"Compendio de reflexiones sobre las Humanidades y las Ciencias con vocación expresiva integradora"
miércoles, 28 de enero de 2015
La educación postmoderna: el valor de espíritu
¿Qué tipo de educación es el más adecuado en la postmodernidad tardía en la que vivimos? Frente al modelo determinista de la educación clásica dominada por el racionalismo, el empirismo, el entusiasmo con los avances de la ciencia y el respeto a la autoridad del conocimiento como forma de emancipación; con la llegada de la postmodernidad el pensamiento se define como débil, la indeterminación, el azar, el desorden se anclan como pilares de la nueva epistemología inspirando una ciencia estocástica y probabilista y un mundo líquido acelerado de cambio constante.
La novedad de esta época postmoderna tardía radica en la falta de un modelo de conjunto creíble. Es una época del postdeber, de la mínima exigencia, donde el otro es percibido como peligro o molestia para nuestra autonomía, enfrascados como estamos en un neoindividualismo que produce un proceso aislacionista y un déficit relacional en nosotros. Es una época donde el camino hacía la emancipación y la formación de la identidad del individuo parece solo posible a través del consumo que satisfaga nuestros deseos narcisistas más inmediatos. La socializacion solo puede darse por la lógica del intercambio de necesidades utilitaristas.
Se impone la premisa que las estructuras institucionales como la educación deberían ser fluidas y modularse en función a estos deseos de los individuos, influenciados por un entorno de creciente apatía por el desencantamiento del mundo moderno de la organización, la autoridad y el progreso en el conocimiento. Lo que debe predominar en la educación es el entretenimiento ante la competencia de la atención exclusiva que los estudiantes prestan a las pantallas de sus móviles; la formación exclusivamente competencial hiperespecializada para el mundo laboral dejando de lado saberes clásicos reflexivos y críticos no productivos; las relaciones débiles de lazos mercantiles de satisfacción de necesidades mutuas en un mundo donde el otro es visto casi exclusivamente como competidor en el mercado laboral; la poca exigencia con el alumnado y el nulo respeto a la autoridad docente como detentores de un conocimiento que solo se considera útil si puntúa en los test de evaluación externos de la "calidad" educativa, entendida como un mero ranking de centros o países publicados en un periódico.
Pero el gran peligro para la educación postmoderna surge de la obsolescencia cognitiva en la que el cambio acelerado de nuestro mundo provoca que mucho de lo que se aprende quedará desfasado en un breve lapso de tiempo. Se hace necesario entonces replantearse qué tipo de educación sólida para toda la vida debe impartirse en nuestras aulas. La respuesta puede venir de nuevo de la vuelta a nuestros Clásicos: retornar al "valor del espíritu" que como demostró el poeta Paul Valéry contiene la condición de riqueza en todas sus formas.
Los conocimientos que nos proporcionan los clásicos del pensamiento humanista y la ciencia con conciencia que configuran ese valor del espíritu humano, pueden no convertirse directamente en un valor de intercambio mercantil, pero su perdurable solidez educativa radica precisamente en que no son reductibles a un simple valor de uso y, a su vez, tienen la potencia de convertirse en productores de riqueza en todas sus formas, ya que en ellos radican la esencia de ese espíritu humano que siempre lucha para desplegarse más allá de los cambios circunstanciales.Son saberes que lejos de diluirse en un aumento constante de la rapidez y la calculabilidad, son capaces de sobrepasar la usura del tiempo y darnos sólidos modelos de vida crítica con sentido, al modo de la paideia griega, teniendo implícita la potencia de crear nuevas y ricas realidades. La educación postmoderna debería volver a ser la del valor del espíritu humano si quiere perdurar y realmente formar personas.
lunes, 19 de enero de 2015
La ética del cuidado: la alteridad como responsabilidad
¿Es la desafección mutua la principal característica de nuestras relaciones sociales? El Otro, en nuestro sistema de relaciones que impera en las sociedades actuales, es simplemente visto como neutro: como alguien con el que desarrollar pactos e intercambios que permitan alcanzar nuestros objetivos y deseos. Nos atenemos a la legalidad estricta. En algunas tradiciones éticas como por ejemplo la norteamericana, se entiende la ética restrictivamente: como la mera subjección y cumplimiento de las leyes (el compliance legal) , sin tener en cuenta cuestiones morales que sobrepasen esta visión. Pero la ley y los pactos no lo resuelven todo. Seguir la legalidad estricta es en el fondo la materialización más evidente de la desconfianza. Nuestro sistema sufre de la problemática del reconocimiento de la alteridad.
En nuestro sistema productivo, en nuestras empresas o en el sistema institucional reconocemos al Otro: al trabajador, al cliente o al ciudadano, como alguien que detenta dignidad como Ser Humano, pero nuestro compromiso con él no se extiende más allá. Nos comportamos con neutralidad e indiferencia con los demás cuando no nos sirven para obtener algo pactadamente o para intercambiar en beneficio mutuo. Estamos inmersos inconscientemente en la fría lógica imperante del homo economicus: la de los contratos, la de la simetría del tu me das y yo te doy (del quid pro quo) , del si no eres productivo y no me sirves estás fuera, de la abstracción ética sin empatia con las personas próximas a nosotros.
Se hace sin duda cada vez más necesaria una nueva ética que entienda al Otro no sólo como alguien con el que pactar para obtener algo, sino como un centro de obligaciones para mí. Es necesaria una ética, ahora de carácter femenino, que reconozca empáticamente la alteridad. Debemos mejorar personal y socialmente y evolucionar hacia una ética femenina del cuidado.
Si hacemos una caracterización de género de las éticas, podríamos diferenciar entre una ética masculina de la justicia y una ética femenina del cuidado:
- La Ética de la justicia (masculina), se caracteriza por el respeto a los derechos formales de los demás, da importancia a la imparcialidad y a juzgar al otro de forma abstracta sin tener en cuenta su caso concreto o sus particularidades. En esta ética, la responsabilidad hacia los demás se entiende como una limitación a la acción, un freno a las agresiones, puesto que se ocupa de conservar unas reglas mínimas de convivencia y nunca se pronuncia sobre si algo es bueno o malo en general, sólo si la decisión se ha tomado siguiendo unas normas formales establecidas.
