lunes, 6 de octubre de 2014

De la Biopolítica a la Distopía: la Sociedad Normalizada


Soñamos paraísos y acabamos construyendo mundos de pesadilla. Vivimos una época de realidad distópica en la que todo es posible. La distopía de hoy se rebela contra las utopías ultraliberal y tecnocientífica. Cuando se promete la felicidad a todos y se anuncian placeres en cada esquina, la vida cotidiana es una dura prueba. ¿Quién iba a pensar la victoria de lo peor de los dos sistemas: mercado incontrolado y partido único?.

Asistimos a la prolongación de la lógica del Capitalismo terminal y la conversión del individuo o bien en consumidor sin derechos, trascendencia, ni destino, o bien en mercancía. La revolución digital también ha traído consigo un arsenal de posibilidades, que tanto tienen que ver con lo utópico (el ciberactivismo) como con lo distópico (la pérdida de intimidad, la videovigilancia extrema).

Con la aparición de la dominada Biopolítica, expuesta por el filósofo Michel Foucault en los setenta, el poder comienza a mirar la vida como algo a colonizar y gestionar para aumentar la productividad. ¿Cómo hacer con las personas para que sean más productivas?. Interesa controlar más el conjunto que al individuo. Es el nuevo gobierno de las almas orientado a la producción y la responsabilidad personal. Las políticas tratan de normalizar las poblaciones (la demografía, la salud, el trabajo o las emociones) para que produzcan más.

Entramos en la sociedad de las probabilidades con el dominio de la estadística poblacional. Ser normal significa adaptarse. Hay que autorregularse para ser un miembro normal y productivo de la sociedad.  La educación parece que solo trata de hacer individuos competentes. La Psicología se hace dominante para controlarnos con un discurso que se basa en una normalización ideológica que nada tiene que ver con la Ciencia. Hemos pasado del Gobierno de las almas por la Religión, al Gobierno de las mentes por la Psicología y más recientemente al Gobierno del cerebro con la Biomedicina y el control de la vida con la genética y la medicalización de la sociedad.

Ya no creemos que somos un sujeto; creemos más bien que somos un proyecto que debemos optimizar. La ideología propia de la Biopolítica es el neoliberalismo. El Estado solo debe ocuparse de la seguridad. Cada uno debe responsabilizarse de sí mismo. Es entonces cuando las sociedades funcionan realmente bien.

Hay que advertir que el neoliberalismo siempre ha tenido una parte seductora que no ha sido capaz de ser reconocida críticamente por la izquierda: ofrece una vida de responsabilidad propia, una individualidad libre que importa, una vida  que puede gestionarse como una empresa donde cada uno se construye a sí mismo. Esta idea de que uno es relevante, importante y que puede ser reconocido y admirado por sus logros (el nuevo mito del emprendedor) es, en sí misma, una idea seductora y legítima. La crítica al neoliberalismo no debería venir entonces por el lado de la libertad sino por el de la desigualdad que provoca; y que corroe las sociedades haciendo desaparecer el sentido de lo comunitario y del bien común.

Todos sabemos cual es el reverso de esta exigente vida de managers de nosotros mismos: el miedo a la exclusión, a que no se hable de nosotros en las redes sociales, la ansiedad y la depresión en aumento. La falta de un meditado sentido ético personal y comunitario. El cansancio en esta sociedad del rendimiento. Interiorizamos inconscientemente tan bien este discurso del rendimiento y el éxito, que nos automedicamos para no parecer anormales si fallamos.Y como para la industria todos somos individuos potencialmente enfermos desde que nacemos (un mapa genético puede determinar posibles futuras enfermedades), el negocio es redondo.

Es quizás más necesario que nunca buscar, sin miedo, nuevas Utopías personales. Como sabiamente nos decía el poeta Fernando Pessoa: "Llega un momento que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos".


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Big Data: el nuevo metarrelato de la realidad


El volumen de información de nuestra época ha aumentado de un modo vertiginoso. Los sistemas de tratamiento de información en grandes volúmenes, denominados Big Data, han tomado un papel central en la gestión de nuestras sociedades. La evolución del gran metarrelato explicativo de toda la realidad ha pasado de ser propiedad de la Ciencia en el siglo XX o la Biotecnología en el S.XXI, al Big Data como nueva ciencia omnicomprensiva e integradora de las Ciencias y las Letras.

La nueva ciencia del Big Data se asienta en la premisa de que tu compartes información y tus datos te comparten a ti. Esta nueva disciplina utiliza la correlación, la agregación, la minería de datos, la geolocalización o los metadatos para mediante algoritmos extraer patrones y realizar predicciones. Son capaces por ejemplo de determinar la propagación de una posible epidemia mediante las búsquedas sobre la enfermedad realizadas en Google. El mismo director de la CIA declaró que se basan en metadatos para matar gente.

El Big Data se ha convertido en una sobreescritura de la realidad con una codificación alfanumérica y exponencial que trata de interpretar hechos científicos y artísticos. Promete un análisis más racional y una gestión más eficaz de lo real con el precio de la abdicación de la comprensión humana. Si con el Big Data todo es probabilidad y correlación: ¿que nos queda?. ¿Donde quedan la creatividad, la intuición o la ambición intelectual?.

La denominada tiranía del datacentrismo fomenta la idea de que en los datos se encuentra la respuesta a cualquier problema y que nuestra sociedad puede prescindir de mecanismos más imperfectos y desordenados basados en la política y la negociación. Podemos entrar en una distopía cotidiana dado que  la información que generamos (datificación) se crea pero no se destruye: es almacenada, transformada y analizada por servidores inmensos. La nueva materia prima de nuestra economía son nuestros datos por los cuales luchan las empresas, las instituciones o las redes sociales. La mercantilización del dato es la evolución natural de este nuevo Capitalismo digital.

