domingo, 26 de agosto de 2012

La Filosofía Pública: Francisco Fernández Buey


Todos necesitamos puntos de referencia: una necesaria orientación en la mirada que nos proporcione esa pausa reflexiva para no vernos superados por unos tiempos como los nuestros que además de correosos y líquidos, hacen sin duda de la velocidad un arma para crear confusión interesada en nuestro pensamiento, sustituyéndolo hábilmente por una serie de modelos sociales deseables y pautas de actuación consumista dirigidos hacia un control de nuestros deseos y aspiraciones, que refuercen un sistema que a todas luces necesita una nueva mirada renovadora a la luz de la crisis que sufre actualmente.

Esos puntos de referencia a los que aferrarse no son accidentales sino que nacen de una actitud de constante y dedicada indagación y estudio de pensadores que hacen a su vez de maestros nuestros y de la filosofía una necesaria actividad humana con el íntimo convencimiento de que desde las ideas se puede mejorar el mundo.

El profesor y filósofo Francisco Fernández Buey, recientemente fallecido, es sin duda uno de esos queridos maestros a los que dirigir no sólo nuestra mirada sino también nuestras interrogaciones e ideas con las que tratar de mirar personalmente el mundo con consciencia y convicción de mejora. Tuve la suerte de ir a sus clases de doctorado en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y que dedicará amablemente  su tiempo a la dirección de mi tesis de máster de investigación en pensamiento sobre un tema "Filosofía y Economía: influencias mutuas a través de la racionalidad"que a él también le apasionaba: el estudio metodológico desde el pensamiento de la economía y sus relaciones mutuas como forma de tratar de dirimir intelectualmente como una ciencia como la económica debe ponerse realmente al servicio de lo humano y no al revés, algo que desarrollo en parte en obras como "La ilusión del método: ideas para un racionalismo bien temperado".


Era ferviente partidario que la Filosofía no fuese una cuestión que se discutiera encorsetadamente en reducidos y endogámicos círculos académicos sino que ésta opinase y tratase sobre los temas que resultasen necesarios y de actualidad en la sociedad en la que se desarrolla. Quería que la Filosofía fuese Pública con la firme convicción de que el libre debate de ideas es la forma que tenemos que darnos los humanos para poder avanzar en libertad. Con ello también recalcaba la necesidad de que la separación entre las Humanidades y las Ciencias debía superarse en forma de una Tercera Cultura que los unise. Las personas de Letras debían formarse en temas científicos como manera de poder opinar con propiedad sobre hechos que tienen a la Ciencia como principal impulsora. Por otro lado, las personas de Ciencias debían también tomar en consideración la evolución humanística como forma de contextualizar descubrimientos y teorías que podrían resultar dañinas sin ese poso de solvencia que da una perspectiva de la evolución de lo humano y sus ideas.

Y no dejo de prestar una gran atención a la ética con la convicción de que en la política (y en todos nuestros actos) debemos hacer una apuesta seria hacia lo moral entendido como una forma de intentar reducir el sufrimiento y mejorar la vida de los demás incorporando además el ecologismo frente a las fuerzas a veces ciegas del productivismo. Era necesario pensar desde la Utopía con optimismo en el desarrollo colectivo de una sociedad donde la democracia sólo puede ser salvada si somos capaces de tener una convivencia digna en común y que esta amenazada por una naturaleza apropiativa que el capitalismo no sabe atemperar y que se manifiesta en sus cíclicas crisis: hasta que punto la crisis actual no ha sido sino una consecuencia inevitable de las contradicciones de un sistema capitalista que habían sido enmascaradas durante décadas por un neoliberalismo basado en el endeudamiento y el voraz consumo de recursos sin reglamentaciones ni limites y sin tener una visión de igualdad y convivencia social digna en común, intentado incluso mercantilizar la educación, dentro de unas sociedades que han acabado sin duda exhaustas.

