domingo, 3 de marzo de 2013

Explorando nuestra contemporaneidad: el Postmodernismo



Inmersos en nuestra cotidianidad  vivimos casi como autómatas. Nos es difícil quizás hacer un alto en el camino para intentar pensar reflexivamente si lo que hacemos lo llevamos a cabo por voluntad propia o simplemente nos dejamos llevar por una marea de sobrentendidos, objetivos y actividades que a base de parecer que todo el mundo acepta, nos arrastran hasta ocupar toda nuestra experiencia vital en un conformismo que resulta muchas veces paralizante y angustioso.

Necesitamos seguramente volver a ser exploradores de nuestra contemporaneidad: tratar lo que nos rodea como una nueva tierra ignota y desconocida para en la admiración y curiosidad que toda novedad nos trae,  ganar una nueva perspectiva que nos ayude a  ver que hay detrás del tiempo que nos ha tocado vivir  y conquistar así con nuestra mirada lo importante y de este modo elegir lo que realmente queremos ser en el futuro para vivir con consciente plenitud. 

En esa conquista y nueva forma de hacer habitable el mundo tener una perspectiva amplia, macro y multidisciplinar puede sernos  de gran ayuda, algo que la macrofilosofía  nos ofrece. A nuestra contemporaneidad, a los tiempos que vivimos, la macrofilosofía los denomina como postmodernos.  

¿Y que caracteriza la postmodernidad? Sin duda algunas cuestiones que nos resultan muy familiares:

  • En primer lugar, la pérdida del sentido: se han deslegitimado muchos de los discursos religiosos, morales o políticos que conformaban la modernidad. Ha existido una voluntad disolutiva en la cual la descreencia ha sido la consecuencia fundamental. El saber ya no es principalmente narrativo: no es sistemático, ni coherente ni explica o da un sentido global a nada, más allá de referenciarse a si mismo. La fragmentación, los impactos publicitarios, la inmediatez, la precariedad laboral, la fulgurante sucesión de acontecimientos y experiencias hacen que hayamos perdido cualquier previsibilidad en lo que nos va ocurrir y ha hecho imposible el dar un sentido personal a nuestra trayectoria vital. Hemos caído en un nihilismo en el que "todo vale, porque nada vale".
  • Hemos abandonado lo social y nos hemos individualizado: lejos de la modernidad donde la rebelión social y el disentimiento eran parte fundamental, hemos cambiado de actitudes en una consciente ceguera hacia lo político y lo colectivo. Se ha apoderado de nosotros un pensamiento débil que niega cualquier posibilidad de ideal o utopía por ser sospechosas de totalitarismo. A cambio la apatía, la deserción, la soledad  y la búsqueda del bienestar egoísta e individualista se han impuesto al principio de convicción y progreso social con el que se intentaban llevar a término anteriormente las cosas. Es el fin de los grandes relatos.
  • Privilegiamos la estética por encima de la ética y de la verdad: la estética lo domina todo: la publicidad, nuestras relaciones, los discursos. La belleza ha adquirido valor por sí misma, imponiéndose a la verdad y el bien. Hemos pasado de la cultura de la realidad a la cultura del espectáculo y el  simulacro. Creamos individuos narcisistas donde el principio de seducción domine dentro de una nueva edad que podemos calificar como vacía y banal en sus pretensiones.

¿Cómo podemos entonces conquistar de nuevo la habitabilidad de nuestra época? Sabiendo que las nuevas miradas y perspectivas que podemos ofrecer en esta parada exploratoria al conformarse en nuevas ideas, cultura y palabras tienen por naturaleza un importante efecto performativo: tienden a realizarse, a hacer reales, a crear formas de sociedad efectivas y diferentes. 