Pero ante un panorama que puede parecer truculento nos queda algo tan humano como la crítica con la denominada Ética humanista del dato: nunca el dato puede tener un valor absoluto, siempre debe estar ligado a la ponderación del sentido común. Frente al nuevo determinismo de los datos, preservar valores como la subjetividad y la ambigüedad es especialmente importante ya que es fácil pensar que todas las soluciones son compatibles dentro de un servidor.

Como lúcidamente expone el estadístico Nate Silver en su libro "La señal y el ruido": en las predicciones desempeña un papel crucial la capacidad de detectar una estructura empírica subyacente, más allá de las operaciones matemáticas. La única forma de distinguir el ruido de la señal es organizar una historia causal que tome en cuenta tanto los factores contextuales como la verosimilitud de las hipótesis. Y para eso es necesario introducir ajustes de criterio (sesgos) en los procedimientos formales. Lo vital es distinguir la señal del ruido dado que hay predicciones que alteran el tradicional esquema causa-efecto.

Es necesario entender la toma de decisiones y la racionalidad como un proceso intrínsecamente probabilístico donde el contexto es importante y el falsacionismo la garantía metodológica de humilde realismo. Y tener también en cuenta que en lo humano siempre van a existir dimensiones políticas: ¿la burbuja inmobiliaria fue sólo el resultado de un sesgo cognitivo de quienes no supieron ver la crisis que venía o la consecuencia del éxito de una política que promovía la propiedad para todos impulsada por la élite económica?.  Como ya advirtió sabiamente Nietzsche: "humano...demasiado humano".





domingo, 14 de septiembre de 2014

Del Estancamiento Secular al Tecno-optimismo digital


Una de las grandes disyuntivas actuales en la evolución económica es dilucidar si hemos entrado en una fase de estancamiento secular o solo estamos en una fase de transición, en la que llevados por el nuevo tecno-optimismo, inauguraremos una nueva era de crecimiento y prosperidad económica mediante los nuevos desarrollos tecnológicos con la aparición de la economía digital.

La teoría del Estancamiento secular (Secular stagnation) expone que nos encontramos en medio de un gran estancamiento económico que durará décadas. Los crecimientos sólo han sido posibles gracias a las burbujas. Existe una infrautilización persistente de recursos potenciales y lo determinante es que los bancos van a seguir sin dar créditos, lo que unido a la pérdida de pulso económico de los emergentes, puede causar otra caída en la recesión. Para el economista Robert Skidelsky el estancamiento secular es el destino de todas las economías que dependen de la inversión privada para llenar la brecha entre el ingreso y el consumo. A medida que el capital se hace más abundante, la rentabilidad esperada sobre las nuevas inversiones, teniendo en cuenta un margen para riesgos, cae hacia cero.

Las expectativas de ganancias caen por debajo del coste de los préstamos al situarse la tasa esperada de rentabilidad del capital por debajo de la tasa de interés mínima aceptable para los ahorradores. Los nuevos inventos (negocios de internet) requieren menos capital que el pasado y también menos trabajo. La oferta de capital se incrementa hasta el punto en el que no produce ninguna rentabilidad neta por encima de su costo de reemplazo. Las oportunidades de inversión escasean por lo que el crecimiento se estanca.

Uno de los principales impactos de esta nueva economía estaría en la creciente desigualdad de las sociedades que se ha ido observando en los últimos años. El proceso productivo de estas tecnologías propician la concentración de rentas en pocos grupos sociales y empresariales. Según el neoliberalismo la desigualdad económica es, hasta cierto punto, fundamental por cuanto constituye el incentivo necesario para que los pobres espabilen y se esfuercen. Pero más allá de debates ideológicos, lo más urgente ahora sea seguramente crecer y crear empleos en una "expandeflación", aunque para eso se tenga que seguir aumentando la deuda pública. Asistimos quizás al fin de la socialdemocracia: antes el crecimiento que la igualdad.

El reverso positivo de esta nueva fase económica viene dado por el denominado Tecno-optimismo de autores como McAfee y Brynjolfsson que en su obra "The second machine age"  exponen que estamos ante una segunda era de la máquina (la primera fue la revolución industrial), donde miles de cerebros interconectados por nuevas tecnologías digitales, teléfonos inteligentes y redes sociales están a punto de transformar radicalmente la sociedad y la economía, impulsando el crecimiento y la productividad. Esta nueva economía de servicios no estaría recogida por la metodología de cálculo del PIB y su infravaloración rozaría el 20% del PIB anual.  La nueva economía de internet tiene como características elevados costes fijos, bajísimos costes incrementares y los denominados efectos de red que conllevan escenarios en los que el ganador acapara todas las rentas.

Está afectando al empleo porque ahora mismo aún existe un desajuste entre la productividad y el trabajo: no se debe a que el progreso tecnológico se haya estancado; sino porque los hombres y las instituciones no corren lo bastante para seguir este progreso y cambiar su capacitación y crear nuevas formas organizativas o institucionales. Superada esta brecha, la abundancia volverá.

