domingo, 18 de mayo de 2014

El liberalismo en positivo: la política del individuo libre.


Cuando hablamos de liberalismo de forma casi inmediata lo asociamos a una forma de hacer economía cuando menos controvertida, por no decir como directamente negativa, si extendemos el análisis al neoliberalismo reciente que muchas veces se adjetiva, de forma automática y sin pensarlo mucho, como salvaje o destructivo influenciados por ciertos grupos ideológicos, medios de comunicación o percepciones indignadas de los resultados de la reciente crisis.

Deberíamos seguramente profundizar un poco más y reflexionar  desde una perspectiva global sobre qué aportaciones ha realizado esta corriente de pensamiento y medir la enorme importancia que ha tenido el liberalismo no sólo como forma de organización económica, sino también política proveniente de una gran tradición de pensamiento  político occidental.

La aportación fundamental, es que el liberalismo es una filosofía del individuo, un pensamiento que pone la autonomía del hombre en el corazón de todo al contrario de la heteromía del Ser Humano que es construido por un sistema en el cual nuestro pensamiento no es más que el resultado mecánico de la socialización o de una ingeniería social dirigida. Es significativo resaltar que liberalismo como corriente de pensamiento del siglo XVIII y XIX, es un liberalismo político que lucha contra el despotismo, la intolerancia y la desigualdad. Pensemos que el rechazo al liberalismo en la actualidad es debido seguramente a que se asimila de forma directa a la dureza del mercado del sistema capitalista actual, pero que en sus inicios fue fundado como una respuesta política para acabar con las guerras y la irracionalidad.

Los principios en los que se asienta el liberalismo abren nuestra modernidad y su época de prosperidad sin precedentes : libertad individual de elección; libertad de conciencia y de palabra; responsabilidad individual; igualdad de derechos; pleno derecho a la propiedad privada; pluralismo o  cooperación voluntaria y contractual. Existe una relación indivisible entre la libertad política y la libertad económica basada en el libre intercambio y el mercado de libre competencia; y una necesaria limitación de la intervención del Estado relegado a su función de servidor del Estado de Derecho.

Como explica el pensador francés Jean-Michel Michéa, el liberalismo es una reacción contra las guerras de religión de los siglos XVI y XVII.  Se plantea el problema de una sociedad  pacificada. Los enemigos son la religión y la teología: las ideologías del Bien, necesariamente mortíferas y excluyentes. ¿Por qué sustituirlas? La respuesta del liberalismo es: la Razón "luz natural". La razón puede ofrecer un ordenamiento del mundo en claves de paz, prosperidad, felicidad, sin imponer una representación única de "la vida buena". Para el liberalismo no hay Bien y Mal, sino lo bueno y lo malo.

El liberalismo parte de que puede haber una "ciencia de la naturaleza humana". La ley que permite entender y modificar los comportamientos humanos es el interés. Actuando movidos por nuestro interés bien entendido, y no por las pasiones o los prejuicios, podemos configurar una sociedad armonizada. El "dulce comercio" es el mejor antídoto contra la religión y la guerra.

Hay tres grandes tradiciones liberales:


  • Tradición política: de John Locke, Montesquieu a Rawls. Propugna principalmente la autonomía del orden político en la construcción de la sociedad.
  • Tradición Utilitarista: de Benthan y Mill a Hayek. Explica los fenómenos políticos, económicos y sociales a partir de la persecución y confrontación de los intereses individuales.
  • Tradición libertaria: de Mises a Nozick. Pone como principio máximo el carácter inviolable y exclusivo de los derechos del individuo y hace descansar la libertad en la propiedad y el Estado mínimo.

El liberalismo tiene también para Michéa su propia "metafísica": prima al individuo e ignora (o minusvalora) todo  lo que le hace dependiente de "lo social". El individuo liberal es un ser autocentrado e independiente por naturaleza. La metafísica liberal es pesimista, parte de la desconfianza  en el otro: la guerra de todos contra todos es la verdad oculta bajo todas las relaciones sociales. Es una metafísica del "miedo a la muerte": la autoconservación, perseguir el propio interés y perseverar en el propio ser son las conductas racionales.

Es una metafísica "juvenil" marcada por el miedo a envejecer, por el ideal de una salud física a toda prueba que permite al individuo la autosuficiencia. Finalmente, es una metafísica de la "transgresión y la movilidad" que elogia la capacidad de arrancarse a todas la raíces y no anclarse en hábitos. Esta metafísica con su construcción de un modelo antropológico de individuo ideal de éxito a perseguir, explica sin duda de donde viene  gran parte de la percepción desazonada que tenemos de nuestro entorno vital.

Para Michéa, izquierda y derecha tienen idénticas raíces liberales: la derecha es liberal en lo económico pero le cuesta aceptar las consecuencias del liberalismo en lo cultural (aborto, matrimonio gay, etc.). A la izquierda le pasa lo contrario: asume que "cada cual tiene su vida" (y puede hacer con ella lo que quiera, siempre que no dañe a otro) en el ámbito de las costumbres, pero no del todo en el económico. Este movimiento es a la vez y paradójicamente fuente de emancipación (de modalidades desigualitarias de lazo social) y motor de la "modernización capitalista" (que barre costumbres, lugares y comunidades "no funcionales").

