jueves, 31 de diciembre de 2015

Macrofilosofía del Capitalismo: dos reflexiones sobre la Tesis



Tras la defensa de mi Tesis Doctoral Macrofilosofía del Capitalismo se han producido dos fundamentadas e interesantes reflexiones para el debate de los profesores Gonçal Mayos y Antonio Argandoña que comparto abajo.


Capitalismo: una macrofilosofía. Blog: Macrofilosofia. Autor: Gonçal Mayos. Profesor Filosofía Universitat de Barcelona

El capitalismo es sin duda el fenómeno más complejo de la actualidad y –también- el que más astutamente se nos escabulle de entre los dedos. El turboglobalizado capitalismo actual nos afecta en la práctica totalidad de los aspectos de nuestras vidas. Queramos o no, estamos e incluso “somos” en él.

Es nuestra “condición” aunque para algunos sea una especie de “cielo” y para la mayoría lo más parecido al infierno en la Tierra. Como en Rebelión en la granjade Georges Orwell en cierta medida todos nos igualamos ante el monstruo del capitalismo, si bien lamentablemente algunos siempre serán “más iguales” que los otros. Pues tiene la conflictiva e inestable dualidad que reflejan desde Fritz Langen su Metrópolis, hasta Martin Scorsese en The Wolf of Wall Street, pasando por las diversas versiones de Upstairs, Downstairs.



El capitalismo nos marca tanto en las épocas de increíble crecimiento como en las trágicas recesiones, tanto en las “burbujas” como en las crisis, tanto en la producción como en la especulación… Condiciona toda nuestra vida cotidiana: nuestras condiciones de vida material pero también nuestras subjetivaciones. Nos tortura dolorosamente haciendo que escudriñemos ansiosos su final, pero también nos seduce haciendo que lo anhelemos hasta la muerte e –incluso- no podamos construir otro mundo (ni a veces simplemente imaginarlo).  

Paradojalmente, el capitalismo parece brotar profundamente de la misma naturaleza humana, pero a la vez es radicalmente inhumano. Contradictoriamente, surge de los más profundos instintos, pero amenaza destruir aquellos que nos hacen ser “humanos”.

Por eso se ha convertido en omnipresente la crítica al capitalismo neoliberal, financiero, cognitivo y que nos convierte a todos en “precariado”. Pero también, ese mismo capitalismo se muestra capaz de fagocitar cualquier crítica y de reconvertir en beneficio suyo cualquier acción en su contra.

Ha devenido pensamiento único, “sentido común” hegemónico y señor de una gobernanza mundial bajo el llamado “consenso de Washington”; a la vez que se ha convertido en esclavo e instrumento frío de unas nuevas élites extractivas globales y la creciente desigualdad económica humana.

Ciertamente el capitalismo es un fenómeno, un sistema, una dialéctica… tan complejos que no se puede pretender abarcar, conocer ni -¡aún menos!- cambiar desde una única ciencia. Ningún departamento universitario, ningún “think tank”, ni ninguna comunidad de expertos puede sintetizarlo ni totalizar la complejidad de sus causas o efectos.

Por eso estamos condenados a fracasar, si pretendemos cambiarlo desde una única perspectiva académica, una sola ideología, cualquier metodología parcial, toda aislada disciplina… Incluso si pretendemos pensarlo desde una única perspectiva y aspecto de la “naturaleza humana”, sea cual sea.

Por eso la filosofía –en tanto que es el único saber que hoy todavía pretende
sintetizar o totalizar la realidad o, al menos, los distintos aproximamientos humanos y ciencias- debe atreverse a considerar el capitalismo con toda su paradójica complejidad.Esta es una tarea poli, multi, inter, trans, macro y –tendencialmente- postdisciplinar como la que ha encarado Alfonso Bárcena –humildemente y al nivel de sus fuerzas (que no son pocas)- en su tesis doctoral Macrofilosofía del capitalismo dirigida por Gonçal Mayos y centrada en la evolución capitalista desde los años 1980.

