¿Cuando consideramos a una persona rica? Con casi total seguridad responderemos que alguien es rico cuando posee mucho dinero, patrimonio o abundantes inmuebles. Es decir, por muchas razones asociamos la riqueza con cuestiones exclusivamente materiales.
En nuestro imaginario mental tenemos bien inculcado la necesidad indiscutible del crecimiento, ya sea en resultados, ventas, posesiones y lo asociamos al éxito y al reconocimiento en la vida. De hecho, sintomáticamente lo primero que preguntamos en Occidente para conocer a una persona es de qué trabaja, cúal es su puesto en la cadena productiva que tanto sacralizamos inconscientemente.
Paradójicamente vivimos en un mundo donde desde el punto de vista físico nuestros recursos son limitados. El principio entrópico nos expone que no es posible crecer ilimitadamente dentro de un sistema, como es nuestro planeta, cerrado y que dispone de una cantidad de energía limitada.
La idea ilustrada del poder de la razón y la Fe en el progreso abrió nuestra modernidad y nos ayudó sin duda a alcanzar altas cotas de bienestar material y hedonismo a la carta. Tres siglos después y con una conciencia formada global de los resultados que la modernidad ha tenido, quizás sea ya momento sino de rechazarla, al menos de matizarla sustancialmente.
Porque si el sueño de la razón produce monstruos, la permanente vigilia instrumentalizada y apropiativa nos lleva a la extenuación de nuestro planeta y, sobretodo, a la propia personal.
Dado el actual contexto de crisis económica parece cada vez más probable que la alternativa en muchos países desarrollados Occidentales no sea otra que entre recesión (decrecimiento salvaje) y decrecimiento (cívico). Y aún en estas circunstancias, podemos alejarnos de pánicos muchas veces interesados, para serenamente reflexionar y tomar conciencia de las alternativas que afortunadamente tenemos.
Las teorías del decrecimiento no significan crecimiento negativo sino asumir como criterio regulador de la vida económica las consecuencias de limitación de recursos que el principio físico entrópico claramente expone. Quiere situar la relaciones comunitarias y la felicidad cualitativa por encima del individualismo y las concepciones puramente cuantitativas del mundo propias de la modernidad dominante.
Si nos paramos a pensar sacrificamos muchas cosas en nuestra vida en aras de la sacrosanta productividad. Si de algo puede servirnos esta crisis es para ser más conscientes del la paradoja de la abundancia donde el poseer más no nos hace más felices. Y muchas veces no es necesario hacer cambios radicales de vida, sino modular y enfocar nuestra actual existencia con dosis de reflexión y consciencia.
Es tiempo quizás para volver al slow life: el placer del ocio con los nuestros, el ethos del juego en lugar de la obsesión por el trabajo.A la importancia de la vida social y altruista, la conversación y lo local sobre el consumo ilimitado, a lo relacional, el gusto por la lentitud y el prestar atención a los detalles y los pequeños placeres como la lectura.
Una persona rica puede ser alguien con abundantes experiencias, lecturas o habilidades relacionales y conversacionales. Seguro que nos proporcionará más sentido y ejemplaridad que alguien que simplemente posee muchas cosas materiales temporalmente.
Es en el fondo ir hacia lo razonable sobre lo racional, vivir dentro de nuestras posibilidades sin dramatismos pero con una renovada ilusión . Como dice el filósofo Rafael Argullol al final conocerse a uno mismo es reconciliarse con nosotros mismos. Es hacer de nuestros naufragios y nuestras pérdidas parte constituyente y aceptada de nuestra patria personal.
Como le dijo un pescador: "¿Qué hago si me atrapa un remolino?". "Déjate succionar por él, al llegar al fondo él mismo te impulsará hacia fuera"
"Compendio de reflexiones sobre las Humanidades y las Ciencias con vocación expresiva integradora"
domingo, 18 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
¿Cómo vivir?: veinte años de enseñanza de la ética con Fernando Savater
Una de las preguntas más difíciles, que además tenemos que inevitablemente contestar cada uno de nosotros como personas, es sin duda: ¿Cómo debemos vivir?: qué orientación debemos dar a nuestra vida y que debemos hacer. Todos ya sabemos que no existen recetas mágicas o sencillas a la hora de buscar respuestas o motivaciones a nuestras actuaciones y que somos, casi por definición, seres llenos de contradicciones.
Lo que si sabemos es que la formación de un criterio propio a la vez crítico y reflexivo orientado a la acción práctica es condición necesaria para ejercer nuestra libertad vital con autonomía y sentido. Y esta formación requiere sin duda un esfuerzo orientado de estudio y análisis de las distintas propuestas que se nos ofrecen desde diferentes ramas del saber.
Una oferta que a modo de invitación hace la Ética como elemento fundamental de una Filosofía lejana del encorsetamiento academicista y orientada en cambio a los problemas prácticos de nuestra vida diaria.
La ética bien entendida es una invitación reflexiva a la acción y no la imposición de ciertos valores o dogmas. No debe pretender cubrir ciertas carencias sino facilitar la formación libre y consciente de la propia identidad a partir de cada una de las acciones que realizamos.