- La Ética del cuidado (femenina), consiste en juzgar teniendo en cuenta las circunstancias personales de cada caso. Está basada en la responsabilidad por los demás. No concibe la omisión: no actuar cuando alguien lo necesita se considera una falta. Esta ética entiende el mundo como una red de relaciones y lo importante no es el formalismo, sino el fondo de las cuestiones que hay que tratar en cada caso particular. Es una ética de proximidad. Frente a la teoría imperante en que los hombres son seres autónomos que tienen que hacer pactos entre sí, en el contrato social, en la prevalencia de una figura central de homo economicus desarraigado sin madres, sin esposas, sin hermanas; el concepto central de la ética del cuidado es la responsabilidad en una lógica asimétrica, que excede la mera formalidad con el Otro.
Si se aplica la responsabilidad asimétrica con el Otro de la ética del cuidado, el intercambio no es exacto, depende de lo que cada uno necesite. Los Seres Humanos formamos una red de relaciones, dependemos unos de otros. La responsabilidad y la solidaridad ha de ser un deber ético para el conjunto de la sociedad. Debe existir un simpatía, una philia con el Otro que permite la construcción de lazos fuertes y duraderos responsabilizándonos de los demás; frente al frío egoísmo de la ética y relaciones actuales dominadas por la lógica apropiativa y competitiva. Además la ética del cuidado, como saben muy bien las mujeres desde tiempos ancestrales, es un antídoto contra la violencia: es difícil destruir lo que uno mismo ha cuidado.
Ante la gran tragedia del fin de la utopía de un mundo humanizado, encerrando al hombre en un decorado sin más horizonte que la competencia, la silenciosa conspiración de hacernos responsables y cuidar de los Otros, es la necesaria y alentadora lucha soterrada contra la miseria moral que en muchas ocasiones caracteriza nuestras empresas, sociedades e instituciones.
lunes, 12 de enero de 2015
La política del dinero: el capital impaciente y asustado.
El dinero no es algo políticamente neutral cuya función es permitir el intercambio y la eficiencia de los mercados. Su acumulación sin freno es una de las características más significativas de nuestro sistema económico. Si nos preguntamos por qué los empresarios o nosotros mismos no nos retiramos de trabajar o acumular capital cuando llegados a un punto ya tenemos garantizado nuestro bienestar, y continuamos de este modo acumulando objetos o dinero, dedicando toda nuestra vida y energía a trabajar para un tercero o desarrollar una empresa, no tendremos una respuesta inmediata o fácil de dar.
Pero si consideramos al capital no ya como un stock, mercancía o algo físico acumulable sino como un proceso de valorización en búsqueda permanente de nuevas rentabilidades y mercados podremos comprender que nosotros somos solo un instrumento de este gran engranaje de valorización y búsqueda de rendimiento que es el capital. El empresario y el trabajador van a ser una parte de esta enorme e imparable cadena, en esa dinámica de no perder valor y seguir acumulando beneficios. Este proceso no tiene un final determinado sino que busca impacientemente donde y cómo obtener mayor valorización para sus activos, sin importar los instrumentos a utilizar como los trabajadores o empresarios o, llegado el caso, desechar.
En la economía actual el nivel de la denominada economía financiera supera con creces la economía real o lo que producimos físicamente (se estima que el PIB del planeta ronda los 60 billones de dólares anuales y que hay en cambio más de 700 billones de dólares en circulación) y esto provoca que el capital no sea sólo impaciente sino también miedoso ante el mayor riesgo geopolítico y la pérdida de tasas de rentabilidad comparadas con épocas anteriores. Cuando hablamos de los mercados financieros como algo a temer, soberanos o impasibles, si tomamos en consideración lo expuesto, en el fondo no son más que una inmensa acumulación de capital impaciente y asustado dentro de un proceso sin fin de valorización y búsqueda rentabilización que cada vez obtiene tasas menores y percibe mayores riesgos.
En la actualidad se observa que cada vez en mayor medida las operaciones empresariales no son ya de lanzamiento de grandes nuevos productos que proporcionen nuevas tasas de rendimiento y beneficios a todos los implicados; sino que se habla de fusiones y adquisiciones con el único objetivo de reducir costes mediante las sinergias mandando a muchos trabajadores al desempleo y a la exclusión social. En el mundo directivo actual, el gestor más valorado ya no es aquel que genera beneficios con un proyecto empresarial inclusivo, sino el que es capaz de atraer inversores. Ya no hay que maximizar los beneficios de la empresa sino su atractivo.
En la idea neoclásica del dinero se consideraba éste como algo físico, una mercancía más que permitía el intercambio y políticamente neutral. Pero el dinero en el que se materializa el proceso de valorización que es el capital es un relación social de deuda. El dinero es un instrumento político que tiene un poder de determinar el valor y las relaciones de deuda por parte de su emisor (el soberano en el pasado o los Estados y Bancos Centrales en la actualidad). Los mercados tampoco son neutrales ya que están también políticamente preconfigurados (así por ejemplo nosotros protegemos por decisión política la propiedad privada en el desarrollo del mercado).
Finalmente el considerar el capital como una (falsa) mercancía más tiene también graves consecuencias en nuestro sistema económico. Una de las grandes ramas de la teoría económica postula que el Capitalismo lo mueve la demanda efectiva y que hay tres tipos de mercados de falsas mercancías, dado que no son mercancías que se producen para venderlas en un mercado: 1) el mercado crediticio o del dinero; 2) el mercado laboral y 3) el mercado de la propiedad inmobiliaria. Al tratarlos como simples mercancías y no limitarlos, lo que se hace es generar grandes desigualdades, burbújas y relaciones de sumisión. Para esta teoría habría que convertir estos tres mercados en bienes escasos para estabilizar el capitalismo, redistribuyendo y generando demanda efectiva, mediante el control nacional de la emisión del dinero y de la banca, la sindicación para dar poder a los trabajadores o los impuestos a la propiedad.