Quizás también necesitemos volver la vista atrás y ante tanto espectáculo exterior y banalidad refugiarnos en un neoromanticismo que nos recuerde que la gente tiene una vida interior: la vida no son los últimos gadgets electrónicos o el consumismo, sino la conciencia de uno mismo, eso es lo que le da valor, lo que hace a cada uno insustituible y lo que consigue que merezca ser vivida. Hemos de pasar de la metafísica de las ideas a la metafísica de la vida: el sentido esta en la manera en que nos preguntamos quiénes somos, qué nos pasa, de qué va todo esto. Seamos pues conscientes exploradores de la Ontología de este en el fondo fascinante presente.


domingo, 24 de febrero de 2013

La sabiduría del amor: aprendiendo a amar pensando


¿Cómo he de vivir? ¿Qué puede ayudarnos a llevar una mejor vida? Todos experimentamos que a veces la vida se nos hace tan difícil que tenemos necesidad de utilizar nuestra inteligencia para vivir un poco mejor. En el esfuerzo de pensar subyace el intento de pensar mejor para vivir mejor. Y por eso tenemos la necesidad de filosofar. El amor a la sabiduría (la filosofía) consisten en el fondo en intentar vivir de manera un poco menos estúpida, un poco más inteligente, para ser más felices.

Como expone el filósofo francés André Comte-Sponville, quizás todos somos infelices porque le pedimos a la vida cosas que no puede proporcionarnos. Si la filosofía nos enseña algo es que, si la vida no se corresponde con nuestras esperanzas, no es por culpa de la vida, sino de lo infundado de nuestras expectativas. La filosofía nos enseña a esperar un poco menos y a actuar, y a amar, un poco más. Porque, en el fondo, la esencia del hombre es el deseo.

Y una de las grandes formas del deseo es sin duda el amor: es un deseo que dirige a lo que existe, a lo real. Y seguramente todos necesitemos aprender a amar pensando: Comte-Sponville explica que se pueden distinguir entre tres tipos de amor, que se designan con los tres nombres griegos que los antiguos dieron a estos tres amores: eros, la pasión amorosa; philia, la alegría de amar, que normalmente se traduce por amistad y finalmente agape, el amor de caridad o amor al prójimo.

La pasión amorosa, eros, es el amor según Platón: el amor es deseo y el deseo es lo que falta. Estar enamorado significa descubrir que alguien nos falta terriblemente. Y se intenta seducirla. Eso puede suceder o no. Si no sucede, la falta continúa y aparece el "mal de amores". Si se consigue seducir, vendrá la vida en pareja, el compartir, tener hijos y la persona que faltaba, ya no falta, con lo que con la vida en pareja suele acabar la pasión amorosa.

Pero puede aparecer entonces otra forma de amar: ya no será eros, sino philia, amistad.Ya no es el amor según Platón, es el amor según Aristóteles: "Amar es alegrarse". No es el amor como falta, sino amor como alegría. La que nos hace feliz es la existencia gozosa. No se trata de menos amor, sino de más: amar no es echar en falta a alguien, amar es alegrarse por la existencia del otro, por la presencia del otro. Es fácil amar lo que a uno le falta, pero alegrarse porque otro existe, es mucho más difícil. La principal causa de la alegría de la vida, es la existencia de tu pareja. No hay mayor declaración de amor. Un sentimiento que no se vive desde la falta, sino desde la alegría y el goce.


Y debemos también lúcidamente considerar que aunque intentemos guiarnos por el pensamiento, la vida en el fondo es más preciosa que la sabiduría, que lo que da sabor a la vida no es la serenidad, sino el amor. Y el amor, nos hará sufrir, como seres mortales y frágiles que somos. La  máxima que nos puede ayudar: esperar un poco menos, actuar y amar un poco más.




domingo, 17 de febrero de 2013

El placer de existir: el Hedonismo




Somos lanzados a la existencia, a la materialidad del mundo. En ese afán diario de habitar nuestro territorio a todos nos toca la construcción de uno mismo, de nuestra subjetividad, estilo e identidad. Somos conscientes que partimos sin duda de unas bases materiales que son nuestro cuerpo y el entorno que nos rodea. Somos en el fondo íntimamente materialistas dado que la naturaleza que nos constituye lo es.