Es en definitiva una formación del carácter que nuestro sistema educativo debe promover sin reservas ni ambigüedades, como forma de transmitir los valores democráticos de Libertad, Igualdad y Fraternidad que tanto han costado conseguir.
Valores que deben sustentar cada una de las actuaciones que como afortunados ciudadanos de una democracia somos libres de realizar y, que lejos de relativismos interesados, tenemos la responsabilidad de ofrecerlos a las próximas generaciones a modo de invitación alegre a la acción.
Se cumplen ahora veinte años del libro y manual de referencia de enseñanza escolar de la ética en español: Ética para Amador del filósofo Fernando Savater. Un libro con vocación divulgativa y de proximidad a los jóvenes pero que transmite sin ambigüedades lo que desde la ética se considera que es necesario para llevar una vida buena. Una excelente oportunidad para revisitar nuestra juventud y lo que nos marcó y configuró como las personas que ahora somos.
La Editorial Ariel para celebrar este aniversario ha organizado un concurso en este nuevo curso escolar para centros educativos de España que podéis consultar en su página web http://www.eticaparaamador.es/ .Una iniciativa que sin duda pretende apoyar la importancia de la ética en la educación de nuestros futuros ciudadanos.
Como sabiamente nos dijo el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones: "los hombres han nacido los unos para los otros. Edúcalos o súfrelos".
Lo que si sabemos es que la formación de un criterio propio a la vez crítico y reflexivo orientado a la acción práctica es condición necesaria para ejercer nuestra libertad vital con autonomía y sentido. Y esta formación requiere sin duda un esfuerzo orientado de estudio y análisis de las distintas propuestas que se nos ofrecen desde diferentes ramas del saber.
Una oferta que a modo de invitación hace la Ética como elemento fundamental de una Filosofía lejana del encorsetamiento academicista y orientada en cambio a los problemas prácticos de nuestra vida diaria.
La ética bien entendida es una invitación reflexiva a la acción y no la imposición de ciertos valores o dogmas. No debe pretender cubrir ciertas carencias sino facilitar la formación libre y consciente de la propia identidad a partir de cada una de las acciones que realizamos.
Es en definitiva una formación del carácter que nuestro sistema educativo debe promover sin reservas ni ambigüedades, como forma de transmitir los valores democráticos de Libertad, Igualdad y Fraternidad que tanto han costado conseguir.
Valores que deben sustentar cada una de las actuaciones que como afortunados ciudadanos de una democracia somos libres de realizar y, que lejos de relativismos interesados, tenemos la responsabilidad de ofrecerlos a las próximas generaciones a modo de invitación alegre a la acción.
Se cumplen ahora veinte años del libro y manual de referencia de enseñanza escolar de la ética en español: Ética para Amador del filósofo Fernando Savater. Un libro con vocación divulgativa y de proximidad a los jóvenes pero que transmite sin ambigüedades lo que desde la ética se considera que es necesario para llevar una vida buena. Una excelente oportunidad para revisitar nuestra juventud y lo que nos marcó y configuró como las personas que ahora somos.
La Editorial Ariel para celebrar este aniversario ha organizado un concurso en este nuevo curso escolar para centros educativos de España que podéis consultar en su página web http://www.eticaparaamador.es/ .Una iniciativa que sin duda pretende apoyar la importancia de la ética en la educación de nuestros futuros ciudadanos.
Como sabiamente nos dijo el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones: "los hombres han nacido los unos para los otros. Edúcalos o súfrelos".
martes, 6 de septiembre de 2011
Vivir hipotéticamente: afrontando el futuro con confianza
Vivimos ciertamente una época donde cuando se discute sobre el futuro, se habla de él de forma negativa casi automáticamente. Quizás deberíamos comenzar a intentar mirar hacia adelante de manera menos traumática: lejos de un optimismo ingenuo pero con la confianza plena en el abanico de posibilidades que nos da por si misma la extraordinaria experiencia de estar vivos.
Debemos ser asimismo conscientes que nuestra época actual difiere claramente de la histórica modernidad: como nos dijo sabiamente el filósofo Kant los roles de la primera modernidad dependieron en gran medida de la prescripción de reglas determinadas, del juicio determinado. En nuestra postmodernidad es el individuo quién debe buscar las reglas mediante el juicio reflexivo.
Queda abierta pues la ventana a la incertidumbre, al riesgo pero por otro lado también se deja la puerta abierta a la innovación y a mayores grados de libertad que nuestros antepasados, tanto en nuestros roles como en nuestras posibles acciones.
Y también debemos tomar en consideración que muchas veces la reiterada pregunta por el sentido, la interpretación (hermenéutica) o los objetivos finalistas devoran el contenido mismo de la experiencia como bien exponía la fenomenología de Husserl.
Es posible que en ocasiones sea necesario dejar fluir las cosas como son, sin intentar apropiarnos de forma interesada de su esencia o interpretarlas con ofuscados juicios. Vivir simplemente la experiencia: el clásico griego panta rei (todo fluye).