Entender el capital como un proceso de obtención de valor o los mercados y el dinero como algo político creadores de relaciones de deuda, puede explicarnos que nosotros como trabajadores o empresarios realmente formamos parte de un engranaje de valorización del capital impaciente y asustado dentro del cual tenemos pocos grados de libertad para detenernos o que nos dejen parar. El dinero y el capital también es política.
En la actualidad se observa que cada vez en mayor medida las operaciones empresariales no son ya de lanzamiento de grandes nuevos productos que proporcionen nuevas tasas de rendimiento y beneficios a todos los implicados; sino que se habla de fusiones y adquisiciones con el único objetivo de reducir costes mediante las sinergias mandando a muchos trabajadores al desempleo y a la exclusión social. En el mundo directivo actual, el gestor más valorado ya no es aquel que genera beneficios con un proyecto empresarial inclusivo, sino el que es capaz de atraer inversores. Ya no hay que maximizar los beneficios de la empresa sino su atractivo.
En la idea neoclásica del dinero se consideraba éste como algo físico, una mercancía más que permitía el intercambio y políticamente neutral. Pero el dinero en el que se materializa el proceso de valorización que es el capital es un relación social de deuda. El dinero es un instrumento político que tiene un poder de determinar el valor y las relaciones de deuda por parte de su emisor (el soberano en el pasado o los Estados y Bancos Centrales en la actualidad). Los mercados tampoco son neutrales ya que están también políticamente preconfigurados (así por ejemplo nosotros protegemos por decisión política la propiedad privada en el desarrollo del mercado).
Finalmente el considerar el capital como una (falsa) mercancía más tiene también graves consecuencias en nuestro sistema económico. Una de las grandes ramas de la teoría económica postula que el Capitalismo lo mueve la demanda efectiva y que hay tres tipos de mercados de falsas mercancías, dado que no son mercancías que se producen para venderlas en un mercado: 1) el mercado crediticio o del dinero; 2) el mercado laboral y 3) el mercado de la propiedad inmobiliaria. Al tratarlos como simples mercancías y no limitarlos, lo que se hace es generar grandes desigualdades, burbújas y relaciones de sumisión. Para esta teoría habría que convertir estos tres mercados en bienes escasos para estabilizar el capitalismo, redistribuyendo y generando demanda efectiva, mediante el control nacional de la emisión del dinero y de la banca, la sindicación para dar poder a los trabajadores o los impuestos a la propiedad.
Entender el capital como un proceso de obtención de valor o los mercados y el dinero como algo político creadores de relaciones de deuda, puede explicarnos que nosotros como trabajadores o empresarios realmente formamos parte de un engranaje de valorización del capital impaciente y asustado dentro del cual tenemos pocos grados de libertad para detenernos o que nos dejen parar. El dinero y el capital también es política.
lunes, 29 de diciembre de 2014
La era de la aceleración: el tiempo personal
La Postmodernidad ha sido interpretada desde diferentes lecturas: como una era relativista, del vacío o del consumo sin medida. Pero seguramente la lectura más apropiada de nuestra situación más actual es caracterizar nuestra época como la de la aceleración. Postulamos que existe una autonomía individual y al mismo tiempo la hacemos imposible al acelerar la vida y no dejar la posibilidad de gestionarla de forma reflexiva y estructurada.
Como expone el filósofo alemán Hartmut Rosa la aceleración es el equivalente a la promesa religiosa de la vida eterna: en el mundo premoderno, dominado por la tradición, las cosas procuraban quedarse tal como habían sido siempre y los cambios se realizaban lentamente de generación en generación. En la Postmodernidad que vivimos, se ha pasado de un ritmo intergeneracional a un ritmo intrageneracional: los ciclos de la vida familiar hoy duran menos que la vida de un individuo: divorciarse, volverse a casar...
En el mundo laboral, los trabajos pasan a un ritmo más rápido que las generaciones: un Norteamericano con estudios superiores cambia de media once veces de trabajo. Estamos además también presionados en el mundo empresarial por el denominado Capital impaciente : que busca sólo rendimiento a corto plazo y cuya permanencia en las empresas es por tiempo limitado, mientras puedan extraer la rentabilidad requerida. Para posteriormente migrar sin remordimientos a otras empresas o territorios que les proporcionen mejores réditos, dejando como residuos el sufrimiento y las desestructuraciones sociales y personales.
Hartmut Rosa nos indica que antes el padre le decía al hijo: "el mundo es tuyo"; en la actualidad le dice :"ahora las cosas están así, pero prepárate para el cambio". Los jóvenes saben que el mundo cambia muchas veces en el transcurso de una sola vida. Esto provoca la "aceleración del ritmo de vida", que define como el aumento del número de episodios de acción o experiencia por unidad de tiempo: intentamos hacer cada vez más cosas en un tiempo dado. Comemos fast food, hacemos speed dating o discursos de elevator pitch. Procuramos evitar los tiempos de pausa. Todo pasa como si aumentáramos la velocidad de la vida en ella misma.
Pero por otro lado sentimos cada vez más la decadencia de la fiabilidad de las experiencias: tenemos muchas experiencias pero no tienen significación en la configuración de nuestra subjetividad e identidad. Disminuye el tiempo que hay que dedicar a hacer cosas cotidianas pero al mismo tiempo tenemos siempre la sensación de falta de tiempo. Tener abundancia de tiempo más que un signo de bienestar es, al contrario, un signo de exclusión.
En esta era acelerada, por desgracia, la política se ha vuelto situacionista: es defensiva y desacelerada. No propone sino que reacciona como puede a los cambios. La política ha perdido su leivmotiv de motor del cambio social. Cada esfera económica o social funciona de forma aceleradamente autónoma, sin existir una estructura centralizada ni un principio legitimador e integrador social. Todo va tan deprisa que disloca cualquier ideología estructurada de mejora. Tenemos la posibilidad de hacer cada vez más cosas: ver más canales de televisión, más páginas de internet, disfrutar de más aplicaciones. Y en consecuencia tenemos menos tiempo para seguir cualquier opción, para vincularnos con el contexto.
