domingo, 27 de octubre de 2013

Construir mundos mejores:ejerciendo nuestra libertad positiva

Aunque vivamos en un mundo donde las referencias han desaparecido necesitamos articular cuales son las cuestiones a las que vamos a dar importancia para poder no sólo enfrentarnos a nuestro día a día sino también intentar tener una cierta perspectiva de futuro. La historia Occidental siempre ha basculado entre la tragedia y la revolución: entre un conformismo y aceptación de la dureza con la que a veces nos golpea la realidad y una ansia interna de intentar cambiar las cosas a mejor a través un cierto soplo de esperanza que llamamos Utopía.

Hemos empezado a aceptar que no hay unos fundamentos objetivos ahistóricos que nos guíen y den sentido. Vivimos en un juego lingüístico cuyas reglas pertenecen a él mismo y las vamos descubriendo a medida que jugamos. No hay nada o nadie externo a ese juego que nos ayude o que podamos tomar como referencia para dilucidar un sentido. A pesar de que hay muchas reticencias quizás la solución que tengamos es intentar ser pragmáticos: ser prácticos y sabiendo que estamos inmersos en un juego, intentar vivirlo de la mejor manera posible.

El pragmatismo es una escuela de pensamiento que enfatiza la investigación y la práctica en lugar de buscar los fundamentos o criterios históricos absolutos. Es así una teoría deflacionaria que no busca construir grandes conceptos o entelequias abstractas sino que nos ayuda a enfrentarnos directamente a la realidad. Las palabras no nos hacen estar más cerca de la realidad. Las palabras adquieren sentido cuando las usamos. No hay nada trascendente, no hay una perfección fundacional del mundo. Solo en el juego que jugamos el mundo adquiere sentido.

Creemos en la pragmática, en la práctica, no porque esté más cerca de la realidad, sino porque es el juego en el que estamos dentro desde que nacemos. No hay una fundación, una verdad absoluta  para darnos una respuesta. No hay telos para la práctica política. Sólo existe la posibilidad de reenmarcar el modo en el que pensamos siendo más conscientes de los marcos que actualmente existen.

Debemos quizás practicar una libertad entendida  como positiva: al contrario de la libertad negativa que propugna el liberalismo donde el Estado no se debe meter en los asuntos de la individualidad, la libertad positiva se crea cuando tenemos más posibilidades y solo dentro de una comunidad podemos desarrollarla mediante la participación de cada uno en el poder colectivo compartiendo la potencia que deriva de la convivencia. Las personas solo tienen sentido dentro de la comunidad con la ilusión que el propio concepto de comunidad lleva implícita la noción de solidaridad.

Muchos pensadores postmodernos han sido críticos, deconstructivistas, antifundamentalistas. La propia realidad se nos ha vuelto adversa y dura,  dejándonos a veces ante un vacio en cuya aridez debemos intentar orientar nuestras vidas. Y quizás no haya fundamentos pero si hay instituciones (la familia, la comunidad,amigos…) a las que debemos cuidar y que el constructivismo prágmatico intenta rescatar de esta deriva actual.

En lugar de intentar objetivar, describir o cuantificar el mundo debemos preocuparnos por él. Necesitamos describir las cuestiones que nos importan y debemos cuidarlas y protegerlas.  Hay que pasar del matter of fact al matter of concern. Hay que conscientemente construir en lugar de únicamente criticar y deconstruir.

¿Qué debemos buscar o querer? La única forma de contestarlo es a través de más conversaciones, mayor interacción, más prácticas comunitarias en lugar de pretender buscar un fundamento objetivo. A veces aceptamos algo como verdadero porque no queremos seguir investigando o discutiendo, pero afortunadamente la historia continúa y ya habrá otros que sin duda lo harán.

Es importante tener el ethos de alguien que añade realidad a los problemas de hechos y que no substituye la realidad por entelequias sino que une piezas y construye desde su práctica diaria. Ser aquel que construye un nuevo juego del lenguaje con las cosas, personas y las instituciones que nos importan y debemos cuidar. Además con la globalización tenemos nuevas oportunidades de construcción: la heterogeneidad es una fuente de inspiración y una condición de nuestros juegos lingüísticos contemporáneos. 

Quizás no tengamos fundamentos sólidos en los que apoyarnos pero si existen por el contrario instituciones que funcionan y debemos cuidar y que nos permiten enfrentarnos a la realidad y al juego en el que estamos inmersos, no ya para salir indemnes sino para poder construir las reglas que nos hagan vivirlo mejor y con intensidad. Afortunadamente podemos confiar que más allá del destino (fatum) está el deseo humano de mejorar y construir mundos mejores, porque a lo mejor vivir se trata de eso: Utopía





domingo, 20 de octubre de 2013

El poder del lenguaje: la acción como construcción personal


El mundo social es conflictivo por naturaleza: dado que vivimos en la postmodernidad sufrimos el hecho de que no haya una síntesis o esencia absoluta para tomar como referencia. Podemos intentar concebir una totalidad pero esta debe ser siempre abierta. Al no haber una esencia todo se convierte en relacional: las redes sociales se han convertido ya en un nuevo tipo de capital económico denominado social. Además quizás hemos dejado de lado construcciones como las culturales que podían llegar a ayudarnos a vivir  y relacionarnos mejor intentando superar el conflicto. En la actualidad entendemos que el conocimiento viene dado en exclusividad por el avance de la ciencia y sus diferentes disciplinas como la matemáticas, relegando las manifestaciones culturales al ámbito del ocio o meramente lúdico.

