuando finalmente se cerró la puerta detrás de mí, un escalofrío de disgusto recorrió todo mi cuerpo. Miré hacia la ventana en busca de luz diurna liberadora. Encontré un día que había amanecido gris oscuro acompañado de una lluvia que caía mansamente sobre una ciudad despertando a un nuevo día que parecía sólo favorable para los más audaces.
¿Nunca has pensado seriamente en cambiar de vida? Ariadna siempre me interpelaba en el momento menos pensado con esa pregunta mientras sonreía maliciosamente.
Pero ¿sabes?: aunque a veces nos parezca lo contrario la vida que llevamos es la que en el fondo deseamos tener. Solamente en un pequeño rincón escondido en lo más profundo de nuestro inconsciente, tenemos idealizada la posibilidad de un cambio pero solo para que nos haga más llevadera nuestra existencia actual. Me contestaba con cierta suficiencia mirándome fijamente cuando tras su provocadora pregunta le confesaba mis deseos de cambio radical de vida.
Las clases nocturnas de escritura a las que asistía eran para mí una pequeña válvula de escape de las tensiones diarias a las que me veía inevitablemente sometido en mi actividad profesional. Éramos un grupo reducido de inconfesables solitarios sin demasiadas pretensiones. Las variopintas procedencias de los alumnos eran para mí como una ventana a la que asomarse huyendo quizás de la prosaica sordidez de mi devenir diario.
Entre mis compañeros destacaba por su fingida candidez, Ariadna: una maestra de educación especial de ideas imposibles pero diabólicamente elaboradas, revestidas de una voz cálida y formas suaves aunque decididas.
He de admitir que mi fascinación hacía ella aumentaba día a día. Tendemos a pensar que a partir de la treintena tenemos nuestra vida encaminada y sobretodo, controlada, pero nada más lejos de la realidad: una simple y a veces fortuita chispa puede encender un fuego que arrase con nuestras más profundas convicciones.
Ariadna cual demiurgo creador era capaz de construir ese nuevo mundo íntimamente deseado por cada uno habiendo acabado previamente con un simple gesto de desprecio con la más elaborada de nuestras argumentaciones defensivas.
No sabría decir si era la estudiada temeridad de sus palabras o la inconsciencia con la que actuaba, pero ella logró extraer de mí,  sino una profunda devoción, si la convicción de que otra realidad alternativa era posible a la que desde siempre recuerdo he vivido.
Y, ni qué decir tiene que, durante aquella fatídica semana en la que se me planteo el dilema ella fue afortunadamente, la piedra de toque en la que siempre me apoyé para tomar mi decisión final.  Una decisión que sin duda ahora puedo decir con el alivio que proporciona la distancia, no dejó indiferente a nadie.
La noche en la que entramos sigilosamente en la oficina ya cerrada junto con Ariadna, fue para mí una especie de válvula de escape de la presión acumulada durante aquella fatídica semana.  La intensa amalgama de sensaciones de todo tipo por las que pasé en solo cuatro días era un preludio nada halagüeño a cualquier toma de decisión mínimamente razonada.
Mi vida familiar pendía de un hilo: las deudas de mi suegro arruinado al que yo había avalado por compromiso familiar estaban torpedeando sin piedad la línea de flotación de mi maltrecha situación económica.
Mi mujer había pasado de tener una actitud desconsolada conmigo al más absoluto de los desprecios ante lo que ella consideraba como una absoluta e incomprensible incapacidad por mi parte  para defender dignamente lo que ella consideraba más sagrado: el estatus que su familia merecía. En el ambiente subyacía el profundo miedo que genera ver como todo en lo que has creído durante años se derrumba inesperadamente a tu alrededor.
La situación en mi oficina no era mucho mejor: ante mi dubitativa reacción inicial al requerimiento de Javier, mi Director General, éste reacciono de forma rápida dando entrada en nuestras reuniones a mi segundo de abordo: el jefe contable. Una maniobra sin duda audaz y estratégica que aseguraba un recambio rápido y quirúrgico a mi posición en caso de necesidad.