La utopía liberal, con esa metafísica individual maximalista, crea imposibles o inalcanzables modelos antropológicos de éxito individual que frustran a muchos individuos y explican gran parte de la sensación de desasosiego en la que se encuentra el sujeto moderno;  pero lejos de caer en la fácil crítica destructiva, debemos reconocer al liberalismo esa defensa de la libertad y la autonomía del pensar y actuar de los individuos, ante construcciones sociales que pretenden solo dominar y que pasan por encima de las personas y sus sueños. Como decía John Locke: "los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias".



lunes, 12 de mayo de 2014

Presentación : Consecuencias del capitalismo actual en la Universitat de Barcelona



Dentro de las sesiones del grupo de investigación GIRCHE de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona dirigido por el profesor Gonçal Mayos, el martes 10 de Junio de 2014 haré una presentación del estado de la investigación de la Tesis Doctoral: "Macrofilosofía del Capitalismo"  del programa de Doctorado en Filosofía: Ciudadanía y Derechos Humanos de la UB, con el título:

"Consecuencias económicas, personales y culturales de la dinámica capitalista actual"

Doctorando: Alfonso Bárcena
Fecha: 10 de Junio
Hora: 18 horas
           C/ Montalegre 6  (frente al CCCB y el MACBA en el Raval)
           08001 Barcelona
           4ª Planta
           Aula: Seminario de Filosofia

Entrada: libre
Contacto: larazondesencantada@yahoo.es

Para descargar materiales de la presentación cliclar link de abajo:

Decarga gratuita materiales presentación Consecuencias Capitalismo

domingo, 11 de mayo de 2014

Breaking Bad: la moral como opción personal


¿Estamos solos ante nuestras decisiones? ¿La responsabilidad de nuestras acciones es una cuestión únicamente de conciencia individual?. Ante un entorno de crisis como el actual: ¿hasta que punto no tenemos la sensación de ser todos héroes solitarios que debemos luchar en una realidad verdaderamente adversa, intentando proteger a los nuestros pero sin saber si lograremos mantenernos en pie?

Breaking Bad, una de las mejores series televisivas de la historia, ofrece interesantes puntos de análisis que muestran la condición actual a la que se enfrenta el sujeto moderno. La serie cuenta la historia de la transformación de un anodino profesor de instituto de química norteamericano, que tras ser diagnosticado de un cáncer agresivo toma la decisión de convertirse en un narcotraficante, con la intención inicial de ganar dinero para asegurar el futuro de su familia una vez él fallezca.

Desde diferentes perspectivas como la Filosofía, la Sociología o la Psicología se han realizado análisis que pueden verse condensados en el libro: Breaking Bad: 530 gramos (de papel) para seriadictos no rehabilitados. Las conclusiones que pueden sacarse de estos análisis son realmente interesantes para intentar delucidar cual es la condición del sujeto moderno, a la que todos en el fondo estamos expuestos:


  • Breaking Bad no plantea una situación en la que la moral de los personajes sea estática, contradictoria o teñida del espíritu de la época. Otras series crean realidades en las que se prescinde de la actuación individual. Los actos de los personajes no expresan quienes son: en gran medida son una reflexión sobre una época determinada; en lugar de ello en Breaking Bad se apunta que la moral es, siempre, una opción personal. ¿Qué convierte a un hombre en  "malo"?, ¿sus actos, sus motivos o la decisión consciente de ser una mala persona?. Lo bueno y lo malo no son más que opciones complejas, para nada distintas de cualquier otra.
  • El personaje principal de la serie, el químico Walter White, es visto a modo de un Fausto moderno que intenta trascender la realidad mediante el conocimiento pero que su insatisfacción y su codicia le llevan a crear un imperio de las drogas. En la actualidad, al contrario del Fausto histórico, el protagonista no debe rendir cuentas a un ente superior por su codicia o ambición, sino que el castigo se experimenta de una forma personal, en un constante dilema moral. ¿Por cuanto tiempo logrará convivir con su demonio interior?.
  • La serie es la puesta en escena de la complejidad del sujeto contemporáneo y el proceso de atracción hacia lo "monstruoso": es el despertar de la conciencia individual del profesor de química de instituto acerca de la precariedad del mundo actual, ante una crisis que cortocircuita el tejido social, con el deterioro de alguna de sus instituciones como la justicia o el sistema sanitario que no se distribuye equitativamente o una ética provisional desprovista de moralidad. En el personaje de Walter White se caracteriza el propósito heroico del sujeto moderno, en su firme decisión de emprender la acción individual en pos de una resolución justa del conflicto material que se le plantea ante su probable próxima muerte, lo cual compromete gravemente el futuro de su familia. Lo que le contradice son los medios empleados y las consecuencias trágicas que provocan dicha acción.
  • Existe en la serie una concepción dialéctica de los conflictos individuales: la idea de límite parte de la conciencia de la temporalidad y el frenesí de la huida de la muerte descolocando el orden natural de la existencia y la temporalidad con su acción de héroe trágico en su transformación de profesor de instituto a narcotraficante sin escrúpulos (apodado Heisenberg). Se relata el itinerario hacia lo monstruoso con una pérdida de la moralidad, la transgresión de los límites últimos en una pura y llana acción depredadora mostrando al mismo tiempo otro lado oscuro: el de la lógica capitalista sustentada en el individuo y el derecho inalienable a la propiedad. 
  • Como expone Gil Calvo se muestra la realidad del desamparo, el del sujeto del mundo en crisis del nuevo siglo que constituye el territorio y el tiempo para "el regreso de los monstruos" depredadores (capitalistas). Supone ésta una realidad que brota de un modelo social desgajado y sometido a los designios de destinos ya no plenamente humanos ni trascendentes, sino reflejos banales de la lógica pragmática e instrumental, y de los atavismos de un individualismo extremo.
  • ¿Cómo podemos distinguir entre lo bueno y lo malo?. Spinoza nos decía que distinguir lo bueno y lo malo no es una cuestión relativa a juicios morales o a recompensas y castigos, sino es una cuestión relacionada con la química, con la composición o descomposición de los cuerpos. La verdadera alegría, el aumento de la potencia de existir, procede únicamente de cada uno. No existe el Mal (en sí), ni el Bien (en sí) sino solamente lo bueno y lo malo (para mí). Como expone el químico Walter White a sus alumnos, en su filosofía, similar en este aspecto a la de Spinoza, los remordimientos y la tristeza son una pérdida de tiempo porque disminuyen nuestra potencia de existir y nuestro único objetivo es sobrevivir, perdurar, pasar página.
  • Finalmente como nos expone  el escritor Enrique Vila-Matas la serie Breaking Bad es un reflejo magistral de nuestra condición humana: White es un químico y modesto profesor que pierde el mapa de su vida cuando le anuncian una enfermedad terminal. La ciencia nos dice que el Universo es aleatorio, un caos donde partículas  subatómicas sin fin colisionan sin rumbo, pero lo que no nos dice la Ciencia es porque un hombre es capaz de actuar de esa manera. 
Nos rescata afortunadamente en este punto el arte de Gonçalo Tavares con su poema El mapa:
"Entre la posibilidad de acertar mucho, existente en la matemática, y la posibilidad de errar mucho, que existe en la escritura (errar de errante, de caminar más o menos sin una meta), opté instintivamente por la segunda. Escribo porque perdí el mapa"

¿Quién no ha perdido nunca el mapa de su vida? Escribámoslo de nuevo sin miedo ya que siempre estamos a tiempo mientras estemos vivos, confiando en esa instintiva potencia de existir que todos llevamos dentro.







domingo, 4 de mayo de 2014

Economía civil: una alternativa de desarrollo humano integral


No existe una alternativa a la economía de mercado. Estamos ante una crisis interna del capitalismo y cualquier sistema alternativo parece además de conflictivo, no viable para la organización económica de sociedades complejas e interdependientes como las actuales.

Lo que si que existen en cambio, son distintos modelos dentro de la denominada economía de mercado: uno de los modelos es el de economía neoliberal, propia de la tradición norteamericana, cuyo objetivo es incrementar el bien total. Por otro lado, y como alternativa, existe otro modelo denominado de economía civil, típico de la tradición cultural de Italia y España, que pretende incrementar el bien común. Como expone el economista y profesor italiano Stefano Zamagni, la economía civil persigue el desarrollo humano integral, con tres componentes: crecimiento, dimensión socio-relacional y espiritual. Se debe organizar la sociedad  y las instituciones de manera que las tres dimensiones vayan juntas y no sólo prestando atención al crecimiento propugnado por el modelo neoliberal. Se trata de poner en el centro de la dinámica económica a la persona y su crecimiento personal.

La economía civil de mercado busca orientar el discurso económico por una vía que pretende recuperar la noción del bien común, yendo más allá del puro beneficio, y aboga por la recuperación de otros bienes igualmente necesarios para una vida plena: los bienes relacionales. Como explica Zamagni, en la lógica de bien total, propia del modelo neoliberal, dado que el bien total es resultado de la suma de los bienes individuales, puedo olvidarme de algunos, puesto que el bien de unos va a compensar la falta de bien de otros. En la economía civil de mercado, cuya lógica es el bien común, lo anterior no es posible porque si olvidamos el bien de algunos, el de los demás desaparece.

Una de las diferencias fundamentales entre ambos modelos de economía de mercado es que la economía de corte neoliberal se basa en los principios de intercambio de equivalentes y de redistribución que requiere partir de un precio de mercado; el sistema civil de mercado añade un tercer principio: el de reciprocidad. Este concepto significa gratuidad, frente al mero principio de intercambio, cuya motivación básica es el interés por el dinero. En la reciprocidad hay donación, con una base de proporcionalidad en función de la capacidad de cada uno.

Los bienes son de diversas categorías: privados, públicos, comunes (como el medioambiente) y relacionales (lo que se producen en la relación interpersonal). Para Zamagni, el modelo neoliberal funciona bien con los privados, menos con los públicos y es un desastre con los bienes comunes y relacionales. Pero el ser humano quiere cada vez más bienes comunes y relacionales. Si no modificamos el modelo neoliberal tendremos un mayor ingreso nacional, pero habrá ciudadanos agraviados. Para conseguir bienes comunes y relacionales tendremos que introducir el principio de reciprocidad.