El profesor Fernández Buey nos ha dejado pero como él decía "e la nave va": todo continúa y en él tenemos un punto de referencia clave de un maestro del pensamiento para poder seguir mirando hacia adelante y tratar desde nuestra pequeña escala humana hacer de éste, un mundo mejor.



miércoles, 22 de agosto de 2012

Nuestra poética de la vida: la ciencia como argumento


Cuando estamos ante tiempos difíciles y duros como los actuales se nos hace sin duda necesario buscar una poética a la vida: crear nuestro propio sentido que nos haga de refugio ante la serie de tempestades que cíclicamente nos llegan. Y somos en el fondo afortunados de vivir una época como la actual en la que la Ciencia se ha convertido no sólo en la punta de lanza del avance del progreso humano sino también en la mayor creadora de poéticas metáforas sobre la vida y su sentido.

Resulta fascinante saber que nuestro universo surge de una singularidad: de un compartamiento extremo en un punto que crea el espacio-tiempo algo que nos lleva a una serie casi ilimitada de efectos sin una causa aparente y donde aparece nuestro mundo tal y como lo conocemos. Y aún resulta más fascinante conocer que si estamos aquí y somos conscientes de nosotros mismos y nuestro universo es gracias a una pequeña asimetría entre la relación de la materia y la antimateria.


Singularidad y asimetría son dos palabras que nos demuestran poéticamente que la excepcionalidad es parte inherente de lo que nos conforma íntimamente como seres humanos. Y quizás ser conscientes de este hecho puede hacer que veamos nuestra vida no sólo como un derecho sino como un privilegio ante las realmente escasas probabilidades que hemos tenido de llegar a estar aquí.

Ser algo excepcional en el devenir del universo debe llevarnos también a reforzar ese afecto irracional que todos tenemos hacia la vida: un sentimiento positivo que brota del mero hecho de estar vivo y de tener un tiempo vital que nos es dado para crear nuestra propia poésis de sentido: valioso e irrenunciable por ser único e intransferible. Y también sin duda verdadero porque como decía el filósofo Unamuno "la vida es el criterio de la verdad" y todo lo que da impulso a la vida contiene elementos de verdad.

Puede parecernos que hay pequeñas malas temporadas donde lo social o económico arrasa con cualquier sentimiento de progreso vital pero mirar las cosas con la perspectiva que da la ciencia y un mundo físico de millones de años que nos arropa con sus propias e inmutables leyes que crean la vida, nos da la energía para no desfallecer y seguir hacia adelante con la confianza de ser parte excepcional de algo más grande donde esta en nuestras manos crear nuestro propio argumento de sentido como parte irrenunciable de nuestro devenir vital.



sábado, 11 de agosto de 2012

¿Hacemos lo que debemos?: los excesos del sistema


El vivir absorbidos dentro de un sistema que nos deja muchas veces sin aliento por sus exigencias para continuar gozando de sus supuestos deseables retornos, hace que tengamos poco tiempo para la reflexión que se difumina en ese deslumbramiento por las metas a conseguir y la serie de ineludibles obligaciones diarias que todos tenemos. Pero afortunadamente hay también tiempos de reposo en los que la vida tiene otra velocidad más a escala humana y en los que intentamos recogernos para intentar dar sentido a lo que hacemos y compartimos.

Una de las cuestiones más profundas que tenemos para pensar y a la que más cuesta dar respuesta es la de si en nuestra vida y en el sistema que hemos construido: ¿Hacemos lo que debemos?. Muchas respuestas han sido dadas en el tema de la ética y quizás una de las más interesantes y recientes es la reflexión del profesor de la Universidad de Harvard, Michael J.Sandel. Es autor del libro Justicia y del más reciente Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado. Este profesor nos reta con una frase que repite constantemente: "Todo esta a la venta" pero no se refiere sólo a lo material que nuestro sistema nos da la oportunidad de adquirir, sino también las mejores cosas de la vida: los sentimientos, las sensaciones, la igualdad o la justicia. Todo se corrompe cuando se pone a la venta y ahora todo tiene el cartel de se vende.

