martes, 29 de enero de 2013

El Arte: produciendo lo verdadero en nuestra vida

Anclados en nuestra mentalidad analítica e instrumental que nos da una falsa seguridad en la comprensión del mundo, tendemos a veces a denostar cualquier manifestación artística o estética descalificándola como algo lleno de demasiada imaginación, demasiadas pasiones  o demasiados deseos vanos. Vivimos en nuestra denominada zona de confort que esta compuesta de los hábitos, rutinas y creencias personales. Un lugar donde nos sentimos cómodos y que pretendemos preservar no únicamente de intromisiones sino también de posibles cambios, deseos o nuevas ideas que puedan a priori desestabilizarnos buscando una seguridad que al final nos limita.

Pero en el fondo nada más lejos quizás de la intencionalidad del arte: en la construcción de nuestra subjetividad, de nosotros mismos, en nuestra autopoésis, el arte y la estética forman una parte fundamental como elemento de apertura simbólica a nuevas experiencias y posibles caminos a explorar que de otro modo no se mostrarían a nosotros, agazapados como a veces estamos en nuestra zona de confort. Renunciar a la estética y al Arte en todas sus manifestaciones (pictóricas, literarias, arquitectónicas, cinematográficas, fotográficas, musicales...) es renunciar a una nueva zona de aprendizaje, a ampliar nuestros territorios y a la calidad en la forma en la que habitamos el mundo.


Con el Arte, como decía Platón, existe obviamente el riesgo de generar ilusiones que nos hagan tomar por real lo que no es más que apariencia (algo de gran actualidad  a lo que desafortunadamente nos tiene acostumbrados nuestra programación televisiva...). Pero proteger la imaginación nos permite plantear alternativas y mantener vivos los sentimientos y la posibilidad de construir un mundo mejor.

Podemos entender el Arte como una resistencia a la aridez con la que a veces nos golpea la realidad y también como una visión utópica de construcción de ese mundo mejor. Pero tienen cabida asimismo visiones realistas: donde la finalidad del arte sea reconstruir el universo según las mismas leyes y penetrando en ellas buscar el impacto de la unidad y la armonía de la creación, en ese placer innegable que experimenta el hombre ante su propia imagen como forma de perfección de esa creación. Nietzsche consideraba el arte de la tragedia  como la expresión de la condición humana que implicaba algo tan humano como la desmesura (y locura) con la que a veces actuamos, el éxtasis y el sufrimiento. El arte no debe ser una mera evasión de la realidad sino que debe magnificar el poder de la vida.

Y si nos preguntamos: ¿cómo saber cuanto hay de verdadero en nosotros mismos? ¿qué buscamos realmente? Ante el imperativo ético de realizar cada uno su verdadera  humana conditio (llega a ser lo que eres) sigue una reflexión, un silencio ético. Y entre que respuesta dar (lingüística) en forma de praxis o actuación humana se produce un hiato, un decalaje. El arte es la forma de dar salida a ese silencio ético, mostrando la verdad subyacente a la realidad a través de la revelación de conductas (buenas/malas). Como decía Aristóteles es la facultad de producir lo verdadero reflexionando, elevando intelectual y moralmente nuestra vida.

Tenemos  afortunadamente pues en nuestras manos algo tan necesario e íntimamente humano como construir nuestros propios territorios para habitarlos con convicción ética y calidad estética. El arte es la forma de adherirse a la vida sin reservas.





sábado, 19 de enero de 2013

La subjetividad: cientifismo vs psiquismo

Nuestra época vive inmersa en un paradigma de pensamiento dominado por el cientifismo: basado en un reduccionismo mecanicista todo lo humano sería explicable por un mecanismo físico, genético o neurológico. Sujetos a la causalidad mecánica y al determinismo físico toda acción del sujeto sería reducible a lo orgánico. Explotada hasta el extremo hemos hecho de esta metodología una ideología que se aplica sin conciencia a otras ciencias, como su aplicada alumna la economía, con los resultados que desgraciadamente todos conocemos.

Uno de los grandes choques contra ese paradigma cientifísta viene de la Psicología que postula que existe una realidad psíquica, un psiquismo independiente de la realidad física y que no todos los problemas mentales deben tratarse exclusivamente con medicación farmacológica o intervenciones médicas. La vida del sujeto es un devenir de experiencias con una parte inconsciente que marcan su identidad personal. El cerebro recibe información externa mediante la percepción pero esta condicionado por la información interna en forma de red asociativa psíquica de fantasía y deseo que ordena una biografía particular y un tiempo vital.

La percepción que marca la realidad cerebral deja huella en la memoria que se transforma en representaciones de imagenes (significantes, palabras,..) que conforman nuestra realidad psíquica. Como diría Spinoza en su monismo materialista: el pensamiento es un atributo del cuerpo y todo forma parte del cuerpo. Así el cuerpo crea el lenguaje que es una realidad diferente de significantes. El lenguaje crea al sujeto que habla y que se sostiene en un sujeto empírico que es el cuerpo pensante.