Como expuso el psicólogo Kenneth Gergen la vida se ha convertido en un "océano de exigencias": al final del día, los individuos se van a dormir con un sentimiento de culpabilidad porque no llegan nunca a acabar de hacer todas las cosas de la lista de tareas que se han propuesto hacer. Para Hartmut Rosa la salida a toda esta era de la aceleración pasa por tratar de guiarse por los "momentos de resonancia": darse el tiempo necesario para familiarizarse con el entorno con el que se vive, con la gente con la que nos integramos, con las herramientas que utilizamos. Se trata de proteger y crear esa sensación de resonancia que sentimos con la naturaleza cuando contamos los pasos al pasear tranquilamente por el bosque y oímos nuestra respiración; cuando escuchamos fragmentos de música y nuestra alma resuena en nosotros mismos o cuando conversamos con un grupo de amigos y nos integramos empáticamente con ellos.
Contrariamente a lo que nos han enseñado, tener tiempo para nosotros es signo de bienestar y modelo de vida buena. Como sabiamente dijo Baltasar Gracián : "lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene, lo posee".
viernes, 19 de diciembre de 2014
De nuestro presente distópico al ser humano como nueva utopía
Cuando hablamos de nuestro presente lo hacemos de una forma inquietante, como algo acelerado e inestable que nos supera, que puede excluirnos y a lo que ya no podemos hacer frente con nuestros recursos personales de una forma segura. Una de las características diferenciales de nuestra época con las anteriores es que pensamos el presente como una distopía: como algo indeseable.
Los discursos o relatos utópicos de construcción y progreso social, parecen haber dejado paso a una simple gestión operativa economicista de la realidad, del intentar ir sobreviviendo al día a día. Una nueva ideología operativa que experimentamos personalmente con incertidumbre, como truculenta y excluyente.
Con la llegada de la postmodernidad los grandes metarrelatos ideológicos de construcción utópica como el comunismo, el liberalismo o la socialdemocracia fueron desapareciendo como ideas estructuradas de intento de progresión social con sentido histórico y guías personales de actuación, ahogadas muchas de ellas por la sospecha de totalitarismo que una única e impuesta visión global puede contener.
Pero lejos de vivir en una libre fragmentación y en nuestras pequeñas burbujas inestables, se ha consolidado en cambio un nuevo metarrelato: el del Pensamiento Único. Una nueva ideología que al no necesitar grandes legitimaciones, se ha ido imponiendo sin grandes resistencias: dado que se ha convertido en una mera gestión económica operativa de la realidad de nuestro presente, donde lo que importa realmente es el resultado y los réditos a corto plazo y que al parecer evidentes, no necesitan ninguna justificación más. Éste Pensamiento único no tiene ningún sentido histórico ni de pasado ni de futuro, no importan los medios o recursos utilizados para obtener el imperante resultado a corto plazo y además no contiene ninguna visión de mejora individual o progreso social a largo plazo. La cruda realidad es la propia Utopía a gestionar operativamente para este Pensamiento Único: el Ser Humano solo puede adaptarse a esa realidad, no puede reformarla o conformarla socialmente.
La Tecnología como punta de lanza del progreso económico y social parece haber sido secuestrada por la mercantilización y la necesidad imperante de rendimiento económico a corto plazo de sus aplicaciones o desarrollos como nueva forma de poder político. Una ideología tecno-optimista que aunque parece que va a cambiar siempre a mejor nuestras vidas, es vista inquietantemente como nueva forma de control humano y conformación monopolística por unos pocos actores multinacionales de toda la sociedad.
La Biociencia como nueva forma de mejora del Ser Humano y sus enfermedades, esta dejando paso a discursos de superación de lo humano como el Transhumanismo o la nueva robótica. Pero una ciencia de modificación genética de mejora biológica que parece sólo va a poder estar al alcance de los personas con más recursos, dejando de lado a la mayoría de la población: a modo de una nueva clase inferior que ya no será sólo social sino incluso también biológica.
Lo preocupante es que parece que nuestras instituciones no han ido a la misma velocidad que este cambio social y tecnológico. Empantanadas en sus viejas querellas de funcionamiento estructurales de luchas internas y corrupción generalizada, no están protagonizando ningún discurso social o político incluyente o defensor de lo Humano como punto de referencia o centro de gravedad permanente en este presente que vivimos.
La solución a un presente experimentado como distópico puede estar en volver a lo Humano con discursos que propugnen la cultura y la educación como forma crítica de ver la realidad, el desarrollo de las capacidades que nos permitan llegar por nosotros mismos a ser quién somos, al perfeccionamiento personal por encima de la mera acumulación apropiativa de objetos, a valorizar de nuevo la fraternidad humana como conformación social en la diferencia. En definitiva, a volver al Ser Humano como utopía en construcción permanente que no sólo se adapta a la realidad sino que la conforma personalmente para ser libre y después la comparte para intentar que mejore también para todos.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Soberanía digital: la tecnología también es política
Toda tecnología que no controlemos será utilizada contra nosotros. Esta es la principal máxima que se puede derivar de la situación de desarrollo tecnológico actual y su control monopolístico por los grandes conglomerados de las multinacionales tecnológicas al servicio de la comercialización y monetización de la que parece la nueva materia prima del Capitalismo actual: los datos. Recordemos por ejemplo, que la CIA admitió que utiliza el análisis de metadatos para matar.
Estas grandes nuevas multinacionales tecnológicas están sin duda modificando el panorama no solamente empresarial, sino también el cultural y social. A través de su capacidad de desarrollo tecnológico y de su control monopolístico, están instalando una nueva y peligrosamente estrecha ideología pragmática: el solucionismo. Creando nuevo software cerrado e innovadoras aplicaciones (apps) parece que todos nuestros problemas van a tener una solución inmediata o desaparecer y nuestra vida mejorará con un simple click. No parece haber lugar para la crítica discursiva o para formas más tradicionales de la gestión de las problemáticas sociales mucho más lentas y conflictivas, como la política.
La visión intencionalmente positiva del futuro, mediante su tecno-optimismo que estas multinacionales propagan globalmente en sus campañas, esconden la cara oculta de la cesión confiada e inconsciente de nuestros datos, y por tanto de nuestra soberanía personal y política, a unos pocos actores en algo tan vital para el desarrollo de nuestro sistema económico y social como es la tecnología. Hay siempre que reflexionar sobre estas prácticas: porque cuando normalmente no tienes que pagar por un producto o servicio es que seguramente el producto eres tú.