Pero paradójicamente el denominado materialismo ha tenido muy mala prensa desde el comienzo de la tradición filosófica. Como expone el filósofo francés Michel Onfray en su obra "La fuerza de existir. Manifiesto hedonista" ya desde Platón todo lo que encarna lo sensible es una ficción. Su pensamiento se basa en el rechazo de la materialidad del mundo primando un apriorismo que encumbra la Idea platónica y la persecución de ese mundo ideal externo a nuestra realidad la cual se considera como una mera distracción de ese ideal a seguir. Esta historiografía idealista se refuerza con el pensamiento cristiano y su ideal ascético y  posteriormente con el Idealismo alemán. Se rechaza todo lo relacionado con nuestra corporalidad como vía de conocimiento y construcción personal tratándolo de pecaminoso, inmoral o egoísta.

Durante siglos se denigra una forma de pensamiento como el hedonismo que vive en el materialismo frente al idealismo, que propone un ideal hedonista frente al ideal ascético, que descubre la inmanencia de este mundo frente a una prometida trascendencia en otros pretendidos mundos y que frente al odio de sí (de lo corporal) aventura la escritura del yo y su construcción y el potencial liberador del placer desde la corporalidad que nos constituye. El hedonismo pretende una perspectiva existencial con una meta utilitarista y pragmática. El imperativo categórico hedonista sería: “goza y haz gozar, sin hacer daño a nadie ni a ti mismo: ésa es la moral”.


Onfray sigue explicándonos que es necesaria un Contrahistoria de la filosofía frente a la dominación idealista del pensamiento, que valorice en su justa medida corrientes como los epicúreos: que partiendo de la evidencia de lo que sólo existe es lo real, la materia, la vida, lo vivo, prefieren las modestas proposiciones filosóficas causales y viables a las construcciones conceptuales sublimes pero inservibles propias de los idealismos en que aún vivimos.

Frente una moral basada en la “pulsión de la muerte”, la negación de la vida, el miedo y la creencia comunitarias en quimeras o trascendencias oponen el deber ético de la construcción personal del Yo: la "pulsión de la vida", la inmanencia y el querer la felicidad en la tierra. Rechazan el dolor y el sufrimiento como vías de acceso al conocimiento y a la redención personal. Disminuyen los Dioses, los temores y las angustias y se procuran el placer, la felicidad, la utilidad compartida, la unión alegre. Dominar las pasiones y las pulsiones, los deseos y las emociones y no extirparlos brutalmente de sí. ¿Cuál es la aspiración del proyecto de Epicuro? El puro placer de existir.

Estas corrientes de pensamiento como el hedonismo adquieren pues la importancia que deben merecer ya que no debemos olvidar que como dice Onfray: en el fondo filosofar es hacer viable y vivible la propia existencia allí donde nada es dado y todo deber ser construido. Y no debemos renunciar a nada: cualquiera de nuestras palabras, sensaciones, acciones y pensamientos quedan recogidos en un tejido maravilloso y ancho unido por un invisible hilo que da sentido a la vida sea cual sea su desarrollo. Ninguna existencia ha sido demasiado pequeña y el más pequeño acontecer se despliega como un sentido en ese puro placer de existir que todos tenemos la fortuna de experimentar.




domingo, 10 de febrero de 2013

Macrofilosofía del capitalismo: buscando nuevas coordenadas

En los tiempos que vivimos actualmente donde multitud de diversos acontecimientos ocurren simultáneamente nos vemos muchas veces sobrepasados al intentar comprender el significado y el alcance de los mismos. El conocimiento se ha parcelizado de tal forma que nos hemos convertido en meros superespecialistas de alguna materia dejándonos por el camino la posibilidad de comprender muchas cosas y de forma global la esencia de lo humano. Necesitamos sin duda nuevas y grandes coordenadas para divisar un mundo como el nuestro tan diverso y cambiante.