La filosofía que subyace al pensamiento neoliberal es la del individualismo libertario nacida en Estados Unidos y según la cual cada uno es patrón y manager de sí mismo y su destino está en sus manos. Zamagni expone que este paradigma lleva a la desesperación porque ninguno de nosotros es una isla, ni se basta a sí mismo; tenemos que establecer relaciones interpersonales. El individualismo es enemigo del personalismo, que es la filosofía en la que se basa la economía civil de mercado, y es la idea de un individuo que tiene una relación ontológica con los otros. Es la idea contraria al ambiente de competencia. El individualismo genera egoísmo, mientras que la ayuda de unos a otros hace real la reciprocidad.

Es fundamental destacar que las nuevas pobrezas no son debidas a la carencia de recursos: las paradojas específicas del crecimiento que vivimos actualmente como el aumento de la desigualdad, el crecimiento de la desocupación (jobless growth) o las dificultades crecientes para hacer practicable el principio de la soberanía del consumidor, ninguna tiene que ver con la escasez de recursos materiales sino que señalan más bien a una escasez social y esta se resuelve solamente con un cambio institucional y de modelo económico.

La nueva economía política ha demostrado convincentemente que en la base de toda quiebra de mercado radica la incapacidad del mercado de generar resultados cooperativos. El premio Nobel de Economía Kenneth Arrow defiende que se puede sostener que gran parte del atraso del mundo admite ser explicado por la falta de confianza recíproca.

¿Qué es lo que hay que hacer en una sociedad para que crezcan las estructuras de confianza?.Cambiar hacia un modelo de economía civil de mercado propio de las tradiciones culturales latinas del Sur de Europa: la sociedad civil es el lugar ideal destinado a predisponer para la confianza dado que actúa por el principio de reciprocidad y no así, en cambio, el mercado privado que actúa por el de poder de adquisición. La sociedad civil no puede ser solamente un presupuesto para el correcto operar del Estado y para el funcionamiento eficiente del mercado privado.

La sociedad civil no puede dejar de incluir una economía civil como forma de generar alternativas de modelo económico que acabe con esa escasez social y nos permita desarrollarnos a todos íntegramente con seres humanos más allá de la simple acumulación material de producción total. Como ya decía Marco Aurelio: "Van mal los asuntos humanos cuando queda solamente la fe en los asuntos materiales".




jueves, 24 de abril de 2014

El respeto: la dignidad en un mundo desigual


La sociedad moderna reivindica la justa recompensa a la capacidad del talento como rebelión contra el privilegio determinado por la posición heredada característica de sociedades menos avanzadas. Subyace la idea ilustrada de que se mejora el bienestar de los hombres concentrándose en la capacidad potencial y no en la necesidad. En todas las prácticas de la vida cotidiana, la meritocracia representa una amenaza a la solidaridad, amenaza que sienten tanto los ganadores como los perdedores. La movilidad social trae consigo también por tanto costos sociales.

Como explica el sociólogo Richard Sennett, la desigualdad es un hecho elemental de la experiencia humana al que la gente trata constantemente de darle un sentido. La cuestión esencial es que hace una sociedad ante la existencia de la desigualdad: cómo impedir que la gente se desaliente o abrigue resentimiento ante la desigualdad de talento en la problemática de la comparación denigrante y la falta de respeto hacia el otro.

El respeto mutuo es algo en el fondo difícil de alcanzar por varias razones:

  • en primer lugar por la desigualdad de talento: incluso en un mundo perfecto, las capacidades humanas nunca serán iguales;
  • la dependencia en los adultos: el dependiente se enfrenta al desafío de ganar a un tiempo el respeto de los otros y el respeto a si mismo;
  • las formas degradantes de la compasión: ya sea la impersonal burocracia o el voluntarismo intrusivo.
A modo clarificador Rousseau en su Discurso sobre el origen de la desigualdad ya distinguía entre el:
  • Amour de soi: la confianza en uno mismo. El sentimiento natural que lleva a todo animal a preocuparse por su conservación. La aceptación elegante de uno mismo.
  • Amour prope: el deseo de ser superior a los otros y también por ellos estimado. El doble juego del talento y la envidia.
Y son la sociedad y la desigualdad quienes modelan el carácter y de este modo se gana el respeto de tres maneras:
  1. La primera manera es la que tiene lugar a través del propio desarrollo, en particular a través del desarrollo de capacidades y de habilidades
  2. La segunda manera reside en el cuidado de uno mismo que puede significar no convertirse en una carga para otros, dado el odio de la sociedad moderna al parasitismo.
  3. La tercer manera de ganar respeto es retribuir a los otros. La autosuficiencia no tiene en última instancia grandes consecuencias para los demás sino se lleva a cabo el principio social que ayuda y retribuye desde su carácter a la comunidad.
La autoestima debe pues estar equilibrada con los sentimientos hacia los demás y como el respeto  mutuo debe forjar vínculos por encima de la brecha de la desigualdad. Para protegerse de los males de la comparación denigrante hay que desarrollar la experiencia de la habilidad que Sennett llama artesanía: el oficio no elimina la comparación denigrante con el trabajo ajeno; pero vuelve a centrar las energías de una persona en la realización de un acto bueno en sí mismo, por sí mismo. El artesano puede sostener el respeto por sí mismo en un mundo desigual.  