El sociólogo U.Beck en su obra La sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida nos ofrece las claves para afrontar la época que vivimos: debemos ser conscientes de que hemos dejado atrás (quizás para siempre) la época industrial de las certidumbres, de las grandes ideologías, del inmovilismo social, de la seguridad del trabajo para toda la vida y saber cambiar con la llegada de la incertidumbre y del riesgo.
Mediante el juicio reflexivo y el poder autoformativo que nos da la experiencia de nuestra propia individualidad podemos liberarnos de la compulsión de la identidad o un rol que nos enconserta afrontando los miedos que a todos nos acontecen en algún momento. Y abrirnos a la diferencia constituyente del riesgo, las oportunidades y la innovación con las que la época actual nos desafía a nosotros: los que afortunadamente estamos vivos para intentar llegar a ser lo que queramos Ser.
Como nos dijo Robert Musil en su magnífica obra El hombre sin atributos debemos vivir hipotéticamente: este lema expresaba el valor y la voluntaria ignorancia en la que cada paso es un riesgo sin experiencia. Lo hermoso y lo único cierto del que mira el mundo por primera vez o de forma nueva es esa excitante sensación de estar predestinado a algo.
¿Cuál es entonces tu hipótesis de futuro?
Debemos ser asimismo conscientes que nuestra época actual difiere claramente de la histórica modernidad: como nos dijo sabiamente el filósofo Kant los roles de la primera modernidad dependieron en gran medida de la prescripción de reglas determinadas, del juicio determinado. En nuestra postmodernidad es el individuo quién debe buscar las reglas mediante el juicio reflexivo.
Queda abierta pues la ventana a la incertidumbre, al riesgo pero por otro lado también se deja la puerta abierta a la innovación y a mayores grados de libertad que nuestros antepasados, tanto en nuestros roles como en nuestras posibles acciones.
Y también debemos tomar en consideración que muchas veces la reiterada pregunta por el sentido, la interpretación (hermenéutica) o los objetivos finalistas devoran el contenido mismo de la experiencia como bien exponía la fenomenología de Husserl.
Es posible que en ocasiones sea necesario dejar fluir las cosas como son, sin intentar apropiarnos de forma interesada de su esencia o interpretarlas con ofuscados juicios. Vivir simplemente la experiencia: el clásico griego panta rei (todo fluye).
El sociólogo U.Beck en su obra La sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida nos ofrece las claves para afrontar la época que vivimos: debemos ser conscientes de que hemos dejado atrás (quizás para siempre) la época industrial de las certidumbres, de las grandes ideologías, del inmovilismo social, de la seguridad del trabajo para toda la vida y saber cambiar con la llegada de la incertidumbre y del riesgo.
Mediante el juicio reflexivo y el poder autoformativo que nos da la experiencia de nuestra propia individualidad podemos liberarnos de la compulsión de la identidad o un rol que nos enconserta afrontando los miedos que a todos nos acontecen en algún momento. Y abrirnos a la diferencia constituyente del riesgo, las oportunidades y la innovación con las que la época actual nos desafía a nosotros: los que afortunadamente estamos vivos para intentar llegar a ser lo que queramos Ser.
Como nos dijo Robert Musil en su magnífica obra El hombre sin atributos debemos vivir hipotéticamente: este lema expresaba el valor y la voluntaria ignorancia en la que cada paso es un riesgo sin experiencia. Lo hermoso y lo único cierto del que mira el mundo por primera vez o de forma nueva es esa excitante sensación de estar predestinado a algo.
¿Cuál es entonces tu hipótesis de futuro?
martes, 16 de agosto de 2011
Globalització i interculturalitat: Lectura recomendada
Además vivimos rodeados, como forma de evasión de esta desagradable realidad, del espectáculo y lo ilusorio. Tenemos pocos momentos para detenernos y pensar. Ahora sin duda, son más que nunca necesarias las Humanidades para retomar una cultura basada en la lectura y la reflexión.
La educación requiere esfuerzo y dedicación pero proporciona a cambio lo más preciado para un ser humano: la construcción de una vida plena de significación con la que poder dar respuesta a todos los retos que se nos planteen.
Uno de los libros que desde la Filosofía y las Humanidades pueden ayudarnos en este camino de comprender el mundo actual si hacemos una parada para reflexionar es: Globalització i interculturalitat: Reptes i escenaris publicado en La Busca edicions. He tenido la satisfacción de participar en él con la inclusión de un artículo sobre como gestionar la globalización con propuestas hacia una gobernancia mundial.
El libro surge de un ciclo de conferencias sobre Pensar la globalización realizadas en el Ateneu Barcelones por el grupo de prestigiosos profesores de filosofía que componen el Liceo Maragall de Filosofía dirigidos por el profesor de Filosofía de la UB Gonçal Mayos.