Para estos autores abanderados del Tecno-optimismo estamos ante una nueva economía de la abundancia con tres motores básicos: 1) El digital: que permite replicar sin coste y distribuir; 2) Exponencial: los procesos pueden convertirse fácilmente en exponenciales; 3) Combinatorio: cada innovación crea bloques de nuevas innovaciones. Se ha generado una nueva "general purpose technology" , como la electricidad en la revolución industrial, y de ellas se irán derivando otras tantas que crearan a su vez crecimiento y abundancia alejándonos del estancamiento y el pesimismo. En economía siempre hay pues afortunadamente motivos para la esperanza, como ya decía el compositor Anton Brucker: "Aquel que quiera construir torres altas, deberá permanecer largo tiempo en los fundamentos".



lunes, 8 de septiembre de 2014

Tercera edición libro recopilación del blog "La razón desencantada"


Después de casi cuatro años de publicación de entradas en este blog y acercándose a las 100.000 visitas, para agradecer a todos aquellos que las seguís con asiduidad, he autopublicado la tercera edición actualizada a Septiembre de 2014 de toda la recopilación de las entradas, que puede descargarse gratuitamente en formato PDF en el link de abajo:

 http://www.bubok.es/libros/216134/LA-RAZON-DESENCANTADA


(TERCERA EDICIÓN ACTUALIZADA A SEPTIEMBRE DE 2014)

Es un compendio de reflexiones sobre las Humanidades y las Ciencias con vocación expresiva integradora

Incorpora una propuesta de itinerario vital en cuatro rutas:

La ruta del SER:  Filosofía, Pensamiento y Psicología
La ruta del TENER: Economía y Ciencias Sociales
La ruta del VIVIR JUNTOS: Geografías, Viajes y nuevos horizontes
La ruta del DIALOGAR: Ciencia, Arte y Literatura

Todo con el firme convencimiento de que necesitamos la ficción, la fantasía y los relatos porque la vida no se puede expresar solo mediante una visión realista. El individuo tiene la capacidad con la ayuda del arte, de la filosofía, de la ciencia con conciencia, del viaje como ampliación de horizontes para  agujerear las visiones impuestas y las versiones oficiales y crear su propio relato de devenir vital algo necesario en los tiempos que todos vivimos.

Espero sinceramente os satisfaga y sea de utilidad.

Saludos cordiales,
Alfonso Bárcena
Mail: larazondesencantada@yahoo.es

Panta rei  (Todo fluye)
Heráclito

domingo, 31 de agosto de 2014

Ética empresarial: ¿grado cero de la moral?


¿Es ético que empresas con beneficios despidan empleados en países con gran número de desempleados, colaborando así a añadir nuevos dramas personales? ¿Hasta dónde llega la tan publicitada, con orgullo por las empresas, Responsabilidad Social Empresarial? ¿Cual es el papel qué deben jugar los directivos y responsables empresariales en estos procesos: rechazo y objección ética personal, colaboración y servidumbre voluntaria callando ante el miedo a la pérdida de status y represalias o negociación y gestión comunitaria del proceso?.

Parece que estamos en una época en que hemos asumido dócilmente que nos quedan sólo los valores frente a los hechos (que suelen ser truculentos...): diversos discursos ideológicamente interesados han conseguido que dejemos de lado la realidad de las cosas y cómo cambiarlas, porque "el mundo empresarial es como es"; y que únicamente nos centremos en gestionar  pasivamente la reacción de cómo nos afecta esos hechos inamovibles mediante los valores, las nuevas modas de coaching de emociones y la sobrevalorada inteligencia emocional.

Cualquier tipo de  negociación y estrategia diferente que represente mejor el bien común, queda enterrada bajo conceptos interesadamente aprendidos por directivos sin escrúpulos, que miran hacía otro lado ante el sufrimiento que provocan, mientras cacarean  incrementos de productividad, reducción de costes, sinergias y mayores retornos al capital de sus acciones, en reuniones  cuya única utilidad es obtener su ansiada y necesitada autoafirmación personal, desgraciadamente muy propia del neoindividualismo en el que vivimos.

Como expone el pensador francés Gilles Lipovetsky, la ética empresarial resulta en un instrumento de valorización de la empresa: es un hecho de carácter instrumental dónde la moral se ha transformado en medio económico, en herramienta  técnica de gestión de empresas. Los valores empresariales se han labrado en el mercado para promover una imagen de marca.

Aunque pueda parecerlo, no nos encontramos en un grado cero de moral, no hay que indignarse: no se puede pedir a una organización como una empresa una ética desinteresada; pero sí en cambio el respeto a los principios del humanitarismo moral: un trato digno a sus empleados y la mayor colaboración en el desarrollo de sus proyectos profesionales y personales cuando la empresa tiene recursos para ello. Pero, para llegar a estos principios, se necesitan directivos y responsables empresariales que sean capaces de ir más allá de ciertos conceptos de rentabilidad económica y ambiciones, seguramente mal entendidas, para aprehender la complejidad del entorno humano en el que desarrollan su función y que es en el fondo la esencia de la gestión empresarial.

Se necesita seguramente un nuevo tipo de directivo ilustrado: la Cultura introduce complejidad en nuestro pensamiento, expande nuestros puntos de vista y nos aporta posibles respuestas ante las variadas situaciones humanas con las que nos vamos a encontrar en el arte que es la gestión empresarial . No basta con el dominio de ciertos instrumentos  financieros y conceptos de management a la última moda. La Cultura evita el pensamiento lineal y plano, basado en simplificaciones conceptuales y aspiraciones personales depredatorias y socialmente inasumibles.

Finalmente hay que ser conscientes que la respuesta a estos dilemas siempre acabará en un lucha ética personal, dónde lo importante seguramente sea "hacer lo correcto" (menschkeit), "hacer las cosas bien", aunque vaya en contra a veces de la línea dictaminada. Defendiendo siempre nuestros principios personales, aceptando lúcidamente y sin miedo que estamos en un siglo XXI dónde las victorias son pírricas y las derrotas devastadoras.


sábado, 23 de agosto de 2014

La Fiesta de la insignificancia: Milan Kundera vuelve con una nueva novela imprescindible


¿Y si la insignificancia fuese la esencia de nuestra vida? Si somos lo suficientemente lúcidos para  comprender que no vamos a poder cambiar las cosas, las personas, las injusticias del mundo desde nuestra pequeña escala individual, ¿que nos queda entonces? El humor: no tomarnos el mundo seriamente y buscar siempre el sentido del humor es la actitud de resistencia consciente del reconocimiento de la propia insignificancia, dentro de la gigantomaquía febril y desbordante en que se ha convertido nuestra época contemporánea.