La ciencia no piensa sobre el sujeto que tiene sus efectos. La conciencia como resultado de la función subjetiva es un estado unificado que se nos presenta como un todo integrado por múltiples componentes. No se ha hallado un lugar o estructura que integre esa información de la conciencia que se represente como un todo integrado por muchos componentes que han sido procesados en la áreas corticales del cerebro. La conciencia o función subjetiva en el fondo es un proceso y no un objeto que se pueda aprehender y estudiar como una realidad emergente. Lo que nos configura como sujetos quizás no sea un objeto adecuado para el estudio científico actual.

Y es importante remarcar que para la Psicología, en la construcción del Yo ( de nuestra subjetividad) es el Otro (la cultura, nuestros padres, familia, compañeros o amigos) el que pone en marcha la funciones subjetivas. Sin el otro, sin la vida social, no llegamos a construirnos. Desde la exterioridad construimos nuestra interioridad. Sin los demás no somos nosotros mismos.  Y como decía la corriente filosófica denominada Personalismo: la persona no es un dato o un fenómeno, sino un proceso (el de personalización) que nos hace madurar moralmente y que en este proceso de personalización proporciona lo mejor a todos desde la propia singularidad y sus acciones.

Quizás estaríamos en un mundo diferente si nuestro dominante cientifísmo economicista cambiase sus postulados no ya para tratar con objetos y datos a rentabilizar, sino con personas en un proceso de construcción subjetiva con sus semejantes. Necesitamos sin duda ahora más que nunca, Ciencia con Conciencia.



domingo, 13 de enero de 2013

Estambul: puntos de fuga para nuestra geografía vital


Necesitamos en ocasiones tener puntos de fuga: dejar a un lado nuestras rutinas diarias que delimitan geografías vitales que parecen inamovibles. Emprendemos viajes en busca de nuevas experiencias que nos muestren otros horizontes y amplíen los territorios que nuestra rutinaria geografía no suele abarcar.

Hay ciudades como Estambul que compiten en su eternidad con el propio tiempo. Vencer el tiempo ha sido el gran reto para el hombre de cualquier época.Y a veces lo ha logrado a través de las arquitecturas, las obras artísticas o las muchas cosas inventadas por la imaginación y el pensamiento. Pasear por Estambul nos ofrece la medida de la belleza eterna que civilizaciones como la bizantina, romana u otomana han sabido magistralmente legarnos en sublimes arquitecturas como la de Santa Sofía o la Mezquita Azul. Cúpulas que pretenden representar la totalidad del cielo. Nos han transmitido con la protección de las murallas que la rodean, la resistencia que debemos tener como seres civilizados a los embates de la fortuna. Torres como la de Gálata nos advierten de la necesidad de tomar a veces altura en nuestro devenir vital para no dejarnos llevar por menudencias. Elementos naturales como el movido Bósforo que la recorren en  el estratégico Cuerno de Oro en su fluir de corrientes realimenta de vida la ciudad, sabiamente protegido en el pasado por sus habitantes de intrusos con cadenas que aquí tomaban la mejor función. Todo fluye en la vida...panta rei.


Y uno se pregunta:  ¿qué va buscando íntimamente el viajero en una fascinante ciudad como Estambul? En el fondo quizás la nostalgia de la "patria visible" de nuestros antepasados. Ellos creían que la realidad está llena de sentido, tenían hondas preocupaciones por el tiempo, el más allá, el destino y el azar. Resolvían su angustia con arquitecturas, dibujos, dioses o mitologías. En cambio, el pensamiento contemporáneo nos ha dejado a la intemperie: el nihilismo y la banalidad diaria nos han habituado a considerar nuestra existencia como algo ininteligible, sin sentido, un devenir caótico, inconsistente y fragmentario. El nihilismo moderno nos ha convencido que la vida no reside en una hipotética totalidad: que no hay centro, solo periferia. El aire de nuestro tiempo rezuma la fragancia de lo efímero, la leyenda del instante, volatilidad y precariedad. Hoy sabemos que hay demasiada banalidad televisiva, demasiado entretenimiento, inconsciencia y demasiados elementos para confundirnos y hacernos olvidar las cuestiones fundamentales que deberían guiar nuestra vida.

¿Cómo se puede pensar que toda nuestra existencia no vale para nada? Afortunadamente encontraremos la respuesta adecuada paseando por ciudades entre dos continentes y digna anfitriona de tres civilizaciones como Estambul: donde la patria visible de sentido que nuestros antepasados construyeron se nos ofrece a modo de reconfortante nuevo territorio para nuestra geografía vital.

martes, 1 de enero de 2013

¿Qué es la deuda?: de lo moral a lo social


¿Debemos pagar nuestras deudas? ¿La deuda es un compromiso moral?¿Qué evolución histórica ha tenido el concepto de deuda? En unos momentos como los actuales en los que dividimos el mundo entre deudores y acreedores, entre estados del centro y de la periferia o entre Norte trabajador y Sur perezoso, puede parecernos que vivimos una situación novedosa, pero en el fondo quizás si lo analizamos detenidamente, no hacemos más que repetir otro ciclo de la historia financiera que tiende a equilibrarse por los extremos.