También son interdisciplinares y macrofilosóficos el tribunal que la juzgó y el debate subsiguiente, pues ninguno de sus miembros se “encerró” en la torre de marfil de su expertez. Fueron convocados –casi como parte del tribunal- filósofos clásicos y pensadores actuales desde Marx a Byung-Chul Han, pasando por Foucault, Derrida, Bauman, Sennett, Foucault, Derrida, Rancière, Harvey, Rendueles, etc. Aquí la profesora titular de filosofía de la UB Laura Llevadot estuvo especialmente incisiva y aguda denunciando como -muchas veces- “categorías inútiles” o que pueden ser “parte del problema” las de: “ciudadano”, “Estado-nación” y “naturaleza humana”.

Pero también estuvo presente la perspectiva económica que debe “administrar recursos escasos”, de las teorías y posibilidades de las de las empresas, de la lógica de los negocios y el reto para humanizarlos, de las distintas dialécticas que llevan de la modernidad a la postmodernidad, de los retos de la actual gobernanza mundial, de las distintas variedades del capitalismo y sus diferentes e incluso contrapuestas manifestaciones, de los esfuerzos para “aprender” a que las personas puedan controlar los fríos mecanismos capitalistas… Aquí brilló especialmente el catedrático emérito de ciencias económicas y actual profesor de “responsabilidad corporativa” del IESE de Barcelona, Antonio Argandoña. Argumentó -como recientemente en su blog- que a veces (al menos algunas veces) se imputan al capitalismo culpabilidades que lo son más bien de la modernidad y -más recientemente- de la postmodernidad.

Para variar y rompiendo también aquí las prácticas académicas habituales, también fueron convocados en el “macrofilosófico” debate los siempre excluidos, damnificados, vulnerabilizados… Se insistió en dar la palabra a los que son convertidos acelerada y cruelmente en “desechos” (Bauman) sin dejar por eso de ser “exprimidos” hasta el final por un capitalismo que se caracteriza por “producir excesos”. Se recordó a los que viven y miran la sociedad “desde abajo”, desde “afuera”, desde "los márgenes", desde “la rua”, conscientes de su radical exclusión por mecanismos infinitos y poderosísimos. Esta tarea fue asumida especialmente y con entusiasmo por el profesor en psicología y derecho de la UFMG (Brasil) André Freitas Dias, también coordinador de los grupos de “reflexión y acción” Cidade e alteridade y Pólos de Cidadania (que ahora precisamente ¡cumple 20 años de su fundación!).

A lo largo de la defensa de Macrofilosofía del capitalismo de Alfonso Bárcena, hubo consenso generalizado en la radicalidad con que el turboglobalizado y neoliberal “capitalismo dislocativo” nos acerca a todos a una peligrosa precariedad. Hay enormes y crecientes diferencias, pero hoy nadie parece  tener garantía plena de no sufrir jamás algún tipo de precariedad. No solo el capitalismo damnifica al antiguo proletariado, actualmente convertido en cognitariado y precariado(similarmente a crecientes sectores de las "clases medias"). 


Pues ese complejísimo fenómeno que es el capitalismo se nos escapa a todos, nadie lo dirige realmente (aunque lo puedan creer las Trilaterales o Clubs Bilderberg),es un infinito proceso de “destrucción creativa” y de producción de precariedad. Ante su altar las crecientes desigualdades económico-sociales pueden ser “precarias” incluso para los “vencedores” y favorecidos del capitalismo. 

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¿Es culpable el Capitalismo?. Blog: Economía, Ética y RSE. Autor: Antonio Argandoña. Profesor del IESE. Universidad de Navarra


Hace unos días estuve en el tribunal de una tesis doctoral en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. La tesis la presentaba Alfonso Bárcena, y el director era Gonçal Mayos. Lo pasé muy bien, sobre todo a la hora del almuerzo (es una de las cosas buenas que tiene este oficio, en el que es costumbre que el recién doctorado pague una comida a los que han juzgado su tesis), durante una larga discusión con el ya doctor, el director y los miembros del tribunal.