Este tipo de gestión monopolística de la tecnología por el abandono de nuestra soberanía en esta materia, cegados por la promesa de una vida mejor ofrecida por las aplicaciones tecnológicas y sus gadgets, produce en el fondo cambios revolucionarios en nuestra forma de entender las relaciones sociales y la política. Muchas veces pensamos en la revolución como un cambio abrupto y repentino, que del caos crea un nuevo orden de cosas; pero también puede pensarse que hay cambios revolucionarios más lentos y de larga duración: la influencia cada vez mayor de la tecnología en nuestra economía y política durante estas últimas décadas puede ser uno de ellos.
Estos cambios revolucionarios más lentos, pero de más larga duración, pueden observarse en nuestra comprensión de las relaciones sociales donde por influencia de la tecnología y las redes sociales hemos renunciado sin grandes coacciones a nuestra intimidad : y hacemos de la exposición al "Me gusta" el patrón de valor del mercado y de nuestra apreciación y autoestima personal. Por otro lado, la constante reclamación de transparencia y positividad como leivmotiv de la nueva política y sociedad no deja ningún espacio a la necesaria reflexión y discusión sobre alternativas contrapuestas y negativas a la opción principal, para de una forma dialéctica intentar avanzar en soluciones consensuadas.
Con la única máxima de la transparencia positiva cualquier atisbo de intimidad o de reflexión en contra o negativa es eliminada como oscurantista, antiprogresista y asocial por esta nueva ideología tecnológica positiva, transparente y solucionista. La nueva ley social es clara: los demás tienen derecho a saber sobre ti. La distopía ya no es el miedo a un Gran Hermano que nos observe, sino a ser excluidos y que no nos sigan en la red social o nos vean. No es necesario un totalitarismo centralizado que nos controle, en estas nuevas sociedades somos todos quienes observamos y controlamos a todos (al estilo del nuevo panóptico digital de Byung-Chul Han). Y disentir a la opinión mayoritaria de las redes sociales, provoca la exclusión de las mismas y por tanto, nuestra no existencia o muerte social. Incluso el poder de las noticias y la prensa es aglutinado, jerarquizado y expuesto o eliminado, en función de los criterios de estas multinacionales tecnológicas en sus buscadores.
Se hace muy necesario abogar por retomar nuestra Soberanía Digital como forma de hacer frente al monopolio empresarial de un factor tan vital como es la influencia de la tecnología en nuestras sociedades. Una soberanía digital que nos permita dar consentimiento informado a nuestra gestión de datos y que a su vez nos ayude a recuperar el control político democrático de los avances tecnológicos, de su gestión y aplicación social.
Aunque no nos lo pueda parecer en un primer momento, la tecnología también es política: se trata de cambiar este poder tecnológico actualmente utilizado sobre los otros (el cual fue caracterizado por Foucault), a un tipo de poder entre todos: el que se da entre y para la gente. Es nuestra responsabilidad aprovechar las enormes posibilidades de la tecnología como vector de la mejora social: gestionada democrática y políticamente mediante el ejercicio de nuestra soberanía digital, contra el inquietante monopolio, posiblemente totalizador, que cada vez más se está dando en el desarrollo tecnológico actual. La tecnología no es cosa de unos pocos : la tecnología también somos todos.
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martes, 2 de diciembre de 2014
La economía: ¿ciencia o arte político?. El nomos naturalizado liberal.
¿La economía es una ciencia o un arte político?.¿Existe una naturaleza del intercambio y del ser humano que le haga inherentemente racional, caracterizado técnicamente como homo economicus, y que fundamente una economía formalista concebida apolíticamente?.¿La economía es cultura-nomos con fines intencionales éticos o ciencia técnica natural-physis?. ¿Qué consecuencias tiene concebir teóricamente la economía como la ciencia (physis) de los problemas políticos resueltos (y de este modo no nomos) sobre la soberanía gubernamental, el derecho, la libertad o la concepción de los sujetos?.
La
economía, en su primer origen, etimológicamente proviene del griego oikos-nomos traducido como las “normas
de la administración del hogar”. El nomos como construcción de reglas o
costumbres culturales de administración del hogar, uno de los elementos
sociales constitutivos de las polis, está presente pues en la misma esencia
originaria de la economía. Una economía “política” de administración del hogar
en las polis; frente a una naturaleza o mundo de los fenómenos naturales (physis),
que parecen de entrada un ámbito de estudio alejado del objeto de estudio de la
economía o de sus propios
fundamentos. De este modo, significativamente Aristóteles al principio de la Ética Nicomaquea, pone en relación la
economía con los fines humanos, refiriéndose a su interés por la riqueza.
Considera la economía como parte instrumental de la política y en última instancia,
de la ética, este punto de vista se desarrolla aún más en su obra “La política”.
Pero a partir del siglo XVIII
con la aparición de la teoría económica liberal y la neoclásica marginalista,
principalmente desarrollada por Locke,
Adam Smith, Stuart Mill o Walras y el empirismo de autores como Hume,
aparece un segundo origen de la economía como una ciencia social que se
fundamenta en fenómenos naturales (de la physis)
como el intercambio y especialmente referida al funcionamiento natural de los
mercados complementada con la hipotésis de la naturaleza racional inherente a
las actuaciones y decisiones del Ser Humano. Es una economía numérica, con un
enfoque “logístico” a imagen de la ciencias naturales y mecánicas. Al analizar
el comportamiento humano no se le da demasiada impotancia a las consideraciones
éticas o normativas. La economía se considera a si misma como la ciencia de los
problemas políticos resueltos. Este segundo origen científico-natural y
apolítico de la economía, es el que se hace dominante a partir finales del
siglo XX y del que toma parte de sus bases ideológicas el neoliberalismo en el
que vivimos actualmente.