El profesor de filosofía Gonçal Mayos recoge esa necesidad de un pensamiento multidisciplinar que aglutine todos los saberes en su concepto de Macrofilosofía: frente a la actual perspectiva del saber científico que a pesar de tener un gran poder explicativo solo se ejerce como suma de yuxtaposiciones sin dar una imagen global, la macrofilosofía (al igual que la macroeconomía frente la microeconomía) sería un saber que recompondría el todo contra el, en ocasiones, pensamiento reductivo científico. Tendría una perspectiva transversal, multidimensional, multidisciplinar y holística por vocación. Es el estudio de los procesos, estructuras y sistemas sociales, económicos de largo alcance significativo y temporal (industrialización, revolución...). También grandes conceptos agregados significativos (mentalidades sociales, grandes líneas culturales, ideas fuerza,...)

¿Por qué necesitamos la macrofilosofía? Como expone Mayos: Porque no somos griegos. Confundidos por bosques de imágenes, impactos, noticias o simultaneidades fragmentadas, no vivimos en una época como la griega preocupados por el conjunto de la condición humana sino que simplemente tratamos de sobrevivir en nuestra pequeña parcela de actuación. Todo el saber remite a una realidad y a una sola Humanidad que compone el saber (episteme griega). Nos encontramos como seres humanos lanzados a la existencia y es ante esta situación vital cuando debemos buscar nuestra condición. Esto supone una búsqueda para encontrar la esencia y dar cuenta de todo lo que conforma lo humano.

En Grecia la episteme (y la filosofía) era un saber omnicomprensivo al servicio del conjunto del conocimiento. Una visión global del saber que expulsó por un lado a otros saberes, como la poesía y  la mitología  y por otro a otros no-saberes, dignos de esclavos, como la doxa (mera opinión) y el pragmatismo o techne. Con la macrofilosofía se pretende recuperar lo que era la filosofía para un griego en una época que no es griega. Todo nuestro saber debe ponerse en relación a cómo contestamos a la pregunta kantiana de ¿qué es el hombre?: ¿Qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?¿qué debo esperar?. Detrás de la aventura del conocimiento radica en el fondo la búsqueda del sentido de lo humano. Algo que la macrofilosofía sin duda persigue contestar.

¿Qué aplicación práctica tiene la macrofilosofía? Puede ayudarnos por ejemplo a entender de forma multidisciplinar cual es la lógica de la fase actual del capitalismo que vivimos:
  • Empezando con el filósofo  Zizek y comprender que nos encontramos en la fase apocalíptica del capitalismo, el cual se ha convertido en una forma de religión donde la gente arriesga su vida para el desarrollo de la producción, de que el beneficio crezca y el capital circule subordinando totalmente a esto su felicidad. Y que estamos, aunque no lo parezca, en una época profundamente ideológica marcada aún por la desigualdad y la sociedad de clases, donde vivimos en una "ilusión democrática" que nos impide actuar y en la cual el Estado se convierte en un instrumento de la clase dominante.
  • Continuando con Richard Sennett y entender como los nuevos métodos de gestión del capitalismo (precariedad, cambio, incertidumbre) chocan con lo que conforma desde siempre nuestro carácter (lealtad, compromiso, solidez) corroyéndo ese carácter en el que nos han educado y provocando esa angustia e inestabilidad que todos podemos sentir en nuestro desarrollo profesional.
  • Siguiendo con Ulrich Beck y su sociedad del riesgo donde vemos que cada vez más los riesgos sociales, económicos o industriales tienden a escapar del control y protección de las instituciones que nos daban protección hasta el momento. Los riesgos se hacen incalculables, incontrolables por nuestros instituciones políticas e imprevisibles (como las crisis económicas). Esta incertidumbre afecta sin duda a nuestra construcción de la identidad personal desvinculándonos de las forma tradicionales de socialización (familia, trabajo,...) y tendiendo a  procesos de individualización extremos en una sociedad precaria.
  • Para finalizar con Zygman Bauman y su modernidad líquida donde la metáfora de la líquidez: en la cual los lazos entre las partículas son muy débiles, muestra un tiempo sin certezas con un carácter transitorio y volátil de las relaciones. La obligación de ser libres asumiendo miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta o la cultura laboral de la flexibilidad que arruina toda previsión de futuro.
En la aventura del conocimiento y en nuestra búsqueda individual de cual es nuestra esencia y sentido como humanos, la macrofilosofía y la perspectiva multidisciplinar puede sernos de gran ayuda en ampliar las coordenadas con las que divisamos el mundo y  también pueden "empoderarnos" como ciudadanos para actuar con convicción y criterio. Quizás no deberíamos nunca olvidar la frase de Terencio: "Hombre soy; nada de lo humano me es ajeno"