Debemos seguramente volver a repensar que papel podemos dar a la Cultura en una nueva realidad en la que ya no hay objetos fijos sino relaciones: La Cultura introduce en nuestra vida complejidad, nos hace más capaces de responder con instrumentos complejos a la complejidad de la existencia. No por ello seremos más felices, ni mejores personas, porque sabemos que la cultura puede ser edificante o perturbadora. Pero ante la unidimensionalidad en la que a veces se convierte nuestra vida: trabajar, consumir, tener éxito, ser feliz...la Cultura nos da la oportunidad de abrir nuevas posibilidades en nuestras actuaciones, encontrar relaciones donde no las había y desde allí poder construir una identidad elegida por nosotros.El filósofo Zizek nos dice que en el totalitarismo democrático en el que vivimos, ser feliz se convierte en el nuevo mandamiento y el seguirlo no es sino una nueva forma de conformismo; por tanto, debemos ser capaces de encontrar nuevos enfoques a una vida que, desde la permisividad y hedonismo actual, se convierte en una forma de opresión cuando nos obligan a ser felices a toda costa.

Una de las formas para reaccionar ante el conflicto y aprovechar la apertura relacional en que puede convertirse nuestra vida puede ser reformulando la forma en que actuamos mediante el uso de la cultura: para el filósofo Sloterdijk  la esencia del hombre no se encuentra en el trabajo como pensaba Marx, ni en la comunicación, como afirma hoy Habermas, sino en el ejercicio. En el siglo XIX estuvo en lo cognitivo, bajo el signo de la producción y en el siglo XX bajo el de la reflexividad, el futuro debería ser presentado bajo el siglo del ejercicio. La vida humana puede convertirse en una ascesis artística, un resultado de ejercicios y elementos de un modus vivendi que podemos desarrollar en la cuerda floja de la improbabilidad. La acción humana es algo indeterminado al contrario de la acción animal que viene determinada por su naturaleza biológica. Y una de las características que nos diferencian del mundo animal es el uso que damos al lenguaje para creativamente abrir nuevas posibilidades.

El filósofo francés Paul Ricoeur nos introduce el término de identidad narrativa: todos nosotros somos una serie de características (hombres, mujeres, blancos, negros, con una condición social) pero la suma de todo ello no implica lo que seremos o podemos Ser. Nacemos dentro de un lenguaje institucionalizado y con reglas definidas pero a su vez podemos hacer un uso creativo del mismo como capacidad de fundar o refundar nuevas instituciones y formas de vivir. La vida humana es una poética de sí mismo, la unidad narrativa de la vida con el tiempo: el ser humano es una ruta y con el lenguaje vamos interpretando el pasado y construyendo creativamente lo que queremos Ser en futuro. El lenguaje se explicita en los textos,en los libros y con su lectura podemos entrar en mundos diferentes y vernos reflejados en ellos y así poder llegar a Ser nuevas y diferentes personas que no siguen la unidimensionalidad del éxito hedonista y consumista en la que se ha convertido nuestra actualidad. Aquí radica el verdadero poder del lenguaje y la cultura. Como decía Ricoeur: no somos idem sino ipsem.

Finalmente debemos ser conscientes de la capacidad perlocutiva de hacer que tiene el lenguaje: cuando hablamos cambiamos el mundo, hablar es producir efectos. El lenguaje constituye el discurso de la acción humana y tiene el poder potencial del cambiar el mundo. Además el lenguaje es intersubjetivo: pone en relación sujetos negociando conflictos y nos hace salir de nuestras limitaciones internas llevándonos trascendentemente hacia la verdad y nuevas formas de ver nuestra realidad. De aquí la importancia de nuestra formación cultural como forma de creativamente construirnos a nosotros mismos.

Estamos en un mundo donde aunque  nos lo parezca no existen identidades esencialistas ya construidas para nosotros (hombre, mujer, ejecutivo, científica, ama de casa...) sino identidades nómadas que tenemos la oportunidad de improvisar y mediante la acción creativa y el uso del lenguaje y la cultura construir con esa afortunada indeterminación que tiene la acción humana, como forma de mejorarnos a nosotros mismos y al mundo en que vivimos que, como sabemos, necesita urgentemente de nuevas miradas.




domingo, 6 de octubre de 2013

La intensidad: el reto de vivir la propia vida


Ocultado quizás por nuestra absorbente actividad diaria plagada de automatismos, obligaciones y repeticiones constantes, podemos no ser conscientes que una de las grandes características de nuestra época actual es la incapacidad para dar un sentido global a lo que hacemos: los grandes metarrelatos de la modernidad que daban una coherencia vital a los individuos que formaban parte de una comunidad han desaparecido. No existe ya una verdadera esencia, una fundación de todo, un telos o un objetivo absoluto a perseguir. Nos ha quedado a cambio una vida fragmentada que no podemos ni vivir por etapas ya que el stress diario solamente nos deja ser conscientes de instantes fugaces que tan pronto como se iluminan desaparecen y a los que nos cuesta dar una linealidad reflexionada de sentido.

Como decía el filósofo francés Michel Foucault, la función de la filosofía es hacer Ontología del presente: analizar cuál es la situación del nuestro devenir diario como personas para intentar mejorarnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean. La Filosofía debe enseñar a mirar, a pensar y también a actuar. Debe enseñar a vivir. Y una de las cuestiones que analizan en profundidad la Filosofía reciente es como estos discursos de la modernidad basados en el progreso, el poder emancipatorio de la razón  y la evolución de generación a generación hacia una mejor vida ha quedado actualmente en entredicho con la crisis que estamos padeciendo.

Con toda probabilidad una de las causas  de esta situación es la incapacidad de generar nuevas alternativas y al mismo tiempo insistir patológicamente en los mismos patrones. La Escuela de Frankfurt ya nos advirtió que la razón emancipadora de la Ilustración había sido relegada a una peligrosa razón instrumental donde el progreso técnico refuerza el status quo y la dominación por parte de quienes tienen esa capacidad técnica que usan muchas veces de forma opresiva para imponerse a los demás. Ser racional es pues reproducir el status quo. Y todos sabemos desgraciadamente cual es el status quo actual para mucha de nuestra población.

