lunes, 12 de agosto de 2013

¿Pensar sirve para algo?: Hannah Arendt y la función del filósofo


¿Para qué sirve pensar? ¿Qué significa ser filósofo o ejercer la filosofía? Hemos de constatar que en nuestra sociedad actual el acto mismo de pensar muchas veces esta considerado como subversivo: en primer lugar quizás porque el pensar es en sí mismo un acto solitario: deja de lado la denominada solidaridad y consenso del grupo para convertirse en algo asocial. En segundo lugar, porque no reporta una utilidad evidente: un consumo o una práctica social aceptada. El acto de pensar es algo que no incrementa nuestro desarrollo, nuestra satisfacción y placer hedonista que el sistema social nos recomienda a todas horas, nuestro progreso económico en definitiva. Es más, muchas veces determinadas ideas suponen un obstáculo al denominado y buscado progreso social.

Para entender mejor de qué están hechos los filósofos y qué papel pueden jugar en una sociedad como la nuestra, es altamente recomendable ver la reciente película "Hannah Arendt " de Margarethe Von Trotta: una película de ideas que hace pensar y  muestra magistralmente el papel de esta filósofa judía, que fue considerado muy controvertido, en los hechos históricos del juicio en Israel del criminal de guerra nazi Eichmann. 

Del visionado de este film creo que podemos obtener varias grandes lecciones:
  • A pesar de que el acto mismo de pensar puede que no tenga que tener ninguna utilidad en concreto sino que es algo simplemente innato al ser humano como le indica a Hannah Arendt su maestro Heidegger en una de sus clases, el pensar en el fondo puede reportarnos una utilidad moral: la de romper con servidumbres voluntarias o inconscientes ante las ideologías que nos rodean. Aunque no nos lo parezca, como dice el filósofo Zizêk, actualmente vivimos en una de las épocas más ideológicas que han existido. Una ideología que es una evolución de un Capitalismo basado en el mercado, el consumo y la apropiación. Recordemos que una de las definiciones de ideología es un sistema de representaciones que tiene como función ocultar los conflictos reales para justificar un estado de cosas. Así por ejemplo, nuestros en principio paraísos consumistas  nos ocultan una explotación en Asia en la confección de los productos que consumimos por parte de mano de obra que trabaja muchas veces en condiciones de esclavitud. Curiosamente creemos que ahora el Capitalismo es algo aséptico y abstracto, exclusivamente financiero de juego de ruleta en bolsa, dejando de lado que existe una gran parte industrial que ahora están desgraciadamente sufriendo algunas naciones y personas en Asia.
  • Como nos dice el pensador Castoriaidis: el hombre quiere creer, no quiere saber. El pensar cuestiona las creencias, introduce dudas, nos saca de la comodidad de nuestras certezas. Llevado al extremo y si observamos el análisis que Hanna Arendt hace del caso de criminal de guerra nazi Eichmann: cuando la vida de un hombre como el burócrata Eichmann está desprovista del sentido de trancendencia, la tendencia es a refugiarse en la ideología. No pensar, no ser racional le lleva a no ser humano, a deshumanizarse y participar simplemente en algo que él creía grandioso y único como el nazismo con las consecuencias que desgraciadamente eso tuvo. La excesiva burocracia nos sirve de coartada a veces para deshumanizarnos, para actuar simplemente como meros intermediarios de leyes o governances empresariales que han hecho otros y que nosotros nos limitamos a cumplir. Eso nos puede dar comodidad pero nos aleja de sentido moral que debemos dar a nuestras vidas y que sólo mediante el pensar crítico podemos descubrir. Y seguramente,  la verdad moral esta siempre del lado de los que sufren que son a los que debemos proteger.
  • El papel del filósofo queda fehacientemente retratado en la figura de Hannah Arendt: a pesar de las furibundas críticas que recibió por no considerar a Eichmann como un monstruo sin escrúpulos, dedicado a la exterminación de judíos sino como un simple hombre banal, un burócrata que renuncia a pensar, deshumanizándose y cumpliendo ordenes, sumergido en una ideología que le da la oportunidad de participar en algo supuestamente grande. La respuesta de Hannah Arendt es la respuesta del filósofo: no se deja llevar por rasgos identitarios o por los sentimientos como judía que ella era, sino que da una respuesta racional que no da nada por sentado. No se limita a ser historiadora y constatar sino a ser Poeta y crear (poésis): a pensar y crear nuevos conceptos como el de "la banalidad del mal", que nos den nuevas perpectivas ante la realidad que vivimos. Esa es sin duda la función de los filósofos.

Como seres humanos todos podemos pensar y ser filósofos. Onfray nos dice que filosofar es hacer viable y vivible la propia existencia allí donde nada es dado y todo debe ser construido. Pensemos y hagamos pues sin miedo de la filosofía también nuestra profesión: una profesion filosófica que, como decía Eugenio Trias, es la dignidad de una condición que no se satisface con vivir sin adquirir comprensión y conocimiento de lo vivido.








sábado, 3 de agosto de 2013

Reflexiones vacacionales: la alegría como verdadero arte de vivir


Hay tiempos como son los del descanso vacacional que invitan a la reflexión serena. Un alto en el camino que nos permita no sólo coger las tan necesarias fuerzas para un futuro que es incierto por definición, sino que también nos facilite ese ajuste que permita focalizar nuestra mirada en lo realmente esencial y por tanto importante.