Globalització i Interculturalitat nos muestra la genealogía de la presente globalización (Gonçal Mayos) y como gestionarla, apuntando a una gobernancia mundial (Alfonso Bárcena). Evalua las consecuencias de la creciente impotencia del Estado (Sergi Mas), de los "sueños imperiales" convertidos en "pesadillas globales" (Joan Lara) y la emergencia de nuevos sujetos políticos como la "multitud" de Toni Negri (Marta Doltra). Investiga los miedos y esperanzas que genera el otro en nuestro mundo global, ya sea impulsando un cosmopolitismo inclusivo (Norbert Bilbeny), denunciando el falso multiculturalismo (Lluís Roca), explicitando la ética que emerge de la globalización informática (Anna Sarsanedas), o bien criticando el riesgo globalizado de una sociedad crecientemente inhóspita (Josep Casol).
El libro encara pues la complejísima situación actual: acontecimientos como el terrorismo y el contraterrorismo globales, el "choque de civilizaciones" internacional pero que también es interno en cada una de las sociedades (como se ve en las actuales revueltas en Londres), la crisis económica que amenaza no sólo las personas sino la soberania de Estados enteros e, incluso, hace sentir a Occidente que es superado por Oriente.
Una recomendación, en forma de libro, que espero sinceramente os sea de ayuda en ese, a veces, esforzado camino de responsabilizarnos de nuestra propia educación para comprender y dar sentido y así posteriormente actuar y opinar con lo más valioso y satisfactorio: la formación del criterio propio
viernes, 12 de agosto de 2011
La cultura empresarial como hacedora de visiones de la vida
Uno de los hechos más relevantes del último siglo es la irrupción del mundo empresarial y de la gestión (management en inglés) en nuestra realidad diaria. La mayoría de nosotros nos desarrollamos en nuestro ámbito profesional dentro de organizaciones y empresas cuyas formas de hacer nos influencian, quizás más de lo que pensamos, en nuestra vida cotidiana.
Las organizaciones al estar conformadas por personas generan su propia cultura e idiosincracia como forma de dar coherencia, identificar, unir esfuerzos y dar sentido a la actividad que realizan.
Esta cultura normalmente no se genera espontáneamente sino que hay una clara intencionalidad en la construcción de unos valores y una visión de la realidad que son transmitidos a los miembros de la organización y a los cuales se les pide identificación si quieren desarrollar su actividad profesional en ellas.
Las empresas se han convertido en uno de los principales influenciadores en nuestra sociedad en la visión y sentido que tenemos de nuestra realidad quizás incluso por encima de otras instituciones tradicionales como pueden ser la iglesia o la familia.
Son expertas en crear marcos referenciales (frames en el pensamiento del lingüísta George Lakoff) que delimitan, enmarcan y direccionan nuestra mirada, no sólo como trabajadores sino también como consumidores, hacia lo que ellas consideran como relevante en función de sus intereses empresariales.
Es la creación artificial de un mundo feliz donde solo hace falta seguir sus consejos para alcanzar la plenitud. El reverso de la moneda es claro: la generación de excluidos de aquellos que, o bien no son económicamente capaces de seguirlos o su espíritu crítico, aún no adormecido, se lo impide.
Y una de las formas de apreciar esta influencia es en los lemas que toda compañía que se precie tiene. Son la captura magistral de toda una visión en una simple frase. Hay tres empresas Europeas que son claros ejemplos de visiones de la vida en sus lemas y que quizás expliquen gran parte de la situación económica actual:
- AEG: Empresa alemana. Lema: "Perfekt in form und funktion". La visión racional de la vida tan propia de los países centroeuropeos.
- Electrolux: Empresa Sueca. Lema: "Thinking of you". La visión idealista de la vida propia de sociedades nórdicas donde el bienestar de las personas es central.
- Zanussi: Empresa Italiana. Lema: "La vita è bella". La visión latina estética y hedonista de la vida. El carpe diem, vivir y disfrutar el presente (la deuda ya se pagará de alguna forma...).
¿Cuál es la mejor visión? ¿Quién lo sabe? Seguramente el secreto radique en una sabia combinación de las tres visiones pero que sólo a nosotros personalmente nos es dado llegar a descubrir. Y afortunadamente tenemos toda una vida para ello.
domingo, 7 de agosto de 2011
Actuar desinteresadamente: nuestra integridad moral en tiempos líquidos
Podemos quizás sencillamente resumir en tres preguntas el campo de actuación de la filosofía en lo que respecta a su estudio del qué es el hombre:
1) ¿Qué puedo saber?
2) ¿Qué debo hacer?
3) ¿Qué debo esperar?
Estas preguntas que el filósofo Immanuel Kant se hace y a partir de las cuales desarrolla su profunda propuesta filosófica, son sin duda cuestiones que alguna vez nos hemos hecho todos en nuestro devenir existencial. Y es que en nuestros cada vez más correosos y líquidos tiempos modernos, la pregunta que gana más actualidad sea probablemente qué debemos hacer en un mundo que parece que se desmorona ante nosotros por instantes.
Y sabemos como postmodernos desencantados y, algunos indignados que también son, que no existen respuestas únicas ni categóricas. Se impone actualmente con más fuerza si cabe, una reflexión profunda de qué somos en realidad y qué podemos esperar en consecuencia.
Quizás nos sería de ayuda volver a reescribir el imperativo clásico de que en el fondo lo que debemos hacer en nuestra vivir cadencioso diario es desarrollar nuestra humana conditio (llegar a ser lo que eres): sin estridencias, sin exhibicionismos ni imposturas, sin ambiciones inalcanzables o perversas ni imposiciones a terceros.
