"Compendio de reflexiones sobre las Humanidades y las Ciencias con vocación expresiva integradora"
martes, 24 de julio de 2012
Las verdaderas raíces de la economía: la naturaleza humana
Abrumados como estamos por el cariz que toman a veces en las crisis los acontecimientos económicos, asistimos pasivamente como espectadores al voraz bombardeo de noticias diarias negativas creando en nosotros cierta estupefacción ante la incomprensión de cual es su dinámica y su posible evolución. Nos parece que se ha adueñado una única visión de la economía que monopoliza las acciones buscando el beneficio cortoplacista de unos pocos. Es necesario quizás hacer un "back to the basics" hacía lo que en su nacimiento significó la economía para sus creadores y tratar así de comprender activamente lo que nos ocurre.
Puede sorprendernos por los truculentos hechos actuales pero la Economía como ciencia nació de las Humanidades y más concretamente de la Filosofía moral. El reconocido como padre de la economía, Adam Smith fue profesor de filosofía moral en el Glasgow del siglo XVIII y lo que realmente buscaba con sus obras era investigar cual era la naturaleza humana. Escribe en 1759 la menos conocida Teoría de los sentimientos morales y en 1776 su magna obra La riqueza de las naciones que da carta de naturaleza a la economía como ciencia. El comportamiento del hombre en la sociedad puede tener elementos contradictorios pero en el fondo son parte de una mismo concepto: la simpatía y el egoísmo son características inherentes de la naturaleza humana La simpatía, tratada en la Teoría de los sentimientos morales, es un criterio de aprobación o reprobación de la conducta pero no sirve para motivar la acción del hombre. Simpatía para él, es tratar de examinar nuestra propia conducta de forma equitativa al ponernos en el lugar del otro para aprobar o no una acción. Existe en nosotros una necesidad inherente de ser aprobados por los demás. Este concepto de simpatía es el precursor de la actualmente denominada empatía por los demás sin la cual las sociedades en el fondo no pueden funcionar.
El egoísmo es el fundamento de la acción sostenido en La riqueza de las naciones. Como dice en esta obra: "el hombre necesita casi constantemente la ayuda de sus semejantes, y es inútil pensar que lo atenderían solamente por benevolencia (...) No es la benevolencia del carnicero o del panadero la que los lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses".No se invocan los sentimientos humanitarios sino el egoísmo. El egoísmo es una base de acción sin que suponga un perjuicio necesario a los demás ya que puede llevar a mejorar el bienestar general económico de la sociedad llevados por una mano invisible. Cuando los intereses entren en conflicto en lugar de resolverse por la cuestión económica se solucionan por la capacidad natural de simpatía. Egoísmo y simpatía son dos caras de la misma moneda que conforma la naturaleza humana y por derivada de nuestra sociedad. Puede parecernos que hay épocas en que predomina uno sobre otro pero lo que siempre nos ha hecho avanzar es al final el balance que siempre aparece de los dos.
De las enseñanzas de los orígenes de la economía tenemos la oportunidad de extraer la necesaria confianza hacía lo que podemos esperar en el futuro siendo simplemente fieles a nuestra propia naturaleza y sus diversas caras. Como sabiamente decía el filósofo Albert Camus: "En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio".
miércoles, 11 de julio de 2012
El sentido del progreso: el imperio de la consciencia
Preguntémonos qué hay detrás de lo real: de la crisis, de lo que nos ocurre. Diversos análisis pueden aparecer: tantos como perspectivas e ideologías o formas de ver las cosas. ¿Hay estructuras ocultas detrás?. Es necesario quizás complementar estas visiones con el contexto en el cual nos movemos para ganar cierta perspectiva. Entender cuales son las relaciones, patrones y paradigmas sobre los que actuamos e interiorizamos inconscientemente puede ayudarnos a explicar nuestra actual situación personal o económica a la que debemos hacer frente. A veces la relación que adoptamos entre las palabras y las cosas puede ser de vital importancia.
El filósofo francés Michel Foucault en su obra Las palabras y las cosas se enfrenta con la modernidad y rechaza el mito del progreso sobre el que esta fundamentado gran parte de la actuación económica y social: la historia no persigue un fin, no tiene sentido. La de nuestra cultura es discontinua y se organiza en torno a lo que él denomina como "epistemes". Cada episteme estructura los más diversos campos del saber de una época. Los individuos piensan, conocen y valoran dentro de los esquemas de la episteme vigente en el tiempo en que les toca vivir. La sucesión de epistemes no implica progreso ni tiene sentido.