En un entorno tan desbocado como el que vivimos inconscientemente nos dejamos llevar por una marea de pensamientos que el stress provoca y que hacen que muchas veces sintamos nuestra realidad como desajustada, provocando emociones negativas, que no encajan con nuestro deseado proyecto vital y eso nos hace desembocar en estados de ánimo entristecidos o agotados que debemos proponernos cambiar. Nietzche decía que  "cada estado interior es una filosofía" y quien mejor que nosotros mismos para crear nuestra propia filosofía.

Las presiones en las que vivimos nos mantienen en la superficie de la vida. Sabemos que la visión de la vida nos la dan nuestros conceptos que nos ayudan a interpretar lo que vemos. Debemos trabajar ajustando lo más posible estos conceptos mediante la formación continua: la lectura, la curiosidad, el estudio, la crítica fundamentada nos permitirán ir al fondo de cada circunstancia y con eso interpretaremos mejor lo que vemos y hallaremos más sentido a la vida. Los libros por ejemplo, permiten que en vez de mirar hacia uno mismo de modo egótico,conectar con el mundo exterior, nutriéndonos con un enorme arsenal de conceptos para descubrir aquellos que describen lo que uno siente. El Sapere aude ilustrado (atrévete a saber) más allá de un lema histórico debería ser una convicción vital a cultivar por todos nosotros.

Por otro lado debemos quizás también tomar conciencia de que nuestra experiencia del tiempo ha cambiado radicalmente. Como explica el sociólogo Zygmunt Bauman, el tiempo ya no es cíclico como en la era rural o mitológica, ni tampoco lineal ,como en la era industrial, sino que se ha convertido en puntillista: cada punto es la promesa de un nuevo inicio, un big bang personal y vamos saltando de un punto a otro hasta que nos agotamos o al final perdemos el hilo de ariadna del sentido. Vivimos inmersos en la cultura flash: la fragmentación, el vértigo visual de que en cada momento ha de pasar algo y la falta de unidad de sentido es otro de los males modernos que padecemos. Y esto sin duda nos afecta no sólo a nosotros sino también a nuestras relaciones.

Practicar ese sano distanciamiento que supone la suspensión del juicio (epojé) es pues otro de los grandes aprendizajes a realizar: no juzgar, no manipular, limitarse a ser lo que se ve, se oye o se toca; es ahí donde radica la gran dicha y sabiduría de la meditación: respirar, inspirar y expirar reproducen el ritmo esencial de la vida: tomar y dar, acoger y entregar. La verdadera libertad , el único lujo es disponer del tiempo para acompasarse con ese ritmo esencial de la vida que en nuestro ajetreado acontecer diario desafortunadamente olvidamos.

Cuidemos también nuestro lenguaje, aprendamos que nuestras palabras sólo tienen sentido si están en concordancia con nuestras acciones. La ejemplaridad  debe ser central en nuestra vida. Es mejor preferir las modestas proposiciones viables a construcciones conceptuales sublimes pero inservibles. Tengamos los pies sobre el suelo y seamos también conscientes que el lenguaje tiene un gran poder performativo: la cultura, las ideas y las palabras tienden a realizar lo que ellas formulan simbólicamente. Habituémonos a tomarnos el tiempo de conversar con nosotros mismos y los demás. Hagámos así posible lo que acordemos y verbalicemos.


Y por último pero seguramanete lo más importante: aprendamos a reconocer en nosotros la alegría que proporciona el puro placer de existir. La inmanencia del existir como causa suficiente sin buscar una causa externa o un reto a superar. Como decía sabiamente Spinoza: cuando uno mira en su interior lo que experimenta es una profunda alegría por estar vivo: una acción adecuada que brota de una idea adecuada. La vida a pesar de todas las circunstancias adversas externas tiende naturalmente a afirmarse y desplegarse. La vida muestra su deseo de perseverar en su Ser, de deplegar su inmanencia hasta límites desconocidos. El hombre más potente es el que se apodera de su capacidad de obrar en el esfuerzo por experimentar la alegría que nos da el simple hecho de estar vivos. Debemos orientar nuestra vida hacia el aumento de la propia potencia interior, y eso no tiene límites por mucho que parezca que puedan ponérnoslos exteriormente.

Aprovechemos este tiempo vacacional para serenamente dar calidad a nuestra vida: intentemos hacer de la alegría de vivir nuestro estado interior y creemos así nuestra propia Filosofía. Esto esta sin duda al alcance solo de nuestras manos como verdadero arte de vivir.

miércoles, 24 de julio de 2013

El Capitalismo libertario: del control a la libertad interior.