Y nos queda también afortunadamente la opción personal de volver, como nuestros sabios antepasados clásicos, a la olvidada por nuestra velocidad diaria: contemplación estética de la vida. No como una distracción o evasión pueril de nuestra desconcertante realidad, sino como una voluntad clara de apreciar las cosas desinteresadamente, como las sentimos y apreciamos, sin objetivos finalistas, sin instrumentalizar nuestras relaciones y sin condicionantes externos.
Y a partir de aquí desarrollar nuestro propio y reflexionado imperativo ético de actuar conforme a este desinterés que nos ofrece la contemplación estética de la vida cuando somos capaces de detenernos a apreciarla en su justa medida.
Wittgenstein ya nos decía que ética y estética son lo mismo. El filósofo barcelonés Eugenio Trias nos expone también que el arte muestra la verdad subyacente a la realidad a través de la revelación de conductas (buenas / malas). Muestra el ethos del habitante del límite.
Esa mostración supone cierta epojé, distanciamiento, desinterés (kantiano) que sin duda necesitamos actualmente para construir nuestra personal integridad moral desde la consciente actuación desinteresada para poder dar una respuesta clara a tan interesados creadores de caos en nuestro acontecer diario.
1) ¿Qué puedo saber?
2) ¿Qué debo hacer?
3) ¿Qué debo esperar?
Estas preguntas que el filósofo Immanuel Kant se hace y a partir de las cuales desarrolla su profunda propuesta filosófica, son sin duda cuestiones que alguna vez nos hemos hecho todos en nuestro devenir existencial. Y es que en nuestros cada vez más correosos y líquidos tiempos modernos, la pregunta que gana más actualidad sea probablemente qué debemos hacer en un mundo que parece que se desmorona ante nosotros por instantes.
Y sabemos como postmodernos desencantados y, algunos indignados que también son, que no existen respuestas únicas ni categóricas. Se impone actualmente con más fuerza si cabe, una reflexión profunda de qué somos en realidad y qué podemos esperar en consecuencia.
Quizás nos sería de ayuda volver a reescribir el imperativo clásico de que en el fondo lo que debemos hacer en nuestra vivir cadencioso diario es desarrollar nuestra humana conditio (llegar a ser lo que eres): sin estridencias, sin exhibicionismos ni imposturas, sin ambiciones inalcanzables o perversas ni imposiciones a terceros.
Y nos queda también afortunadamente la opción personal de volver, como nuestros sabios antepasados clásicos, a la olvidada por nuestra velocidad diaria: contemplación estética de la vida. No como una distracción o evasión pueril de nuestra desconcertante realidad, sino como una voluntad clara de apreciar las cosas desinteresadamente, como las sentimos y apreciamos, sin objetivos finalistas, sin instrumentalizar nuestras relaciones y sin condicionantes externos.
Y a partir de aquí desarrollar nuestro propio y reflexionado imperativo ético de actuar conforme a este desinterés que nos ofrece la contemplación estética de la vida cuando somos capaces de detenernos a apreciarla en su justa medida.
Wittgenstein ya nos decía que ética y estética son lo mismo. El filósofo barcelonés Eugenio Trias nos expone también que el arte muestra la verdad subyacente a la realidad a través de la revelación de conductas (buenas / malas). Muestra el ethos del habitante del límite.
Esa mostración supone cierta epojé, distanciamiento, desinterés (kantiano) que sin duda necesitamos actualmente para construir nuestra personal integridad moral desde la consciente actuación desinteresada para poder dar una respuesta clara a tan interesados creadores de caos en nuestro acontecer diario.
domingo, 24 de julio de 2011
La invención de lo humano: reviviendo nuestros valores con Shakespeare
"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos". Shakespeare
Damos por sentado normalmente que mucho de lo que nos conforma y nos guía como seres humanos esta consolidado y no sufre ningún peligro. Valores e ideales como la verdad, bondad, libertad o igualdad nos parecen cuestiones de cuya existencia, solidez y continuidad no cabe dudar. Pero en el fondo, como en todo lo humano, la más absoluta de las fragilidades nos rodea y es parte consustancial a nosotros.
Vivimos tiempos difíciles, como tantos otros como nosotros antes los han vivido, y quizás nuestra responsabilidad, no sólo con nosotros mismos sino con las próximas generaciones, sea revivir en nuestra contemporaneidad esos valores e ideales como parte de algo tan vital como es la construcción y mantenimiento del sentido en nuestras acciones. La fuerza interna que de esta revisitación obtendremos se hará difícil de diluir a pesar de las grandes tempestades cotidianas que nos toque vivir.
Y en esta nueva y titánica tarea no estamos solos sino que tenemos una gran aliada: las Humanidades. Obras y creaciones artísticas de personas, que como nosotros, han tenido que enfrentarse a dilemas y vivir situaciones críticas y desde su voluntad expresiva inquebrantable, nos han legado sus creaciones y personajes a modo de invitación para redescubrir los valores y el sentido que ellos le dieron a su existencia dentro de sus azarosas circunstancias.