Los excesos de los mercados llevados al extremo, nos están devorando. De este modo pregunta como ejemplo: ¿Por qué hay aerolíneas que ofrecen saltarse la cola de embarque por dinero? ¿No es este gesto un símbolo de desigualdad social? ¿Por qué muchas empresas venden e incentivan esta desigualdad social que humilla a una parte de sus clientes?. Para Sandel "el más fatídico cambio de las últimas décadas no es el aumento de la codicia, sino la expansión de los mercados y sus valores a esferas vitales que no son suyas"

Utilizamos el dinero no como intercambio, principio sobre el que nació, sino como diferenciación social. Cuando lo usamos no pensamos ni en el daño que hacemos a los demás, cuando hacemos evidente nuestra superioridad, ni en nuestra propia degradación moral. Sandel defiende que el pragmatismo ha desplazado a la ética porque es más rentable, porque a los que más tienen les interesa este desequilibrio y lo fomentan desde muchos ámbitos que controlan.

Parece que en las últimas tres décadas hemos ido a la deriva, de tener una economía de mercado (herramienta que se ha demostrado valiosa y efectiva) a convertirnos en una sociedad de mercado (lugar donde todo está en venta). Sandel diagnostica que la democracia no exige una igualdad perfecta, pero sí exige que los ciudadanos compartan una vida en común. Ya que es la forma en la que aprendemos a negociar y a tolerar nuestras diferencias y es la que nos lleva a que nos importe el bien común.

Los tiempos de reposo son grandes catalizadores de cambio de actitudes: pensemos  si ¿Queremos una sociedad con todo a la venta? o sí ¿hay aún bienes morales y cívicos que el dinero no debería comprar?. Estamos sin duda aún a tiempo de cambiar a nuestra pequeña escala humana pero sólo si hacemos lo que debemos.

jueves, 2 de agosto de 2012

Libro recopilación blog "La Razón desencantada"


Después de casi dos años de publicación de entradas en este blog y para agradecer a todos aquellos que las seguís con asiduidad he autopublicado una recopilación de las mismas que puede descargarse gratuitamente en formato PDF en el link de abajo:

 http://www.bubok.es/libros/216134/LA-RAZON-DESENCANTADA


(SEGUNDA EDICIÓN ACTUALIZADA A AGOSTO DE 2013)

Es un compendio de reflexiones sobre las Humanidades y las Ciencias con vocación expresiva integradora

Incorpora una propuesta de itinerario vital en cuatro rutas:

La ruta del SER:  Filosofía, Pensamiento y Psicología
La ruta del TENER: Economía y Ciencias Sociales
La ruta del VIVIR JUNTOS: Geografías, Viajes y nuevos horizontes
La ruta del DIALOGAR: Ciencia, Arte y Literatura

Todo con el firme convencimiento de que necesitamos la ficción, la fantasía y los relatos porque la vida no se puede expresar solo mediante una visión realista. El individuo tiene la capacidad con la ayuda del arte, de la filosofía, de la ciencia con conciencia, del viaje como ampliación de horizontes para  agujerear las visiones impuestas y las versiones oficiales y crear su propio relato de devenir vital algo necesario en los tiempos que todos vivimos.

Espero sinceramente os satisfaga y sea de utilidad.

Panta rei  (Todo fluye)
Heráclito

martes, 24 de julio de 2012

Las verdaderas raíces de la economía: la naturaleza humana


Abrumados como estamos por el cariz que toman a veces en las crisis los acontecimientos económicos, asistimos pasivamente como espectadores al voraz bombardeo de noticias diarias negativas creando en nosotros cierta estupefacción ante la incomprensión de cual es su dinámica y su posible evolución. Nos parece que se ha adueñado una única visión de la economía que monopoliza las acciones buscando el beneficio cortoplacista de unos pocos. Es necesario quizás hacer un "back to the basics" hacía lo que en su nacimiento significó la economía para sus creadores y tratar así de comprender activamente lo que nos ocurre.