Tras la caída del muro de Berlín se propagó sin cortapisas la idea que el Capitalismo y la democracia habían ganado la gran batalla ideológica del siglo pasado. Parecía que la Historia entendida como una dialéctica entre Comunismo y Capitalismo con un sentido direccional de progreso había seleccionado al libre mercado como la última y su más lograda construcción . Y que uno de sus grandes estandartes como era la libertad había vencido para siempre. Comprobamos ahora con cierto asombro, que tras los últimas revelaciones de espionaje informático en la red por parte de algunos países, quizás nuestra supuesta libertad personal y social no pase de ser una libertad vigilada. Y esto nos ha devuelto a imágenes de un Estado omnipresente Orwelliano al estilo de la obra 1984.

Surge la pregunta de si el control estatal es al final una característica constituyente de cualquier sistema social como mal menor necesario para asegurar una supuesta convivencia ideal o si por el contrario existen alternativas teóricas a esa libertad vigilada por parte del Estado en la que parece que todos vivimos. Desde el punto de vista de la Filosofía política teórica hay una propuesta clara de libertarismo que viene, aunque pueda parecer sorprendente, desde dentro del propio capitalismo y es el denominado Capitalismo libertario: se desarrolla con un presentación sofisticada por parte del economista y premio Nobel Friedrich August von Hayek en el que aunque él se consideraba un demócrata, se le puede calificar más bien como un defensor de la libertad individual y de crítico con las ideas de soberanía y gobierno ilimitado que a menudo se asocian con la democracia. La condición fundamental de la libertad es que se permitiera a todos los individuos utilizar su conocimiento para llevar a cabo sus propósitos, sólo con el obstáculo de una normativa de conducta justa. El Estado democrático debe tener un papel limitado con un gobierno mínimo que asegure las condiciones necesarias para que el orden espontáneo que produce el mercado y que él denomina catalaxia se pueda producir.


Posteriormente el pensador Robert Nozick cambia magistralmente la perspectiva anterior donde la pregunta fundamental era como se podían conciliar los derechos de los individuos con el intervencionismo público para pasar a preguntarse cuál es el espacio que los derechos individuales pueden permitir al Estado. Mediante los principios de la denominada entitlement theory, considera a los individuos como propietarios de ellos mismos y que cualquiera de éstos ha de tener el derecho a apropiarse de cualquier cosa sin ser su propietario, mientras ello no perjudique a nadie y además añade que todo el mundo puede ser propietario legítimo de una cosa si lo lleva a cabo mediante una transacción voluntaria. Se trata de asegurar un sistema de transacciones legítimo, que constituya el marco en el cual cada individuo pueda llevar a cabo sus planes de vida de acuerdo con su concepción del bien. Sólo los individuos son portadores de derechos y unas libertades que la colectividad en ningún caso podría cuestionar postulando por un modelo político donde el estado sería mínimo y únicamente como garante del cumplimiento de los contratos, la seguridad y la propiedad.

Si queremos extraer una enseñanza de este Capitalismo libertario deberíamos quizás ser conscientes que,siendo radicales, la libertad que normalmente entendemos como algo externo y social a defender por el Estado, es en el fondo también una condición individual e instransferible a modo de libertad interior de la que debemos hacernos conscientemente responsables para llevar a cabo nuestros planes de vida . Y es que sin duda seremos tan libres como nos atrevamos a pedir.


martes, 16 de julio de 2013

Filosofía de los derechos: recuperando la buena vida.





Nuestra sociedad y sistema económico están dirigidos por un pensamiento que prioriza la gestión técnica y científica de nuestra actividad diaria. Una de las denuncias que se han hecho desde el campo de la Filosofía Política es que el liberalismo moderno y el pensamiento capitalista se mantiene estrictamente en el campo factual positivo entre lo que es y lo que debe ser, apartando los valores en la política y la economía.


El pensador Leo Strauss expuso clarividentemente que lo que es necesario es un profundo conocimiento filosófico del sentido del Ser Humano y los conceptos como la Justicia, la Nobleza o la Buena vida. Entre las diferentes libertades de las que el estado liberal está tan orgulloso, debería existir la libertad de no vivir estereotipadamente como un típico burgués urbano. La sociedad moderna y el pensamiento capitalista que se originó con Hobbes y Locke están fundados en los valores más bajos de la humanidad: el deseo, el egoísmo y la codicia. Nuestra modernidad debería incorporar la discusión del verdadero valor de la vida que prevaleció en la antigüedad.

Antes los acontecimientos de corrupción que tristemente padecemos, la política debería volverse otra vez hacia el conocimiento de la naturaleza humana y su valor, permitiendo a cada persona el suficiente espacio para su desarrollo intelectual y autorealización. Este pensamiento tiene una visión conservadora donde el principal llamamiento que se hace es hacia una revolución ideológica y no material. No se quiere cambiar la forma en como los bienes se distribuyen sino desplazar la gestión, la tecnología y el progreso como los principales valores de la sociedad moderna. Y descubrir mediante la educación cuales son los elementos personales que nos garanticen una buena vida, justa y noble. Algo que parece que ha quedado antiguo ante el mandato del éxito y la acumulación material a los que nos vemos continuamente sometidos y al cual nuestros políticos no son ajenos como sabemos.