El antropólogo económico americano  David Graeber  y profesor de la London School of Economics en su obra En deuda expone magistralmente que desde el principio de las sociedades más antiguas (Mesopotamia en el año 3.200 a.c) el crédito y la deuda llegan miles de años antes que la acuñación de moneda o los mercados de trueque. La división de clase fundamental de la historia humana ha sido entre deudores y acreedores. En su última instancia las sociedades de la antigüedad como la Egipcia: caracterizada por un Estado fuerte centralizado con una administración que extrae impuestos de la población pero donde no hay préstamos con interés o la Mesopotámica: en la cual no había un Estado regular y aparece entonces el dinero como unidad de cuenta para la asignación de recursos y la usura con préstamos con interés, se funden ya que la población debe endeudarse o bien para pagar sus impuestos, o los intereses y la deuda institucionalizada.

Hay que remarcar, que por el contrario, para el padre de la economía moderna Adam Smith, la propiedad, el dinero y los mercados son anteriores a las instituciones políticas y a la base de la sociedad humana. Primero es el trueque, luego el dinero y después aparece el crédito y como todo esto está en la base de la naturaleza humana, las instituciones políticas y el Estado deben garantizar el crédito y la deuda de forma punitiva si es necesario. Pero esto parece ser sólo un mito fundador de la economía sin mucha base histórica real dándole un interesado soporte moral dentro de la naturaleza humana.

En sánscrito, hebreo y arameo, "deuda", "culpa" y "pecado" son la misma palabra (en el alemán moderno también...). Gran parte del lenguaje de los grandes movimientos religiosos (concienciación, redención, contabilidad kármica,...) están tomados de las finanzas antiguas.Pero quizás los profetas y maestros religiosos tuvieran que comenzar por este tipo de lenguaje porque no había otro disponible y seguramente con una intención completamente diferente: como una manera de decir que las deudas no son sagradas y que el perdón de la deuda, la capacidad de anular la deuda o de tomar conciencia que las deudas no son reales, son los actos verdaderamente sagrados. Este perdón de las deudas era lo que ocurría en los años de jubileo medievales.

Si somos radicales, y vamos a la raíz de los conceptos, la deuda es tiempo que debemos a los demás. Una forma de esclavitud protegida por el Estado.Un tiempo futuro personal que debemos utilizar para pagar a nuestros acreedores. Asociamos casi de forma inconsicente deuda a tragedia moral, porque nos repiten que la deuda esta causada por los excesos (el vivir por encima de nuestras posibilidades) y es un pecado que debe redimirse. Se concibe la vida social como un abuso  que debemos purgar con ascética abnegación. Pero resulta sorprendente por el contrario que la escolástica tomista cristiana fuera contraria al cobro de interés en la deuda por ser esta "cobro de tiempo" y este ser propiedad de Dios y no de los hombres.

Como expone el ensayista Antonio Baños en su obra Posteconomía estamos quizás volviendo a un nuevo feudalismo donde aperece una nueva sociedad "deudal": una sociedad señorial donde no se requieren consumidores, sino deudores, y estos, cuanto menos movilidad jurídica y social tengan mucho mejor. Debemos actuar profesionalmente como individuos dentro de nuestro eslabón social con eficacia, consumiendo vía endeudamiento y eliminando toda libertad de acción. Con el servicio de la deuda (término financiero que significa el pago anual de deuda) servimos a los nuevos señores feudales que son nuestros acreedores (ya sean bancos, Estados, fondos de inversión...). La publicidad no trabaja para la libertad de elección sino para generar la necesidad de adhesión fabricando fanáticos por las marcas restando así autonomía a los individuos.

¿Se acabarán pagando entonces todas las deudas? Graeber nos dice que si tomamos una perspectiva histórica en la antigüedad mesopotánica,  los gobernantes se dieron cuenta de que racionalmente la única manera de prevenir la ruptura social completa, era el "borrón y cuenta nueva", cancelaban toda la deuda y comenzaban de nuevo. La primera palabra que significa "libertad" es la sumeria amargi que quiere decir libre de deudas y por extensión, libertad. La historia euroasiática oscila entre periodos dominados por el dinero crediticio virtual y los periodos dominados por la moneda material. En los periodos donde dominaba el dinero virtual (como el nuestro) ha habido protección social para los endeudados.

Una vez que se reconoce que el dinero es una construcción social, un crédito (tiempo) se debe  proteger lo social y evitar que los pobres caigan en la servidumbre por deudas y se vuelvan esclavos de los ricos de ahí el borrón y cuenta nueva mesopotámico, los jubileos bíblicos y las leyes medievales contra la usura en el Islam y la Cristiandad. Aunque en la actualidad lo que se ha hecho es, en lugar de crear instituciones para proteger a los endeudados, se han creado por el contrario enormes instituciones como el FMI o las agencias de rating para proteger a los acreedores, en algún momento tendrá que haber un reconocimiento de que en una fase de dinero virtual hay que poner en marcha salvaguardas para los endeudados. ¿Debemos pagar nuestras deudas? La historia esperanzadoramente nos enseña que cuando se camina endeudado por el filo del desastre lo social se impone a lo económico.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Cuánto es suficiente?: después de lo urgente lo necesario


¿Cuánto necesitamos para vivir?¿Cuándo debemos parar de acumular cosas? ¿Cuántas horas es necesario trabajar?¿Qué significa llevar una vida buena?. Estas son grandes preguntas que a pesar de la crisis que estamos viviendo, necesitamos en el fondo dar una respuesta reflexionada para poder salir de ella y orientar nuestra actividad futura.