En su libro describe tres epistemes occidentales muy claras: en la primera, que se mantuvo hasta el Renacimiento, "las palabras tenían la misma realidad que aquello que significaban". Así, por ejemplo, en el campo económico, las cosas que se intercambiaban debían tener una estimación equivalente. Lo que se compraba debía valer tanto como el oro o la plata que se daban a cambio. En la segunda episteme, siglos XVIII y XIX, los vínculos de equivalencia entre las cosas se rompieron. En todos los aspectos económicos, también en el de la moneda, el valor intrínseco dejó de ser importante y pasó a ser solo representativo. Y a partir del siglo XIX se empezaron a buscar las estructuras ocultas bajo lo real: el valor de un bien se medía por el trabajo necesario para producirlo, no por el dinero. Pensemos que actualmente hemos dado otra vuelta a la tuerca: viendo la evolución de los mercados, lo que determina el valor ya no son las expectativas sino las expectativas de las expectativas.
Muchas veces hay que intentar ver las ideas a través de la realidad y aunque no nos lo parezca, vivimos en una época profundamente ideológica donde hay estructuras que subyacen en este contexto epistemeológico (empresas, medios de comunicación,...) que nos exigen progresar, simular, ganar o simplemente acumular objetos sin fin, para vivir de acuerdo a esa representación manipulada que pretenden hacer de nosotros mismos. Y es seguramente rompiendo la familiaridad con el mundo objetivo a través del pensamiento consciente como podemos modelar no nuestra imagen ,sino la realidad directa de lo que queremos significar para nosotros mismos y para los demás.
Dicen que la crisis es la manera que tiene la incertidumbre para avisar de que el mito o episteme vigente ha caducado y se anuncia un cambio de paradigma. Y es que cuando se logra cambiar la respuesta entonces tenemos evolución , pero cuando lo que se logra conscientemente es cambiar la pregunta, entonces lo que tenemos es una necesaria revolución de nuestra propia realidad y la de nuestro entorno.
miércoles, 4 de julio de 2012
La perspectiva interior: la ventana de nuestra vida
Contestar a la pregunta de que es tener éxito en la vida puede si lo pensamos bien resultar muy difícil. La gran corriente de nuestra cotideaneidad diaria nos arrastra a todos hacia metas que en el fondo nosotros no hemos elegido. Debemos aplicar nuestra inteligencia y emocionalidad para intentar determinar en qué consiste realmente para nosotros el éxito personal.
Quizás lo más sencillo sea empezar por tomar consciencia que a lo que tenemos que dedicarnos no es a conocer el hombre desde diferentes perspectivas, que para eso ya esta la ciencia, sino a crearlo. Como nos expone la corriente filosófica denominada existencialismo el hombre no tiene ninguna otra esencia que la de inventar opciones. Nuestra naturaleza es no aceptar nuestra naturaleza, sino reinventarla. Como personas no debemos vivir por encima de nuestras posibilidades sino vivir por encima de nuestra realidad por muy limitante que nos parezca.
Para continuar reinventándonos (y reinventando nuestro mundo) hemos de conseguir potenciar no sólo nuestras virtudes sino también la disciplina y no hay mejor forma de hacerlo que mediante una educación que potencie la construcción de una mente bien ordenada capaz de concentrarse en objetivos vitales propios. El mundo humano esta abierto y no hay nada decidido, como sabiamente decían los filósofos existencialistas: la existencia precede a la esencia.
Contemplar el caos del mundo exterior desde la perspectiva interior de una ventana que sólo nosotros podemos abrir o cerrar a nuestro albedrío es una de la máximas libertades que podemos tener. El éxito esta más en el interior que en objetivos externos: se trata de luchar con convicción en el fondo para ser quién se es delante de los que a veces quieren que seamos una ficción de nosotros mismos.
* Si te ha gustado este post puedes descargarte gratis en pdf el libro recopilatorio del blog " La razón desencantada" en el link de abajo:
http://www.bubok.es/libros/216134/LA-RAZON-DESENCANTADA
jueves, 21 de junio de 2012
Ser Director General: seis tareas básicas
Dirigir en tiempos de incertidumbre y crisis es sin duda una tarea que puede resultar titánica. La figura del máximo directivo de una empresa es en las tempestades a veces la única referencia y ejemplo de estabilidad para una tripulación, que muchas veces va de un lado a otro sin saber por qué y con miedo a caer por la borda.