Hay una fascinante relación entre la Filosofía Moral y la Teoría económica. Aunque parecen que las fronteras están claras y distantes, en realidad, aunque nos resulte extraño,  la economía surge de la Filosofía Moral en su consolidación como conocimiento científico autónomo en el siglo XVIII. En esa presunta cientificidad y positividad analítica es donde la economía se fundamenta e intenta controlar la realidad mediante la prescripción de políticas que llegan a abarcar todos los ámbitos de nuestra vida. Pero este cientifismo positivo en el fondo tampoco es válido como única forma válida de gestión social y más si esta basado en pseudovalores como la codicia o el egoísmo. Los criterios normativos  que democráticamente nos demos, como por ejemplo una Filosofía de derechos que haga de la búsqueda del bien común su principal principio, sólo por el mero mérito interno de una discusión participativa y comunicativa  pueden ya ser válidos como forma de gobierno social.


Estos criterios normativos no consecuencialistas forman parte del rescate que la Filosofía moral debería hacer sin complejos de la economía y la sociedad que esta creando. Criterios técnicos tan interiorizados por nosotros como la eficiencia económica o el coste-beneficio son también intrínsecamente criterios tan  normativos como los de una Filosofía de derechos y el bien común democráticamente decididos . La economía positiva en última instancia, solo puede ser capaz de descubrir paradojas en los criterios normativos, pero no crearlos. Por eso se hace tan necesaria la formación en Humanidades que desarrolle el sentido crítico de nuestros dirigentes y políticos y amplíe la perspectiva hacia lo que realmente nuestros clásicos ya supieron sabiamente ver: la buena vida y el bien común. Y normalmente esto tiene poco que ver con elementos materiales y más con la relación con los demás y la activa formación del propio carácter para llegar a Ser lo que uno Es. Bienvenido sea pues este tipo de realmente necesarios rescates.




domingo, 7 de julio de 2013

Capitalismo emocional: la pareja como última utopía.


Una de las cuestiones que han tomado más relevancia últimamente en nuestro espacio social y cultural es sin duda la temática de las emociones y los sentimientos: su comprensión, predictibilidad y gestión ocupan cada vez más áreas de conocimiento, como la economía, que habían estado alejadas de una de las características que encajaban menos con un sociedad, que buscaba racionalmente el progreso y debía superar, por tanto, sentimentalismos irracionales que sólo generaban desordenes personales y sociales.

Históricamente el Romanticismo supuso el contrapunto y el refugio en las propias emociones ante una revolución industrial, en la que existía una racionalización excesiva que destruía lo emocional en pos de la búsqueda del beneficio instrumental. Lo interesante es que quizás actualmente hayamos dado una nueva vuelta de tuerca a la intromisión del mercado y el capitalismo en un temática tan personal y cultural como son las emociones. No solo las emociones se piensan desde la economía sino que también la economía trabaja las emociones en sus nuevos modelos, ya que se ha descubierto que buena parte de las decisiones económicas tienen una base emocional.

La socióloga de origen judío Eva Illouz con su término Capitalismo emocional define un tipo de cultura postindustrial donde las utopías de la felicidad son mediadas por el consumo. Los problemas emocionales se piensan y se gestionan según la lógica económica, como si se tratara de una inversión, que conlleva un análisis estratégico, un posicionamiento en el mercado, una perdida o ganancia. Ha dejado de ser significativo el ideal romántico, hecho de gratuidad y pasión. Hoy los sentimientos se construyen y se entienden según el modelo instrumental del capitalismo. La cultura del amor romántico ha sido substituida por la cultura de la terapia en la creencia, acientífica, en que todo lo que nos sucede debe necesariamente significar "algo". Esto resulta coherente con la lógica productiva del capitalismo donde todo debe ser aprovechado en la búsqueda del beneficio. Con Freud se realiza una construcción científica de la sentimentalidad como objeto de problematización y terapia psicológica y con la pirámide de Maslow, uno parece que no es nadie sino busca su propia autorealización.

Como expone Illouz, uno de los ámbitos sociales que se ven más afectados por este capitalismo emocional es el mundo de la pareja que pasa por ser la última utopía moderna en donde dos personas están unidos por elección, no por deber. Sus sentimientos están defindos por la libertad. Cada parte es depositaria de la confianza, confidencias y bienestar de la otra, esperando la continuidad de la fusión, con objetivos comunes. Pero esta unión de la pareja, gestada en la libertad resulta difícil llevarla a la realidad en una cultura actual como la nuestra que prioriza otros valores.   