El escritor checo nacionalizado francés Milan Kundera ,mi novelista preferido, publica en español su nueva novela  "La fiesta de la insignificancia" desde su publicación original en francés, después de más de diez años de silencio literario. Escrita en siete actos, a modo de una pieza teatral, pone en escena cuatro hombres: Alain que esta dentro de las categorías de personas que pide perdón y se excusan continuamente (un "excusard") y cuya madre le abandonó cuando nació. Esta obsesionado por el ombligo como nuevo y enigmático centro de la seducción femenina; Ramon, paseante ocioso (flâneur) de los jardines de Luxemburgo que adora las mujeres pero detesta hacer cola. Charles al que le gusta contar chistes incomprensibles sobre Stalin. Caliban, actor sin empleo, juega a hablar en broma en un idioma inventado en las fiestas privadas que organiza su amigo Charles para escapar de la fatiga y el aburrimiento vital.

Los cuatro amigos se encuentran y pasean por los jardines de Luxemburgo en París, liberados de cualquier búsqueda de sentido oprimente (el privilegio de su edad avanzada);viven y contemplan el mundo sin tomárselo en serio. Se cruzan con otros personajes como D'Ardelo  (y extraordinario reflejo de nuestra época postmoderna): gran narcisista, hipocondriaco, contrario a cumplir años pero gran seductor y capaz de inventar una falsa enfermedad para hacerse interesante y montar una fiesta: la fiesta de la insignificancia.

En esta breve novela, que parece más una obra teatral, Kundera aborda cuestiones profundas de nuestra contemporaneidad desde la supuesta ligereza que le caracteriza donde todo parece estar escrito en broma; pero más bien al contrario, allí residen grandes cargas de profundo pensamiento: la inutilidad de ser brillante, el valor de la amistad, la búsqueda de la felicidad... todo desde una dosis de melancolía y felicidad desbordante, donde lo trágico de la historia (representada por Stalin y sus ocurrencias) bordea la hilaridad de poder haber sido una pesada broma. Será  incluso capaz de divertirnos con Kant, Stalin o Schopenhauer.

Como describe Kundera magistralmente en su novela estamos en una época "civilizada" en que nos diferenciamos  por "sentirse o no sentirse culpable (...). La vida es una lucha de todos contra todos (...).Ganará quien tenga éxito en hacer sentir culpable al otro"... y que se pase así la vida excusándose y pidiendo perdón. "El ser humano es únicamente soledad. Una soledad rodeada de otras soledades" y  por tanto: "es solamente desde las alturas que te dan el infinito buen humor que puedes observar por debajo tuyo la eterna estupidez de los hombres y reírte".

"La insignificancia, mi amigo, es la esencia de la existencia y está con nosotros siempre y en todas partes. Está presente incluso donde nadie la quiere ver: en los horrores en las sangrientas batallas en la peores desgracias. Esto a menudo requiere coraje para reconocerla en condiciones también dramáticas y llamarla por su nombre. Pero no se trata sólo de reconocerla, tienes que amar a la insignificancia, debemos aprender a amarla "...es nuestra condición y hay que sacar provecho de ella como hace uno de sus personajes.

¿Qué nos queda a los hombres cuando el tiempo ha pasado? Los amigos, responde el narrador de la novela, un descreído postmoderno para quién "una única palabra es sagrada, la amistad"." La fiesta de la insignificancia" de Milan Kundera es sin duda una novela à decouvrir absolument.



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martes, 19 de agosto de 2014

El nuevo realismo: conociendo la realidad


¿Podemos realmente conocer nuestra realidad? ¿Podemos describir los hechos tal como son? Existen en filosofía y en la ciencia grandes discrepancias a la hora de determinar qué podemos realmente conocer. Últimamente en cambio, ha aparecido una nueva corriente de pensamiento optimista denominada Nuevo Realismo y propugnada por el filósofo alemán Markus Gabriel, que nos exponen que podemos conocer los hechos tal como son. La vida cognitiva, nuestra vida como seres humanos, no es una ilusión. Podemos conocer la cosa en sí, como decía Kant y hay además verdades éticas evidentes (no matar niños por ejemplo).

La realidad se nos aparece a cada uno como campos de sentido, como sitios en los que estamos a lo largo del día. Nuestros sentidos no nos engañan. Podemos reconocer la realidad de los productos humanos (arte, pensamiento, democracia...). Esta denominada ontología de los campos de sentido habla de cosas que no son físicas pero sí reconocibles: gobiernos, sueños, amor... Todo existe porque aparece a los seres humanos en un campo de sentido. La democracia no es un objeto espacio-temporal, pero en cambio se nos aparece y tiene sentido en nuestro día a día.

Ser realista en filosofía no significa necesariamente fundar todos nuestros pensamientos en la naturaleza. La Ontología simplemente significa que el mundo tiene sus leyes y las hace respetar (el agua moja y el fuego nos quema más allá de que podamos conceptualizar al agua por ejemplo como H2O). Lejos del irrealismo de la postmodernidad que afirma que "no hay hechos sino sólo interpretaciones", el Nuevo Realismo lleva la crítica incorporada al partir de describir "así son las cosas", para después intentar cambiarlas. Podemos finalmente reconocer la realidad de los gobiernos, de los pensamientos de la filosofía, el arte. Los hechos consisten en conceptos que expresan propiedades. El mundo sería entonces la totalidad de los hechos pero sólo existe lo que se nos aparece en nuestro campo de sentido. El mundo como concepto aglutinador no existe. El todo no puede ser parte de sí mismo. Lo revolucionario es la afirmación que, a pesar de las corrientes de pensamiento predominantes actuales, puede que no todas las cosas estén conectadas unas a otras por una especie de supraestructura. Afortunadamente no hay determinismo sino libertad humana con infinitas posibilidades a explorar (como decía Sartre: estamos condenados a ser libres).