Desde la Filosofía existen afortunadamente análisis y propuestas que nos ayuden a dar esperanza a esta situación que no parece tener salida. Así el mismo Foucault asocia la modernidad como algo en lo que nuestra actitud debe estar orientada al cambio y a la diferencia. Es un tiempo donde, en vez de reproducir la moral burguesa o las modas que dicten nuestros mass media actuales, debemos inventar posibilidades más que confirmar las mismas alternativas. Debemos pensar la realidad como algo que puede ser diferente a lo que es. Estamos encarcelados en una truculenta serie de rutinas diarias que nos agotan. No conformarnos, esa es la actitud.

El hombre moderno no debe buscar la verdadera esencia, una fundación, un telos o un objetivo que otros nos han marcado, sino que debe inventarse a si mismo. Cuidar de sí mismo en la formación de un carácter (ethos) como forma de posteriormente cuidar de los demás (política). La modernidad es el hombre que vive su propia vida sin dejar que las condiciones externas, sea cuales sean, le limiten.

La crítica no sólo es la función kantiana de buscar los límites de los conceptos, la crítica para Foucault es también la transgresión: abrir nuevas posibilidades que no caigan en nuevas formas de represión. No se trata de descubrir algo más en el status quo sino inventar o crear algo diferente. Y esto puede hacerse viviendo nuestra vida ordinaria con intensidad .Como decía la escritora Virginia Woolf  hay que intentar capturar esas "pequeñas iluminaciones como el encendido de una cerilla en la oscuridad" y no la gran epifanía y vivir intensamente la sola intimidad de lo ordinario: priorizar las relaciones con lo nuestros y hacer lo que realmente nos importa ya es un acto transgresor de vivir conscientemente la propia vida.

La dialéctica de la vida puede entenderse como la oposición de vivirla con intensidad o con normalidad y conformidad social. Ser conscientes de la importancia de vivir intensamente nuestra propia intimidad de lo ordinario nos abrirá nuevas posibilidades En el fondo, no hay que encontrarse a uno mismo por caminos que otros delimitan sino ser transgresor y producirse uno mismo en lo ordinario de cada día. Aquí radica el verdadero reto: vivir nuestra propia vida .





domingo, 29 de septiembre de 2013

La desigualdad: el reto moral de este siglo


Una de las cuestiones que capturan más nuestra atención con cada vez mayor preocupación son las crecientes diferencias que observamos entre los diversos miembros que conforman nuestras sociedades. Sabemos que todos partimos de talentos diferentes y por tanto desiguales y esta desigualdad en el talento va a implicar que la desigualdad social sea inevitable. Esta creciente diferenciación y jerarquización entre ciudadanos esta teniendo consecuencias negativas no sólo en los ámbitos económicos o sociales, sino también en los personales. Y estos son cada vez más palpables ya que ahora llegan al verdadero pilar de las sociedades avanzadas: la clase media.

Desde el punto de vista económico, el economista Antón Costas nos expone, a modo de advertencia, que la lógica actual desigualitaria del Capitalismo financiero en que vivimos choca con la lógica igualitaria de la Democracia. La política económica reciente sigue la lógica de intentar prolongar un modelo de crecimiento basado en la desigualdad a través  de burbujas crediticias y endeudamiento que lo que han hecho ha sido simplemente profundizar en la desigualdad; donde los más afectados han sido personas sin recursos que han acabado endeudados y posteriormente en bancarrota.

Según Costas, la desigualdad actúa como poderoso disolvente de los fundamentos del crecimiento económico y del progreso social: corrompe a las sociedades desde dentro al consolidar los prejuicios de los que están en la parte de arriba hacia los que están más abajo en la escala social. La principal afirmación, cuyo valor demostrativo sería inmenso, es que la desigualdad no permite a la economía de mercado funcionar de forma eficiente: la comunidad de sentimientos o "simpatía" es fundamental para que las decisiones orientadas a la búsqueda del propio interés beneficien, a la vez, el bienestar del conjunto de la sociedad. La desigualdad acentúa la inestabilidad macroeconómica y hace más volátil el ciclo económico, favoreciendo la aparición de burbujas y crisis recurrentes. La desigualdad actual es por tanto, el resultado de un cambio de poder económico a favor del sector financiero.

Siguiendo a Adam Smith, la corrupción de los sentimientos morales ha provocado una quiebra moral de la economía de mercado: desprendida del contenido moral, las motivaciones humanas que mueven los mercados se apoyan en una ética coja. El principio moral de simpatía es una especie de pegamento indispensable para que las motivaciones humanas que dirigen la búsqueda del interés privado logren conciliarse con el interés general o el bien común de la sociedad.

Uno de los retos principales de los próximos años será reconciliar Capitalismo con igualdad. La austeridad es una política a favor de los acreedores y en perjuicio de los deudores, intensificando la desigualdad. El ideario económico y social que se sigue actualmente en Alemania es un claro ejemplo de esta problemática:

  • La idea central es la competitividad: la democracia acorde con el mercado (Marktkonforme Demokratie). En lugar de rodear y limitar democráticamente el mercado, la democracia debe ser recortada de acuerdo con el mercado.
  • Es una ideología más fundamentalista de mercado que solidaria. Relativiza la desigualdad y no garantiza la cobertura de las necesidades vitales básicas
  • Finalmente existe una obsesión por la demografía. La regla 7/25/50: somos en Europa el 7% de la población mundial, producimos el 25% del PIB mundial y gastamos el 50% del coste social planetario. Abriendo de este modo el terreno para el recorte del gasto social.
Otro de los grandes análisis de las consecuencias de la desigualdad vienen desde el lado sociológico: Zygmunt Bauman y Richard Sennett son dos sociólogos que analizan magistralmente las consecuencias sociales y personales  que la creciente desigualdad están provocando.