¿Por qué es tan difícil vivir en pareja? Según Illouz existen claros factores explicativos:

  • La actual cultura psicológica nos lleva a centrarnos en nuestro ego, su cuidado y su desarrollo. Esta sobrevaloración de los intereses personales puede hacer de la relación amorosa una empresa utilitaria que busca la maximización del placer individual.
  • La modernidad se rige por la igualdad, y ello genera nuevas tensiones, dado que lleva a hombres y mujeres a medir lo que cada uno da y recibe. Es difícil convivir con una continua evaluación del debe y el haber.
  • El enemigo del aburrimiento: la fuertes sensaciones y experiencias nuevas se han convertido en aspiraciones permanentes alentadas por la publicidad. La ausencia de continuas novedades puede resultar deprimente a la pareja.
  • La cultura dominante nos promete y exige el cambio y el desarrollo personal. Se parece obligado a alcanzar una vida feliz donde nuestro Yo evolucione. Esta permanente ansiedad por la evolución desestabiliza a la pareja cuando la estabilidad es una de sus condiciones necesarias.
  • La cultura actual nos impulsa hacia la independencia. También esta tensión presiona a la pareja; la exigente reivindicación de autonomía se enfrenta a la realidad del amor, que es la aceptación de la dependencia del compromiso y la simbiosis.
Para Illouz la pareja monógama es la última organización social que resiste ante los principios del capitalismo y debe ser defendida como resistencia a la ideología dominante. El concepto de pareja se sitúa contra la maximización de la continua elección, contra la cultura del yo que demanda nuevas sensaciones sin cesar. La pareja funciona como economía de la rareza; requiere virtudes y el carácter que la sociedad actual no nos inculca. La pareja implica ser capaz de hacer del otro un ser singular; renunciar al cálculo utilitario, no centrarse en el interés, soportar el aburrimiento, preferir el compromiso a la inseguridad. Ante un mundo necesitado de nuevas miradas, devolvámosle pues de nuevo la mirada romántica como forma de resistencia y compromiso.





domingo, 30 de junio de 2013

Regalando experiencias: la nueva sensibilidad postmoderna

Si paseamos por nuestras calles, navegamos por internet, vemos la televisión y sus ofertas publicitarias o simplemente conversamos hay un nuevo aspecto de la sensibilidad actual que puede llamarnos la atención en como de diferente, comparado con otras épocas, percibimos nuestro mundo : valorizamos cada vez más las experiencias o vivencias y las relaciones con las cosas que la posesión de esas cosas y su valor económico intrínseco.

Vivimos seguramente en una época en la que afectados por una crisis que material y moralmente nos ha empobrecido, tendemos a hablar de forma diferente de lo que percibimos, dejando más de lado los objetos externos y dando mucha más importancia a lo que nuestra conciencia percibe y las relaciones que positivamente crea. Los especialistas en marketing han sido la avanzadilla en captar esta nueva sensibilidad postmoderna con el lanzamiento del  nuevo concepto en boga que es el  marketing experiencial: consiste en vender no productos, sino productos elegidos en el seno de experiencias e incluso experiencias a secas: una estancia en un spa relajante en lugar de un objeto, como  por ejemplo un bolso.

Si tomamos perspectiva histórica podremos reflexionar que hace unos siglos la economía era básicamente subsistencia. Con la llegada de la revolución industrial la palabra clave fue eficiencia: cómo hacer las cosas más baratas para que la gente se las pudiera permitir. Ahora se da un nuevo cambio, que pone el foco en cómo hacer las cosas más placenteras, agradables, divertidas. Es un cambio natural en sociedades con significativamente más recursos que sus predecesoras históricas.

La consecuencia de todo esto es que nos enfrentamos ahora a un sujeto débil que se sumerge en las experiencias hasta que no se distingue a sí mismo con el fin de gozar mejor de ellas. Se deja llevar y si todo va bien, encuentra el placer buscado sin desplegar esfuerzos, viviendo sin más la experiencia, entregándose a las vivencias que engendra. Los científicos nos indican que el cerebro humano no está hecho para la multitarea sino para concentrarse plenamente en algo, de aquí el éxito de las nuevas prácticas modernas denominadas mindfulness que se traduciría como la conciencia plena o atención consciente: se trata de recuperar lo que los niños hacen de forma natural: tomarse el tiempo para ser conscientes de todo lo que nos rodea, absorber imágenes, sonidos, olores, personas, emociones y experiencias de un modo nuevo y apasionante.

Pero ya es el filósofo Rousseau que, con su sensibilidad prerromántica, inagura este tiempo de las descripciones de las vivencias pasivas que se corresponden perfectamente con la experiencia contemporánea. En su obra Las ensoñaciones del paseante solitario describe en diversos pasajes ese goce presente de las viviencias en sus paseos de su retiro forzado. Son pensamientos y ensoñaciones, como él las denomina ,donde "con mi leve existencia llenaba todos los objetos que veía". Liberado de ruido, normas y obligaciones se dejaba llevar por el flujo, la concentración en los sentidos ,en un presente que ya no pasa y en la uniformidad de un movimiento continuo que suspende el tiempo.