El economista británico Robert Skidelsky (biógrafo por excelencia de Keynes) y su hijo el filósofo Edward Skidelsky han escrito conjuntamente un libro titulado "¿Cuánto es suficiente? que puede darnos claves para contestar a esas preguntas. Partiendo de la obra de su maestro Keynes "Posibilidades económicas para nuestros nietos" y su equivocado vaticinio realizado durante la gran depresión del siglo XX  en el cual pronosticaba que para el  2030 los países desarrollados tendrían lo "suficiente" para permitirse trabajar 15 horas semanales y así poder redefinir sus prioridades. Los autores analizan como el apetito insaciable por la acumulación material ha seguido alimentando al capitalismo hasta llegar hasta donde estamos ahora, lejos de ese pronóstico y en medio de una tormenta perfecta que parece no amainar.

Lo urgente ahora es salir de crisis por la vía del crecimiento para poder después imaginar lo necesario: la sociedad a diez o veinte años vista. Para estos autores, de clara influencia keynesiana, la única manera de volver a los niveles de empleo que existían antes de la recesión es aumentando la demanda, con un papel más activo del Estado y abandonando los programas de austeridad que están estrangulando todavía más la demanda para intentar pagar una deuda que destruye ahora la economía. Una vez trazadas la políticas a corto plazo para recuperar la actividad económica se debe tener una visión a largo plazo que incluya la visión de qué es llevar una buena vida.

El capitalismo ha sido capaz de progresar de forma incontestable en la creación de riqueza pero nos ha hecho por el contrario incapaces de dar a esa riqueza un uso civilizado. Los autores indican que el capitalismo no tiene una tendencia espontánea a convertirse en algo más noble: es una máquina que funciona sin un objetivo claro y sin fin posible. La codicia ha estado presente en todas las sociedades humanas: las personas empiezan con la idea de llegar a un nivel que consideran "suficiente" pero llegado a ese punto resultan que quieren más ya que forma parte del deseo humano de mejorar y de comparar nuestros logros con los demás. El consumo se convierte en el gran placebo del capitalismo y de aquí pasamos fácilmente a los excesos del hiperconsumismo y el sobretrabajo que son las dos caras de la misma moneda que nos han llevado a la situación actual, quedando las 15 horas de Keynes como otra utopía irrealizable.

El postcapitalismo que ahora vivimos ha generado una especie de matrix de caverna platónica especulativa, donde todo parece inevitable e indudable y, con la ayuda de la tecnología, vernos inmersos en una partida de cálculos de subidas y bajadas de valores donde lo único real es asumir riesgos que se pueden calcular y que al destruir el pasado, convierte el futuro en el argumento para justificar la presente carnicería. El mundo financiero no vive en el tiempo, vive su tiempo. Siempre es ahora. Se llega a la eternidad por la inmediatez. Los economistas financieros han mutado y superado la racionalidad para pasar de nuevo al animismo: intentan escrutar estocásticamente entre el caos de cifras, tendencias, gráficas, algún tipo de causalidad o simplemente señales. Se dedican a adquirir información y a convertirla en algo atroz y espantoso o venderla al mejor postor. Tener la capacidad visionaria para ver hacia donde van los mercados, la ambición, la ausencia de remordimientos de apostar contra quién sea (incluidos países civilizados) y el cálculo frío permanente es lo que les da esa posición privilegiada.

El PIB total del planeta es de 60 billones de dólares y se calcula que hay más de 700 billones de dólares en todo tipo de dinero. Hay diez veces más dinero que cosas que comprar. El dinero ya no sirve para comprar cosas en la tierra. Sirve para conformar una especie de cielo flotante cargado de dinero que existe solo en las redes de los mercados especulativos que se van reflejando (speculum en latín significa espejo) y multiplicando hasta el infinito en sus propias cifras y beneficios. Los mercados no tiene finalidad ni historia. Se alimentan a ellos mismos y nos hacen pagar el sacrificio que les corresponde (prima de riesgo) con la lógica de la codicia y la pulsión de muerte de un capitalismo que necesita destruir constantemente para poder crecer.