Zygmunt Bauman nos expone que la gente a lo que hoy tiene miedo no es a ser vigilada constantemente a modo de un Gran Hermano, sino lo que la gente tiene miedo es a ser excluida, desechada, abandonada. Vivimos en una sociedad confesional: quieres que más y más gente sepa lo que estás haciendo (vía facebook, twitter,instagram,..), tenemos miedo de romper lazos sociales, de ser desiguales, de la exclusión amenazante,de la soledad. 

Por otro lado Bauman explica que somos adictos a la seguridad: lo que la gente busca, y teme no tener, es seguridad existencial. No teme a terroristas, sino a perder su posición social. En el mundo laboral vales sólo lo que tú ultimo éxito en el mercado de trabajo. Y los Estados sufren déficit de poder: no pueden asegurarnos ya contra el desempleo, la vejez,... La seguridad existencial es algo que cae fuera del control de los políticos. Muchas de estas funciones han sido ya privatizadas y su acceso es por nivel de renta ya de por sí desigual. Los políticos se centran únicamente en la seguridad física contra los terroristas y otras amenazas más o menos reales.

Finalmente el sociólogo Richard Sennett analiza qué significa respeto en una sociedad basada en la desigualdad: la sociedad ha buscado relaciones respetuosas a través de la dignidad del trabajo y esto dada las características y situación de escasez del trabajo contemporáneo, profundiza las desigualdades. La institucionalización del talento como fuente de prestigio y éxito laboral da origen a la meritocracia pero a su vez tiene un lado peligroso: la dependencia y falta de autonomía de los excluidos, de los menos talentosos. La autonomía es la clave para la igualdad y el respeto. Hay que seguir pues los tres códigos modernos de respeto: hacer algo por sí mismo, cuidar de sí mismo y ayudar a los demás a ser autónomos. 

En la construcción de una sociedad más igualitaria donde el bien común sea el fin último y también ayudando a la eficiencia económica, está en nuestras manos el aceptar de los otros lo que no podemos entender de ellos. Tratar al otro en igualdad de condiciones. La conexión respetuosa se establece cuando se reconocen los límites y posibilidades del otro. No excluyendo y asumiendo la diferencia como una factor entre otros más y comprendiendo que todas las personas están dotadas de talento es como nos ganaremos no sólo su respeto sino también el más importante: el respeto moral a uno mismo. 




domingo, 15 de septiembre de 2013

¿Qué es tener un buen carácter?: eligiendo nuestra personalidad


Como Montaigne seguramente secundaría, podemos decir que Vivir ya es un trabajo, es más: es el principal de ellos. Y el ¿cómo vivir? una de las preguntas más difíciles. Todos tenemos que dar siempre respuesta a situaciones que en nuestro devenir vital tenemos que afrontar. La forma en como reaccionamos viene determinado por nuestro carácter y nuestra personalidad. Reflexionar, ser conscientes de como se construye nuestra personalidad y como podemos influir en nuestro carácter, nos dará una amplitud de miras que muchas veces sin duda necesitaremos para dar una respuesta adecuada a situaciones complicadas.


El filósofo José Antonio Marina reflexiona en su libro "El aprendizaje de la sabiduría" en como el pensamiento puede enseñarnos no sólo a vivir sino también a convivir y como la sabiduría puede entenderse como una inteligencia vital que puede aprenderse si dedicamos el tiempo necesario a reflexionar sobre el cómo deberíamos vivir.

En primer lugar hay que ser conscientes de que todos poseemos una personalidad que se compone de un carácter más un proyecto. Y que esta personalidad (carácter+proyecto vital) puede ser elegida aunque pueda parecernos difícil. 

Una personalidad elegida se define por tres elementos: 

  1. Un proyecto vital
  2. La negociación con nuestro propio carácter.
  3. La negociación con la realidad.
El desarrollo de la personalidad es un proceso dinámico donde el sujeto tiene que pasar de la posibilidad a la acción. La personalidad determina la acción y al mismo tiempo es determinada por ella y ambos elementos influyen en la realidad en un dinamismo plural y recíproco en el cual podemos desarrollar nuestro proyecto vital.

Cabe preguntarse en el siguiente paso: ¿Qué es tener un buen carácter?. Muchas veces solemos identificar el tener carácter con una el tener una posición fuerte ante los acontecimientos, pero significa eso que tenemos un buen carácter o que simplemente tratamos de imponernos ante los demás dado que no somos capaces de negociar con nuestro propio carácter.

Jose Antonio Marina nos expone que lejos de algunas  creencias de que el carácter viene muy determinado, es no solo posible, sino deseable construir responsablemente un buen carácter. Identifica el buen carácter  con aquel que posee muchos recursos íntimos. Los recursos son aquellas capacidades que nos ponen en buenas condiciones para alcanzar la felicidad y la dignidad. Los recursos implican creencias, sentimientos y hábitos operativos. Son grandes aretés (virtudes) clásicas que nos llevan a la felicidad. Aristóteles ya nos decía que la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud.