martes, 29 de enero de 2013

El Arte: produciendo lo verdadero en nuestra vida

Anclados en nuestra mentalidad analítica e instrumental que nos da una falsa seguridad en la comprensión del mundo, tendemos a veces a denostar cualquier manifestación artística o estética descalificándola como algo lleno de demasiada imaginación, demasiadas pasiones  o demasiados deseos vanos. Vivimos en nuestra denominada zona de confort que esta compuesta de los hábitos, rutinas y creencias personales. Un lugar donde nos sentimos cómodos y que pretendemos preservar no únicamente de intromisiones sino también de posibles cambios, deseos o nuevas ideas que puedan a priori desestabilizarnos buscando una seguridad que al final nos limita.

Pero en el fondo nada más lejos quizás de la intencionalidad del arte: en la construcción de nuestra subjetividad, de nosotros mismos, en nuestra autopoésis, el arte y la estética forman una parte fundamental como elemento de apertura simbólica a nuevas experiencias y posibles caminos a explorar que de otro modo no se mostrarían a nosotros, agazapados como a veces estamos en nuestra zona de confort. Renunciar a la estética y al Arte en todas sus manifestaciones (pictóricas, literarias, arquitectónicas, cinematográficas, fotográficas, musicales...) es renunciar a una nueva zona de aprendizaje, a ampliar nuestros territorios y a la calidad en la forma en la que habitamos el mundo.


Con el Arte, como decía Platón, existe obviamente el riesgo de generar ilusiones que nos hagan tomar por real lo que no es más que apariencia (algo de gran actualidad  a lo que desafortunadamente nos tiene acostumbrados nuestra programación televisiva...). Pero proteger la imaginación nos permite plantear alternativas y mantener vivos los sentimientos y la posibilidad de construir un mundo mejor.

Podemos entender el Arte como una resistencia a la aridez con la que a veces nos golpea la realidad y también como una visión utópica de construcción de ese mundo mejor. Pero tienen cabida asimismo visiones realistas: donde la finalidad del arte sea reconstruir el universo según las mismas leyes y penetrando en ellas buscar el impacto de la unidad y la armonía de la creación, en ese placer innegable que experimenta el hombre ante su propia imagen como forma de perfección de esa creación. Nietzsche consideraba el arte de la tragedia  como la expresión de la condición humana que implicaba algo tan humano como la desmesura (y locura) con la que a veces actuamos, el éxtasis y el sufrimiento. El arte no debe ser una mera evasión de la realidad sino que debe magnificar el poder de la vida.

Y si nos preguntamos: ¿cómo saber cuanto hay de verdadero en nosotros mismos? ¿qué buscamos realmente? Ante el imperativo ético de realizar cada uno su verdadera  humana conditio (llega a ser lo que eres) sigue una reflexión, un silencio ético. Y entre que respuesta dar (lingüística) en forma de praxis o actuación humana se produce un hiato, un decalaje. El arte es la forma de dar salida a ese silencio ético, mostrando la verdad subyacente a la realidad a través de la revelación de conductas (buenas/malas). Como decía Aristóteles es la facultad de producir lo verdadero reflexionando, elevando intelectual y moralmente nuestra vida.