Cabe preguntarnos a estas alturas si ¿vivimos mejor?. Hemos multiplicado nuestros bienes materiales, pero trabajamos como media casi lo mismo que hace un siglo. Tenemos los bienes materiales suficientes para llevar una buena vida, pero nos hemos olvidado de lo que es: ¿cuánto es suficiente?. La buena vida, para los Skidelsky, a diferencia de la felicidad (algo privado y psicológico) se basa en un puñado de elementos básicos que el Estado debería promover: Salud, seguridad (física o económica), respeto, personalidad (libertad para actuar con autonomía), armonía con la naturaleza, amistad (lazos afectivos con los demás) y ocio. El debate actual cae en lo peor del relativismo donde el debate público no se ocupa de la buena vida sino de opciones de eficiencia.

Y nos encontramos ahora como dos personas que van camino de una ciudad y se pierden: "Siguen andando, con la única finalidad de mantener ventaja sobre el otro. Si no hay lugar correcto en el que estar, es mejor estar delante". Y ese es, según ellos, el germen de la crisis actual a combatir. Como ya decía sabiamente Epicuro: "Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco".


domingo, 16 de diciembre de 2012

El Minotauro y la crisis económica: orientando los excedentes





Se han ido realizando diferentes explicaciones que tratan de hacerse comprensibles sobre las causas y consecuencias de la actual crisis económica. Pero seguramente para hacérnoslas al menos más próximas están los relatos y hay que ser conscientes que la economía hasta su independencia como ciencia en el siglo XVIII fue una parte sustantiva de las Humanidades. Una separación que quizás nunca debería haberse dado ya que al dejar de ser el Ser Humano el nucleo central, hemos acabado  rindiendo culto a una serie de abstracciones técnicas (mercados, déficit, deuda, prima de riesgo, etc.) que han llevado al sufrimiento a una gran parte de nuestra población.


El economista griego Yanis Varoufakis en su obra El minotauro global reune la mitología griega y el análisis económico para dar una magnífica explicación global a la crisis actual: según el mito, el minotauro de Creta, cuando la isla era el poder económico de la región, recibía cada año siete muchachos y siete doncellas de Atenas para alimentar a la criatura y confirmar el sometimiento a la Pax Cretense. Eso acabó cuando Teseo, hijo del rey de Atenas, mató al Minotauro abriendo una nueva era. El crac económico se produjo cuando una bestia que llama el Minotauro global fue gravemente herida. Un minotauro que, mientras dominaba el planeta (Pax Americana), tenía un puño de hierro implacable y mantuvo la economía global en un equilibrado desequilibrio.

Al generar unos enormes déficits por la guerra del Vietnam y la Gran sociedad de Johnson, EEUU inundó el mundo de dólares que no estaban apoyados por el oro que tenía. Al salir en 1971 del sistema patrón oro (que implicaba que los dólares que emitía eran convertibles en oro) se dejo de reducir los déficits gemelos crecidos a finales de los 60, uno presupuestario y otro comercial, aumentándolos generosa e intencionalmente por el contrario.

Y ¿quién pagaba esos déficits? ¡El resto del mundo!.Esos déficits gemelos aspiraban los excedentes de producción y capitales de otros países, creando una suerte de equilibrio global (minotauro global de la época de Pax Americana) en el que las principales economías excedentarias del mundo (Alemania, Japón y ahora China) siguieron produciendo bienes en masa que los estadounidenses devoraban. Y la mayoría de los beneficios obtenidos por estos países se transferían en forma de flujos a Wall Street, que los transformaba en créditos  a los consumidores, inversión directa en corporaciones extranjeras y en comprar Letras del Tesoro de EEUU para financiarlo.

Aparecen entonces como subproductos de los masivos flujos de capital necesarios para alimentar los dos déficits de EEUU el aumento de la financiarización (hipotecas basuras), el triunfo de la codicia, el repliegue de los organismos reguladores y la dominación del modelo de crecimiento anglosajón basado en el endeudamiento. Un flujo de tributos de la periferia al corazón imperial con el que se reciclaban los excedentes globales de producción y de capital hasta la herida fatal del derrumbe espontáneo del sistema bancario en el 2008.

Teseo ha llegado ya a nuestra economía global y tenemos a nuestro Minotauro gravemente herido en sus últimos estertores. Se plantea ahora la necesidad de un nuevo mecanismo global de reciclaje de excedentes. Un sistema equilibrado de verdad  con nuevos valores que nos oriente hacía una unión monetaria internacional, que fomente la demanda interna de todos los países implicados, la productividad  y la inversión en proyectos no especulativos que desarrollen la calidad de vida mundial. Al igual que Teseo necesitamos nuestra Ariadna que nos guíe con los hilos de su ovillo hacia la salida de este laberinto en el que hemos estado viviendo.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Resistir por la belleza del gesto



Cuando los tiempos se hacen difíciles, duros, empobrecedores, correosos o líquidos es cuando más nos planteamos hacia dónde va realmente el desarrollo y que significa en el fondo el tan buscado ideal de progreso. ¿Es esto lo que estábamos buscando con todos nuestros dedicados esfuerzos diarios? La tan pretendida perfectibilidad del hombre queda cuando menos en entredicho ante determinadas actuaciones especulativas o inmorales que nuestros medios de comunicación radian como voceros privilegiados de una sociedad que ahora solo nos produce una profunda sensación de desasosiego, un extrañamiento y el debilitamiento vital que el miedo al poder provoca cuando perdemos la sensación de control sobre nuestra propia vida.