Desde la escuela de negocios de Harvard, Andrall E. Pearson nos da una de las mejores listas de las seis tareas básicas que debe desarrollar todo Director General que se precie:
- Modelar el entorno laboral: debe definir tres elementos: los estándares de rendimiento, los conceptos empresariales que definen cómo es y opera la empresa y el más importante: los conceptos y valores humanos imperantes que prevalecen y definen lo que significa trabajar en la empresa
- Establecer una estrategia: al ser el único ejecutivo que puede comprometer a toda la organización los mejores Directores Generales se involucran invariablemente en la formulación estratégica, liderando el esfuerzo, no limitándose a presidirlo.
- Gestión de la asignación de recursos: deben asignar los recursos de manera que respalden las estrategias de competitividad, mantengan la buena salud económica de la empresa y produzcan rentabilidad elevada.
- Desarrollar a sus directivos: los buenos Directores Generales utilizan la asignación de puestos exigentes para acelerar el alto potencial de desarrollo de los directivos y eliminar los bloqueos que se oponen al mismo. Involucran a sus directivos en los procesos de mejora y se rodean de gente con potencial para trabajar en equipo.
- Construir la organización: los mejores Directores Generales construyen su organización alrededor de las personas más que alrededor de los conceptos o principios. Buscan las maneras más sencillas de hacer las cosas y se involucran personalmente en la solución de los problemas organizativos.
- Supervisar las operaciones: significa dirigir el negocio día a día, produciendo planes adecuados, indicando problemas y oportunidades con prontitud, y respondiendo con rapidez y eficacia ante unos y otros.
Se debe en el fondo ser consciente que el dirigir no se trata de un privilegio de estar por encima de los demás, sino más bien al contrario: se trata de servir a nuestros compañeros de viaje desde nuestra propia excelencia y responsabilidad personal y ser así el buscado faro que guía y se mantiene firme en medio de la tempestad de la crisis.
martes, 12 de junio de 2012
La República de las Letras: Europa en la encrucijada
En los recientes episodios de la crisis asistimos, no sin cierta estupefacción, al despliegue de una idea de Europa reducida al carácter meramente economicista y sometida al azar de la variabilidad de la prima de riesgo en los bárbaros mercados. Es quizás hora otra vez ,como en tiempos pasados, de intentar ganar altura moral para ampliar las miras y volver nuestra atención hacia nuestra rica tradición como forma de salir adelante unidos con convicción, evitando de nuevo repetir en Europa el ciclo infernal de vencedores y vencidos.
Uno de los más relevantes conceptos del pensamiento francés es el de la República de las letras: esta idea sintetiza el hilo conductor de la cultura europea desde el siglo XIV hasta nuestros días. Para Petrarca y sus discípulos, el restablecimiento del diálogo con la Antigüedad era vital para salvar Italia y toda la cristiandad de la ignorancia y la barbárie. La restitución de este diálogo adoptaba la forma de recuperación y la difusión de los saberes clásicos greco-latinos (filosóficos, poéticos, científicos) legados a través de la palabra escrita. A esta "fraternidad internacional de humanistas misioneros" discípulos de Petraca se le dió el nombre de República de las letras.
La res literaria se forjó con el modelo de res publica christiana como institución universal que acogía y ordenaba a todos los europeos de acuerdo con la tradición clásica greco-latina. Este "bien común" literario devolvería a los lectores europeos un civismo desinteresado e ilustrado que haría de todos los ciudadanos una República de las letras que transcendería las fronteras nacionales, las diferencias religiosas, los rangos sociales y las profesiones. Se pone el acento sobre el ethos de la amistad y la hospitalidad que favorece una relectura de la tradición humanista de las artes de la paz. Ofrecía un contrapeso a la "cultura de guerra" de tradición épica y feudal.
Gana relevancia con la época ilustrada de las luces y es renovada posteriormente con revistas, traducciones o viajes en la comunidad europea de la letras, las artes y las ciencias a principios del siglo XX. Esta concepción de Internacional del Espíritu y de solidaridad entre hombres letrados (en sentido amplio) que trasciende naciones y religiones es puesta a prueba por los totalitarismos del siglo pasado.