Tenemos  afortunadamente pues en nuestras manos algo tan necesario e íntimamente humano como construir nuestros propios territorios para habitarlos con convicción ética y calidad estética. El arte es la forma de adherirse a la vida sin reservas.





sábado, 19 de enero de 2013

La subjetividad: cientifismo vs psiquismo

Nuestra época vive inmersa en un paradigma de pensamiento dominado por el cientifismo: basado en un reduccionismo mecanicista todo lo humano sería explicable por un mecanismo físico, genético o neurológico. Sujetos a la causalidad mecánica y al determinismo físico toda acción del sujeto sería reducible a lo orgánico. Explotada hasta el extremo hemos hecho de esta metodología una ideología que se aplica sin conciencia a otras ciencias, como su aplicada alumna la economía, con los resultados que desgraciadamente todos conocemos.

Uno de los grandes choques contra ese paradigma cientifísta viene de la Psicología que postula que existe una realidad psíquica, un psiquismo independiente de la realidad física y que no todos los problemas mentales deben tratarse exclusivamente con medicación farmacológica o intervenciones médicas. La vida del sujeto es un devenir de experiencias con una parte inconsciente que marcan su identidad personal. El cerebro recibe información externa mediante la percepción pero esta condicionado por la información interna en forma de red asociativa psíquica de fantasía y deseo que ordena una biografía particular y un tiempo vital.

La percepción que marca la realidad cerebral deja huella en la memoria que se transforma en representaciones de imagenes (significantes, palabras,..) que conforman nuestra realidad psíquica. Como diría Spinoza en su monismo materialista: el pensamiento es un atributo del cuerpo y todo forma parte del cuerpo. Así el cuerpo crea el lenguaje que es una realidad diferente de significantes. El lenguaje crea al sujeto que habla y que se sostiene en un sujeto empírico que es el cuerpo pensante.

La ciencia no piensa sobre el sujeto que tiene sus efectos. La conciencia como resultado de la función subjetiva es un estado unificado que se nos presenta como un todo integrado por múltiples componentes. No se ha hallado un lugar o estructura que integre esa información de la conciencia que se represente como un todo integrado por muchos componentes que han sido procesados en la áreas corticales del cerebro. La conciencia o función subjetiva en el fondo es un proceso y no un objeto que se pueda aprehender y estudiar como una realidad emergente. Lo que nos configura como sujetos quizás no sea un objeto adecuado para el estudio científico actual.

Y es importante remarcar que para la Psicología, en la construcción del Yo ( de nuestra subjetividad) es el Otro (la cultura, nuestros padres, familia, compañeros o amigos) el que pone en marcha la funciones subjetivas. Sin el otro, sin la vida social, no llegamos a construirnos. Desde la exterioridad construimos nuestra interioridad. Sin los demás no somos nosotros mismos.  Y como decía la corriente filosófica denominada Personalismo: la persona no es un dato o un fenómeno, sino un proceso (el de personalización) que nos hace madurar moralmente y que en este proceso de personalización proporciona lo mejor a todos desde la propia singularidad y sus acciones.

Quizás estaríamos en un mundo diferente si nuestro dominante cientifísmo economicista cambiase sus postulados no ya para tratar con objetos y datos a rentabilizar, sino con personas en un proceso de construcción subjetiva con sus semejantes. Necesitamos sin duda ahora más que nunca, Ciencia con Conciencia.



domingo, 13 de enero de 2013

Estambul: puntos de fuga para nuestra geografía vital


Necesitamos en ocasiones tener puntos de fuga: dejar a un lado nuestras rutinas diarias que delimitan geografías vitales que parecen inamovibles. Emprendemos viajes en busca de nuevas experiencias que nos muestren otros horizontes y amplíen los territorios que nuestra rutinaria geografía no suele abarcar.