El tema de la tesis era la macrofilosofía del capitalismo. En su exposición el nuevo doctor hizo una completa crítica del capitalismo moderno, con buena parte de la cual estuve de acuerdo. Aquí quiero solo traer un tema a colación: muchos años después del liberalismo tradicional, encabezado por Adam Smith, el capitalismo ha ido derivando hacia un sistema que fomenta la desigualdad, es demasiado individualista, da preeminencia a las finanzas sobre la economía real, genera crisis recurrentes, se preocupa demasiado de la maximización no ya del beneficio, sino de las rentas, que el propio sistema crea y explota; prima el rendimiento, precariza el trabajo… Y me pregunto: ¿es del capitalismo mismo la culpa o es de la modernidad y la postmodernidad en la que nos vemos envueltos?

La pregunta me la hice ya hace unos años, en un congreso cerca de París, y se la formulé a una profesora que había llevado a cabo una crítica como la que apunto más arriba. Su respuesta fue de sabor marxista: la culpa es del capitalismo. Mi respuesta fue y sigue siendo otra. Cuando vemos la evolución del capitalismo desde Adam Smith y más tarde desde la revolución industrial hasta el mundo actual, con los defectos antes señalados (y otros muchos, claros), me parece que estamos asistiendo al despliegue de la persona, de la sociedad y, por tanto, de la economía tal como vienen dadas por la modernidad y, más recientemente, por la postmodernidad. El individualismo, por ejemplo, no empieza en el siglo XX, sino que es mucho anterior. El predominio del beneficio no es un invento de los economistas marginalistas y de Milton Friedman, sino de la antropología latente en el ser humano de la modernidad. Y así con todo.

La cuestión es importante, pero la respuesta es, probablemente, menos importante, porque el capitalismo actual (en la tesis se identificaba con el neoliberalismo) es una forma de manifestación de la modernidad y de la postmodernidad. De modo que las soluciones no pueden consistir en la intervención del Estado (afectado tambien por ese pensamiento moderno y postmoderno), o en las actuaciones de los expertos (por la misma razón), o en la actuación política de la sociedad (otra vez, por la misma razón).
En el fondo, me parece que estamos ante un combate en dos frentes: el de las ideas (hay que criticar el concepto de persona humana y de sociedad contenido en esa modernidad, hoy tan generalizada) y el de la práctica. Y digo esto ultimo porque me acordaba, durante la defensa de la tesis, de una frase que dijo unos días antes un profesor en una reunión en Londres (de la que tendré que hablar otro día): no es literal, pero venía a decir que la compasión (no el emotivismo postmoderno) y el amor cambiarían el mundo.




miércoles, 23 de diciembre de 2015

La resistencia íntima ante la disgregación.


Ante una realidad que nos parece incierta, que en ocasiones nos golpea y muchas otras veces simplemente nos sobrepasa, disgregando lo que parece que nos sostiene y nos da fuerza y sentido en nuestra vida: ¿qué acciones relevantes podemos confrontar para  continuar habitando nuestro mundo , integrando, resistiendo y protegiendo a la vez nuestra vida y condición humana?

El filósofo Josep  María Esquirol  en su ensayo "La resistencia íntima" nos propone cuatro acciones relevantes ante esta realidad incierta que parece que disgrega nuestra vida:


  • Cuidar: Presuponiendo la vulnerabilidad de la vida, tener cuidado de nosotros mismos desde la humildad y de los otros, convierte esa vulnerabilidad en firmeza personal y armonía social.
  • Formarse: educarnos y formarnos presupone que podemos ser más. El sentido de la mejora puede ser una guía vital sólida
  • Resistir: presupone que la vida no solamente ha de ser proyección, sino que también se enfrenta a fuerzas disgregativas de cualquier forma. Existir es también saber resistir.
  • Pensar: es una responsabilidad que nos abre a nuevas posibilidades que cada vida humana siempre puede tener.

Esta resistencia íntima se revela como sentido de la vida dentro de una filosofía de la proximidad y que tiene como elemento central el sentido de la resistencia con las acciones relevantes enfocadas a: el prójimo, la cura, el conocimiento y la reflexión.  Sin duda, vale la pena resistir.

lunes, 9 de noviembre de 2015

domingo, 25 de octubre de 2015

Defensa Tesis Doctoral: Macrofilosofía del Capitalismo





El próximo 6 de Noviembre realizaré la defensa de la Tesis doctoral de Macrofilosofía del Capitalismo dirigida por el Dr. Gonçal Mayos para obtener el título de Doctor ante el tribunal constituido en la  Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona.