En nuestra época actual quizás sea sólo cuestión de un matiz nominalista y con cambiar bárbaros por mercados o totalitarismo por economía o cultura de guerra por competencia económica entre países, tengamos de nuevo ante nosotros ese oscurantismo que combate la idea ilustrada de cultura. La Republica de las Letras son nuestra escuela del arte de vivir en sociedad como europeos más allá de visiones reduccionistas de la idea de Europa como mercado puramente económico. Sólo un ethos solidario, hospitalario, generoso, pacífico salvará a Europa de ser engullida por su propia economía. Las Humanidades de nuevo al rescate de una Europa en la encrucijada.
viernes, 1 de junio de 2012
La destrucción creativa: buscando la sostenibilidad en el cambio
Ante la rapidez con lo que suceden los acontecimientos actuales, si algo podemos decir casi con total seguridad, es que como decía Heráclito: la única constante en nuestra vida es el cambio y el movimiento. También desde la Teoría económica se ha postulado con el gran economista austriaco Schumpeter que la destrucción creativa de empresas para reinventar nuevos modelos es la base del capitalismo. Parece pues que no deberíamos ver únicamente como una amenaza los vertiginosos tiempos que nos ha tocado vivir.
Debemos seguramente ser conscientes que la esencia del capitalismo es el dinamismo y que un capitalismo estático sería en si mismo una contradicción. Son los emprendedores innovadores quienes crean mercados para los desarrollos de inventos de los contados genios a hombros de los cuales caminamos. El crecimiento y la creación de riqueza radica en esa difícil y clásica combinación de muerte y renacimiento. La imagen de Dante descendiendo con el poeta Virgilio como guía a los infiernos en búsqueda de su amada Beatriz para redimirse y poder renacer juntos, es la imagen de un sistema capitalista que purga con las crisis los excesos para poder también renacer después con una nueva vitalidad.
Y quizás lo importante a nuestra pequeña escala sea buscar donde podemos encontrar la sostenibilidad en el cambio constante. La enseñanza económica indica también unívocamente que las empresas que logran sobrevivir son aquellas que están fundamentadas en unos fuertes valores compartidos. Es algo en principio tan inteligible como la Cultura corporativa la que marca la verdadera ventaja competitiva y la sostenibilidad de una organización independiente de los entornos a los que deba enfrentarse.
Sabemos que como Dante hay momentos que debemos descender a los infiernos por diferentes razones. Pero al igual que Dante tenía al poeta Virgilio como guía en ese descenso, nosotros no estamos tampoco solos: valores como la confianza, el esfuerzo, la humildad, el trabajo diario, la positividad y el mirar hacia adelante nos darán esa sostenibilidad que muchas compañías que han sobrevivido también a entornos complicados llevan inscritas en su ADN a modo de Cultura empresarial.
Y aunque estos parecen tiempos de crisis desesperanzadores, ya también en las puertas del infierno de Dante figuraba la inscripción Lasciate ogne speranza, voi ch'entrate (abandonad toda esperanza a los que entren) y hemos sabido siempre salir de círculos descendentes siendo fieles a nuestro valores como grandes emprendedores de nosotros mismos que somos por el afortunado hecho de vivir.
viernes, 25 de mayo de 2012
La conspiración para ser felices: Zizek y la biopolítica
Aunque a veces pueda no parecérnoslo todos sabemos en el fondo de qué esta hecho lo importante en la vida: de momentos que tienen matices muy diferentes dependiendo del tiempo que nos toca vivir. Unos matices que a veces son extremadamente felices pero que en alguna ocasión pueden devenir en momentos negativos y espacios grises y brumosos. Son en estos momentos cuando desearíamos alejarnos mentalmente de situaciones que, por otro lado, no vamos a poder evitar por el mero hecho de ser parte constituyente de nuestro hilo y devenir vital.
Nos vemos también presionados por un sistema capitalista que parece que conspira para que busquemos la felicidad como objetivo último vital. Fuera de este sistema nos encontraremos ante el desierto de desesperación dentro, el mejor de los mundos posibles. El filósofo contemporáneo esloveno Slavoj Zizek es quizás quien realiza uno de los análisis más lúcidos del actual estado del capitalismo y como nos afecta socialmente con el concepto de biopolítica: la lógica implacable del capitalismo nos ánima a disfrutar sin freno. Toma el mando y administra la vida de los individuos para proporcionarles una vida agradable en un mercado que puede ofrecerles todo tipo de satisfacciones para sus demandas. Y se les va vaciando de su condición de sujetos para convertirlos en clientes y objetos pasivos de deseo de un sistema, que los manipula para gestionarles una vida sana.