Puede sorprendernos por los truculentos hechos actuales pero la Economía como ciencia nació de las Humanidades y más concretamente de la Filosofía moral. El reconocido como padre de la economía,  Adam Smith fue profesor de filosofía moral en el Glasgow del siglo XVIII y lo que realmente  buscaba con sus obras era investigar cual era la naturaleza humana. Escribe en 1759 la menos conocida Teoría de los sentimientos morales y en 1776 su magna obra  La riqueza de las naciones que da carta de naturaleza a la economía como ciencia. El comportamiento del hombre en la sociedad puede tener elementos contradictorios pero en el fondo son parte de una mismo concepto: la simpatía y el egoísmo son características inherentes de la naturaleza humana  La simpatía,  tratada en la Teoría de los sentimientos morales, es un criterio de aprobación o reprobación de la conducta pero no sirve para motivar la acción del hombre. Simpatía para él, es tratar de examinar nuestra propia conducta de forma equitativa al ponernos en el lugar del otro para aprobar o no una acción. Existe en nosotros una necesidad inherente de ser aprobados por los demás. Este concepto de simpatía es el precursor de la actualmente denominada empatía por los demás sin la cual las sociedades en el fondo no pueden funcionar.

El egoísmo es el fundamento de la acción sostenido en La riqueza de las naciones. Como dice en esta obra: "el hombre necesita casi constantemente la ayuda de sus semejantes, y es inútil pensar que lo atenderían solamente por benevolencia (...) No es la benevolencia del carnicero o del panadero la que los lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses".No se invocan los sentimientos humanitarios sino el egoísmo. El egoísmo es una base de acción sin que suponga un perjuicio necesario a los demás ya que puede llevar a mejorar el bienestar general económico de la sociedad llevados por una mano invisible. Cuando los intereses entren en conflicto en lugar de resolverse por la cuestión económica se solucionan por la capacidad natural de simpatía. Egoísmo y simpatía son dos caras de la misma moneda que conforma la naturaleza humana y por derivada de nuestra sociedad. Puede parecernos que hay épocas en que predomina uno sobre otro pero lo que siempre nos ha hecho avanzar es al final el balance que siempre aparece de los dos.

De las enseñanzas de los orígenes de la economía tenemos la oportunidad de extraer la necesaria confianza hacía lo que podemos esperar en el futuro siendo simplemente fieles a nuestra propia naturaleza y sus diversas caras. Como sabiamente decía el filósofo Albert Camus: "En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio".

miércoles, 11 de julio de 2012

El sentido del progreso: el imperio de la consciencia



Preguntémonos qué hay detrás de lo real: de la crisis, de lo que nos ocurre. Diversos análisis pueden aparecer: tantos como perspectivas e ideologías o formas de ver las cosas. ¿Hay estructuras ocultas detrás?. Es necesario quizás complementar estas visiones con el contexto en el cual nos movemos para ganar cierta perspectiva. Entender cuales son las relaciones, patrones y paradigmas sobre los que actuamos e interiorizamos inconscientemente puede ayudarnos a explicar nuestra actual situación personal o económica a la que debemos hacer frente. A veces la relación que adoptamos entre las palabras y las cosas puede ser de vital importancia.


El filósofo francés Michel Foucault en su obra Las palabras y las cosas se enfrenta con la modernidad y rechaza el mito del progreso sobre el que esta fundamentado gran parte de la actuación económica y social: la historia no persigue un fin, no tiene sentido. La de nuestra cultura es discontinua y se organiza en torno a lo que él denomina como "epistemes". Cada episteme estructura los más diversos campos del saber de una época. Los individuos piensan, conocen y valoran dentro de los esquemas de la episteme vigente en el tiempo en que les toca vivir. La sucesión de epistemes no implica progreso ni tiene sentido.