La entrada para ver la defensa está abierta a todo el mundo y tiene una duración aproximada de dos horas en total.



Defensa Tesis Doctoral Macrofilosofía del Capitalismo

Doctorando: Alfonso Bárcena

Director: Dr. Gonçal Mayos

Fecha: Viernes 6 de Noviembre de 2015

Hora: 12 Horas

Lugar: Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona
            C/ Montalegre, 6
            08006 Barcelona

Aula: Seminario de Historia de la Filosofía, Estética y Filosofía de la Cultura
          4ª Planta


Entrada: Libre

Contacto: larazondesencantada@yahoo.es

Link de reflexiones sobre la defensa de la Tesis: Macrofilosofía del Capitalismo: dos reflexiones sobre la Tesis

domingo, 12 de julio de 2015

La construcción de un mundo común


¿Es lo mismo la comunidad política que el hecho de vivir en común? ¿La coexistencia de seres humanos pasa siempre por la presunción de un vínculo social? ¿Cuándo se convierte en político?

El cuestionamiento y problematización de lo que entendemos por política es uno de los rasgos más relevantes que se han derivado de la actualidad social. A raíz del gran terremoto que ha provocado la crisis económica que estamos viviendo se produce, a modo de fuertes replicas, una presión sobre las categorías centrales del pensamiento político: que se dividía históricamente entre el liberalismo de orientación neokantiana y el comunitarismo romántico.

Como expone la profesora de filosofía Alicia García, emerge una necesidad de pensar desde lugares técnicos distintos las relaciones entre lógica de los sujetos y lógicas de la vida. Se ha hecho cada vez más urgente la necesidad que desde una praxis, desde la intervención crítica sobre lo real, se produzcan nuevas concepciones de la política.

Lo que seguramente caracteriza más la situación contemporánea desde el punto de vista político es la ruptura del vínculo social. La comunidad política era algo natural, fundacional y voluntario que surgía o bien: a) de la natural sociabilidad del ser humano en los modelos aristotélicos o b) era un producto de un acto fundacional voluntario en los modelos contractualistas. 

La comunidad es vista como una asociación voluntaria cuya lógica rompe ahora el atomismo del individuo neoliberal o la desafección general provocada por una ética del encubrimiento, que hace único responsable al individuo de las deficiencias estructurales del sistema. 

Surge entonces la pregunta de si la política depende de una voluntad de asociación que ahora se ve atacada, con el trasfondo de la exigencia de comunidad que planteaba el filósofo francés George Bataille. La respuesta que se está dando actualmente a esta nueva cuestión, es interrogarse si antes de la comunidad como asociación voluntaria no hay un común que compartimos queramos o no. 

Es el paso de la comunidad a lo común: como expone la filósofa Judith Butler, uno no elige con quién cohabita la tierra, los demás con los que vive le son dados antes de ningún contrato o identidad.  Antes de la comunidad hay un común compartido. 

La idea de la construcción del bien común en un mundo compartido, es casi un eufemismo que trata de evitar el totalitarismo que históricamente ha traído en muchos lugares el comunismo, pero que a su vez pretende romper con las estructuras e instituciones políticas y económicas: las cuales se han apropiado de la existencia y soberanía popular, convirtiendo muchas existencias en vidas mutiladas, con la desactivación del individuo como sujeto o demos político sin capacidad de opinión o reacción a lo que le ocurre.

La crisis permanente en la que vivimos impone un contexto, un ecosistema social del que no parece que se pueda salir. Cuya administración más eficaz es la gestión operativa económica impuesta por un pensamiento único, que con la desactivación del conflicto, marca el territorio de lo que es posible: dejando la resolución de los problemas sociales al mercado y relegando al mismo tiempo las viejas categorías políticas.