El último paso que nos queda es construir los componentes que nos quedan para hacer un retrato del buen carácter. Existen doce recursos fundamentales que componen un buen carácter:
  1. Seguridad básica: debemos poder vivir en un ambiente estable que proporcione crecimiento intelectual y afectivo.
  2. Temple o equilibrio afectivo: es ajustarse bien al momento (kairos) en el que vivamos. Atemperamiento a la realidad y equilibrio personal.
  3. Sabiduría: es el talento para hacer las preguntas adecuadas y buscar las buenas respuestas, es la poética del vivir. Elaborar un sistema de creencias adecuadas y correctas sobre el mundo.
  4. Fortaleza: es el coraje de emprender y el coraje de perseverar. Atreverse y resistir son los dos componentes de la fortaleza.
  5. Diligencia: es la sabiduría del tiempo, a medio camino entre la procastinación  (dejar las cosas para otro día) y la precipitación.
  6. Autonomía responsable: es saber dar cuenta de lo que se hace y tener conciencia clara de las consecuencias de nuestros actos.
  7. Creatividad: es descubrir posibilidades en la realidad. En esa poética creadora descubriremos ese sentimiento de flujo que la producción creadora nos ofrece.
  8. Alegría: es la experiencia de la plenitud ante el aumento de las posibilidades. Como decía Spinoza: cuando el hombre siente su poder, se alegra.
  9. Sociabilidad: es la aptitud para la convivencia. Es reconocer que las otras personas pueden ser fuente de satisfacciones y no sólo de decepciones, exigencias y amenazas. Nuestra felicidad depende de que sepamos integrarnos en un proyecto social, colaboremos y nos sintamos queridos.
  10. Compasión: es el fundamento de la solidaridad. Comienza como sentimiento y acaba como hábito. Es la conducta de cuidado y lucha mancomunada contra el dolor. Si no salvo mis circunstancias, no me salvo yo.
  11. Respeto: es el sentimiento adecuado hacia todo lo valioso. El gran avance de nuestra especie ha sido aceptar que todos somos animales racionales dotados de dignidad que siempre debemos respetar.
  12. Sentido de la Justicia: es saber buscar el equilibrio, reconocer la igualdad que hay en el otro.
Trabajar reflexivamente nuestros recursos, saber compensar los que no tengamos suficientemente desarrollados, es sin duda uno de los caminos para poder decir que, lejos de escondernos en un carácter heredado, intentamos construir responsablemente nuestro propio buen carácter. Y en la filosofía podemos encontrar una guía ya que nos enseña a mirar, a pensar y también a actuar. Como dice el filósofo francés Pierre Hadot hay que transformar ética y estéticamente lo cotidiano, vivir con alegría, gozar de estar vivo. Ahora ya con nuestra personalidad y buen carácter responsablemente elegido.








domingo, 8 de septiembre de 2013

Del Capitalismo Cognitivo a la Sociedad de la Ignorancia

Estamos acostumbrados a vivir bombardeados por datos, imágenes, palabras o eslóganes. Forma parte de nuestro acontecer diario el estar inmersos en flujos de información que se actualizan continuamente. También nos sobreviene en muchas ocasiones esa sensación de vernos sobrepasados por la imperiosa necesidad de ser constantemente conscientes de cada información que cambia. El esfuerzo perceptivo requerido para estar al día actualmente puede llegar a parecernos, con certeza, una tarea más propia de titanes que de humanos. Podemos decir con seguridad que nuestro sistema económico ha evolucionado desde un sistema industrial de objetos materiales hacía uno de datos inmateriales que denominamos como Capitalismo Cognitivo.

El economista italiano Andrea Fumagalli define la base del nuevo Capitalismo Cognitivo en el que vivimos como la explotación de las capacidades lingüísticas, cognitivas y relacionales de los individuos. Es un nuevo paradigma económico que tiene como objeto de intercambio, acumulación y valorización, las facultades vitales de los seres humano: en primer lugar el lenguaje y la capacidad de generar conocimiento. Este sistema intenta la subsunción total de la vida en capital: a modo de biopoder económico, establece una difusión de dispositivos de control sobre las actividades sociales con el fin de transformarlas en relaciones económicas productivas.

El Capitalismo Cognitivo Bioeconómico tiene una serie de características que le definen:

  • El proceso de acumulación y valoración de este sistema tiende a fundarse en la vida puesta a trabajar. El conocimiento es el motor de acumulación. La producción de valor se da cada vez más con los elementos inmateriales (relacionales, sentimentales, cerebrales..). Hay un desmaterialización del capital fijo hacia una transferencia de las funciones productivas al cuerpo vivo: bios. Un paso de las tecnologías mecánicas a las lingüístico-comunicativas a través de la Tecnología de la información y del trabajo en red. La vida misma es puesta en valor. Esto se lleva a través de la valorización de las diferencias que cada individuo lleva consigo.
  • El proceso de realización de este sistema se lleva a cabo a través del consumo y de la creación de imaginarios a modo de estilos de vida. El proceso se torna bioeconómico: importan los modus vivendi y su comunicación como actos lingüísticos. Esto provoca una terciarización del consumo donde el cliente es el centro y es el consumo el que arrastra a la producción y no al revés como ocurría en el sistema industrial.
  • La prestación laboral esta caracterizada por la diferencia: lo que los empleadores valorizan en la diferencia cognitiva que cada individuo pueda aportar. Se realiza una nueva división del trabajo, esta vez cognitiva. Al individualizar la prestación laboral aparece con fuerza el sujeto precario y también autónomo. Además surge también la problemática de la obsolescencia cognitiva de los trabajadores que no pueden mantener el ritmo de reciclaje de conocimientos que este nuevo sistema requiere. Las negociaciones laborales, si existen, se focalizan en encontrar el mejor mix de flexseguridad. Esto no evita el problema del incremento de la desigualdad y la exclusión de las personas que no tienen suficientes capacidades cognitivas para ser productivos en esta nueva sociedad.
  • Existe una centralidad de los mercados financieros que financian la actividad de acumulación cognitiva y, sustituyendo al Sector Público, hacen de papel multiplicador de la economía y de la distribución de ingresos. Asistimos a una privatización de la reproducción de la vida con un desmantelamiento del Estado del Bienestar en muchos países.
  • El beneficio no es simplemente el producto de una inversión en stock de capital físico sino que depende de la utilización de un patrimonio social (conocimientos, relaciones, sentimientos...) que debe ser controlado y explotado (redes sociales, consumo por estilo de vida...) con fines privados. La producción de dinero ya no se hace sólo mediante mercancías al estilo Fordista sino también por medio de conocimientos.