El oficio de vivir nos alienta a convertirnos en artesanos de nosotros mismos y hacer la cosas por el mero hecho de hacerlas bien. Asimismo y simplemente compartiendo y retribuyendo con nuestro talento a los demás, generaremos la dignidad y el respeto que todo ser humano merece en un mundo que por desigual, no podemos dejar de intentar darle un sentido compartido diferente.


lunes, 7 de abril de 2014

La moral en suspenso: de la ideología glacial al perfeccionamiento


Con la crisis actual hemos experimentado que el capitalismo es un arma de doble filo: por un lado, ha permitido inmensas mejoras en las condiciones materiales. Por otro lado, ha exaltado algunas de las más perversas características humanas, como la codicia y la envidia. Así por ejemplo el maestro de economistas Keynes era profundamente ambivalente en lo que se refiere a la civilización capitalista. Se trataba de una civilización que daba rienda suelta a las malas intenciones a fin de lograr buenos resultados. Era necesario poner la moral en suspenso para lograr la abundancia, porque la abundancia haría posible una buena vida para todos.

Como explica el economista Robert Skidelsky sobre el maestro Keynes, éste escribía que : "la avaricia, la usura, y la precaución deben ser nuestros dioses durante un poco más de tiempo, porque son las únicas que nos pueden sacar del túnel de la necesidad económica y guiarnos a la luz". Keynes comprendía que, en un cierto nivel de conciencia, la civilización capitalista había asumido la autorización de motivos antes condenados como "malos" a cambio de una recompensa futura. Lo que no llego a predecir Keynes es que la insaciabilidad económica  expresada en el consumo desaforado como forma de existencia, se ha manifestado como la marca principal del capitalismo actual, convirtiéndose en los cimientos psicológicos de todo una civilización en una aberrante acumulación de riqueza y consumo que cada vez menos pueden disfrutar, tras lo que parece una imparable desaparición de las clases medias en los países avanzados.

¿Cuál es la utilidad de la riqueza, cuánto dinero necesitamos para llevar una buena vida? ¿Debemos además dejar nuestra moral en suspenso para ir acumulando dinero o consumiendo? Estas preguntas pueden parecer difíciles de responder pero no son triviales. Como indica Skidelsky, ganar dinero no puede ser una finalidad en sí misma (a menos que se sufra de algún trastorno mental grave). Decir que mi propósito en la vida es ganar más dinero es como decir que mi objetivo al comer es ponerme cada vez más gordo. Ganar dinero no puede ser la ocupación permanente de la humanidad, por el simple motivo de que el dinero no sirve para nada más que para gastarlo, y no podemos gastar sin límite. Llegamos así a la preguntas esenciales: ¿Cuánto es suficiente para una buena vida?.¿Qué cambios en nuestro sistema moral y económico serían necesarios para alcanzarla?. 

Para contestar estas preguntas es necesario una perspectiva macro multidisciplinar combinando la filosofía y la economía: así los filósofos construyen sistemas de justicia perfecta, haciendo caso omiso de la confusión que domina la realidad empírica y por otro lado los economistas se preguntan cuál es la mejor forma de satisfacer los deseos individuales, sea lo que sea eso. Quizás para iluminarnos debamos volver a lo que pensaban los primeros economistas que surgieron en el siglo XVIII de la Filosofía moral y, por tanto combinaban ambas disciplinas, como el padre de la economía Adam Smith: que no concebía el progreso económico como un crecimiento y acumulación sin límite, sino que el progreso estaba en el crecimiento que permitiesen las instituciones, los hábitos y las políticas de un pueblo. De hecho, ni él ni sus contemporáneos hablaron nunca de crecimiento, sino de "perfeccionamiento", un término que no solo abarcaba las condiciones materiales, sino también morales.

Un perfeccionamiento del que nuestro sistema económico actual reniega, ya que sumergidos en una ética del encubrimiento, y escondiéndonos tras cuestiones estructurales de desigualdad generada por nuestro sistema económico, hemos adoptado una ideología glacial en la que esta permitido hacer reestructuraciones, despedir gente o generar exclusión, en aras de una eficiencia que por el mero hecho de nombrarla ya consideramos inconscientemente como algo deseable (si algo es eficiente: ¿es necesariamente siempre deseable?), y sin pensar bien si ese supuesto tótem de la eficiencia, por el que casi mataríamos cada día, nos ayuda siempre a llevar una mejor vida a nivel personal y social.