En las vivencias y las ensoñaciones de sus paseos, Rousseau nos describe magistralmente el goce de sí mismo en tanto que existente: "¿De qué goza en semejante situación? De nada externo a uno, de nada sino de uno mismo y de su propia existencia; en tanto tal estado dura, uno se basta a sí mismo, como Dios.". En un mundo que ha priorizado el éxito entendido como la posesión de cargos, objetos o simplemente dinero, debemos quizás retornar a esa sensibilidad romántica que Rousseau inauguró: donde lo importante es nuestra conciencia y el  goce de estar vivos: en el fondo la vida es lo que nos pasa, como nos afecta, como lo sentimos y compartimos. Recuperemos pues la  pasión y la mirada fascinada de los niños ante un mundo que cada día les parece nuevo y que de la misma forma cada día también se abre ante nosotros.




viernes, 21 de junio de 2013

Ejemplaridad Pública: la necesidad de nuevos ideales


Una de las sensaciones que se manifiesta con mayor intensidad en la época de desestructuración que vivimos es seguramente la pérdida de referencias individuales: las actuaciones de  parte de nuestros representantes públicos han sido objeto del legítimo cuestionamiento por parte de la ciudadanía. Podemos decir que no han sido actuaciones ejemplares. Nuestro tiempo pasa ahora por convertirse desgraciadamente en un época sin referentes. Pero, debemos pues resignarnos a esta situación o, podemos en cambio, proponer alternativas de comportamiento que dignifiquen y orienten no sólo nuestras acciones, sino también el ideal a perseguir como sociedad.

El escritor y pensador Javier Gomá es uno de las personas que han realizado una reflexión más afinada en su obra sobre el concepto de ejemplaridad pública. Así, expone que la separación entre la vida pública y la privada, aunque desde el punto de vista estrictamente legal es una parcelación de la vida legítima, en cambio no lo es desde el punto de vista moral ya que permite comportamientos privados que no aprobaríamos en un espacio público. La famosa fábula de las abejas de Mandeville, en la cual vicios privados son virtudes públicas, no sería admisible.

Debemos reconocer que si adoptamos una amplia perspectiva temporal histórica, afortunadamente vivimos en la mejor de las épocas conocidas : uno de los grandes logros de la democracia ha sido el establecimiento de unos principios básicos de igualdad y libertad que como dice Gomá, en positivo han permitido una vulgarización social: el vulgo, que lo domina todo, es libre, igualitario y nivelador. No deberíamos asociar siempre vulgaridad con mal gusto porque uno de los pilares básicos de la democracia en las sociedades abiertas ha sido la igualación en libertad de sus ciudadanos. Esta nivelación, sin duda, ha traído también prácticas que quedan lejos de lo que antiguamente era considerado como virtuoso.

Gomá nos continua diciendo que el cumplimiento de la ley en nuestra vida no es suficiente sino que hay que utilizar el concepto de ejemplaridad. Debemos simplemente hacernos la pregunta:¿Qué tipo de persona eres? ¿Se puede confiar en tí? La respuesta es sencilla: simplemente hay que ser una persona digna de confianza. ¿Cómo hacerlo? Los valores como por ejemplo la honestidad o el respeto a la dignidad de los demás en el fondo se aprenden mucho más dando ejemplo práctico de ellos que en los grandes discursos escritos en sesudos manuales.

Ser ejemplar para Gomá es haber pasado de una fase estética adolescente y pasar a una fase ética donde se han desarrollado dos especializaciones: la del corazón, a través de la creación de una familia y la posible reproducción; y la del trabajo con el desarrollo de una actividad de producción y utilidad social. Ser ejemplar es dejar de autopertenecerse para servir y pertenecer a los demás. Y en una sociedad donde las relaciones mútuas e interacciones son enormes y en diferentes medios, hay que ser conscientes que, inevitablemente, nuestras actuaciones, tanto públicas como privadas, van a servir de ejemplo positivo o negativo a las personas con las que interactuamos.

Por lo tanto, son necesarios imperativos de ejemplaridad : "Vive de tal manera que causes un impacto positivo en tu circulo de influencia". "Que tu vida sirva de guía a los demás". "Prioriza aquel comportamiento que si se generaliza suponga un efecto positivo a los que te rodean". Desde nuestra humilde experiencia vital, hay que tratar de ser ejemplares, de ser honestos, de respetar la dignidad de los demás. Es la mejor forma para que nuestros hijos adquieran los valores a los que nosotros damos importancia y que pueden dar un vuelco a esta época sin referentes. Y  para atemperar todo esto, hay que ser conscientes también de que, como sabiamente expresa Javier Gomá: la madurez no es sino un proceso de aprendizaje en el que debemos aceptar la imperfección, primero la del mundo y después la nuestra propia. Ni el mundo es como quisiéramos, ni nos va a dar todo lo que queramos y nosotros tampoco vamos a ser mejores que los demás siempre.