Este nuevo tipo de Capitalismo cognitivo ha llevado a plantearse que puede que la evolución de la sociedad del conocimiento sea un proceso que no sea positivo como unánimemente se ha pensado y que por el contrario, quizás vivamos en una Sociedad de la Ignorancia o de la incultura . El profesor Gonçal Mayos nos expone que hay mucha parte de la población que es incapaz de hacerse cargo reflexivamente de las problemáticas humanas en conjunto ante la avalancha de datos que sufre. El conocimiento parece seguir un proceso geométrico al estilo Malthusiano, mientras que nuestra capacidad individual de saber y procesar sigue uno aritmético. 

La obsolescencia cognitiva de los ciudadanos es cada vez una amenaza mayor, así como la incapacidad de la ciudadanía para atender las dificultades globales. Esto puede suponer un peligro para la democracia porque lejos de empoderar a la población para resolver problemas, dejamos estos en manos de expertos (políticos y técnicos) de cuyo control democrático normalmente desistimos. Aparece pues una nueva alienación postmoderna que se fundamente en actitudes escapistas de gran parte del población ante el proceso geométrico malthusiano del saber. Y se refugian en una sociedad de la incultura donde el espectáculo, el simulacro y el vacío son fomentados y radiados por todos los medios de comunicación.

Pero una vez hecho el diagnóstico, existen afortunadamente motivos para la esperanza: la propuesta del profesor Mayos para hacer frente a esta Sociedad de la Ignorancia es volver a empoderar la población mediante la recuperación de los saberes de Cultura General que devuelva la capacidad reflexiva como base de cualquier saber y de este modo participen con fundamento en una sociedad que, con los retos que tiene, no podemos dejar por desistimiento en expertos interesados. Aristóteles ya supo sabiamente definir el fundamento del ser humano: el hombre es un animal social (zóon politikon). Seamos pues dignos de nuestra naturaleza y no renunciemos a nuestra propia formación como forma de empoderarnos reflexivamente y así tomar las mejores decisiones ante la necesidad urgente de mejorar la sociedad en la que vivimos.



domingo, 1 de septiembre de 2013

Segunda edición Libro recopilación del Blog: "La Razón Desencantada"



Después de casi tres años de publicación de entradas en este blog y para agradecer a todos aquellos que las seguís con asiduidad, he autopublicado la segunda edición actualizada a Septiembre de 2013 de una recopilación de las mismas, que puede descargarse gratuitamente en formato PDF en el link de abajo:

 http://www.bubok.es/libros/216134/LA-RAZON-DESENCANTADA


(SEGUNDA EDICIÓN ACTUALIZADA A SEPTIEMBRE DE 2013)

Es un compendio de reflexiones sobre las Humanidades y las Ciencias con vocación expresiva integradora

Incorpora una propuesta de itinerario vital en cuatro rutas:

La ruta del SER:  Filosofía, Pensamiento y Psicología
La ruta del TENER: Economía y Ciencias Sociales
La ruta del VIVIR JUNTOS: Geografías, Viajes y nuevos horizontes
La ruta del DIALOGAR: Ciencia, Arte y Literatura

Todo con el firme convencimiento de que necesitamos la ficción, la fantasía y los relatos porque la vida no se puede expresar solo mediante una visión realista. El individuo tiene la capacidad con la ayuda del arte, de la filosofía, de la ciencia con conciencia, del viaje como ampliación de horizontes para  agujerear las visiones impuestas y las versiones oficiales y crear su propio relato de devenir vital algo necesario en los tiempos que todos vivimos.

Espero sinceramente os satisfaga y sea de utilidad.

Saludos cordiales,
Alfonso Bárcena
Mail: larazondesencantada@yahoo.es

Panta rei  (Todo fluye)
Heráclito

lunes, 26 de agosto de 2013

Pensando en la frontera: Walter Benjamin y la necesidad de la memoria.





Es necesario a veces dejarse llevar por las sensaciones que nos produce contemplar un paisaje para que en las líneas que todo horizonte presenta a la vista, tratar de percibir los límites de lo vivido y abrir así nuevos territorios a habitar. Absortos como estamos normalmente en vivir en la superficie de la evanescencia de lo dado, el detenernos simplemente a contemplar serenamente un paisaje puede ser un nuevo espacio para nuestra memoria, permitiéndonos acceder a nuestra propia realidad pero de otro modo: cuestionándola, criticándola en la búsqueda de esos límites que todo paisaje impone e intentando así trascenderla, buscando quizás un futuro mejor.


Hay un paisaje en una tierra de frontera como Portbou, que permite al paseante atento ejercer su memoria en la contemplación de elementos vivos de una Historia que nos precede como forma de enfocar correctamente nuestra mirada hacia el futuro: el memorial Pasajes que el escultor Dani Karavan dedica al gran filósofo de origen judío Walter Benjamin. Un pensador de frontera que buscaba los límites para abrir nuevos territorios que posibilitasen un futuro mejor. Alguién que llevaba consigo un profundo sentido de la tragedia que va asociado a la experiencia del exilio de su país, Alemania, ocupado por los nazis como nuevos bárbaros y que después de siete años de exilio por diferentes puertos de Europa, el último pasaje lo realiza en Portbou: suicidándose ante la imposibilidad de seguir huyendo hacia América tras su detención y segura deportación por la policia franquista, en esta pequeña localidad de la bella Costa Brava Catalana.