Existir puede tener dos variantes principales: 1) La de la ciencias físicas: que determinan lo existente solo en lo que se puede mesurar (numéricamente) a modo de objetos en el espacio-tiempo y 2) la filosófica: para la cual lo existente son los hechos que aparecen en un contexto. La Física es la disciplina que más está intentando describir toda la realidad llegando a hipótesis y tesis que contienen un alto valor a la hora de intentar reconocer esa realidad física en la que también vivimos:


  1. ¿Y si el tiempo fuera una ilusión? El físico británico Julian Barbour cree que el universo no es otra cosa que una gran colección de momentos (lo que el llama el montón) y cada uno de ellos, una colección de cosas. No tiene sentido querer ordenar cronológicamente esos diferentes momentos. Simplemente están y punto. Haciendo una analogía, es como reproducir una película en DVD que aleatoriamente salta hacia adelante o hacia atrás. Los protagonistas no encuentran ningún problema: ellos hacen lo que tienen que hacer, y siempre lo hacen. Así cada instante del espacio-tiempo es como una secuencia de una película, que en esencia consiste en nuestra memoria y recuerdos, es como un conjunto de diapositivas  que provocan la sensación de paso del tiempo. Esa sensación no requiere la existencia de escenas previas, de momentos previos: todo está contenido en esa diapositiva (DVD) particular del Universo. Hay "ahoras", nos movemos a través de una sucesión de ahoras que son las configuraciones de todas las cosas en el Universo, unas con respecto a otras, en cualquier momento, por ejemplo, ahora. El  espacio y tiempo absoluto sería como un bloque de vidrio traslúcido que se extiende desde el infinito hasta el infinito; es un marco de referencia fijo en el que todo sucede. El problema es que no podemos ver ese marco invisible; todo lo que vemos son cosas que se mueven unas con respecto a otras y es lo que utilizamos para medir el paso del tiempo. No existe un marco de referencia absoluto sino relaciones de unos objetos con otros.
  2. ¿Es el Universo cíclico? La teoría de cuerdas nos expone que cada partícula que vemos es en realidad un pequeño trozo de cuerda. Hay objetos llamados branas, abreviatura de membranas, que son básicamente versiones de cuerdas en dimensiones superiores. Algunos físicos sugieren que el cosmos surgió cuando una brana o membrana de cuatro dimensiones chocó con otra paralela. Si dos branas colisionan podrían haber sido el Big Bang y este accidente podría repetirse cíclicamente. El modelo cíclico surgió de la idea que cada Bang fue seguido por otro, y esto podría haber existido durante toda la eternidad. El Universo entero podría haber existido siempre, y habría habido una serie de Bangs, que se extienden hasta el pasado infinito y se extenderían hacia el futuro infinito.
  3. ¿Existe un Universo elegante? Una teoría unificada de un universo elegante que haga predicciones únicas y verificables ya no parece posible. La teoría de cuerdas admite un gran número de versiones ( o soluciones 10^100) diferentes, cada una de las cuales describe un universo con diferentes leyes de la física. Las propiedades básicas de un Universo, como su dimensionalidad, la naturaleza y las intensidades de las diferentes fuerzas y las masas de las partículas elementales varían de una teoría de cuerdas a otras. El principio antrópico no se puede refutar: afirma que ante la existencia de un conjunto de Universos posibles (mutiuniversos), al menos uno de los cuales tiene las propiedades que ya se han observado como ciertas en el nuestro y que permiten nuestra existencia como humanos.
  4. ¿La imagen que tenemos del Universo cambia en cada época? En efecto, cada época utiliza la tecnología predominante como una metáfora de la naturaleza y el universo:
  • En Grecia: se apreciaban los instrumentos musicales, la regla y el compás. La cosmología griega fue estructurada a partir del número, armonía, proporción; formas tomadas de la matemática.
  • S.XVIII: con Newton la fascinación eran los mecanismos de relojería. El Universo fue concebido como mecánico con todas la partes interconectadas y marchando con precisión infinita. 
  •  S. XIX: la máquina de vapor supuso la principal innovación. El universo era representado como una enorme máquina térmica o máquina termodinámica, deslizándose hacia la muerte térmica. El Universo empieza con una baja entropia y al final tiene una entropia muy alta.
  • S.XX-XXI: los ordenadores y computadoras son la máxima innovación. La naturaleza se entiende como un proceso computacional de procesamiento de información que un ordenador cuántico puede procesar. Se extiende la idea de que podríamos estar viviendo en una simulación (Matrix). El proceso de información aumenta de forma exponencial a nivel subatómico y cuántico y es quizás aprovechado por la naturaleza en una búsqueda cuántica en el árbol de decisión química, en donde la vida evolucionada es "el ganador".

Parece pues que nuestra mejor descripción de la realidad implica la necesidad de varias perspectivas: la realidad física (de objetos en el espacio-tiempo), solo discernible a través de la realidad mental (o consciencia) construida por nuestro cerebro y solo puede describirse si utilizamos los conceptos de la realidad matemática y social que existen en paralelo a nuestro mundo físico. El Nuevo Realismo no es determinista: la infinitas posibilidades de la libertad humana nos hacen afortunadamente libres para elegir y cambiar nuestra realidad dándole el sentido que nosotros personalmente elijamos.




miércoles, 6 de agosto de 2014

El Capital y la Crisis: el elemento fundamental de nuestro sistema económico.