El
pensador francés Michel Foucault en su curso de 1979 “Nacimiento de la Biopolítica”
en el Collège de France, desarrolla magistralmente el nacimiento de la nueva
razón gubernamental liberal como gobernar menos, en interés de la eficacia
máxima y en función de la naturalidad de los fenómenos a los que se enfrenta.
Foucault
cita de inicio a Rousseau en su famoso artículo “Économie politique” de la “Encyclopedie” donde expone que la
economía es una suerte de reflexión general sobre la organización, la
distribución y la limitación de los poderes en una sociedad. Por economía
política también se alude, de una manera más amplia y más práctica, a todo
método de gobierno en condiciones de asegurar la prosperidad de una nación. La
economía era considerada como política, relacionada intrínsecamente con el poder.
La
economía en adelante en su forma liberal, reflexiona sobre las mismas prácticas
gubernamentales y no las examina en términos de derecho para saber si son
legítimas o no. No las considera desde el punto de vista de su origen sino de
sus efectos. Importa poco que un derecho sea legítimo o no, el problema pasa
por saber qué efectos tiene y si éstos son negativos. La cuestión económica
siempre va a plantearse en el interior del campo de la práctica gubernamental y
en función a sus efectos, no en función de lo que podría fundarla en términos
de derecho.
La
ciencia económica es concebida apolíticamente, en la medida en que el
único poder que tienen los agentes económicos es el poder de compra. Pero no
hay jerarquías entre ellos (el mercado es anónimo), ni capacidad de coerción
personal de unos sobre otros. Los mercados no serían sino movimientos
promotores de la asignación eficiente de recursos a lo largo de una frontera de
posibilidades de producción exógenamente definida. Y en ningún caso serían, a
la vez, instituciones políticas disciplinarias suministradoras de mecanismos
para alterar las ofertas. Para la vieja economía política, la relación (política:
de poder) entre el capital y el trabajo fue un problema fundamental; para
la teoría económica neoclásica, en un mercado perfectamente competitivo,
realmente no importa quién alquila a quién, así podemos suponer que el trabajo
alquila al capital.
La
economía es una ciencia social que habla de deseos y actos humanos
deficientemente informados, con recursos naturales inciertos y por ello
hermética e imprevisible para nuestra observación inmediata. Es evolutiva y
dinámica como el resto de la vida natural y solo raramente explica en qué
dirección y porque causas se ha movido. La economía se convierte en un nomos naturalizado.
Los
intereses son el medio por el cual el gobierno puede tener influjo sobre los
individuos, los actos, las palabras, las riquezas, los recursos, la propiedad,
los derechos, etcétera. En los sucesivo, el gobierno ya no tiene que
intervenir, ya no tiene influjo directo sobre las cosas y las personas ni puede
tenerlo, sólo está legitimado, fundado en el derecho y la razón para intervenir
en la medida en que el interés, los intereses, los juegos de intereses, hacen
bien o de cierto interés para el individuo o el conjunto de ellos. El gobierno
no se interesa sino en los intereses. La limitación de la gubernamentalidad se
dará mediante el cálculo de utilidad. El gobierno se ejercerá por la república
fenoménica de los intereses. La pregunta fundamental del liberalismo será:
¿Cuál es el valor de utilidad del gobierno y de todas sus acciones en una
sociedad donde lo que determina el verdadero valor de las cosas es el
intercambio?
Foucault expone que en
el siglo XVIII aparece mucho más un naturalismo que un liberalismo. Se
utiliza liberalismo en cuanto a la libertad está, de todos modos, en el centro
de esta práctica o de los problemas que se plantean. El nuevo arte de
gubernamental se presentará como administrador de la libertad. El liberalismo
plantea lo siguiente: voy a producir para ti lo que se requiere para que seas
libre. Voy a hacer de tal modo que tengas la libertad de ser libre. Es preciso
por un lado producir la libertad, pero ese mismo gesto implica que, por otro lado,
se establezcan los límites, controles, coerciones, obligaciones apoyadas en
amenazas, etc. La libertad en el régimen de liberalismo no es un dato previo,
sino que es algo que se fabrica en cada momento. El liberalismo no es lo que
acepta la libertad, es lo que se propone fabricarla en cada instante,
suscitarla y producirla con todo el conjunto de coacciones y problemas de costo
que plantea esa fabricación.
El
objeto del análisis económico puede extenderse, en una definición colosal para
Foucault, incluso más allá de las conductas racionales en este imparable éxito
de la colonización de la economía como gramática universal de las Ciencias
Sociales . Expone el economista Gary Becker
que en el fondo el análisis económico puede perfectamente encontrar sus puntos
de anclaje y su eficacia en el mero hecho de que la conducta de un individuo
responda a la cláusula de que su
reacción no sea aleatoria con respecto a lo real (a lo natural). Es decir: cualquier conducta que
responda de manera sistemática a modificaciones y variables del medio debe
poder ser objeto de un análisis económico, en definitiva, como dice Becker,
cualquier conducta que “acepte la realidad”. El homo economicus es quien acepta la realidad. Es racional toda
conducta que sea sensible a modificaciones en las variables del medio y que
responda a ellas de manera no aleatoria, de manera, por tanto, sistemática, y
la economía podrá definirse entonces como la ciencia de la sistematicidad de
las respuestas a las variables del medio natural. Y también es posible integrar
en la economía todas las técnicas comportamentales como la psicología.
La
economía es una disciplina atea; es una disciplina sin Dios; es una disciplina
sin totalidad, y es una disciplina que comienza a poner de manifiesto no sólo
la inutilidad sino la imposibilidad de un punto de vista político soberano sobre la totalidad del Estado. La
mano invisible plantea como principio
la imposibilidad del despotismo político (y en su extremo de cualquier
intervención estatal) por falta de evidencia económica. El conjunto de los procesos económicos no puede
dejar de escapar a una mirada que quiera ser central, totalizadora y dominante.
La economía para el liberalismo se convierte así en la ciencia de los problemas
políticos resueltos y las consecuencias de esta concepción las sufrimos aún con
mayor intensidad, si cabe, en la crisis actual .