Poner nuestra moral en suspenso mientras vamos acumulando dinero, puestos, status, objetos o experiencias no nos ayudará seguramente a  llegar a ese ideal clásico de perfeccionamiento personal o social, cuando por el camino se genera sufrimiento, exclusión o desigualdad. Debemos volver a reflexionar sobre temas como los usos de la riqueza o la naturaleza de la felicidad para llegar a pensar cuanto es suficiente para nosotros. En el fondo el leivmotiv de nuestra época no es tan novedoso, como ya nos decía Epicuro: "nada es suficiente para quien lo suficiente es poco".





domingo, 30 de marzo de 2014

La ciudadanía como emancipación


Nos hemos acostumbrado a vivir en democracia: para muchos de nosotros el entorno que recordamos es el de una sociedad que puede elegir a sus representantes votando y el saber que por ser ciudadanos tenemos unos derechos que deben respetarse. La cuestión es que esta noción de ciudadanía que pretende universalizar una idea de hombre y una serie de derechos humanos inclusivos, parece que últimamente  se está convirtiendo en un motivo de exclusión de los que consideramos como otros o no ciudadanos; ya sea a través de vallas, muros fronterizos o decretos de expulsión de parados y de derechos de ciudadanía en algunos países europeos.

El concepto de democracia debería aún tener, como expone el filósofo francés Jacques Rancière, un significado revolucionario claro y preciso que remite a la acción de y por los excluidos, a la lucha por los "sin parte"; en la lógica que la igualdad entre seres humanos sea la base de la conformación de una comunidad política. El reconocimiento de la Humanidad, de que lo que esencial es que somos seres humanos iguales y detentores de una dignidad inalienable, debería ser la idea de hombre que guíe una definición de ciudadanía inclusiva donde la soberanía este aún en el pueblo que la detenta y sus representantes cumpliesen el mandato de quienes los han elegido.

El pasar del concepto de Ser Humano al de Ciudadano con derechos lleva implícito al mismo tiempo la idea de exclusión: la de los que no forman parte de nuestro Estado o comunidad, la de los que intentan saltar vallas o muros para tener una mejor vida o por estar sin trabajo durante meses pueden ser expulsados de un país europeo. A veces desde la distancia esto nos resulta molesto pero no es sino un signo de la violencia implícita en la que a veces se sustentan los ideales de nuestra sociedad. Sino contemplamos al hombre particular, sus necesidades o dignidad y nos dejamos llevar por ideas de hombre y ciudadanos ideales nos alejaremos cada vez más de lo que una sociedad democrática debe representar.

Esto adquiere aún más relevancia si añadimos el hecho que hemos dado aún otro salto al vacío: dejando seguramente ya de ser ciudadanos, para pasar a ser meros clientes arrastrados por un sistema económico que predomina como forma de organización social. Asimilamos, sin pensarlo mucho, democracia a sociedad de consumo: en la cual se esta ejerciendo por parte de los diferentes poderes económicos una dominación simbólica que modifica los deseos de los individuos para buscar un status y adquirir lo que desde el punto de vista económico interese. Parece que ahora la carta de ciudadanía la da únicamente el ser capaz de consumir, de participar en el espectáculo consumista que nuestra sociedad ha pasado a ser.

Nuestro sistema económico se ha convertido en estructuralmente violento, excluyendo de una ciudadanía digna a los que no son capaces de conseguir un trabajo o consumir. Además hace que proyectemos ese malestar o violencia contra nosotros mismos, inaugurando una sociedad terapéutica: donde la medicación y la terapia personal debe resolver unos males que lejos de ser estructurales parecen que solo nos pertenecen a nosotros como individuos, no capaces de ser parte activa del engranaje económico y que solo nosotros debemos solucionar.

Lo que nos queda como seres humanos comprometidos con los ideales democráticos es el ejercicio de la emancipación: manifestar por todos los medios posibles la indignidad de quien alza muros o excluye personas de países por el mero hecho de no poder consumir o tener un trabajo. Dar voz al malestar de quien sufre por nuestro sistema económico o no es reconocido como igual de derechos a nosotros.  Y finalmente ser conscientes de que el ser humano concreto: su dignidad e igualdad están por encima de cualquier ideal de sociedad o ciudadanos de éxito que nos quieran imponer. Hagamos pues de nuestra ciudadanía un ejercicio de emancipación inclusiva por los demás.



domingo, 23 de marzo de 2014

El espíritu profesional: la diligencia como libertad.


Confrontar la realidad no suele ser una tarea sencilla: ésta es en muchas ocasiones a primera vista áspera, rugosa y tremendamente azarosa. Encontrarse cómodo en el análisis de la realidad resulta pues difícil ya que lo fácil es dejarse llevar por vías de escape como el sueño, la ficción, lo utópico o por simbolizaciones que normalicen o se apropien de esta realidad a conveniencia de unos pocos. Pero existen algunas corrientes de pensamiento que siguiendo la máxima latina: Amor veritas, amor rei ,amar la verdad es amar la cosa, no solo se sienten a gusto en este análisis directo sino que proponen formas de organización para poder transformarnos a través de la realidad objetiva que nos toque vivir.

El filósofo Antonio Escohotado nos expone en su pensamiento que hay que amar la realidad y su poder transformador y que uno de los grandes avances de la humanidad ha sido el comercio como forma de establecer acuerdos provechosos entre hombres y pueblos, y cambiar así hacia sociedades más prósperas. El comercio es la alternativa a la Fe y a la conquista; el comercio es jurídico y el derecho de conquista en cambio es la violación de cualquier ley de magistrado y ciudadanía.

Escohotado defiende el comercio ante sus enemigos: el mercado es la autonomía de la voluntad, no forzar a comprar y vender y que el precio sea fijado libremente. El odio al comercio y los comerciantes es odio hacia lo que el mercado trae consigo: la incertidumbre, la suerte, y el mérito; el dinamismo transformador que no reproduce sino que crea e intenta mejorar las condiciones de vida.