En su libro describe tres epistemes occidentales muy claras: en la primera, que se mantuvo hasta el Renacimiento, "las palabras tenían la misma realidad que aquello que significaban". Así, por ejemplo, en el campo económico, las cosas que se intercambiaban debían tener una estimación equivalente. Lo que se compraba debía valer tanto como el oro o la plata que se daban a cambio. En la segunda episteme, siglos XVIII y XIX, los vínculos de equivalencia entre las cosas se rompieron. En todos los aspectos económicos, también en el de la moneda, el valor intrínseco dejó de ser importante y pasó a ser solo representativo. Y a partir del siglo XIX se empezaron a buscar las estructuras ocultas bajo lo real: el valor de un bien se medía por el trabajo necesario para producirlo, no por el dinero. Pensemos que actualmente hemos dado otra vuelta a la tuerca: viendo la evolución de los mercados, lo que determina el valor ya no son las expectativas sino las expectativas de las expectativas.

Muchas veces hay que intentar ver las ideas a través de la realidad y aunque no nos lo parezca, vivimos en una época profundamente ideológica donde hay estructuras que subyacen en este contexto epistemeológico (empresas, medios de comunicación,...) que nos exigen progresar, simular, ganar o simplemente acumular objetos sin fin, para vivir de acuerdo a esa representación  manipulada que pretenden hacer de nosotros mismos. Y es seguramente rompiendo la familiaridad con el mundo objetivo a través del pensamiento consciente como podemos modelar no nuestra imagen ,sino la realidad directa de lo que queremos significar para nosotros mismos y para los demás.

Dicen que la crisis es la manera que tiene la incertidumbre para avisar de que el mito o episteme vigente ha caducado y se anuncia un cambio de paradigma. Y es que cuando se logra cambiar la respuesta entonces tenemos evolución , pero cuando lo que se logra conscientemente es cambiar la pregunta, entonces lo que tenemos es una necesaria revolución de nuestra propia realidad y la de nuestro entorno.

miércoles, 4 de julio de 2012

La perspectiva interior: la ventana de nuestra vida


Contestar a la pregunta de que es tener éxito en la vida puede si lo pensamos bien resultar muy difícil. La gran corriente de nuestra cotideaneidad diaria nos arrastra a todos hacia metas que en el fondo nosotros no hemos elegido. Debemos aplicar nuestra inteligencia y emocionalidad para intentar determinar en qué consiste realmente para nosotros el éxito personal.

Quizás lo más sencillo sea empezar por tomar consciencia que a lo que tenemos que dedicarnos no es a conocer el hombre desde diferentes perspectivas, que para eso ya esta la ciencia, sino a crearlo. Como nos expone la corriente filosófica denominada existencialismo el hombre no tiene ninguna otra esencia que la de inventar opciones. Nuestra naturaleza es no aceptar nuestra naturaleza, sino reinventarla. Como personas no debemos vivir por encima de nuestras posibilidades sino vivir por encima de nuestra realidad por muy limitante que nos parezca.

Para continuar reinventándonos (y reinventando nuestro mundo) hemos de conseguir potenciar no sólo nuestras virtudes sino también la disciplina y no hay mejor forma de hacerlo que mediante una educación que potencie la construcción de una mente bien ordenada capaz de concentrarse en objetivos vitales propios. El  mundo humano esta abierto y no hay nada decidido, como sabiamente decían los filósofos existencialistas: la existencia precede a la esencia.
 
Contemplar el caos del mundo exterior desde la perspectiva interior de una ventana que sólo nosotros podemos abrir o cerrar a nuestro albedrío es una de la máximas libertades que podemos tener. El éxito esta más en el interior que en objetivos externos: se trata de luchar con convicción en el fondo para ser quién se es delante de los que a veces quieren que seamos una ficción de nosotros mismos.

* Si te ha gustado este post puedes descargarte gratis en pdf el libro recopilatorio del blog " La razón desencantada" en el link de abajo:

  http://www.bubok.es/libros/216134/LA-RAZON-DESENCANTADA   

jueves, 21 de junio de 2012

Ser Director General: seis tareas básicas


Dirigir en tiempos de incertidumbre y crisis es sin duda una tarea que puede resultar titánica. La figura del máximo directivo de una empresa es en las tempestades a veces la única referencia y ejemplo de estabilidad para una tripulación, que muchas veces va de un lado a otro sin saber por qué y con miedo a caer por la borda.