Hay ciudades como Estambul que compiten en su eternidad con el propio tiempo. Vencer el tiempo ha sido el gran reto para el hombre de cualquier época.Y a veces lo ha logrado a través de las arquitecturas, las obras artísticas o las muchas cosas inventadas por la imaginación y el pensamiento. Pasear por Estambul nos ofrece la medida de la belleza eterna que civilizaciones como la bizantina, romana u otomana han sabido magistralmente legarnos en sublimes arquitecturas como la de Santa Sofía o la Mezquita Azul. Cúpulas que pretenden representar la totalidad del cielo. Nos han transmitido con la protección de las murallas que la rodean, la resistencia que debemos tener como seres civilizados a los embates de la fortuna. Torres como la de Gálata nos advierten de la necesidad de tomar a veces altura en nuestro devenir vital para no dejarnos llevar por menudencias. Elementos naturales como el movido Bósforo que la recorren en  el estratégico Cuerno de Oro en su fluir de corrientes realimenta de vida la ciudad, sabiamente protegido en el pasado por sus habitantes de intrusos con cadenas que aquí tomaban la mejor función. Todo fluye en la vida...panta rei.


Y uno se pregunta:  ¿qué va buscando íntimamente el viajero en una fascinante ciudad como Estambul? En el fondo quizás la nostalgia de la "patria visible" de nuestros antepasados. Ellos creían que la realidad está llena de sentido, tenían hondas preocupaciones por el tiempo, el más allá, el destino y el azar. Resolvían su angustia con arquitecturas, dibujos, dioses o mitologías. En cambio, el pensamiento contemporáneo nos ha dejado a la intemperie: el nihilismo y la banalidad diaria nos han habituado a considerar nuestra existencia como algo ininteligible, sin sentido, un devenir caótico, inconsistente y fragmentario. El nihilismo moderno nos ha convencido que la vida no reside en una hipotética totalidad: que no hay centro, solo periferia. El aire de nuestro tiempo rezuma la fragancia de lo efímero, la leyenda del instante, volatilidad y precariedad. Hoy sabemos que hay demasiada banalidad televisiva, demasiado entretenimiento, inconsciencia y demasiados elementos para confundirnos y hacernos olvidar las cuestiones fundamentales que deberían guiar nuestra vida.

¿Cómo se puede pensar que toda nuestra existencia no vale para nada? Afortunadamente encontraremos la respuesta adecuada paseando por ciudades entre dos continentes y digna anfitriona de tres civilizaciones como Estambul: donde la patria visible de sentido que nuestros antepasados construyeron se nos ofrece a modo de reconfortante nuevo territorio para nuestra geografía vital.

martes, 1 de enero de 2013

¿Qué es la deuda?: de lo moral a lo social


¿Debemos pagar nuestras deudas? ¿La deuda es un compromiso moral?¿Qué evolución histórica ha tenido el concepto de deuda? En unos momentos como los actuales en los que dividimos el mundo entre deudores y acreedores, entre estados del centro y de la periferia o entre Norte trabajador y Sur perezoso, puede parecernos que vivimos una situación novedosa, pero en el fondo quizás si lo analizamos detenidamente, no hacemos más que repetir otro ciclo de la historia financiera que tiende a equilibrarse por los extremos.

El antropólogo económico americano  David Graeber  y profesor de la London School of Economics en su obra En deuda expone magistralmente que desde el principio de las sociedades más antiguas (Mesopotamia en el año 3.200 a.c) el crédito y la deuda llegan miles de años antes que la acuñación de moneda o los mercados de trueque. La división de clase fundamental de la historia humana ha sido entre deudores y acreedores. En su última instancia las sociedades de la antigüedad como la Egipcia: caracterizada por un Estado fuerte centralizado con una administración que extrae impuestos de la población pero donde no hay préstamos con interés o la Mesopotámica: en la cual no había un Estado regular y aparece entonces el dinero como unidad de cuenta para la asignación de recursos y la usura con préstamos con interés, se funden ya que la población debe endeudarse o bien para pagar sus impuestos, o los intereses y la deuda institucionalizada.

Hay que remarcar, que por el contrario, para el padre de la economía moderna Adam Smith, la propiedad, el dinero y los mercados son anteriores a las instituciones políticas y a la base de la sociedad humana. Primero es el trueque, luego el dinero y después aparece el crédito y como todo esto está en la base de la naturaleza humana, las instituciones políticas y el Estado deben garantizar el crédito y la deuda de forma punitiva si es necesario. Pero esto parece ser sólo un mito fundador de la economía sin mucha base histórica real dándole un interesado soporte moral dentro de la naturaleza humana.