El pensar desde nuestra praxis diaria sobre lo que compartimos, sobre lo común previo que escapa a la lógica del economicismo dominante, puede provocar el surgimiento de nuevas situaciones que contesten y abran el ecosistema social a una política del Ser-con los demás: a una co-implicación con los demás por el bien común desde un mundo que nos es dado y que todos compartimos.




lunes, 15 de junio de 2015

VII Congreso Macrofilosófico: "Dialécticas sociales de odio y philia"


VII Congreso Macrofilosófico: Dialécticas sociales de odio y philia.

Lunes, 22 de Junio de 2015. Dos sesiones: desde las 11.00 y las 16.00 horas.

Conferencia  y debate a partir de las 16 horas de Alfonso Bárcena: "Dialéctica liberal egoísmo y empatía como forma de construcción social colaborativa".


Lugar: Seminario de Filosofía - Universitat de Barcelona
Facultad de Filosofía
C/ Montalegre, 6. Planta 4ª
Barcelona
Entrada libre
Contacto: MacroFilosofía


domingo, 14 de junio de 2015

La vida apresurada del Capitalismo sin pausa 24/7


El tiempo ha pasado a ser un  mero dispositivo económico sometido a un  imperativo productivo. Nuestra vida se fundamenta en la intransitividad del tiempo presente: en realizar una actividad permanente sin telos, sin un objetivo definido, sin preguntarnos el por qué o si es realmente lo que queremos hacer, absorbidos por la vorágine de acontecimientos que provocamos que nos ocurran cada día.

El pensador Antonio Valdecantos observa que nuestra vida se funda en la ideología del desencadenamiento compulsivo de momentos irrepetibles, experiencias únicas o identidades intercambiables y transgresoras. Nuestra vida ha sido encuadrada por el sistema Capitalista en una secuencia de retos o desafíos. Con este procedimiento se quiebra la posibilidad de los grandes relatos emancipatorios de la modernidad, rotos por la fragmentación de una vida vivida como sucesión compulsiva de instantes o experiencias "irrepetibles" inconexos, sin una línea argumental clara.

Conceptos claves de la modernidad como soberanía, autoridad o emancipación han sido abolidos. Así para Valdecantos la soberanía se ha pulverizado en la estéril hiperactividad de cada individuo, dispuesto a iniciar procesos sin fin, influenciados por los impactos y demandas externas; la autoridad ha sido delegada a expertos en tendencias que preparan los hechos que predican y la emancipación ya no es más que la compulsión por convertir aceleradamente todo tiempo en un pasado a superar. Se abole el futuro como forma de utopía y mejora y se vive irreflexivamente en el presente, como una fugaz sucesión sinsentido de instantes a experimentar sin fin.

Como expone el filósofo Byung-Chul Han vivimos de acuerdo al ritmo de las máquinas y su imperativo económico-temporal. La vida que se equipara al proceso de trabajo de las máquinas solo conoce pausas, entretiempos libres de trabajos que sirven para recuperarse del mismo, para poder ponerse otra vez a disposición del proceso de trabajo. 

Para Han, ésta inquietud hiperactiva, la agitación y el desasosiego actuales no casan bien con el pensamiento y la reflexión que no puede ser constreñido por la presión temporal. Lo cual provoca que no hagamos más que inconscientemente reproducir lo mismo. Por falta de tiempo y tranquilidad en el pensar, se rehuyen las posiciones divergentes. El pensar profundo no se deja acelerar a la ligera. En eso se diferencia del cálculo o de la mera comprensión. El pensamiento es libre porque su tiempo y su espacio no se pueden calcular. Y necesitamos este pensamiento profundo, ya que es el que realmente nos apertura a nuevas condiciones de posibilidad de nuestro mundo y nos hace avanzar.

En nuestra vida apresurada corremos el grave riesgo de perder nuestra sensibilidad ante los problemas de los demás. Nos podemos evadir en una actitud de indiferencia a lo que acontece en el mundo, en un forma de entumecimiento moral. La nuestra es una era de temor. Se aprecia un pánico moral exhibicionista y sensacionalista que queda lejos de planteamientos equilibrados, en el temor de ser excluidos. Entre el miedo y la indiferencia se produce la pérdida de sensibilidad.