Para Zizek el capitalismo sustituye el fetichismo de las personas por el de las mercancías. El valorar una persona por la posición que ocupa es reemplazado por el deseo de los objetos. Además destruye las relaciones tradicionales (como la familia, la amistad,...) para establecer como única relación la económica. Todo esto dentro de una cara amable que da la publicidad. Vivimos una época profundamente ideológica pero, de forma novedosa, camuflada en una supuesta no-ideología.
Si la Filosofía tiene una misión es la de provocarnos e intentar hablar libremente para tratar de buscar la verdad. Debemos ser conscientes que hay veces que nos presentan el futuro interesadamente como una tragedia pero que esta visión puede convertirse por tanta reiteración en una pantomima. Ante la conspiración para hacer de la felicidad nuestra única meta como dice Zizek, lo primero que hay que hacer para provocar un cambio en el sistema es reducir su actividad, no hacer nada. Debemos pues intentar instalarnos en el tiempo que se aleja aunque sea malo porque es el nuestro, íntimo e intransferible. Y tratar de vivirlo sin culpabilidad ya que la felicidad por si sola como objetivo puede resultar una farsa o una simple conspiración ideológica.
viernes, 18 de mayo de 2012
La libre búsqueda de lo mejor: la tradición clásica
Estas son épocas para plantear preguntas radicales: ir a la raíz esencial de las cosas para convencernos críticamente que estamos tomando el camino adecuado y el que realmente deseamos. Una de esas preguntas radicales es sin duda: si pudiéramos, ¿a qué deberíamos dedicar nuestro tiempo vital?. Mirar al pasado y nuestra tradición quizás resulte una mera distracción estética para un mundo cuya velocidad deja intencionalmente anacrónica cualquier mirada hacia atrás, pero una de las grandes respuestas a esa radicalidad del qué hacer la da sin duda nuestra tradición humanística premoderna.
En el pensamiento actual francés aún se recoge esa defensa de la tradición clásica que fue arrinconada por una modernidad que habría acabado con el ocio creativo de los antiguos, el refinamiento y la sofisticación de las grandes cortes europeas de la época clásica y la aristocracia espiritual del fin de siglo. Se habla de la derrota histórica del bando de los antiguos (abejas, que elaboran su saber y sus obras libando en las flores del pasado) frente a los modernos (arañas, que pretenden extraer todo su conocimiento de sí mismos) y esto habría comportado la destrucción de la tradición en beneficio de una razón meramente instrumental y un consumismo desaforado cuya incontrolada espiral aún sufrimos.
Pero ¿en qué consiste esa respuesta que nos da la tradición sobre el qué hacer?. Esta respuesta que hereda de la antigüedad clásica y su concepto central de otium (ocio) y que se prolonga a través del studium medieval y del sistema ilustrado de las Academias y Universidades, considera que aquella vida consagrada a la adquisición de un conocimiento no operativo, al goce de las obras de arte y a las formas más eminentes de sociabilidad (del diálogo filosófico a la mera conversación cortesana), es la mejor de las formas de vida posibles, por delante de todas las modalidades de la vida activa.
Y esta visión de una vida casi contemplativa puede sorprendernos a todos nosotros acostumbrados a una febril sucesión de instantes y situaciones a los que nos costaría sin duda dar sentido intentando trazar, seguramente sin éxito, una línea argumental que los una. Parar y tomarnos el tiempo necesario, ejercitar sin culpabilidad una ociosidad bien entendida en sentido clásico de buscar un conocimiento no meramente operativo, nos proporcionará esa fuerza vital para como decían nuestros antepasados griegos: realizar nuestra libre búsqueda de lo mejor para compartirlo con generosidad después.
El humanismo clásico ha sido siempre la actitud de unos pocos resistentes contra la barbarie. Unos bárbaros que lejos de desaparecer toman nueva vida en forma de mercados especuladores y dictatoriales que nos absorben y a los que debemos firmemente combatir sin miedo ayudados por el gran concepto clásico griego Aein Aristeyein: da siempre lo mejor de ti mismo.
jueves, 10 de mayo de 2012
El directivo ilustrado: liderando el futuro
Por las propias características de la época en la que vivimos estamos orientados casi exclusivamente hacia la acción. Necesitamos seguramente un contrapeso que nos haga más reflexivos y críticos con las multitud de actividades que desarrollamos sin aliento diariamente. Es aquí donde surge sin duda la necesidad de tener una amplia formación en diversas materias como forma de tener una perspectiva lo más global posible del mundo que nos rodea.