Debemos quizás ser conscientes que vivimos en una sociedad donde se ha estado produciendo una constante debilitación del sujeto: cuando antes percibíamos personas, objetos, acontecimientos, hechos ahora percibimos cada vez más experiencias o vivencias que nos relacionan con esas cosas que otros volatilizan a su antojo. Esto es algo que saben los más avezados gurus de la postmodernidad: los especialistas en marketing que en su terreno natural del consumo nos colonizan con packagings vendiendo no ya productos, sino productos elegidos en el seno de experiencias o incluso experiencias a secas. El marketing experiencial en el cual se diseñan productos, olores, sensaciones o espacios de manera que artificialmente se ofrezcan buenas experiencias al consumidor, es una de las actividades más recientes y florecientes de nuestra economía.

La consecuencia de todo esto es que nos enfrentamos ante un sujeto débil que sumergido en experiencias ya no se distingue a sí mismo, se deja llevar y encuentra el placer buscado sin desplegar esfuerzos, viviendo sin más la experiencia, entregándose sin resistencia a las vivencias que esta engendra. El sujeto queda en manos de otros que fabrican a su voluntad interpretaciones de realidades a los que solo algunos pueden acceder y de las que después pueden excluirnos a su antojo utilizando las cíclicas crisis que el sistema padece. En la raíz, como decía ya el filósofo Rousseau, esta la desigualdad entre los hombres como embrión de todos los males. Aquí radica entonces lo que necesitamos combatir

¿Qué nos queda entonces ante una sociedad que nos debilita? Nos queda sin duda nuestra voluntad y reflexión. Nuestro carácter (ethos) como fortaleza interna encontrado en él la forma de continuar hacia adelante. La única verdadera salud y riqueza del hombre es su vocación: su voluntad  sin miedos de perfeccionarse a él mismo y a su sociedad en su lucha diaria . Walter Benjamin decía que la felicidad es percibirse a uno mismo sin miedo.

Y ¿por qué continuar luchando y resistiendo? Por la belleza del gesto. Wittgenstein ya sabiamente nos dijo que ética y estética son lo mismo: cualquiera que sean las circunstancias, está en nosotros el carácter con el que desplegar nuestra condición humana. El simple gesto de levantarnos cada día a intentar, desde nuestras posibilidades, hacer de este un mundo más habitable encierra toda la belleza  que da dignidad a lo humano.


domingo, 2 de diciembre de 2012

El materialismo: la naturaleza de las cosas


Hay tiempos en que se hace necesario ser radicales y como indica la propia palabra ir a la raíz  y buscar los límites de lo que nos rodea: tomarnos una pausa, focalizar nuestra mirada y hacer una reducción para captar la esencia de las cosas y ver en ellas lo que íntimamente las conforma para reflexionar sobre la importancia que ello tiene para nosotros y de esta comprensión interiorizar unas pautas de actuación. En este sentido hay corrientes del pensamiento como el materialismo que a pesar de haber sido denostadas deben formar parte de cualquier análisis serio de la realidad como una forma plausible de explicación de la misma y que tiene una fuerte influencia no sólo en la forma en como entendemos las cosas sino también en como nos comportamos.

El materialismo es una doctrina según la cual no existe otra sustancia que la materia. Se opone al espiritualismo, que postula que el espíritu constituye la sustancia de toda realidad. El materialismo rechaza la existencia del alma, el más allá y Dios. El pensamiento lo considera un dato secundario, ya sea porque lo reduce a hechos puramente materiales o porque niega su realidad al considerarlo una reacción fisico-química en el cerebro (epifenómenos) y una simple prolongación del conocimiento de la naturaleza. Responde una cuestión fundamental de qué es primero: el pensamiento o la materia dando absoluta preeminencia al mundo material que precederá siempre al pensamiento.

Podemos comprender el materialismo como una forma científica y racional de entender la realidad al abogar por una visión del mundo en la que todo lo existente es materia-energía física que sigue sus correspondientes leyes naturales y excluyendo cualquier otro ente no material o espiritual. No debemos confundirlo con la etiqueta peyorativa que utilizamos para aquel que busca un estilo de vida donde la riqueza, el dinero y las comodidades son su razón de ser y que deberíamos denominar más bien como consumismo.

La reciente novela  ganadora del Pulitzer  El giro de Stephen Greenblatt narra el descubrimiento en el siglo XV de un poema filosófico denominado De rerum Natura (Sobre la naturaleza de las cosas) del autor romano Lucrecio el cual pasa por ser uno de los mayores esfuerzos de un ser humano destinado a la comprensión de la realidad, del mundo y lo humano. Se retoma en ella la física atomista y materialista de Demócrito y la filosofía moral de Epicuro (que propugna la búsqueda de una vida buena y feliz a través de la administración inteligente de los placeres y dolores, la ausencia de la turbación (ataraxia) y los vínculos de amistad) lo cual es de importancia vital para la construcción de la modernidad. Causa una gran sensación en el Renacimiento que partía del encorsetado pensamiento escolástico medieval, ejerciendo una notable influencia sobre pensadores y científicos como Erasmo, Montaigne, Giordano Bruno, Galileo o Newton que cambiaron sin duda nuestra forma de entender el mundo.