Uno de esos gigantes que nos ofrecen las Humanidades en este camino vital es sin duda el inglés Shakespeare. En su obra, como nos dice Harold Bloom, se inventa nada menos que lo humano: en Shakespeare, los personajes se desarrollan más que se despliegan, y se desarrollan porque se conciben de nuevo a sí mismos. A veces esto sucede porque se escuchan hablar, a sí mismos o mutuamente. Espiarse a sí mismos hablando es su camino real hacia la individuación, y ningún otro escritor, antes o después de Shakespeare, lo ha logrado tan bien.
Trazó con su pluma los contornos inmortales de numerosos personajes, capaces de las mejores obras, de las peores y también de las más contradictorias. Suyos son los retratos de grandes reyes atormentados y de brujas, generales, duendes traviesos, dulces enamorados o villanos sin remordimiento: Hamlet y la duda, Otelo y los celos, Tito y la ira, Shylock y la avaricia, Bruto y la honradez del ciudadano son sólo esquemáticas muestras de la grandeza y variedad no sólo artística, sino humana de su obra.
sábado, 16 de julio de 2011
Teniendo visión: transformando nuestra conciencia con la crisis
Cuentan que en el siglo XVIII en Europa aún se pensaba que todos los cisnes eran de plumaje blanco hasta que a finales de ese siglo unos exploradores descubrieron en la numerosa fauna de Australia y de forma sorpresiva, cisnes negros. El cisne negro es un suceso que tiene tres características básicas: gran impacto (cambia incluso la forma de pensar), difícil de predecir y sobrepasa las expectativas aceptadas.
Esta parábola es utilizada por el profesor Nassim Taleb en su libro "El Cisne negro" para ejemplarizar la poca capacidad que tenemos los seres humanos para predecir los grandes acontecimientos cuyo impacto cambiarán el futuro y de que no debemos obsesionarnos con intentar modelizar toda la realidad dado que siempre podrá existir algún elemento altamente improbable no modelizado convenientemente, que producirá un efecto desproporcionadamente grande.
Y que duda cabe que nuestra actual crisis responde a sucesos cuyas consecuencias sistémicas y negativas no supimos predecir. En el fondo debemos quizás extraer la enseñanza de que vivimos en un mundo incierto y que esta incertidumbre a veces provoca consecuencias muy dañinas pero que siempre nos quedará lo principal que nos constituye y define como personas: nuestra actitud y talante ante esas circunstancias.
Y en está época de crisis podemos comenzar por ampliar nuestra visión: la perspectiva con la observamos los hechos para dar con la actitud adecuada. Esto podemos hacerlo de la mano de pensadores como el economista Alex Rovira que nos ofrece un lúcido análisis y sabias propuestas para aprovecharla en su libro "La buena Crisis". Comienza por una reflexión muy sencilla, la etimología de la palabra crisis. A veces confundimos crisis con desgracia. La desgracia es trágica e irreversible. La desgracia es la muerte de un ser querido. La crisis proviene del griego krisis y nos habla de un momento decisivo, de un punto de inflexión y primariamente de krinein que significa cribar, elegir, separar.Comparte etimología con crítica que es el razonamiento necesario y criterio que es la capacidad de pensamiento.
Una crisis nos proporciona, ya desde su etimología, la oportunidad y las herramientas para transformarnos ya que no es un proceso irreversible. Como decía Eric Fromm nos obliga a dejar de Tener para poder llegar a Ser a través de una cambio en nuestra conciencia y perspectiva de ver las cosas.
Como dice Alex Rovira:
Desde el punto de vista financiero, hemos comprado con dinero que no teníamos cosas que tal vez no necesitábamos, para impresionar a quien no conocíamos o que no nos caían bien, o hemos invertido en activos que no valían lo que costaban. Por tanto, en realidad una crisis económica sería una crisis de conciencia. ¿Por qué? Porque probablemente hay una premisa que ha estado olvidada durante mucho tiempo y es que la psicología crea la economía
Y si la psicología crea la economía y en psicología se está asumiendo esta premisa que parece un eslogan pero que es real: “lo que creemos es lo que creamos”. Y en la economía es así de claro. La oportunidad de cambio esta en nuestras manos, en nuestra conciencia de lo que somos y sobretodo de lo queremos Ser.
Y no puede haber valor económico sin valores. Santo Tomás decía que a toda crisis se llega desde el vicio, es decir, desde la dejadez, desde la inercia, desde el no cuidar, y que de toda crisis se sale solo desde la virtud, desde la voluntad de hacer bien las cosas, de responder, de actuar, de ejecutar.
Ahora que vivimos momentos decisivos, críticos, hagamos pues un viaje muy rápido hacia la etimología de las definiciones que da el diccionario no sólo de crisis sino también de la palabra valor.
domingo, 10 de julio de 2011
Amando la vida con Spinoza: la pasión triste
Cuando actuamos nos encontramos siempre ante el dilema de entender la realidad como algo externo a nosotros y objetivo o pensar que podemos con nuestra actuación no sólo cambiarnos, sino también al mismo tiempo, cambiar esta realidad.