En el mundo empresarial y ante la velocidad de vértigo que están adquiriendo los cambios y los recientes y lúgubres acontecimientos económicos por todos conocidos, se está repensando seriamente qué formación deben tener los directivos que deben liderar el futuro. Así en las principales escuelas de negocios españolas como IE, ESADE o IESE se habla de la necesidad de incorporar a sus planes de estudio disciplinas de carácter humanístico y hacer de esto un valor diferencial en el competitivo mercado de la enseñanza de dirección de empresas.
Si se quiere formar directivos globales que se sientan cómodos al trabajar en diferentes culturas, formas de actuar y pensar, que sepan captar y dar soluciones a las necesidades, aspiraciones y sueños humanos no hay mejor escuela que la literatura, el arte, la historia o la filosofía. Se habla de la necesidad de formar directivos ilustrados, expertos en gestión empresarial pero también familiarizados con disciplinas humanísticas.
Y no se trata sólo de incluir conocimientos de Humanidades, sino también de desarrollar nuevas formas de pensar y razonar como manera de diseccionar las cosas de forma distinta y creativa, sin esa inmediatez y pragmatismo imperioso al que a muchas veces nos vemos abocados, buscando conscientemente ganar ese tiempo de calidad conceptual para ser más reflexivos y valorar lo que realmente nos importa a nosotros y a los demás, que suele no estar únicamente relacionado con un balance de coste-beneficio.
Los directivos deben tener una competencia técnica o funcional, autonomía, dar seguridad y estabilidad pero también deben poder identificarse con las emociones, pasiones, miedos,deseos y sueños de los que le rodean. Y van a entender mejor los problemas de una organización si leen a Shakespeare en lugar de libros de autoayuda. Conocer el pasado es una buena forma de explicar el presente y pensar en una buena estrategia para el futuro.
Introduzcamos entonces sin miedo en las organizaciones el gran lema de la Ilustración: sapere aude (atrévete a saber) y hagamos de ampliar las perspectivas a los futuros directivos una palanca de cambio a un mundo que necesita de nuevos ilustrados.
martes, 1 de mayo de 2012
Dejando espacios libres a la inocencia: ganando grados de libertad
Nos vemos presionados muchas veces a intentar conocer todo. Analizar las alternativas, beneficios y riesgos de las cosas sin dejar resquicio alguno, para tomar una decisión al respecto de una problemática. Quizás necesitamos ser más conscientes de que la incertidumbre existe, aceptar que hay ámbitos que por mucho que lo intentemos, no podremos conocerlos y eso está bien: debemos dejar espacios libres a la inocencia como forma de reinventar un mundo del que parece que todo esté dicho.
Uno de esos ámbitos donde podemos generar esos ansiados nuevos grados de libertad renovadora es en el del trato con las personas: desde siempre ha existido el estudio del Ser Humano dentro de las hoy injustamente denostadas Humanidades. Y desde muy antiguo sabemos que es en ese ámbito humanistico donde surgen muchas de las ideas que cambian el mundo.
El problema surge cuando nos damos cuenta que nunca es posible conocer del todo al otro (el infierno son los otros decía Sartre). Pero es aquí donde seguramente debamos cambiar nuestra perspectiva y lejos de problemetizar la imposibilidad del conocimiento y control de los demás, debemos tomar la lúcida conciencia que es en esta incertidumbre que rodea a toda persona, donde radica la verdadera esencia de la libertad personal como forma de generar nuevas alternativas y visiones para cambiar a mejor el mundo.
Y es en el ámbito empresarial donde esto se hace más evidente para los directivos con responsabilidades de gestión de personas: como directivo se está obligado a conocer profundamente las cuestiones técnicas pero ni mucho menos a conocer todas las humanas. Esto afortunadamente esta fuera de todo alcance y permite generar esos espacios donde, lejos del control, se dirimen nuevos mundos seguramente más razonables a los encorsetados en una organización.
Estamos acostumbrados a repetir nuestros patrones de éxito a la hora de tratar nuevos retos pero en ocasiones veremos que ese expertise aunque vaya unido a buenas intenciones y objetivos nobles podrá resultar en un fracaso cuando se trata de gestionar personas. La cuestión clave es tener la actitud abierta de aprender a reinterpretar nuestros patrones a partir de las circunstancias que han llevado a ese mal resultado.
Se trata en el fondo sin vergüenza, de hacer de nuestros fracasos parte inherente de nuestra historia personal como forma de generar una nueva inocencia que permita abrir la ventana a una necesaria mirada renovadora de esta realidad.
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