Y a pesar de que puede parecernos lo contrario la visión materialista puede ayudarnos en la forma en que nos confrontamos a esta realidad que nos ha tocado vivir: ofrece una sensación de liberación con una visión racional del mundo y la capacidad de mirar de frente lo que puede parecernos más amenzador: las construcciones espirituales a veces artificiales e interesadas que otros hacen por nosotros de lo que debemos Ser o conseguir, para al confirmar que el mundo es únicamente la naturaleza y que la naturaleza está compuesta solo de materia ser la guía más segura para comprender las cosas y modelar el Yo a fin de que viva la vida con placer y se enfrente a la muerte con dignidad. Como decía el filósofo francés Deleuze debemos liberar nuestra vida del lenguaje del Ser, de los juicios trascendentes y la moral externa. La lógica de la vida no es una lógica del Ser (alguien) sino la del devenir en nuestra particular experiencia material. Lo viviente es pues un devenir, no un Ser. Nos toca solo ser libres en este devenir material en el que vivimos.



miércoles, 21 de noviembre de 2012

Acto de Fe: la sustancia de las cosas esperadas


Solemos focalizar nuestro pensamiento en el futuro. De aquí surgen los mejores propósitos que se materializan en acciones que planificamos en detalle pero a su vez esta voluntad proyectada más allá de las vivencias actuales es fuente de dudas, preocupaciones y ansiedades dado la difícil predicibilidad de la consecución de los resultados que deseamos. Lo importante quizás hasta ahora ha sido que siempre nuestro sistema nos ofrecía una posibilidad de futuro deseable por el que valía la pena esforzarse. Un futuro que con los críticos acontecimientos que vivimos queda cuestionado sino esta siendo en el fondo desmantelado a marchas forzadas.

Y para que haya futuro antes tiene que haber Fe: un acto de Fe en las posibilidades de la vida. La Fe es sustancia de las cosas esperadas, es el crédito (Fe o pistis en griego significa crédito) que nos dan y nos damos para pensar que vamos a tener un futuro (y que este debe ser mejor). Un concepto el de Fe que ya el antiguo cristianismo utiliza para pedir los mayores sacrificios terrenales para prometernos ganar una eternidad futura dichosa. Fe, crédito, esperanza en el futuro y redención han movido el mundo Occidental desde tiempos inmemoriales.

Con la fase actual de desarrollo del capitalismo ya poca gente habla de futuro: en el deseo de aferrarse a un poder que se desvanece surge la pregunta de qué más se puede comprar cuando nuestro sistema se ha apropiado del futuro propio y ajeno. En el  capitalismo, como el cristianismo, existe un pecado original denominado crematística, un término de raíz griega que invoca el lado oscuro de la economía: la especulación, la mera acumulación de riqueza, la apropiación desaforada de los recursos que desenboca en la exclusión y condena a la inanidad a una gran parte de la población. El consumo da forma de culto al capital y tiende a denegar cualquier realidad externa apropiándose del futuro propio y de aquellos que nos rodean.

Dicen que el dinero ha perdido sus cualidades narrativas: ya no habla de otra cosa sino sólo de si mismo. De acumulación, especulación o desaforado malgasto. El dinero es la única forma de generar tiempo actualmente y ha hecho que dejemos de pensar en la eternidad o en construir a largo plazo. El sistema mediante los bancos juega sin escrúpulos con el crédito, o lo que es lo mismo, secuestran nuestra Fe y destino particular, nuestro futuro. Con la abdicación de funciones del Estado, las agencias de calificación, las primas de riesgo, los índices de confianza son contadores de Fe (de la mala Fe) y han tomado la soberanía para disponer de nuestro futuro y de nuestra redención como individuos. La masa ya no es una amenaza para el Yo sino que el Yo absoluto del capital se ha convertido en un peligro para nuestra propia individualidad, en un sistema como el capitalismo para el que las crisis lejos de debilitarlo, las utiliza para destruir y crearse de nuevo con más fuerza.

Puede haber un fuerte componente ideológico en la crisis actual que nos aleja de interesadas explicaciones técnicas: la creciente desigualdad de rentas que aparece con las políticas de corte radical liberal en los ochenta y que posteriormente intenta mantener artificialmente la demanda de parte de la población excluida mediante el crédito (o las denominadas hipotecas basura), acaba por explotar en una realidad donde de nuevo el capital mal repartido y acumulado en pocas manos  y los bancos se convierten en exclusivos detentores de un crédito hecho de la sustancia de nuestro futuro y deseos. Pero nos queda quizás lo más importante: no vender a crédito nuestra esperanza de algo tan humano como el poder de reinventarnos  con la sustancia de las cosas esperadas y  redimir un sistema que necesita sin duda de una mirada más humana.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Creando capacidades como forma de desarrollo humano


Uno de los grandes temas de lo humano es la fragilidad que nos constituye como esencia. Desde la perspectiva más amplia de las Ciencias Sociales en nuestro vivir en sociedad como parte integrante de un sistema, estamos expuestos a la vulnerabilidad de las circunstancias que pueden sernos desfavorables en algunos periodos de nuestra vida. Es legítimo pensar que como sociedad hemos de poder dar una respuesta eficaz y reconfortante a  las personas que sufren circunstancias adversas porque en ello nos va lo que realmente nos da valor como seres humanos: nuestros ideales. Y la justicia social es sin duda uno de los más dignos.