Y en el descenso por las escaleras del memorial que van de la oscuridad hacia la luz del sol que el mar refleja en ese limite final, el paseante puede rememorar ese fracaso del sueño de la Cultura Europea que Walter Benjamin vivió: una identidad que trato de ser universalista y compartida, contrarrestando la barbarie nacionalista que la modernización capitalista imponía a la historia. Una Europa que pudo ser cosmopolita, ilustrada y universal dando cabida a todas las identidades como la judía de nuestro filósofo pero que fue más deseada que real, como sueño fracasado arrastrado por fuerzas destructoras como el nazismo. Una Europa que ahora mismo tampoco encuentra ese sentido de cosmopolitismo y  de defensora de una ciudadanía digna e integradora, cegada como esta por los mercados a modo de nuevos bárbaros modernos.

Pero esa luz que nos deslumbra al acabar nuestro descenso como límite final del memorial, lejos de detenernos, si miramos bien, nos reenfoca a una visión que Walter Benjamin también nos dejó en su exilio vital: una posibilidad de Utopía que ve en la realidad dada la potencia en sí misma de ser una realidad diferente, radicalmente mejor que la efectiva o actualmente establecida. Una posibilidad de revolución dentro de la permanente lucha del bien y el mal. Una luz  redentora que siempre esta al final de todo túnel esperándonos. Esta experiencia necesaria de rastrear el dolor del pasado, la memoria y el exilio como componentes esenciales de la posibilidad de un futuro mejor que siempre está a nuestro alcance a modo de luz redentora a pesar de las dificultades actuales, es lo que el paseante afortunadamente vive esperanzado oteando los límites fronterizos de este paisaje, ante un mundo que urgentemente necesita de nuevas y renovadas miradas.




lunes, 12 de agosto de 2013

¿Pensar sirve para algo?: Hannah Arendt y la función del filósofo


¿Para qué sirve pensar? ¿Qué significa ser filósofo o ejercer la filosofía? Hemos de constatar que en nuestra sociedad actual el acto mismo de pensar muchas veces esta considerado como subversivo: en primer lugar quizás porque el pensar es en sí mismo un acto solitario: deja de lado la denominada solidaridad y consenso del grupo para convertirse en algo asocial. En segundo lugar, porque no reporta una utilidad evidente: un consumo o una práctica social aceptada. El acto de pensar es algo que no incrementa nuestro desarrollo, nuestra satisfacción y placer hedonista que el sistema social nos recomienda a todas horas, nuestro progreso económico en definitiva. Es más, muchas veces determinadas ideas suponen un obstáculo al denominado y buscado progreso social.

Para entender mejor de qué están hechos los filósofos y qué papel pueden jugar en una sociedad como la nuestra, es altamente recomendable ver la reciente película "Hannah Arendt " de Margarethe Von Trotta: una película de ideas que hace pensar y  muestra magistralmente el papel de esta filósofa judía, que fue considerado muy controvertido, en los hechos históricos del juicio en Israel del criminal de guerra nazi Eichmann. 

Del visionado de este film creo que podemos obtener varias grandes lecciones:
  • A pesar de que el acto mismo de pensar puede que no tenga que tener ninguna utilidad en concreto sino que es algo simplemente innato al ser humano como le indica a Hannah Arendt su maestro Heidegger en una de sus clases, el pensar en el fondo puede reportarnos una utilidad moral: la de romper con servidumbres voluntarias o inconscientes ante las ideologías que nos rodean. Aunque no nos lo parezca, como dice el filósofo Zizêk, actualmente vivimos en una de las épocas más ideológicas que han existido. Una ideología que es una evolución de un Capitalismo basado en el mercado, el consumo y la apropiación. Recordemos que una de las definiciones de ideología es un sistema de representaciones que tiene como función ocultar los conflictos reales para justificar un estado de cosas. Así por ejemplo, nuestros en principio paraísos consumistas  nos ocultan una explotación en Asia en la confección de los productos que consumimos por parte de mano de obra que trabaja muchas veces en condiciones de esclavitud. Curiosamente creemos que ahora el Capitalismo es algo aséptico y abstracto, exclusivamente financiero de juego de ruleta en bolsa, dejando de lado que existe una gran parte industrial que ahora están desgraciadamente sufriendo algunas naciones y personas en Asia.
  • Como nos dice el pensador Castoriaidis: el hombre quiere creer, no quiere saber. El pensar cuestiona las creencias, introduce dudas, nos saca de la comodidad de nuestras certezas. Llevado al extremo y si observamos el análisis que Hanna Arendt hace del caso de criminal de guerra nazi Eichmann: cuando la vida de un hombre como el burócrata Eichmann está desprovista del sentido de trancendencia, la tendencia es a refugiarse en la ideología. No pensar, no ser racional le lleva a no ser humano, a deshumanizarse y participar simplemente en algo que él creía grandioso y único como el nazismo con las consecuencias que desgraciadamente eso tuvo. La excesiva burocracia nos sirve de coartada a veces para deshumanizarnos, para actuar simplemente como meros intermediarios de leyes o governances empresariales que han hecho otros y que nosotros nos limitamos a cumplir. Eso nos puede dar comodidad pero nos aleja de sentido moral que debemos dar a nuestras vidas y que sólo mediante el pensar crítico podemos descubrir. Y seguramente,  la verdad moral esta siempre del lado de los que sufren que son a los que debemos proteger.
  • El papel del filósofo queda fehacientemente retratado en la figura de Hannah Arendt: a pesar de las furibundas críticas que recibió por no considerar a Eichmann como un monstruo sin escrúpulos, dedicado a la exterminación de judíos sino como un simple hombre banal, un burócrata que renuncia a pensar, deshumanizándose y cumpliendo ordenes, sumergido en una ideología que le da la oportunidad de participar en algo supuestamente grande. La respuesta de Hannah Arendt es la respuesta del filósofo: no se deja llevar por rasgos identitarios o por los sentimientos como judía que ella era, sino que da una respuesta racional que no da nada por sentado. No se limita a ser historiadora y constatar sino a ser Poeta y crear (poésis): a pensar y crear nuevos conceptos como el de "la banalidad del mal", que nos den nuevas perpectivas ante la realidad que vivimos. Esa es sin duda la función de los filósofos.