Lejos de la queja sistemática y desencantada, dignificar nuestra época está en nuestra mano: siendo ejemplo de ciudadanos libres, comprometidos consigo mismos y con sus semejantes; siendo personas maduras, padres y madres consecuentes y trabajadores honrados. Siendo en definitiva "humanos" en el sentido de Montaigne: "las vidas más hermosas son las que se sitúan en el modelo común y humano, sin milagro ni extravagancia". Aquí radica en el fondo la verdadera grandeza humana.



domingo, 16 de junio de 2013

La literalidad del mundo: la imaginación como vida verdadera

Vivimos en un mundo desencantado: influenciado por el positivismo y ante la imposibilidad de obtener nociones absolutas, nuestra realidad es solo vista como una sucesión de leyes y relaciones que hay que tratar de comprender para apropiarse así de sus réditos. La explicación de los hechos se reduce así a sus términos reales dejando de lado cualquier otro tipo de explicación no científica o a la sensibilidad artística como forma de vivir nuestra vida.

El escritor Patrick Harpur en su obra La tradición oculta del alma, nos expone que quizás detrás de la crisis actual del Capitalismo postdemocrático se desvela su habilidad para achatar el mundo con un visión lineal y unidimensional de una realidad de la que lo que hay que hacer es, apropiarse o sacar rendimiento. La mayor de las amenazas que pende sobre el ser humano es el literalismo: la hybris de un ego incapaz de aceptar cuanto no alcance a ser iluminado por su razón. Todo lo que este fuera de la razón (los sentimientos, lo poético e imaginado, nuestro inconsciente, lo oculto sin explicación) debe no ser solo rechazado, sino también denostado. No existe una naturaleza ni un alma del mundo que imaginar ,sentir y en la que confiar;sólo hay que apropiarse de ella en nombre del progreso.

Hay explicaciones magistrales en la mitología sobre el problema de la literalidad:  así el mito griego de Orfeo,que mientras conduce a Eurídice fuera del inframundo, no puede evitar volverse para asegurarse de que es ella, es decir adopta la perspectiva literal sin confiar y no puede evitar de este modo perderla, dejar que Eurídice se repliegue de nuevo al inframundo del Hades. O el de Perseo que, precavido, se acerca a la Medusa caminando hacia atrás y provisto de un escudo pulido, a modo de espejo, que le permita mirarla de manera indirecta y eludir así su mirada petrificante. Confrontado de forma literal, el rostro de la Medusa es mortal, pero tratado con la cautela que hilvana las imágenes indirectas del escudo, mirando sesgadamente, la Medusa se vuelve dúctil y vulnerable.

Y es  en esta dura realidad  que sólo es vista de una perspectiva de literalidad económica donde debemos retornar con confianza al alma del mundo, a su poliédrica naturaleza. La imaginación es la facultad que inscribe lo humano en la naturaleza y despliega el vocabulario con el que a lo largo de los siglos se ha manifestado el alma del mundo. Debemos luchar contra el desencantamiento del mundo: no debemos romper, como decía Plutarco, la cadena que une al mundo con los dioses. Los mitos y la imaginación liberan a la psique del angosto recipiente del ego, rellenado ahora  por ansias de apropiación y éxito a toda costa que, bien pensado, en el fondo no nos definen. Sólo así quizás podamos dar una nuevo enfoque a un capitalismo, que con su literalidad  del éxito económico que pone todo al servicio del mercado, se ha apropiado de nuestra visión de la realidad.

La lectura literaria, el escribir nuestros pensamientos, la poética creadora, el sentir artístico o el escuchar relajado nos acercan mucho más a la real naturaleza de las cosas y al alma del mundo. La verdadera vida en el fondo está oculta y es una cuestión de Fe y Confianza en los demás y el mundo que nos rodea. Como sabiamente nos decía Borges: la verdadera vida, es la vida imaginada.



lunes, 10 de junio de 2013

El consentimiento con las interpretaciones: el Pensamiento Débil

Hablamos muchas veces que los hechos son los hechos. Que no hay lugar a discusión posible cuando tenemos un dato o un factor objetivo relevante. La dura facticidad de las cosas nos es impuesta a pesar de que en muchas ocasiones no estemos de acuerdo con ello. Pero ¿hay realmente hechos? ¿Hay una verdad unitaria que se manifiesta en hechos?

El filósofo italiano Gianni Vattimo nos puede servir de orientación mediante su denominado pensamiento débil: es una teoría filosófica que, enmarcada en la posmodernidad en que vivimos, critíca los grandes sistemas metafísicos disolviendo los absolutos y las abstracciones. Ya no hay un metarrelato que de sentido completo a lo que vivimos y además hay una disolución progresiva de la idea de objetividad.

No existe una verdad unitaria. La verdad se corresponde con unos criterios de verificación, pero estos no son siempre los mismos, sino que varían según las diferentes épocas y culturas. No hay, como decía Kant, unos a priori iguales para todo el mundo sino que las diferencias culturales implican diferentes formas de acercarse a la realidad.