En sánscrito, hebreo y arameo, "deuda", "culpa" y "pecado" son la misma palabra (en el alemán moderno también...). Gran parte del lenguaje de los grandes movimientos religiosos (concienciación, redención, contabilidad kármica,...) están tomados de las finanzas antiguas.Pero quizás los profetas y maestros religiosos tuvieran que comenzar por este tipo de lenguaje porque no había otro disponible y seguramente con una intención completamente diferente: como una manera de decir que las deudas no son sagradas y que el perdón de la deuda, la capacidad de anular la deuda o de tomar conciencia que las deudas no son reales, son los actos verdaderamente sagrados. Este perdón de las deudas era lo que ocurría en los años de jubileo medievales.

Si somos radicales, y vamos a la raíz de los conceptos, la deuda es tiempo que debemos a los demás. Una forma de esclavitud protegida por el Estado.Un tiempo futuro personal que debemos utilizar para pagar a nuestros acreedores. Asociamos casi de forma inconsicente deuda a tragedia moral, porque nos repiten que la deuda esta causada por los excesos (el vivir por encima de nuestras posibilidades) y es un pecado que debe redimirse. Se concibe la vida social como un abuso  que debemos purgar con ascética abnegación. Pero resulta sorprendente por el contrario que la escolástica tomista cristiana fuera contraria al cobro de interés en la deuda por ser esta "cobro de tiempo" y este ser propiedad de Dios y no de los hombres.

Como expone el ensayista Antonio Baños en su obra Posteconomía estamos quizás volviendo a un nuevo feudalismo donde aperece una nueva sociedad "deudal": una sociedad señorial donde no se requieren consumidores, sino deudores, y estos, cuanto menos movilidad jurídica y social tengan mucho mejor. Debemos actuar profesionalmente como individuos dentro de nuestro eslabón social con eficacia, consumiendo vía endeudamiento y eliminando toda libertad de acción. Con el servicio de la deuda (término financiero que significa el pago anual de deuda) servimos a los nuevos señores feudales que son nuestros acreedores (ya sean bancos, Estados, fondos de inversión...). La publicidad no trabaja para la libertad de elección sino para generar la necesidad de adhesión fabricando fanáticos por las marcas restando así autonomía a los individuos.

¿Se acabarán pagando entonces todas las deudas? Graeber nos dice que si tomamos una perspectiva histórica en la antigüedad mesopotánica,  los gobernantes se dieron cuenta de que racionalmente la única manera de prevenir la ruptura social completa, era el "borrón y cuenta nueva", cancelaban toda la deuda y comenzaban de nuevo. La primera palabra que significa "libertad" es la sumeria amargi que quiere decir libre de deudas y por extensión, libertad. La historia euroasiática oscila entre periodos dominados por el dinero crediticio virtual y los periodos dominados por la moneda material. En los periodos donde dominaba el dinero virtual (como el nuestro) ha habido protección social para los endeudados.

Una vez que se reconoce que el dinero es una construcción social, un crédito (tiempo) se debe  proteger lo social y evitar que los pobres caigan en la servidumbre por deudas y se vuelvan esclavos de los ricos de ahí el borrón y cuenta nueva mesopotámico, los jubileos bíblicos y las leyes medievales contra la usura en el Islam y la Cristiandad. Aunque en la actualidad lo que se ha hecho es, en lugar de crear instituciones para proteger a los endeudados, se han creado por el contrario enormes instituciones como el FMI o las agencias de rating para proteger a los acreedores, en algún momento tendrá que haber un reconocimiento de que en una fase de dinero virtual hay que poner en marcha salvaguardas para los endeudados. ¿Debemos pagar nuestras deudas? La historia esperanzadoramente nos enseña que cuando se camina endeudado por el filo del desastre lo social se impone a lo económico.