Ariadna, mi confidente, veía toda esta situación como una clara confirmación ante lo que a su entender parecía evidente: vivimos inmersos en la sociedad del simulacro y eso no sólo nos destruye como individuos sino que nos resta autenticidad y fuerzas para perseguir lo que realmente querríamos ser.
Ahora bien, a pesar de todo, la salida para ella era sencilla: volver a rehacer el ovillo del hilo de nuestra vida y lanzarlo de nuevo al aire para vivir otra vida que está allí dispuesta para nosotros con sólo tirar de ese hilo.
En mi caso era sencillamente vivir lejos de las vanidades de la gran ciudad en modo de casa rural junto a ella. Una vida que no por idílica e idealizada me resultaba menos atrayente.
Tirando cada vez más fuerte de ese hilo sostenido por ella es como entre en la oficina esa noche en que todo se precipito sin remisión.


Condescendiente, sobretodo consigo mismo, así definiría yo a Álvaro. No podría decir lo que me llevo a entrar  aquella noche en su oficina junto a él. No creo que fuese la emoción de realizar un acto furtivo, ni tampoco soy tan ingenua de caer en la falacia de pensar que fuese necesaria una acción inesperada para acabar con una situación que tal y como estaba planteada, parecía sin duda injusta.
Simplemente consideré que debía estar junto a él en aquel momento trascendente de cambio en su vida. No tenía a nadie más en quien confiar. Además, el simple pensamiento de dejarlo solo en esa situación me resultaba tremendamente desagradable.
La vida tiene senderos que no imaginaríamos nunca que fuésemos a recorrer. Muchas veces son laberintos internos en los que sólo necesitamos ganar cierta perspectiva para encontrar la salida. Todos tenemos temporadas en que nos gustaría vivir a una altura diferente. Y no se trata de una altura física o moral, sino de tomar cierta distancia con lo que nos ocurre para abrirnos a nuevos caminos a los que muchas veces casi inconscientemente renunciamos.
Álvaro se encontraba necesitado en el momento en el que lo conocí en el curso de literatura, de ese hilo vital imperceptible pero continuo que nos guía y nos da la seguridad de encontrar ese camino correcto que todos anhelamos hallar en nuestras situaciones difíciles. Para él, Ariadna, mi nombre, era toda una premonición mítica de esa posible salida del laberinto en el que se encontraba metido.
No negaré que en una primera impresión suya me dejé llevar por los esteriotipos más manidos sobre ese mundo económico de ejecutivos con gomina, de poder aplastante sobre el resto de los mortales y que nos resulta tan inasequible a los no iniciados. Pero si realizabas un análisis más atento y sutil observabas en sus medidas palabras, estudiados gestos pretenciosos y mirada huidiza una profunda sensación de desamparo de alguien en el que todo su mundo prefabricado va a la deriva desde hace tiempo.
Tampoco recuerdo exactamente como comenzamos a escribirnos por mail e intercambiar inquietudes fuera de las clases nocturnas, quizás por mi trabajo con niños con necesidades de aprendizaje especiales tenía cierta tendencia a desembarcar en islas desiertas en busca de náufragos a los que rescatar.
De mi creo que le atrajo esa seguridad en mi carácter con la que soy capaz de transmitir la  confianza en nuestra capacidad de vivir esta vida libres de cualquier atadura y de elegir, no sin esfuerzo, pero plenamente conscientes, nuestro destino por nosotros mismos lejos de a veces impostadas realidades construidas interesadamente por otros en las que creemos confortablemente vivir.
Y tengo que admitir, que lo que ocurrió aquella sorprendente noche, logro cambiar mi percepción de la vida.
Describir  como dantesco, el panorama que se encontraron los empleados de la oficina a la mañana siguiente de nuestra incursión nocturna junto con Ariadna, sería un simple recurso literario que quedaba ampliamente superado por una realidad que aunque era chocante y palpable, no era fácilmente asumible.