El vivir la reciente crisis lleva a preguntarnos por las causas de la misma en el deseo de no volver a repetirla. Nuestro sistema económico no deja de ser un conjunto de prácticas, más o menos reguladas, con la finalidad de obtener un beneficio individual o colectivo sujetas, como de hecho hemos padecido, a muchas contradicciones. Nos advierten además que el Capitalismo no soluciona nunca sus contradicciones internas sino que las expande geográficamente.

Si realizamos un análisis de la reciente crisis en esa búsqueda de las posibles causas podemos enumerar una serie de ellas:

  • La fragilidad humana: está en nuestra naturaleza la avaricia, la corrupción o la necesidad de poder. Algo intrínseco a nosotros que "parece" que no podemos en el fondo combatir.
  • El fallo institucional: errores de regulación de las instituciones encargadas de vigilar por el cumplimiento de las normas.
  • Fallo teórico: teorías económicas equivocadas como la de la eficiencia de los mercados que se siguieron sin ver su posible falta de adecuación a la realidad.
  • Factores culturales: como el denominado Capitalismo anglosajón y su apetito por la propiedad que llevo a la creación de las hipotecas basura.
  • Fallos de la política: demasiada regulación sobre las personas o prácticas equivocadas dejando campar a sus anchas capitales o personas en actividades que luego resultaron ruinosas.
Detrás de todos estos posibles fallos que provocan las crisis,  subyace un elemento fundamental  de cuyo análisis extraeríamos grandes enseñanzas para evitar futuras crisis y que es la base de nuestro sistema económico: el Capital. Una definición clásica del mismo nos expondría que el Capital es un conjunto de medios de producción (materias primas, máquinas, locales, etc.) invertidos en las actividades con ánimo de lucro. El capital se complementa con el trabajo, con el fin de generar un producto que será vendido en el mercado. El capital incluye una vertiente financiera: la riqueza poseída bajo forma de títulos financieros, como las acciones que tiene valor de título de propiedad sobre una parte de la empresa.

Más recientemente el economista francés, Thomas Piketty, ha asimilado capital y riqueza como equivalentes ya que no distingue entre riqueza que sirve para producir (capital) o riqueza que sirve para habitar (casas). Las posesiones inmobiliarias para él estarían también incluidas dentro de una definición de Capital (esta inclusión ha sido ampliamente criticada ya que no es capital productivo). Siguiendo su definición de Capital, Piketty nos demuestra que en el análisis histórico de la dinámica del ratio de Capital/PIB los poseedores del Capital (riqueza) obtiene un retorno (r), que es superior al crecimiento de la economía(g) y de aquí su aclamada fórmula:  r>g .Su teoría fundamental es que los poseedores del Capital al obtener mas retorno (r) que el crecimiento de la economía (g), aumentan y acumulan cada vez mayor riqueza, que pueden dejar en herencia, incrementado a su vez la relación entre el Capital vs. PIB (en Francia por ejemplo, el valor de todo el capital supera 6 veces, el 600%, el valor del PIB francés de un año). Esto provoca cada vez mayor desigualdad social en la población que solo posee su fuerza de trabajo y no tiene Capital; formando a su vez élites que sólo dependen de heredar e invertir ese capital sin realizar ningún esfuerzo.

Existen numerosas críticas a la definición que Piketty hace del Capital. Quizás la más acertada y de la que se extraen grandes enseñanzas para la comprensión de nuestra crisis, es la que realiza el profesor inglés David Harvey: para él, el Capital no es una cosa (un stock) sino un proceso en el que se expide continuamente dinero en busca de más dinero. Los que ponen en movimiento el dinero (Capitalistas) son muy diversos: desde los financieros que tratan de obtener más dinero prestando a cambio de un tipo de interés; los comerciantes que tratan de comprar barato y vender caro; los terratenientes que obtienen rentas de la tierra y propiedades o los bolsistas que intercambian títulos con un beneficio en la permuta. Desde el siglo XVIII el capital que se hizo dominante es el industrial o productivo que combinando capital, fuerza de trabajo y medios de producción obtiene una mercancía que vende en el mercado. El capital es pues un proceso de circulación en el que a menudo el dinero se utiliza para hacer más dinero, aunque no exclusivamente, a través de la explotación de la fuerza de trabajo.


En la circulación del capital es muy importante la continuidad del flujo. El proceso no se puede interrumpir sin sufrir pérdidas (las crisis devalúan o hacen perder el capital empleado). También existen fuertes incentivos para acelerar la velocidad de circulación al obtener mayores beneficios los pioneros frente a los competidores. La circulación de capital también supone su movimiento espacial: el dinero se reúne en un lugar particular y se lleva a otro para utilizar los recursos de trabajo que provienen de otro sitio y producir así a menor coste la mercancía o servicio deseado. Este flujo de capital intenta evitar fricciones internas (laborales)  y barreras espaciales (aranceles) que históricamente el Capitalismo siempre ha tratado de reducir.

Pero ¿por qué hay que reinvertir, expandir y acumular sin límite capital en vez de disfrutar plácidamente de él?.

Harvey nos expone que si un Capitalista no reinvierte y se expande, mientras algún rival si lo hace, es probable que al cabo de un tiempo quede fuera de negocio o su capital se devalúe. Es la consecuencia de estar sometidos a las leyes coercitivas del mercado: hay que proteger el capital y expandir su cuota reinvirtiendo. El dinero es además una forma de poder social deseable, de la que se pueden apropiar personas privadas y que no tienen ningún límite intrínseco.