Haciendo un paralelismo científico con la Física podemos decir que se pueden dar explicaciones de la realidad mecanicistas y deterministas como hace la Física clásica o por el contrario cambiar el paradigma para propugnar como hace la más reciente Física cuántica, que con nuestra conciencia modificamos el comportamiento y respuesta de esa realidad.
Nuestro conocimiento actual nos dice que la Ciencia ya no puede afirmar: "La realidad es tal verdad objetiva" sino que hoy debe decir: "La realidad no es tal verdad fija y objetivable, es voluble y cambiante al observarla" y de estos corolarios científicos tenemos todos la oportunidad de sacar ciertas preciadas orientaciones para nuestra manera cotidiana de Ser:
Quizás el filósofo que supo magistralmente anticiparse a esta nueva concepción de la realidad fue el judío holandés de origen Ibérico Baruch Spinoza. Aunque era determinista trato de responder a la más difíciles de las preguntas: ¿Cómo podemos ser felices en un mundo donde todo es pura necesidad y las cosas parece que ocurren siempre de una forma determinada?
Para Spinoza no existe la libertad o el libre albedrío: nos creemos libres porque simplemente ignoramos las cosas que nos determinan. Pero lejos de caer en la melancolía o en lo que denominaba la pasión triste que nos proporcionaba el conocimiento, su filosofía es de la acción y nos gritaba que debemos amar si cabe con más fuerza y pasión la vida desde esa pulsión melancólica. No podemos escapar de nuestras pasiones pero nuestro esfuerzo ético consiste para él, en transformar las pasiones tristes en alegres y éstas en acciones que guíen nuestro comportamiento.
Este esfuerzo que en esencia es a veces la vida, se puede resumir en el fondo en tratar dos afectos inestables básicos: la esperanza y el miedo. Comprender de forma interconectada la naturaleza y la realidad desde el panteísmo de Spinoza o al modo de la nueva Física cuántica nos ayuda sin duda a aceptar la vida y mirarla con nuevos y abiertos ojos porque aunque sin duda, de nuestras esperanzas y miedos se nutre la materia real de lo humano, de nuestros deseos de conocimiento se nutren los cambios que soñamos para ella.
Como sabiamente ya nos decía Aristóteles: "la felicidad está en el conocimiento aunque a veces produzca melancolía". Sed pues entonces bienvenidos con alegría a la pasión triste.
Haciendo un paralelismo científico con la Física podemos decir que se pueden dar explicaciones de la realidad mecanicistas y deterministas como hace la Física clásica o por el contrario cambiar el paradigma para propugnar como hace la más reciente Física cuántica, que con nuestra conciencia modificamos el comportamiento y respuesta de esa realidad.
Nuestro conocimiento actual nos dice que la Ciencia ya no puede afirmar: "La realidad es tal verdad objetiva" sino que hoy debe decir: "La realidad no es tal verdad fija y objetivable, es voluble y cambiante al observarla" y de estos corolarios científicos tenemos todos la oportunidad de sacar ciertas preciadas orientaciones para nuestra manera cotidiana de Ser:
- Nos induce a pensar de modo más creativo y lateral sin dar por sentadas o aceptar las explicaciones y formas de actuar tradicionales.
- Nos impulsa a actuar sin victimizarnos construyendo nuestra propia realidad.
- Nos ayuda a sentir que estamos todos entrelazados.
Quizás el filósofo que supo magistralmente anticiparse a esta nueva concepción de la realidad fue el judío holandés de origen Ibérico Baruch Spinoza. Aunque era determinista trato de responder a la más difíciles de las preguntas: ¿Cómo podemos ser felices en un mundo donde todo es pura necesidad y las cosas parece que ocurren siempre de una forma determinada?
Para Spinoza no existe la libertad o el libre albedrío: nos creemos libres porque simplemente ignoramos las cosas que nos determinan. Pero lejos de caer en la melancolía o en lo que denominaba la pasión triste que nos proporcionaba el conocimiento, su filosofía es de la acción y nos gritaba que debemos amar si cabe con más fuerza y pasión la vida desde esa pulsión melancólica. No podemos escapar de nuestras pasiones pero nuestro esfuerzo ético consiste para él, en transformar las pasiones tristes en alegres y éstas en acciones que guíen nuestro comportamiento.
Este esfuerzo que en esencia es a veces la vida, se puede resumir en el fondo en tratar dos afectos inestables básicos: la esperanza y el miedo. Comprender de forma interconectada la naturaleza y la realidad desde el panteísmo de Spinoza o al modo de la nueva Física cuántica nos ayuda sin duda a aceptar la vida y mirarla con nuevos y abiertos ojos porque aunque sin duda, de nuestras esperanzas y miedos se nutre la materia real de lo humano, de nuestros deseos de conocimiento se nutren los cambios que soñamos para ella.