En un mundo en el que a veces todo da vueltas frenéticamente a nuestro alrededor necesitamos sin duda una constante a la que asirnos. He de agradecer profundamente a Ariadna el criterio que me transmitió con el que fue lentamente urdiendo el nuevo ovillo de mi vida. Cuando entramos juntos en la oficina sólo quedaba el último tensamiento de ese hilo para comenzar mi nueva existencia.
Nuestra incursión no se limito a fotocopiar ciertos documentos fraudulentos en los que se habían realizado los ajustes contables que cambiaban completamente la valoración de la compañía sino que introduje un elemento diferencial que viraría radicalmente el rumbo de la empresa.
Previamente había contactado con la empresa alemana que pretendía comprarnos para ponerles al corriente del ruin ajuste con el que se iban a modificar las valoraciones. Sólo necesitaban conseguir las pruebas documentales por mi parte para denunciar el caso y tener la satisfacción del famoso deber cumplido. Esto habría bastado para acabar con mi dilema pero siempre he tenido una actitud perfeccionista que me impedía dejar las cosas a medio hacer. Un carácter el mío, que no sólo cambio mi vida, sino la de mucha gente.
Sabiendo que a primera hora de la mañana y antes de que acudiese ningún empleado iban a tener una reunión de los tres únicos accionistas de la compañía y que siempre tomaban un té especialmente importado de la India eché una sustancia indetectable en el mismo que me proporciono uno de los contactos de Ariadna. Un elixir proveniente del amazonas, una vida primitiva y despreciada por nuestra modernidad pero que paradójicamente cambio el más candente de nuestros presentes. No tenía nada que envidiar a los utilizados en los antiguos cultos adivinatorios griegos sólo que éste provocaba el peor de los olvidos: el de uno mismo.
Nadie supo comprender lo que les había ocurrido a los propietarios de la empresa cuando los encontraron por la mañana mirándose fijamente a ellos mismos frente al espejo buscando ansiosamente algún elemento que les permitiese reconocerse. Vivir desde el olvido no es algo a lo que nos acostumbremos de forma fácil en una modernidad donde podemos encontrar a la memoria en el más insospechado de los soportes. Ese giro primitivo irónico era sin lugar a dudas con el que más disfrutaba Ariadna.
Fue necesario poco tiempo para forzar la incapacitación del consejo de accionistas y basto una dirigida presión de la empresa alemana para que en esas extraordinarias circunstancias, ésta adquiriese por un buen precio la compañía. La recompensa no se hizo esperar para mí, por la lealtad demostrada me ofrecieron la dirección y formar parte del accionariado de la compañía, algo que solucionaba de golpe todos mis problemas y lograba consolidar a mi familia. Una magistral vuelta completa en mi vida para volver al mismo sitio. Algo sólo reservado a los más audaces.

Si alguien me pregunta como puede ser que yo, la Ariadna urdidora del hilo, acompañase a Álvaro hasta el total desenlace en su dramática semana, en el fondo sólo tengo que acudir a la más profunda de mis convicciones: todos debemos vivir la vida que deseamos. Ir a contracorriente de nuestro río vital sólo acaba en pequeños atragantamientos diarios que acaban al final por ahogarnos. Y cuanto más fuerte sean las brazadas en la dirección correcta, mejor estaremos con nosotros mismos y con los que nos rodean. Nos es fácil a todos entrar en moralismos interesados, pero detrás de ellos sólo subyace una voluntad de dominación del otro para acercarlos a nuestros intereses particulares. Algo también despreciable ¿verdad?.
Y no hay sistema bueno o malo: sólo pasiones a perseguir sin aliento. Algunos aún sonríen irónicamente cuando se lo explico en la casa rural que Álvaro me compro con los primeros dividendos que su empresa le dio en su nuevo puesto.