Como expone el profesor Jonathan Crary la vida sin pausa propia del Capitalismo de 24/7 (abierto veinticuatro horas al día, siete días a la semana) genera indefensión y vulnerabilidad: existe cada vez más una imposibilidad de hacer una pausa, de estar desconectado, ya sea en el trabajo o en el tiempo libre. Se trasciende el tiempo del reloj por un principio de funcionamiento y operación continuos. Se traduce a valor monetario cualquier intervalo de tiempo posible o cualquier relación social concebible.

Para Crary la elaboración de la propia identidad personal y social está siendo reorganizada para adaptarse al funcionamiento ininterrumpido de los mercados, las redes de información y otros sistemas. El tiempo para el descanso es demasiado caro para ser posible en la actual economía global. El sueño como paradigma del tiempo improductivo reparador comienza a ser colonizado y demonizado en una sociedad del 24/7.

Un mundo 24/7 permanente iluminado, sin sombras ni intimidad, es un mundo donde el tiempo es vacío y homogéneo y excluye las esperanzas, el pensamiento y los proyectos de las personas. Se fomenta la cultura vacía de la autopromoción y autoabsorción ,donde las tecnologías 24/7 perpetúan la ilusión de un tiempo sin esperas, de una instantaneidad que mina la paciencia y la deferencia individual de escuchar a los otros y lo que es peor, a uno mismo.

Paradójicamente la nueva libertad resida seguramente en la desconexión: en aquel retiro que permita el pensamiento profundo que nos abra nuevas vías de encontrar una finalidad, un telos a nuestro tiempo. A imaginar y soñar sin prisas un futuro mejor desde un presente vivido con calma y sentido.











jueves, 28 de mayo de 2015

Vidas vivibles en la sociedad del rendimiento


Parece que el hombre moderno sufre un profundo desamparo en medio de la sociedad contemporánea. Desplazados por el Capitalismo dislocativo en que vivimos, muchas personas tienen dificultad para acceder a una vida normal, sumidas en una espiral de precariedad y exclusión.

Este desamparo se ve agravado por la estructura de poder y coacción que hay en la proclamación neoliberal de la libertad: el imperativo categórico de ser libre lleva paradójicamente a la autoexplotación, a jornadas inacabables, al cansancio y el agotamiento como expone el filósofo Byung-Chul Han.

Nos habituamos por necesidad a vivir en la superficie de la vida, en la mera vida, en la mera supervivencia. Han postula que el Capitalismo actual absolutiza la mera vida y se deshace de pensar en el objetivo de su actuación, en una vida buena posible o una vida vivible. El proceso de capital y producción se acelera de tal forma que en el extremo se despoja de dirección, de plantearse cual es su objetivo final o hacia donde se dirige.

Convertidos en seres precarios o sujetos de rendimiento por ese proceso de producción y reproducción Capitalista, somos incapaces para el cierre, para la  conclusión. Estamos tan subyugados por el proceso de abrir nuevas oportunidades, experiencias, productos de consumo y de romper los límites, que se ha perdido la capacidad de cerrar y concluir, de llegar hasta el final de las cosas que realmente nos deberían importar. La eterna apertura nos lleva a la insatisfacción y al colapso. Nos rompemos bajo la coacción de tener que producir y consumir cada vez más.

Además Han expone que el Capitalismo elimina por doquier la alteridad para someterlo todo al consumo. El hombre actual permanece igual a sí mismo y busca en el otro solo la confirmación de sí mismo. El mero trabajo reproduce siempre lo mismo y no lleva al punto de vista del otro, de la diferencia. La crisis actual puede atribuirse a la desaparición del otro, a que ha hecho muy difícil una acción común, un nosotros: imbuidos inconscientemente como estamos en la mera vida de la sociedad del rendimiento.

Nuestra reacción adaptativa ha sido en muchos casos la sumisión voluntaria: la aceptación de este mundo construido por el Capitalismo dislocativo tal como viene, incluso incluyendo su gran parte de injusticia, en una forma de colaboracionismo de mera supervivencia; sin plantearnos realmente cual es nuestra idea de vida buena, qué hace la vida realmente vivible para nosotros y los demás.