Desde la escuela de negocios de Harvard, Andrall E. Pearson nos da una de las mejores listas de las seis tareas básicas que debe desarrollar todo Director General que se precie:
  1. Modelar el entorno laboral: debe definir tres elementos: los estándares de rendimiento, los conceptos empresariales que definen cómo es y opera la empresa y el más importante: los conceptos y valores humanos imperantes que prevalecen y definen lo que significa trabajar en la empresa
  2. Establecer una estrategia: al ser el único ejecutivo que puede comprometer a toda la organización los mejores Directores Generales se involucran invariablemente en la formulación estratégica, liderando el esfuerzo, no limitándose a presidirlo.
  3. Gestión de la asignación de recursos: deben asignar los recursos de manera que respalden las estrategias de competitividad, mantengan la buena salud económica de la empresa y produzcan rentabilidad elevada.
  4. Desarrollar a sus directivos: los buenos Directores Generales utilizan la asignación de puestos exigentes para acelerar el alto potencial de desarrollo de los directivos y eliminar los bloqueos que se oponen al mismo. Involucran a sus directivos en los procesos de mejora y se rodean de gente con potencial para trabajar en equipo.
  5. Construir la organización: los mejores Directores Generales construyen su organización alrededor de las personas más que alrededor de los conceptos o principios. Buscan las maneras más sencillas de hacer las cosas y se involucran personalmente en la solución de los problemas organizativos.
  6. Supervisar las operaciones: significa dirigir el negocio día a día, produciendo planes adecuados, indicando problemas y oportunidades con prontitud, y respondiendo con rapidez y eficacia ante unos y otros.
Cómo dice el filósofo José Antonio Marina para salir de la crisis hay que apostar por la inteligencia ejecutiva que es "la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones". Los buenos directivos "tienen la capacidad de soportar el esfuerzo, de aguantar las molestias y de guiarse por recompensas lejanas". 

Se debe en el fondo ser consciente que el dirigir no se trata de un privilegio de estar por encima de los demás, sino más bien al contrario: se trata de servir a nuestros compañeros de viaje desde nuestra propia excelencia y responsabilidad personal y ser así el buscado faro que guía y se mantiene firme en medio de la tempestad de la crisis.

martes, 12 de junio de 2012

La República de las Letras: Europa en la encrucijada


En los recientes episodios de la crisis asistimos, no sin cierta estupefacción, al despliegue de una idea de Europa reducida al carácter meramente economicista y sometida al azar de la variabilidad de la prima de riesgo en los bárbaros mercados. Es quizás hora otra vez ,como en tiempos pasados, de intentar ganar altura moral para ampliar las miras y volver nuestra atención hacia nuestra rica tradición como forma de salir adelante unidos con convicción, evitando de nuevo repetir en Europa el ciclo infernal de vencedores y vencidos.

Uno de los más relevantes conceptos del pensamiento francés es el de la República de las letras: esta idea sintetiza el hilo conductor de la cultura europea desde el siglo XIV hasta nuestros días. Para Petrarca y sus discípulos, el restablecimiento del diálogo con la Antigüedad era vital para salvar Italia y toda la cristiandad de la ignorancia y la barbárie. La restitución de este diálogo adoptaba la forma de recuperación y la difusión de los saberes clásicos greco-latinos (filosóficos, poéticos, científicos) legados a través de la palabra escrita. A esta "fraternidad internacional de humanistas misioneros" discípulos de Petraca se le dió el nombre de República de las letras.