Ser Occidental para Escohotado significa de alguna manera tener sitio en el corazón para un altar donde lo venerado es la igualdad humana, principal motivo de orgullo para nuestra cultura. Dejar que el otro sea libre es la gran asignatura pendiente de la humanidad. Algunos tratan de limitar ese principio inviolable a un trato no discriminatorio por parte de las leyes y reclaman una igualdad jurídica compatible con las más amplias libertades. Otros, para Escohotado, llevan veinte siglos abogando por abolir compraventas y préstamos para defender a quienes obtuvieron peores cartas, son incapaces de autogobernarse o sencillamente no están dispuestos a tratar la vida como un juego, aunque sus reglas sean claras. Tratan de transformar así lo privado creador en común normalizado, expoliando y  limitando libertades.

Uno de los grandes elementos transformadores de la sociedades y dignos de elogio para Escohotado es el espíritu profesional: es la maestría socialmente conveniente, saber buscarse a sí mismo hasta encontrar algo que sabían hacer mejor que los demás, que era útil para el prójimo y que, por tanto, alguien podía y quería pagar. Esta diligencia en el trabajo es lo que define a los sabios, artesanos, a los profesionales y a los empresarios y de la cual vive ahora el mundo próspero . El triunfo económico de estos es la expresión de haber tenido éxito en un empeño vocacional y esto es lo que da consistencia última a estas iniciativas individuales. El problema de nuevo para Escohotado son los enemigos del comercio en el intento de domesticar colectivizando estas iniciativas y eliminar así  esa pasión individual que es capaz de transformar el mundo.

Hay pues que intentar amar la realidad y su poder transformador por muy rugosa que sea: con ese espíritu profesional de diligencia, pasión y entusiasmo en el esfuerzo abriéndonos a la incertidumbre, la suerte y el mérito que es la base de nuestra libertad. Aprendamos que estas son las reglas del juego de la vida al que todo jugamos: amemos la verdad, amemos la realidad.



miércoles, 12 de marzo de 2014

La buena vida y la felicidad: la autodeterminación como libertad


Cuando nos preguntamos sobre qué significa llevar una buena vida o ser feliz damos por descontado que ambos términos tienen el mismo significado o son equivalentes pero es quizás importante distinguir entre la Felicidad como algo privado y psicológico y los elementos básicos que permiten llevar y construir una buena vida, los cuales deberían proporcionarlos nuestro entorno y el sistema económico, normalmente a través del Estado.

El sociólogo Richard Sennett nos convulsiona al decirnos que el Capitalismo en los últimos veinte años se ha hecho completamente hostil hacia la construcción de la vida. Así, en el antiguo Capitalismo corporativo de mediados de siglo XX podías sufrir injusticias pero construirte una vida. En los últimos veinte años el Capitalismo se ha convertido en algo inhumano destrozando en sus crisis recurrentes miles de proyectos vitales, que quedan difuminados en una precariedad que acaba corroyendo el carácter de los trabajadores ante una falta de perspectiva de carrera profesional o las nuevas formas de temporalidad y flexibilidad salvaje.

Desde una visión que ahora se antoja utópica, la buena vida que debería proporcionar el Estado estaría basada en elementos básicos como:
  • la salud, seguridad física y económica: la renta básica adquiriría aquí un sentido de mínima, seguridad vital ante los golpes que nuestro sistema económico recurrentemente nos va a  ir dando,
  • libertad para actuar con autonomía,
  • lazos afectivos con los demás y ocio.

Con seguridad lo importante actualmente es volver de nuevo hacía lo que verdaderamente vamos a poder controlar: que es nuestra propia Felicidad. Como nos expone sabiamente el filósofo francés Michel Foucault debemos ocuparnos de nosotros mismos: entender lo que pensamos, sentimos o hacemos como elementos de la comprensión global de la que formamos parte. Entender la vida como una obra de arte, como un estilo de existencia, como un trabajo sobre uno mismo. El yo es una invención. El sujeto debe construirse, no descubrirse.

Vivimos en una sociedad de logros: pretenden que seamos lo que tenemos, parece que somos lo que nos pasa exteriormente pero la felicidad debe ser una construcción de uno mismo desde el interior. Esto nos ayudará a ser libres en el sentido de no esclavizarnos a nuestras pasiones. Nos permitirá distanciarnos de ellas. No nos miramos a nosotros mismos, miramos el mundo para conocerlo y así conocernos. De esta manera construimos una identidad, un estilo de vida, una estética de la existencia que podemos compartir con los demás.

Como exponen algunos filósofos como Lluís Roca: la base de la libertad no es la indeterminación sino la autodeterminación. Es libre el que se autodermina, el que se determina por sí mismo. No deben determinarnos los otros cuando nos intentan dominar decidiendo por nosotros a través de la servidumbre voluntaria, ni tampoco las pasiones cuando nos dejamos llevar por los impulsos. 