Este texto es un extracto de mi presentación en el V Coloquio Macrofilosófico Internacional el pasado 1 de diciembre en la Facultad de Filosofía de la UB. Para descargar el texto completo gratuitamente en PDF clicar en el link de abajo:
Contacto: larazondesencantada@yahoo.es
viernes, 21 de noviembre de 2014
La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio.
¿Qué tipo de sujetos crea el desarrollo capitalista actual: somos sujetos constituyentes de nuestra experiencia o somos sujetos constituidos exteriormente por el discurso de nuestro sistema económico? ¿Qué elementos definen nuestra ética y comportamiento en la actualidad? ¿Qué caracteriza a los directivos y managers en las empresas del presente? ¿En qué tipo de sociedades vivimos actualmente: aislados o en grupos sociales cohesionados? ¿Hay posibilidades para la acción política en las nuevas sociedades digitales?
1) A estas preguntas, y con el pensamiento de: Michel Foucault, Byung-Chul Han, Michel Feher, César Rendueles y Gilles Lipovetsky, trato de dar una respuesta posible en el nuevo documento-paper :"La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio", proveniente de la presentación realizada en el seminario Macrofilosofía del Presente del Grupo de Investigación GIRCHE en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, el pasado 20 de Noviembre y que puede descargarse gratuitamente en pdf en el link adjunto abajo:
Descarga gratuita PDF La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio
2) Si os interesan más materiales gratuitos sobre la Macrofilosofía del Capitalismo clicar en el link adjunto abajo:
Materiales descarga gratuita Macrofilosofía de Capitalismo
3) También se realiza con carácter abierto en Barcelona este 24 y 25 de Noviembre y el 2 de diciembre el V Coloquio Macrofilosófico Internacional en la Facultad de Filosofía de la UB organizado por el grupo GIRCHE.
Espero que os sean de utilidad para la reflexión sobre nuestro presente.
Contacto: larazondesencantada@yahoo.es
domingo, 16 de noviembre de 2014
Festival Filosofía "Barcelona Pensa": Macrofilosofía del presente.
Esta próxima semana, del 17 al 22 de noviembre, se realiza en Barcelona el primer festival de Filosofía "Barcelona pensa" organizado por la Universidad de Barcelona (UB) y coincidiendo con el día mundial de la Filosofía, que se celebra el jueves 20 de Noviembre.
Es una semana de Filosofía para todos que acogerá diferentes acontecimientos filosóficos gratuitos y abiertos: conferencias, exposiciones, cineforums, conciertos, cafés filosóficos, actividades para niños, etc y que tendrá lugar en diferentes espacios de la ciudad de Barcelona.
Se trata de sacar la Filosofía a la calle, una disciplina que parece meramente académica y solo para unos pocos, para acercarse a las preguntas que en el fondo nos atañen a todos y por las que deberíamos preguntarnos para intentar dar nuestras propias respuestas: ¿Cómo queremos ser gobernados?, ¿Cuales son las características del presente que afectan a mi desarrollo vital o profesional?, ¿Cómo quiero vivir mi vida?, ¿Qué relación hay entre la filosofía y artes como la pintura, la música y el cine?... Se pueden consultar las diferentes actividades en su web (www.barcelonapensa.cat).
- Uno de los actos abiertos recomendados, organizados dentro del festival por el profesor Gonçal Mayos, director del grupo de investigación GIRCHE de la Facultad de Filosofía de la UB, es:
Macrofilosofía del presente: el miércoles día 19 de Noviembre a las 19 horas en el Ateneu Barcelonès. (http://www.barcelonapensa.cat/Acte:Macrofilosofia_del_present)
Macrofilosofia del present
Gonçal Mayos (UB), Ginés Navarro (UNED), Martha Palacio (UB)
Ateneu Barcelonès (Sala d'Actes Oriol Bohigas) | dimecres 19 de novembre, 19:00
En este acto se intentará pensar las características de la realidad presente desde una perspectiva de pensamiento macro y multidisciplinar, para dar de este modo herramientas para cambiarlas.
- También y dentro del seminario de Macrofilosofia del presente del grupo de investigación GIRCHE de la Facultad de Filosofía de la UB, el próximo jueves 20 de Noviembre a las 18.30 horas haré una exposición, para debatir después en grupo, sobre: "La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio". Descarga gratuita PDF documento: La nueva ética del individuo neoliberal: de la Ciberutopía a la Sociedad del Cansancio
Como expone el pensador Giorgio Agamben: "la filosofía no es una disciplina, la filosofía es una intensidad, que, como sucede en un campo magnético o en un campo eléctrico, puede atravesar cualquier disciplina. Algo estético, algo religioso o económico puede resultar filosófico en la medida en que se aborda y se carga de una intensidad más fuerte." Pensemos pues públicamente para aumentar la intensidad de este mundo y hacerlo mejor.
lunes, 10 de noviembre de 2014
El Capitalismo como religión: deuda y culpa.
Una de las principales consecuencias que más sufrimiento están generando de la crisis actual es el endeudamiento tanto de las empresas como de los particulares. Quizás, lo realmente significativo de esta situación de sobreendeudamiento, sea la incapacidad de reparar o devolver la deuda y entrar de ese modo, en un círculo vicioso donde el acreedor tiene la posición privilegiada y el deudor se ve culpabilizado, castigado y hasta sacrificado en un ciclo que parece no tener fin. Quién esta endeudado es culpable y debe pagar sus deudas: incluso con su propio cuerpo como el pago mediante la libra de carne en el Mercader de Venecia de Shakespeare.
Para intentar comprender este discurso del endeudamiento sobre la crisis podemos encontrar en el breve texto del filósofo Walter Benjamin "El Capitalismo como religión" , las bases históricas y culturales de esta relación entre deuda y culpa, que adquiere un carácter teológico en nuestra sociedad actual y es incluso recogida en nuestro código penal. Para Benjamin el capitalismo no solo tiene un origen religioso, sino que es una religión. Recordemos que por ejemplo para Max Weber las prácticas capitalistas tenían un origen religioso en la creencia calvinista de la predestinación donde el éxito económico se interpretaba como signo de elección.