Como seres humanos todos podemos pensar y ser filósofos. Onfray nos dice que filosofar es hacer viable y vivible la propia existencia allí donde nada es dado y todo debe ser construido. Pensemos y hagamos pues sin miedo de la filosofía también nuestra profesión: una profesion filosófica que, como decía Eugenio Trias, es la dignidad de una condición que no se satisface con vivir sin adquirir comprensión y conocimiento de lo vivido.








sábado, 3 de agosto de 2013

Reflexiones vacacionales: la alegría como verdadero arte de vivir


Hay tiempos como son los del descanso vacacional que invitan a la reflexión serena. Un alto en el camino que nos permita no sólo coger las tan necesarias fuerzas para un futuro que es incierto por definición, sino que también nos facilite ese ajuste que permita focalizar nuestra mirada en lo realmente esencial y por tanto importante.

En un entorno tan desbocado como el que vivimos inconscientemente nos dejamos llevar por una marea de pensamientos que el stress provoca y que hacen que muchas veces sintamos nuestra realidad como desajustada, provocando emociones negativas, que no encajan con nuestro deseado proyecto vital y eso nos hace desembocar en estados de ánimo entristecidos o agotados que debemos proponernos cambiar. Nietzche decía que  "cada estado interior es una filosofía" y quien mejor que nosotros mismos para crear nuestra propia filosofía.

Las presiones en las que vivimos nos mantienen en la superficie de la vida. Sabemos que la visión de la vida nos la dan nuestros conceptos que nos ayudan a interpretar lo que vemos. Debemos trabajar ajustando lo más posible estos conceptos mediante la formación continua: la lectura, la curiosidad, el estudio, la crítica fundamentada nos permitirán ir al fondo de cada circunstancia y con eso interpretaremos mejor lo que vemos y hallaremos más sentido a la vida. Los libros por ejemplo, permiten que en vez de mirar hacia uno mismo de modo egótico,conectar con el mundo exterior, nutriéndonos con un enorme arsenal de conceptos para descubrir aquellos que describen lo que uno siente. El Sapere aude ilustrado (atrévete a saber) más allá de un lema histórico debería ser una convicción vital a cultivar por todos nosotros.

Por otro lado debemos quizás también tomar conciencia de que nuestra experiencia del tiempo ha cambiado radicalmente. Como explica el sociólogo Zygmunt Bauman, el tiempo ya no es cíclico como en la era rural o mitológica, ni tampoco lineal ,como en la era industrial, sino que se ha convertido en puntillista: cada punto es la promesa de un nuevo inicio, un big bang personal y vamos saltando de un punto a otro hasta que nos agotamos o al final perdemos el hilo de ariadna del sentido. Vivimos inmersos en la cultura flash: la fragmentación, el vértigo visual de que en cada momento ha de pasar algo y la falta de unidad de sentido es otro de los males modernos que padecemos. Y esto sin duda nos afecta no sólo a nosotros sino también a nuestras relaciones.

Practicar ese sano distanciamiento que supone la suspensión del juicio (epojé) es pues otro de los grandes aprendizajes a realizar: no juzgar, no manipular, limitarse a ser lo que se ve, se oye o se toca; es ahí donde radica la gran dicha y sabiduría de la meditación: respirar, inspirar y expirar reproducen el ritmo esencial de la vida: tomar y dar, acoger y entregar. La verdadera libertad , el único lujo es disponer del tiempo para acompasarse con ese ritmo esencial de la vida que en nuestro ajetreado acontecer diario desafortunadamente olvidamos.

Cuidemos también nuestro lenguaje, aprendamos que nuestras palabras sólo tienen sentido si están en concordancia con nuestras acciones. La ejemplaridad  debe ser central en nuestra vida. Es mejor preferir las modestas proposiciones viables a construcciones conceptuales sublimes pero inservibles. Tengamos los pies sobre el suelo y seamos también conscientes que el lenguaje tiene un gran poder performativo: la cultura, las ideas y las palabras tienden a realizar lo que ellas formulan simbólicamente. Habituémonos a tomarnos el tiempo de conversar con nosotros mismos y los demás. Hagámos así posible lo que acordemos y verbalicemos.


Y por último pero seguramanete lo más importante: aprendamos a reconocer en nosotros la alegría que proporciona el puro placer de existir. La inmanencia del existir como causa suficiente sin buscar una causa externa o un reto a superar. Como decía sabiamente Spinoza: cuando uno mira en su interior lo que experimenta es una profunda alegría por estar vivo: una acción adecuada que brota de una idea adecuada. La vida a pesar de todas las circunstancias adversas externas tiende naturalmente a afirmarse y desplegarse. La vida muestra su deseo de perseverar en su Ser, de deplegar su inmanencia hasta límites desconocidos. El hombre más potente es el que se apodera de su capacidad de obrar en el esfuerzo por experimentar la alegría que nos da el simple hecho de estar vivos. Debemos orientar nuestra vida hacia el aumento de la propia potencia interior, y eso no tiene límites por mucho que parezca que puedan ponérnoslos exteriormente.

Aprovechemos este tiempo vacacional para serenamente dar calidad a nuestra vida: intentemos hacer de la alegría de vivir nuestro estado interior y creemos así nuestra propia Filosofía. Esto esta sin duda al alcance solo de nuestras manos como verdadero arte de vivir.