En ausencia de límite o barreras, la necesidad de reinvertir a fin de seguir siendo rico impulsa a los capitalistas a expandirse exponencialmente, lo que crea una necesidad perpetua de hallar nuevos campos de actividad para absorber rentablemente el capital reinvertido. Aparece así una nueva contradicción en la necesidad de lograr un crecimiento compuesto y acumulado perpetuo para mantener el valor capital y que cada vez es más difícil de conseguir (crecimiento del PIB al menos como la media histórica de un 3%). Esto provoca  a su vez la necesidad de invertir en burbujas de activos y burbujas regionales, en una acumulación por despojo (por ejemplo de las materias primas de Africa) más que por la expansión de la producción real; y con la perentoria finalidad de incrementar el valor acumulado del capital con las consabidas consecuencias de las crisis que hemos vivido.

La tasa de rendimiento del capital depende de manera crucial de la tasa de crecimiento porque el capital se valora por lo que produce y no por lo que paso en su producción. El capital no equivale así a riqueza como postula Piketty: el dinero, la tierra o los bienes inmobiliarios y fábricas que no se utilizan de modo productivo no son capital. De este modo, al extraer la vivienda y riqueza inmobiliaria de la definición de capital de Piketty, la previsión de un rendimiento estable (r) que es más alto que la tendencia de crecimiento del PIB a largo plazo (g) no se sostiene. Es lo que Marx denominó la contradicción central del Capitalismo: la tendencia de la tasa de ganancia a caer en el tiempo. Además si se restringe la provisión de capital a nuevas inversiones (políticas de austeridad y restricción del crédito) se puede garantizar una elevada tasa de retorno del capital existente con las consecuencias sobre la población que también tristemente conocemos.

Conocer la naturaleza del Capital nos permite así explicar las crisis actuales: al ser el capital un proceso de flujo acelerado, este se convierte en la necesidad de acumulación rentable de dinero, y en una búsqueda insaciable de rendimiento que no entiende de barreras, se apropia de los recursos necesarios y provoca las burbujas financieras y las crisis que hemos vivido. Como ya decía sabiamente Heráclito: todo fluye (panta rei).


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martes, 29 de julio de 2014

La confusión moderna: descubriendo las estructuras de nuestra realidad.



Paradójicamente, lo más típico de nuestras sociedades avanzadas es la confusión en lugar del orden y progreso anunciado. La sociedad moderna se ha especializado en convertir en problemas de proporciones sísmicas lo que deberían ser soluciones: el desarrollo tecnológico genera paro o sobreocupación, en vez de tiempo libre; el aumento de la productividad produce crisis de sobreacumulación, en vez de abundancia; los medios de comunicación de masas alienación, en vez de ilustración.

Como expone el sociólogo César Rendueles, la influencia de macroprocesos demográficos o económicos produce un notorio desconcierto ético e individual. Padecemos un déficit cognitivo que nos impide hacernos cargo de grandes magnitudes. Gran parte de la población es incapaz de comprender reflexivamente lo que ocurre a su alrededor, inaugurando así la entrada en una nueva sociedad de la ignorancia; haciendo que la gente acabe refugiándose en actitudes escapistas, presos de una sociedad del espectáculo televisado o del último videojuego o gadget de moda.

La aparición de desproporciones estructurales en el Capitalismo que vivimos provocan crisis y cataclismos que aumentan la indeterminación y el aturdimiento de la naturaleza ética individual a la hora de enfrentarse al cómo actuar ante la gigantomaquia  en que se ha convertido lo que nos rodea. Esas estructuras que nos sobrepasan y que muchas veces no comprendemos, son las que casi inconscientemente pueden determinar nuestras vidas.

Deberemos intentar determinar qué es una estructura para poder reflexionar y saber como sobrepasarlas y así retomar el control de nuestra actuación superando nuestros límites:

El concepto de estructura no ha de ser entendido como reflejo o representación de la realidad social. El racionalismo, al modo platónico, piensa que más allá de lo individual y lo concreto, existen formas comunes y permanentes que hemos de descubrir. Estructuras que son dinámicas pero que existen como tales. Formamos parte de una realidad que nos supera, en la que estamos inmersos y que quiere comprenderse. A través de varias prácticas, fenómenos y actividades se produce significado dentro de una cultura, un cierre de sentido. La estructura tiene una existencia puramente ideal, pero no es ni mucho menos el origen de las formas sociales. Es un modelo lógico que da forma a la materia social empírica y la hace inteligible. Así por ejemplo, el sistema de parentivo no es un montón de lazos de consanguinidad entre individuos, sino una creación de la mente humana que nos agrupa en familias que acaban por  determinar nuestras vidas.

El historiador francés Fernand Braudel expone que la estructura es una organización, una coherencia y relaciones suficientemente fijas entre realidades y masas sociales. Para los historiadores es lo que domina los problemas de larga duración: un ensamblaje, una arquitectura y una realidad que el tiempo tarde en desgastar. Las estructuras constituyen sostenes y obstáculos. En tanto que obstáculos, se presentan como límites envolventes, de los que el hombre y sus experiencias no pueden emanciparse al convertirse en elementos estables de varias generaciones, obstruyendo la Historia, entorperciéndola y determinando su transcurrir.

Para Braudel existe una tipología de las coacciones estructurales:

  • Coacción geográfica: el hombre es prisionero de un equilibrio lentamente construido del que no puede apartarse como las ciudades, la persistencias de rutas o de marcos geográficos de civilizaciones
  • Permanencias culturales: como la herencia cultural antigua de la civilización latina.
  • Paradigmas científicos: la historia de la Ciencia se nutre de universos construidos (paradigmas) que finalmente resultan imperfectos después de siglos, pero que determinan los limites de lo pensable.
  • Sistemas económicos: viejas costumbres de obrar o pensar y marcos resistentes caracterizados por rasgos comunes que permanecen inmutables, mientras a su alrededor se producen rupturas o conmociones. Así el Capitalismo comercial es una etapa de larga duración que ha sobrevivido durante cinco siglos a todas las convulsiones.