Benjamin nos expone que el capitalismo no es un conjunto de prácticas de origen religioso sino que va más allá y postula que es una religión en sí mismo con tres características que la definen: 1) es una religión completamente ritual sin dogmas. Producción y consumo se realizan como culto divino. Es una religión sin dogmas que se reduce de una forma obsesiva al culto divino. 2) ese culto no tiene ningún descanso. Todos los días son fiestas de guardar, de producir o consumir a crédito. Esto convierte nuestro tiempo en una repetición circular donde todos los días son festivos en una reiteración vacía de novedades que se repiten. 3) Es capitalismo en una religión de la culpa. En alemán "culpa" y "deuda" se dicen con la misma palabra "Schuld". Ser deudor y ser culpable son sinónimos. Pagar la deuda se corresponde con la expiación de la culpa. La religiosidad del capitalismo es mítica. Lo propio del mito es la transmisión de la culpa. En el mito, la culpa heredada, generación tras generación, vuelve justificable el sufrimiento. La culpa hace tolerables y admisibles los padecimientos del hombre ocultando así la injusticia. "Usted es culpable por haber nacido" dice el juez al condenado en El proceso de Kafka.
Lo específico de la religión capitalista es que la culpa/deuda no se salda nunca. El objetivo es transformar en deudor/culpable a todos los hombres. El capital se convierte en un generador global de deuda de personas y países que pierden así su autonomía o soberanía. Parece que el crédito domine el mundo y el futuro de los hombres. El capitalismo es una religión que no incluye la redención, la expiación, la liberación o el perdón y por tanto la cancelación o condonación de la deuda. Esta imposibilidad de desendeudamiento y de expiación provoca el agotamiento y la depresión del sujeto. El gran objetivo neoliberal ha sido siempre la individualización de los riesgos: si no se tiene éxito, si no se pueden repagar las deudas y te desahucian, la responsabilidad única es del individuo ocultando de este modo factores estructurales del sistema que generan injusticias, castas extractivas o desigualdad de oportunidades a las que el individuo no puede hacer frente.
¿Hay salida de este mito circular vicioso? Keynes decía que la función de lo religioso es asegurar el futuro, tan inseguro para el ser humano. Y parece que la seguridad que daba la religión ahora la da el dinero. Deberíamos hacer del dinero algo neutral o como mínimo no un instrumento de dominación políticamente destructivo y acabar con ese mito de culpabilidad mediante la Ilustración: retomar la idea de que el hombre solo es culpable de las faltas que haya cometido libremente. Buscar esa acción libre que rompa el círculo mediante la justicia solidaria y fraternal para con los que sufren (las plataformas antideshaucios pueden ser un ejemplo), dando un verdadero empoderamiento a la población y devolviéndoles su dignidad. Nadie es culpable por haber nacido. Hemos seguramente de volver a pasar de nuevo del mito al logos.
Para intentar comprender este discurso del endeudamiento sobre la crisis podemos encontrar en el breve texto del filósofo Walter Benjamin "El Capitalismo como religión" , las bases históricas y culturales de esta relación entre deuda y culpa, que adquiere un carácter teológico en nuestra sociedad actual y es incluso recogida en nuestro código penal. Para Benjamin el capitalismo no solo tiene un origen religioso, sino que es una religión. Recordemos que por ejemplo para Max Weber las prácticas capitalistas tenían un origen religioso en la creencia calvinista de la predestinación donde el éxito económico se interpretaba como signo de elección.
Benjamin nos expone que el capitalismo no es un conjunto de prácticas de origen religioso sino que va más allá y postula que es una religión en sí mismo con tres características que la definen: 1) es una religión completamente ritual sin dogmas. Producción y consumo se realizan como culto divino. Es una religión sin dogmas que se reduce de una forma obsesiva al culto divino. 2) ese culto no tiene ningún descanso. Todos los días son fiestas de guardar, de producir o consumir a crédito. Esto convierte nuestro tiempo en una repetición circular donde todos los días son festivos en una reiteración vacía de novedades que se repiten. 3) Es capitalismo en una religión de la culpa. En alemán "culpa" y "deuda" se dicen con la misma palabra "Schuld". Ser deudor y ser culpable son sinónimos. Pagar la deuda se corresponde con la expiación de la culpa. La religiosidad del capitalismo es mítica. Lo propio del mito es la transmisión de la culpa. En el mito, la culpa heredada, generación tras generación, vuelve justificable el sufrimiento. La culpa hace tolerables y admisibles los padecimientos del hombre ocultando así la injusticia. "Usted es culpable por haber nacido" dice el juez al condenado en El proceso de Kafka.
Lo específico de la religión capitalista es que la culpa/deuda no se salda nunca. El objetivo es transformar en deudor/culpable a todos los hombres. El capital se convierte en un generador global de deuda de personas y países que pierden así su autonomía o soberanía. Parece que el crédito domine el mundo y el futuro de los hombres. El capitalismo es una religión que no incluye la redención, la expiación, la liberación o el perdón y por tanto la cancelación o condonación de la deuda. Esta imposibilidad de desendeudamiento y de expiación provoca el agotamiento y la depresión del sujeto. El gran objetivo neoliberal ha sido siempre la individualización de los riesgos: si no se tiene éxito, si no se pueden repagar las deudas y te desahucian, la responsabilidad única es del individuo ocultando de este modo factores estructurales del sistema que generan injusticias, castas extractivas o desigualdad de oportunidades a las que el individuo no puede hacer frente.
¿Hay salida de este mito circular vicioso? Keynes decía que la función de lo religioso es asegurar el futuro, tan inseguro para el ser humano. Y parece que la seguridad que daba la religión ahora la da el dinero. Deberíamos hacer del dinero algo neutral o como mínimo no un instrumento de dominación políticamente destructivo y acabar con ese mito de culpabilidad mediante la Ilustración: retomar la idea de que el hombre solo es culpable de las faltas que haya cometido libremente. Buscar esa acción libre que rompa el círculo mediante la justicia solidaria y fraternal para con los que sufren (las plataformas antideshaucios pueden ser un ejemplo), dando un verdadero empoderamiento a la población y devolviéndoles su dignidad. Nadie es culpable por haber nacido. Hemos seguramente de volver a pasar de nuevo del mito al logos.
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