Se hace necesario seguramente detenerse y pensar en abrir las condiciones de posibilidad, conducir el pensamiento a través de lo no transitado, de lo otro. Interrumpir la perspectiva del uno y hacer surgir el mundo desde la perspectiva y el punto de vista del otro, de la diferencia. Tenemos que ser capaces de dar el gran salto de la mera vida a la buena vida. ¿Qué hace una vida vivible, que merezca la pena ser vivida?. Seguro que cada uno, si lo piensa un poco, tiene su respuesta y de ahí su objetivo y dirección de conclusión final.




miércoles, 13 de mayo de 2015

La nueva forma de hacer política: la óptica del día después.


La idea de un mundo Occidental con un pasado y civilización común ya no existe, se ha convertido sólo en una metáfora. Ahora solo queda desarrollar las expectativas: una vez acabada la era del trabajo, hay que ir a buscar el futuro. En esta búsqueda, se ha impuesto en los últimos años la vía de la cultura del pelotazo que soluciona los problemas de golpe con la avidez desmesurada por el dinero. La avidez no es necesariamente negativa si está bien enfocada: nos muestra la pulsión por la vida,  por lo biológico; el conato de perdurar en la existencia spinoziano, por encontrar una fuerza regenerativa: una fuente que permita al mundo recomenzar de nuevo.

La política no tiene la capacidad de transformación social que poseía antaño. Hay un conservadurismo que afirma que la política es incapaz de romper el poder del Capitalismo financiero, secuestrada por élites extractivas en Occidente, parece que no hay salida. La democracia no parece tampoco necesaria para prosperar, sino un extra como demuestra el Capitalismo de Estado Chino.

Además los Estados Unidos parecen haber entrado en una decadencia que no es económica, sino institucional. La desconfianza fundacional inicial en la política que tenía la joven nación americana se materializó en unas pesadas medidas de control institucional con sus "check and balances", que paralizan o hacen más lentas la toma de decisiones, en un entorno global con circunstancias que se caracterizan por su  rápido cambio y con competidores globales que toman decisiones sin necesidad de seguir pesados procesos formales.

La cuestión que parece principal es como construir lo "común" cuando las instituciones o el trabajo ya no son inclusivos ya que mucha población no tendrá acceso y serán humillados por ello. Llegados a este punto, es importante remarcar que como expone el filósofo alemán Axel Honneth: las sociedades se reproducen y se integran no solo por medio de procesos económicos, sino también de valores. Todos los ordenes sociales se legitiman por medio de valores éticos. El conflicto social quizás ya no luche por la supervivencia de una clase social sobre otra, sino por el reconocimiento por parte de los otros en sociedades que han dejado de ser inclusivas.

Debemos seguramente como postula Honneth promover la denominada libertad social, en cuya esfera de acción se encuentra la economía y la política y que es el fundamento de la eticidad democrática: recuperar la totalidad de las prácticas y procesos en las que los sujetos, en interacción unos con otros, se "reconocen" mutuamente como libres e iguales. El otro tiene una función esencial para el sujeto que remite a los principios de igualdad y moralidad. Solo es necesario recordar que el mercado alguna vez tuvo una promesa de libertad, de complementariedad o fomento mutuo que constituía una forma de eticidad. Hoy desafortunadamente domina el egoísmo neoliberal.

La política debería pues ser pensada desde la óptica del día después en que el político deja de ejercer sus funciones y se convierte en un ciudadano que necesita incluirse en su nueva vida civil. Tras el agotamiento de las sociedades o proyectos civilizatorios donde los miembros no humillan a los otros, superadas por el Capitalismo financiero: deberíamos pasar a sociedades decentes donde las instituciones no humillen a las personas. Las leyes además de ser justas deben tratar bien a la gente. Se propone reemplazar la categoría de Justicia por el reconocimiento recíproco. La verdadera libertad no es la tolerancia sino el reconocimiento del otro que permita crear  sociedades decentes: donde lo común se construya desde la inclusión y la no humillación. La óptica del día después en la política puede ser sin duda una de la guías de esta fuerza regenerativa que nos permita recomenzar de nuevo.







martes, 28 de abril de 2015

La política de la Neurociencia: del gobierno de la mente al del cerebro


El poder actual es Biopolítico y mira sobre la vida. Pretende colonizar y gestionar la vida de la población en su totalidad. Su objetivo es orientar la vida hacia la producción, responsabilizándonos personalmente por todo lo que nos ocurre si no tenemos éxito. Lo que le interesa es tratar de responder a la pregunta de ¿cómo hacer con las personas para que sean productivas?.