El pensamiento débil se llama así porque tiene una visión de la evolución de la historia humana que tiende a la reducción de la objetividad, de la dureza de la realidad. La antropología cultural se hace relevante. El pensamiento débil intenta reconstruir una racionalidad humana que no se base en unos principios absolutos que no podemos poner en duda. No hay hechos solo interpretaciones. La verdad no es una cuestión de encuentro con los hechos, sino de consentimiento con las interpretaciones.

Esta idea del carácter interpretativo de la experiencia humana es realmente un descubrimiento de nuestra libertad: lo que nuestras autoridades, políticos o economistas llaman realidad no es más que en el fondo una cuestión de consentimiento nuestro con su interpretación interesada para mantenerse en el poder o presionarnos para hacer algo. Y es que afortunadamente hay veces que de la debilidad surge nuestra fortaleza para ser libres.




domingo, 2 de junio de 2013

Haciendo del tiempo un aliado interno


Si de algo tenemos mayor sensación es de la falta de tiempo. Hemos hecho de nuestra vida diaria una contrareloj de actividades que acaban por agotarnos. Además, al fomentar en nuestro sistema económico el endeudamiento, hemos provocado que gran parte de la población haya ya vendido su tiempo futuro para poder devolver esas deudas. Pero: ¿Qué es en realidad el tiempo? ¿Existe el tiempo? ¿La forma en como concibamos el tiempo puede ayudarnos en nuestra vida cotidiana?

Desde ámbitos en principio tan dispares como la Física y la Filosofía podemos encontrar respuestas que nos hagan reflexionar sobre cómo hacer del tiempo un aliado interno. Para la Física lo que existen son los procesos que conforman una realidad. Se habla de la flecha del tiempo refiriéndose a los procesos irreversibles que se dan en el mundo físico. Nuestra vida es un proceso irreversible que se va construyendo en nuestro devenir vital. En cambio para Einstein nos decía que el tiempo no existía porque el mundo físico no era un proceso y hablaba de una realidad absoluta. Los acontecimientos son la percepción humana y relativa de esta realidad absoluta.

Pero ya desde la Filosofía griega Presocrática existía esta conceptualización diferente de la realidad del tiempo con los filósofos Heráclito y Parménides y que ha continuado vigente hasta nuestros días:
  • Para Heráclito la realidad tiene un carácter asombroso en lo que a su diversidad se refiere. El fluir continuo de todo lo concreto y el cambio constante son condiciones fundamentales de la experiencia sensible humana. La realidad es una armonía de tensiones opuestas cuyo principio es el devenir. Todo fluye (panta rei). En China también se entiende la realidad como un proceso de transformaciones.
  • Parménides defiende la unidad de lo real. Lo común a la existencia es la persistencia del Ser. Mas allá del Todo nada existe, porque el Todo es el Ser y más allá del Ser no hay nada. Nos topamos con una llamativa negación del devenir. El Ser es increado, imperecedero, inmóvil e ilimitado. El universo ha de ser necesariamente un continuo repleto del Ser. Parménides estaría muy cerca de Einstein al concebir una realidad absoluta que nosotros sólo percibimos relativamente sin poder cambiar su naturaleza.

Estas dos concepciones pueden ayudarnos: primero a saber que el tiempo es entendido como un proceso de transformación en el que nosotros tenemos la afortunada oportunidad de intervenir para cambiar. Pero seguidamente,debemos hacerlo con conciencia que nuestra posición en la realidad es relativa y humilde y que debemos respetar la naturaleza de las cosas sin forzarlas.

La diferenciación entre el sentido objetivo y subjetivo del tiempo es algo que podemos aprender de nuestros vecinos del continete Africano como nos decía Kapuscinski: así, los Europeos estamos convencidos que el tiempo funciona independientemente del hombre, de que su existencia es objetiva, exterior, que se halla fuera de nosotros y que sus parámetros son medibles y constantes, los cuales no podemos controlar. Los Africanos perciben el tiempo de manera bien diferente: para ellos el tiempo es una categoría más holgada, abierta, elástica y subjetiva. Es el hombre el que influye sobre la horma del tiempo, sobre su ritmo y su transcurso. El tiempo, incluso, es algo que el hombre puede crear.


Ser pues conscientes de esta naturaleza polimórfica que el tiempo tiene: de su oportunidad de transformación y cambio; que nuestra posición relativa debe respetar la naturaleza de las cosas: que el tiempo es algo también interior y subjetivo que nosotros podemos crear, debe ayudarnos a posicionarnos antes esa sensación de escasez de tiempo que todos en algún momento vivimos. Sabemos que el ego es una ficción creada para dar solidez y continuidad a una civilización Occidental como la nuestra,que mediante el dominio, control y la organización del tiempo y nuestros egos ha escrito su historia de dominio que ha llegado ahora a un punto crítico.

Hagamos pues de nuestro tiempo subjetivo, que nosotros creamos para lo que realmente nos da sentido, un aliado interno y motor de cambio de una sociedad que hace de su escasez un elemento de dominio y control.