Para Lluís Roca la libertad interna implica un trabajo en tres aspectos:
  • El primero es la consciencia: saber lo que nos pasa y porque nos pasa, saber lo que queremos y porque lo queremos;
  • El segundo aspecto es la voluntad: es poder hacer. Es la capacidad de transformar la intención (acto mental) en decisión (acto físico);
  • El último aspecto es el autodominio: no ser un esclavo de uno mismo, de las propias pasiones.

Capacidad de consciencia, voluntad y autodominio conforman nuestro trabajo para autodeterminarnos y forjar un carácter que nos haga felices. Y este trabajo es una cuestión que depende de nosotros a pesar de que en algún momento las circunstancias externas no nos permitan llevar una buena vida. Marco Aurelio ya sabiamente nos recomendaba: "Talla tu máscara": construye tu yo, tu carácter y hazlo de la mejor manera posible. Eso afortunadamente siempre estará en nuestras manos como artesanos de nosotros mismos.



lunes, 3 de marzo de 2014

Ego: el Big Data como nuevo juego capitalista


Aunque nos parezca que pase desapercibido entre la multitud de impactos que recibimos diariamente, detrás de toda esa acelerada dinámica, lo que en el fondo esta haciendo el sistema capitalista para crecer y sobrevivir es generar su propio modelo antropológico y cultural: el hombre económico egoísta a la búsqueda de intereses privados.

La nueva forma de subjetividad tiene como objetivo la autosuficiencia personal: ser notorio, el manager triunfador de sí mismo; regida por los principios de la utilidad, de racionalización y de resultados inmediatos, encuentra en internet un mundo de posibilidades al alcance de este modelo antropológico que ahora se ha impuesto a otros modelos anteriores como el cooperativo.

El periodista y doctor en filosofía alemán Frank Schirrmacher expone en su obra Ego, las trampas del juego capitalista que vivimos en un estado permanente de subasta. Toda nuestra biografía, los logros conseguidos, nuestros sentimientos...todo se evalúa  en un constante "Me gusta". Los modelos mentales económicos han conquistado el resto de ciencias sociales, y la absurda idea que "el ser humano" es egoísta se ha convertido en algo así como una ley natural.

Para Schirrmacher vivimos conectados a esas premisas, desde la genética hasta la moral, desde las altas finanzas hasta la cuenta de Facebook o Twitter; extendemos los criterios de eficiencia a lo social (el pensar, escribir, comunicar...). Todo ha quedado reducido a la teoría de la elección racional, del propio interés. Una tesis cuyo origen se remonta a la teoría de juegos y la Guerra Fría, y que no sólo no funciona, sino que ha sido manipulada para ser aplicada en beneficio de mundo financiero y en contra de las teorías basadas en modelos cooperativos.

Nos hemos visto arrastrados al interior de un sistema de pensamiento y comportamiento que nos enseña que es razonable ser egoísta. Esto es lo nuevo. El truco para Schirrmacher consiste en vendernos la operación, no como una ideología, sino como parte integrante de la tecnología. Vivimos el triunfo del neoliberalismo autoprogramado en la técnica. La premisa decisiva dice: "cada uno solo piensa en sí mismo".

Este homo oeconomicus o egoísta piensa siempre que su ventaja en los mercados se ha convertido en norma. Aparece paralelamente el doble digital, es decir, esa copia de nosotros reducida a la matemática del egoísmo, y que además se ha emancipado: siendo éste la suma de huella digitales que dejamos al interactuar en internet, es nuestro nuevo Ego: lo que define quiénes somos realmente. Convirtiendo a su vez esas aplicaciones móviles y nueva tecnología en instrumentos de nuevas normativas sociales a seguir para estar a la moda.

Además para Schirrmacher la ideología de la época afirma que nadie dice lo que desea en realidad. Esta desconfianza anida en el corazón del sistema y de ahí la aparición del Big Data como medio que, a través de nuestra huella digital, intenta conocer quienes somos realmente en este nuevo juego capitalista. Desde el punto de vista político, la delegación de decisiones a las máquinas, vía Big Data, promete un análisis más racional y una gestión más eficaz de lo real al precio de la abdicación de la comprensión humana de los fenómenos y provocando a su vez una disminución del empoderamiento de la ciudadanía al dejar las decisiones a los especialistas. Si con el Big Data todo es probabilidad y correlación: ¿que nos queda? ¿Dónde quedan la creatividad, la intuición, la ambición intelectual?.

Finalmente lo apocalíptico para Schirrmacher es que cada vez desaprendemos que existen cosas que son válidas aunque el mercado las condene, aunque no se pulse el botón de "Me gusta". La teoría política alemana de democracia "acorde con el mercado" no es ni siquiera un mercado libre al estilo del modelo liberal de Hayek. Cabría preguntarse si la economía de datos no conduce a formatos cada vez más potentes de un economía planificada por unos pocos agentes (Google, Facebook , Twitter...) y de los cuales nuestros egos y vidas dependen cada vez más.

Tenemos que demostrar de nuevo que la cooperación es posible y a la vez que nuestros abuelos consiguieron  humanizar la Primera Revolución Industrial debemos intentar transformar nuestro mundo de datos y máquinas digitales de acuerdo con modelos de una sociedad justa y social. Humanicemos pues esta revolución digital o nuestros dobles egos egoístas digitales serán quienes determinen realmente quienes somos.