¿Pero existe en realidad ese determinismo estructural? La Postmodernidad nos mostró la falacia de cualquier teoría determinista. Como hemos visto, la Estructura es la base teórica, la abstracción de la realidad mientras que el Sistema es algo incardinado en la Historia, algo orgánico y que esta ocurriendo, hechos articulados en un suceso como nuestro Sistema económico Capitalista.

¿Es la teoría quien dirige la Historia o es la Historia quien dirige la Teoría?. Seguramente no hay teoría, por orgánica y realista que sea, que pueda dar cuenta de todos los avatares de la Historia. Ni en las teorías de sistemas complejos pueden estudiarse todas las variables en juego en un sistema como el económico mundial. Las teorías por sólidas que sean no eximen del colapso (como hemos podido comprobar en las recientes crisis). Tenemos claro cuál es la estructura económica del libre mercado, pero nunca podemos estar seguros de encontrarnos ante un sistema verdaderamente de libre mercado. 

No hay determinismo teórico. Si hay obstáculos y límites virtuales. Afortunadamente la vida está para superarse y permitirnos superarnos. Ahí radica la esencia y grandeza del Ser Humano: de lo que somos pero también de lo que podemos llegar a ser. El determinismo es en el fondo una actitud a nuestro alcance: es algo que nosotros decidimos, pues es  individual, en nuestro carácter ético de luchar por superar las limitaciones.


martes, 22 de julio de 2014

La gran conversación clásica: la mirada Griega.



Caminar, dar un paso tras otro paso es en sí mismo ya una manera de avanzar. Iniciar un recorrido es una forma de movimiento. La estática está ligada al inmovilismo, la conservación y el estancamiento; la dinámica del caminante es, en cambio, la que realmente va definir nuestro periplo vital: lo que queremos ser, donde queremos llegar y lo que deseamos para nosotros y los demás. Un recorrido no exento de riesgos, complicaciones o malos momentos, pero donde con seguridad lo importante radica en saber hacia que lugar fijar la mirada para no perder la referencia o constante que guíe nuestros pasos y nos de el impulso que a veces necesitamos para continuar.  Y es en el espacio que nuestra Antigüedad Clásica nos legó, donde podemos encontrar esa patria de sentido que llene de serenidad, templanza y sabiduría esta acelerada, estresada y vacía vida postmoderna que por momentos nos sobrepasa, desconcierta y nos deja exhaustos.

Caminar pausadamente por el ágora de Atenas o su Acrópolis fijando la mirada en sus construcciones, en sus templos, esculturas y espacios de civiles  que se mantienen allí resistiendo el paso del tiempo, nos permite participar de esa Gran Conversación que iniciaron los filósofos y artistas griegos y que aún nos sirven de referencia para tratar de entendernos a nosotros mismos y mostrarnos como debemos actuar. Grecia creció con el diálogo frente a la dictadura de la imágenes actual; en la conversación como forma de entendimiento conjunto de lo real frente al monólogo ideológico direccional de nuestra contemporaneidad.

En la nueva mirada de la ciudad con la creación del ágora como lugar de reunión cívica e intercambio de bienes e ideas frente al aislamiento individual de nuestras pantallas  y la mercantilización de toda nuestra vida actual ; donde aparecieron nuevos valores a compartir entre todos como la ciudadanía política democrática, la educación ciudadana (paideia) ,la paz, la justicia o la prosperidad frente al la cultura del éxito individualista apropiativo y la creciente desigualdad actual.

Lo más meritorio es que Grecia nos proporciona una mirada teórica al Cosmos que no renuncia a la valentía de intentar dar sentido al Todo: defiende que todo lo que existe es un Cosmos, y no un Caos. Que ese Cosmos surge de un principio o de varios; que hay una razón que ordena el Todo y que esta razón puede ser comprendida. Donde el héroe ya no es el más fuerte de los hombres, sino aquel que no teme a la muerte y no la rehuye.

Cambiaron el enfoque hacia el interior: dirigiendo la mirada hacia la persona y el alma, la preocupación por el conocimiento y el cuidado virtuoso de sí mismo y los demás (el cuidado o epimeleia del alma). El hacer que el bien supremo radique en la mayor posible cultivación del alma, mediante el ejercicio de la sabiduría y el conocimiento y la búsqueda de la prudencia moral, es otro de esos legados de esa Gran Conversación en la que podemos participar frente al sinsentido y Caos actual, los discursos de éxito egoísta individual o la dinámica de consumo compulsivo y acumulación de objetos y gadgets externos como forma de llenar fallidamente y tratar dar sentido a nuestras atribuladas vidas.

En las diferentes miradas griegas, hacia el Cosmos, la ciudad o la persona y el alma, pasamos de un Mediterráneo explicado a través de los viajes míticos de los héroes y dioses comunes como  Ulises, Jasón y Heracles a la ordenación del espacio humano, la urbanización del mundo y la aparición del ágora como centro de la vida compartida, propia de las ciudades  y colonias griegas, y a una concepción del hombre como ciudadano, dotado de alma, que asume las virtudes y las vicisitudes de los antiguos héroes y que se preocupa por el conocimiento y cuidado virtuoso de si mismo y de los demás.

En el suave movimiento del caminar sosegadamente por Atenas es cuando aparece ante nuestros ojos con claridad, fijando nuestra mirada en las diferentes miradas griegas, este fascinante referente próximo del paso del Caos al Cosmos ordenado por el diálogo y la Gran Conversación que iniciaron nuestros antepasados griegos como una Patria de sentido al alcance de todos mediante el lenguaje. Que nos orienta firmemente y nos ofrece un sentido contenido en sus monumentos y obras artísticas y de pensamiento, ante el desconcierto y nuevo caos actual, en un reflejo extraordinario de los anhelos, contradicciones y combates del hombre de hoy. Como decía sabiamente Aristóteles: allí donde haya un combate, hay también una victoria.