La res literaria se forjó con el modelo de res publica christiana como institución universal que acogía y ordenaba a todos los europeos de acuerdo con la tradición clásica greco-latina. Este "bien común" literario devolvería a los lectores europeos un civismo desinteresado e ilustrado que haría de todos los ciudadanos una República de las letras que transcendería las fronteras nacionales, las diferencias religiosas, los rangos sociales y las profesiones. Se pone el acento sobre el ethos de la amistad y la hospitalidad que favorece una relectura de la tradición humanista de las artes de la paz. Ofrecía un contrapeso a la "cultura de guerra" de tradición épica y feudal.

Gana relevancia con la época ilustrada de las luces y es renovada posteriormente con revistas, traducciones o viajes en la comunidad europea de la letras, las artes y las ciencias a principios del siglo XX. Esta concepción de Internacional del Espíritu y de solidaridad entre hombres letrados (en sentido amplio) que trasciende naciones y religiones es puesta a prueba por los totalitarismos del siglo pasado.

En nuestra época actual quizás sea sólo cuestión de un matiz nominalista y con cambiar bárbaros por mercados o totalitarismo por economía o cultura de guerra por competencia económica entre países, tengamos de nuevo ante nosotros ese oscurantismo que combate la idea ilustrada de cultura. La Republica de las Letras son nuestra  escuela del arte de vivir en sociedad como europeos más allá de visiones reduccionistas de la idea de Europa como mercado puramente económico. Sólo un ethos solidario, hospitalario, generoso, pacífico salvará a Europa de ser engullida por su propia economía. Las Humanidades de nuevo al rescate de una Europa en la encrucijada.


viernes, 1 de junio de 2012

La destrucción creativa: buscando la sostenibilidad en el cambio


Ante la rapidez con lo que suceden los acontecimientos actuales, si algo podemos decir casi con total seguridad, es que como decía Heráclito: la única constante en nuestra vida es el cambio y el movimiento. También desde la Teoría económica se ha postulado con el gran economista austriaco Schumpeter que la destrucción creativa de empresas para reinventar nuevos modelos es la base del capitalismo. Parece pues que no deberíamos ver únicamente como una amenaza los vertiginosos tiempos que nos ha tocado vivir.

Debemos seguramente ser conscientes que la esencia del capitalismo es el dinamismo y que un capitalismo estático sería en si mismo una contradicción. Son los emprendedores innovadores quienes crean mercados para los desarrollos de inventos de los contados genios a hombros de los cuales caminamos. El crecimiento y la creación de riqueza radica en esa difícil  y clásica combinación de muerte y renacimiento. La imagen de Dante descendiendo con el poeta Virgilio como guía a los infiernos en búsqueda de su amada Beatriz para redimirse y poder renacer juntos, es la imagen de un sistema capitalista que purga con las crisis los excesos para poder también renacer después con una nueva vitalidad.

Y quizás lo importante a nuestra pequeña escala sea buscar donde podemos encontrar la sostenibilidad en el cambio constante. La enseñanza económica indica también unívocamente que las empresas que logran sobrevivir son aquellas que están fundamentadas en unos fuertes valores compartidos. Es algo en principio tan inteligible como la Cultura corporativa la que marca la verdadera ventaja competitiva y la sostenibilidad de una organización independiente de los entornos a los que deba enfrentarse.

Sabemos que como Dante hay momentos que debemos descender a los infiernos por diferentes razones. Pero al igual que Dante tenía al poeta Virgilio como guía en ese descenso, nosotros no estamos tampoco solos: valores como la confianza, el esfuerzo, la humildad, el trabajo diario, la positividad y el  mirar hacia adelante nos darán esa sostenibilidad que muchas compañías que han sobrevivido también a entornos complicados llevan inscritas en su ADN a modo de Cultura empresarial.

Y aunque estos parecen tiempos de crisis desesperanzadores, ya también en las puertas del infierno de Dante figuraba la inscripción Lasciate ogne speranza, voi ch'entrate (abandonad toda esperanza a los que entren) y hemos sabido siempre salir de círculos descendentes siendo fieles a nuestro valores como grandes emprendedores de nosotros mismos que somos por el afortunado hecho de vivir.