Como expone la filósofa norteamericana Martha C. Nussbaum en su reciente obra "Crear capacidades" sabemos que en democracia los mecanismos mediante los que se articula una respuesta social a un desafío residen en la acción política: ya desde el pensamiento ético y político de Aristóteles se creía que los planificadores políticos tenían que entender qué necesitan los seres humanos para llevar una vida próspera. Su ética estaba pensada como guía para futuros políticos que podrían ver así cuál es el objetivo al que deberían aspirar con sus decisiones. Y no recomendaba que obligaran a sus ciudadanos a realizar una serie de actividades supuestamente deseables. Los animaba a que produjeran capacidades u oportunidades para sus gobernados.

Afirmaba que la búsqueda de riqueza no es un objetivo general apropiado para una sociedad digna y aceptable porque no es más que un medio y degrada y deforma la acción política. Un plan político tiene que fomentar un conjunto de bienes diversos e inconmensurables que supongan el despliegue y desarrollo de unas aptitudes humanas diferenciadas. Además, deberá aspirar a promover esos bienes no sólo en aras de una cifra agregada global, sino por todas y cada uno de los ciudadanos. Aristóteles comprendía bien la vulnerabilidad humana y era consciente que el Estado está obligado a abordar cuestiones que compensarán esta debilidad humana esencial.

Y  el pensamiento clásico también nos enseña con el estoicismo que todo ser humano, por el simple hecho de serlo, es poseedor de dignidad y merecedor de reverencia dado que tenemos la capacidad para percibir distinciones éticas y formular juicios éticos. Esta idea de igualdad de respeto para la humanidad en general es uno de los elementos fundamentales de la llamada "ley natural", la ley moral que debe guiarnos. Así pues, dignidad humana y desarrollo de capacidades deberían ser la guía de la acción política ya fijados desde la antigüedad.

Debemos ser conscientes que durante muchos años, el modelo reinante en la economía del desarrollo medía el progreso de un país fijándose únicamente en su crecimiento cuantitativo que reflejaba su PIB por cápita. Consideramos el desarrollo como algo deseable y como concepto normativo: significa que las cosas están mejorando con la suposición implícita de que el PIB medio por habitante se tomaba como indicador de la calidad de vida de un país. La política económica estaba pues enfocada al crecimiento de la riqueza midiendo la calidad de vida en términos estrictamente monetarios de renta y riqueza. Un enfoque apropiativo alejado del humanismo clásico y una acción política limitante que explica en cierta medida  la situación de crisis actual.

La propuesta de Nussbaum y del Premio Nobel  de economía Amartya Sen, es introducir de nuevo el enfoque de las capacidades de la filosofía moral en la economía del desarrollo como forma normativa de acción ética con criterios de justicia y desarrollo humano global y no sólo económico (las Humanidades de nuevo al rescate de lo económico). Las capacidades son la respuesta a: ¿Qué es capaz de hacer y de ser esta persona?. Sen las llama "libertades sustanciales", un conjunto de oportunidades para elegir y actuar, viene a ser una especie de libertad sustantiva de alcanzar combinaciones alternativas de funcionamientos. No son simples habilidades o facultades personales sino una combinación entre libertades y oportunidades que un entorno social y económico proporcionan. 

Nussbaum relaciona las capacidades centrales  que hacen que una vida sea digna de ser vivida y que debe perseguir toda acción política:
  • Duración normal de la vida, 
  • Salud física, 
  • Integridad física y seguridad,
  • Capacidad de poder usar los sentidos la imaginación y el pensamiento, 
  • Sentir emociones y poder expresarlas, 
  • Razón práctica como forma de poder planificar reflexivamente qué vida llevar,
  • Afiliación e interacción social en grupos elegidos libremente,
  • Relación respetuosa con otras especies y el mundo natural,
  • Poder reir, jugar y disfrutar de actividades recreativas,
  • Control sobre el propio entorno: político con la participación democrática y material con la propiedad y derecho al trabajo en plano de igualdad.

A nosotros a nivel personal todo esto quizás nos debería servir para ampliar nuestro enfoque y reflexionar hasta que punto hemos basado nuestra medición del progreso en la vida en el simple bienestar y desarrollo económico material  de renta y riqueza sin tener en consideración otras capacidades que se nos ofrecen. Reenfocar nuestra acción a lo que realmente marca la calidad de vida con el desarrollo global de las capacidades humanas nos hará  progresar de verdad y a su vez menos vulnerables ante circunstancias adversas.