Las políticas tratan de normalizar la población mediante la gestión demográfica, de salud, de trabajo o de las emociones. Ser normal significa adaptarse. El poder ya no es represivo, sino que tiene una parte seductora. La ideología propia de la Biopolítica es el Neoliberalismo, donde cada uno debe debe responsabilizarse de sí mismo, en una vida entendida como una empresa personal. Ofrece una vida de responsabilidad propia individual con posibles grandes recompensas, sin responsabilidades más allá de uno mismo.

Hace individuos competentes para que sean productivos (mediante la ahora en boga educación por competencias) y capaces de autorregularse en la consecución de sus objetivos productivos de éxito, sin necesidad ya de represión o control externo y eliminando el riesgo de rechazo o contestación. Se produce una subsunción total de la vida en capital y se individualiza el riesgo: si se fracasa en culpa exclusivamente de uno mismo y entra en juego entonces la medicalización como forma de solucionar la situación.

Siguiendo al filósofo Michel Foucault, en la perspectiva histórica del gobierno de las poblaciones hemos evolucionado desde un:

  • Gobiernos de las almas: con el poder pastoral que se preocupaba por la salvación. Comenzaba la subjetividad. Era un poder sobre las conciencias.
  • Gobierno de las mentes: era un discurso de carácter psicológico que se basaba en una normalización ideológica de las motivaciones de la persona y sus emociones hacia los objetivos de producción predeterminados. Se abandona el concepto de alma para adaptarse al concepto de mente del lenguaje psicológico. No era un discurso estrictamente científico
  • Gobierno del cerebro: entramos ahora en la medicalización de la sociedad mediante la biomedicina y la manipulación genética. El control de la vida se hace total con un discurso cientifista de medicación en caso de que alguien se salga de la normalidad (antidepresivos, tratamiento del TDAH en niños hiperactivos,...).
La neurociencia aparece como la nueva disciplina puntera en sus diversas variantes (neuromarketing, neuroeconomía,...). No se presenta como una ciencia determinista de control del cerebro, sino como la posibilidad de ser más libres y de conocer nuestras potencialidades y predisposicones. Parte de la base de la identificación entre mente y cerebro, donde cada pensamiento es una conexión neuronal y por tanto las causas de los trastornos son moleculares, y el remedio es farmacológico. Nuestra identidad queda reducida a mero cerebro. Si estamos tristes, apáticos, no tenemos éxito y no somos felices o no rendimos lo suficiente,  la solución no es personal ni relacional o social, sino que es medicarnos y tomar pastillas, inaugurando la nueva sociedad terapéutica en la que ahora vivimos.

El control de la político en la neurociencia se basa en la despolitización y la negación del conflicto: al reducir todo a un cerebro cuyos comportamientos pueden ser tratados por psicofármacos. La neurociencia vuelve a la reificación o cosificación: trata a las personas como si fueran cosas, nos saca de nuestra subjetividad y nos considera un objeto de estudio más, describiendo a las personas a partir de categorías previas.

El último paso en este proceso de poder biopolítico lo hemos dado inconscientemente nosotros mismos con la autoreificación: uno mismo se considera como objeto de estudio. Hacemos de nosotros un objeto a vender en los mercados, como el de trabajo. Hay que saberse vender a sí mismo en las entrevistas de trabajo, resultar un producto atractivo compitiendo frente a otros productos. Hemos renunciado a lo único que nos es propio: nuestra subjetividad en aras de no sabemos muy bien que si lo reflexionamos un poco. Ser conscientes de ello ya sería un primer paso para volver a ser lo que realmente somos: personas volubles con altos y bajos en busca de su propio sentido.