Como sabiamente ya nos decía Aristóteles: "la felicidad está en el conocimiento aunque a veces produzca melancolía". Sed pues entonces bienvenidos con alegría a la pasión triste.
domingo, 3 de julio de 2011
Una ventana abierta al Realismo: de la utopía a la evasión
Todos vivimos una misma realidad pero cada uno de nosotros desde la perspectiva de nuestros pequeños y distintos mundos personales. Se da actualmente un consenso científico físico de que la realidad existe previamente con independencia de nuestra percepción. Confrontar, interpretar y gestionar esa realidad externa a nosotros como seres humanos es quizás con mayúsculas la Tarea titánica de nuestra vida.
A través de la interpretación que damos a los hechos que nos ocurren y de la interacción social, vamos extrayendo los significados que las cosas tienen para nosotros. Y del conjunto de significados podemos, no sin dificultad, construir el sentido de todo el conjunto: nuestra actitud y carácter (ethos) ante una realidad externa que siempre afortunadamente nos desafía.
Vivimos unos tiempos de indignación donde varias propuestas, algunas utópicas, han sido lanzadas desde el espacio público. Es gratificante ver, que a pesar de ataques de bárbaros ahora con corbata , volvemos a defender nuestros orígenes como Occidentales, donde la verdadera democracia se declamaba y dirimía en los plazas y forums griegos y romanos. De estos ilustres antecesores nuestros, debemos sin duda aprender la lección de no ser presa fácil de dogmatismo o ideologías que coarten nuestra recién adquirida libertad: no sólo la externa sino la tan preciada interna.
Nuestra sociedad moderna hiperconectada sólo nos ofrece alternativas de evasión ante una realidad que unos pocos gestionan de forma exclusiva e interesada. Nos imponen un ocio cargado de ficción, virtual, evasivo que al final desdibuja la misma realidad y bloquea nuestra autonomía personal provocando que dejemos de ser sujetos activos.
En un nuevo escenario virtual los nuevos parias ya no son los explotados sino los invisibles, de ahí la necesidad de exhibirse, de estar conectado en la red social: quien no se muestra no existe. Y aquí es donde sacrificamos, en aras del dogma de la conectividad virtual impuesta, nuestros tan trabajados espacios de intimidad y libertad personal.
Quizás sean estos tiempos en los que deberíamos volver a un realismo militante: abrir de nuevo la ventana de este mundo virtual cuasi falsamente utópico en el que vivimos encerrados, para dejar entrar aire fresco y analizar de forma cruda, objetiva y sin ficciones lo que hay delante y buscar alternativas no escapistas con el esfuerzo de todos. Y es que a veces hay que ser realistas para pedir lo imposible.
Y como siempre el Arte nos puede acompañar y guiar en este difícil trabajo vital. El realismo pictórico, con Antonio López como uno de sus máximos representantes, es una tendencia pictórica que ha sido a veces denostada y excluida pero que es sin duda un soplo de aire fresco a tener en consideracion ante nuestra artificiosa realidad actual.
A través de la interpretación que damos a los hechos que nos ocurren y de la interacción social, vamos extrayendo los significados que las cosas tienen para nosotros. Y del conjunto de significados podemos, no sin dificultad, construir el sentido de todo el conjunto: nuestra actitud y carácter (ethos) ante una realidad externa que siempre afortunadamente nos desafía.
Vivimos unos tiempos de indignación donde varias propuestas, algunas utópicas, han sido lanzadas desde el espacio público. Es gratificante ver, que a pesar de ataques de bárbaros ahora con corbata , volvemos a defender nuestros orígenes como Occidentales, donde la verdadera democracia se declamaba y dirimía en los plazas y forums griegos y romanos. De estos ilustres antecesores nuestros, debemos sin duda aprender la lección de no ser presa fácil de dogmatismo o ideologías que coarten nuestra recién adquirida libertad: no sólo la externa sino la tan preciada interna.
Nuestra sociedad moderna hiperconectada sólo nos ofrece alternativas de evasión ante una realidad que unos pocos gestionan de forma exclusiva e interesada. Nos imponen un ocio cargado de ficción, virtual, evasivo que al final desdibuja la misma realidad y bloquea nuestra autonomía personal provocando que dejemos de ser sujetos activos.
En un nuevo escenario virtual los nuevos parias ya no son los explotados sino los invisibles, de ahí la necesidad de exhibirse, de estar conectado en la red social: quien no se muestra no existe. Y aquí es donde sacrificamos, en aras del dogma de la conectividad virtual impuesta, nuestros tan trabajados espacios de intimidad y libertad personal.
Quizás sean estos tiempos en los que deberíamos volver a un realismo militante: abrir de nuevo la ventana de este mundo virtual cuasi falsamente utópico en el que vivimos encerrados, para dejar entrar aire fresco y analizar de forma cruda, objetiva y sin ficciones lo que hay delante y buscar alternativas no escapistas con el esfuerzo de todos. Y es que a veces hay que ser realistas para pedir lo imposible.
Y como siempre el Arte nos puede acompañar y guiar en este difícil trabajo vital. El realismo pictórico, con Antonio López como uno de sus máximos representantes, es una tendencia pictórica que ha sido a veces denostada y excluida pero que es sin duda un soplo de aire fresco a tener en consideracion ante nuestra artificiosa realidad actual.
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