domingo, 4 de septiembre de 2016

Los siete continentes del pensamiento



En el libre ejercicio de nuestra imaginación, que es una de las características positivas que pueden aportar los filósofos, podemos pensar nuevas clasificaciones que aborden un mismo concepto.

La revista francesa "Philosophie Magazine" para celebrar sus 100 números ha realizado una original clasificación de la historia de la filosofía en siete continentes del pensamiento interrelacionados, lo cual nos puede permitir tener un mapa  de ruta que nos oriente  en el camino en este, a veces, espinoso mundo en que se convierte la filosofía como forma de conocimiento de todo lo que nos rodea, pero que bien estructurados nos puede abrir nuevos caminos a habitar.


1) Continente SISTEMA: en la tierra de los topógrafos y los arquitectos 

Esta familia reune a los metafísicos de alto vuelo. La ambición de estos topógrafos es la de encontrar puntos de anclaje para el pensamiento y trazar líneas, delimitar fronteras del conocimiento. Estos también arquitectos, edifican verdaderos sistemas, algunos de ellos son capaces de contener la totalidad de lo que existe.

Filósofos del continente Sistema son entre otros: Platón, Spinoza, Kant, Hegel o Wittgenstein.

2) Continente SOFÍA: en la tierra de los buscadores de la sabiduría

Vivir es una cosa, vivir bien es otra: en esta tierra se interrogan por las condiciones de la felicidad o, al menos, de la serenidad. Llegar a la verdad, estar en armonía con el mundo y los otros, preocuparse de sí mismo para perfeccionarse: cada uno tiene su receta, su brújula para orientarse en la existencia.

Filósofos del contiene Sofía son por ejemplo: Confuncio, Epicuro, Seneca, Marco Aurelio, Montaigne o Camus.

3) Continente MOLOTOV: en la tierra de los subversivos 

Con ellos el escándalo llega seguro. Con un agudo sentido de la provocación, estos elementos subversivos desafían el orden establecido, derrocando las ideologías dominantes. Muchas veces solitarios, dinamitan el tiempo y su sociedad proponiendo maneras diferentes de actuar y pensar.

Filósofos del continente Molotov serían algunos como: Rousseau, Marx, Nietzsche o Sartre.

4) Continente PISTA: en la tierra de los investigadores


Su pasión es conocer, desencriptar lo real. Los sujetos o los enigmas de los que los investigadores se apoderan, son muy diversos, así como su forma de tratarlos: por un desvío de la historia o yendo directamente al terreno. Pero, siempre, es necesario imaginarlos como reporteros con un bloc de notas en la mano.


Filósofos del continente Pista serían Aristóteles, Maquiavelo, Hume, Foucault o Arendt.

5) Continente MORALIA: en la tierra de los críticos de las costumbres humanas


Fundar una moral no es realmente su tarea. Estos pensadores son más bien los cronistas de las costumbres y los valores de su tiempo, que  ellos auscultan. Señalar las concepciones artificiales de la vida, localizar las hipocresías sociales: este es su credo, expresado con mucho estilo, ácido o desencantado.


Filósofos del continente Moralia fueron Gracián, Pascal,Voltaire, Diderot o Cioran.

6) Continente EUREKA: en la tierra de los creadores de conceptos


A veces es una palabra del vocabulario común, a veces se trata de un descubrimiento terminológico: en todos los casos, el nombre de cada uno de estos filósofos está asociado a una noción que ellos han forjado o impuesto, sea metafísica, ética o política. Es su logo, su firma.


Filósofos del continente Eureka serían Demócrito, Bergson, Derrida, Deleuze, Lyotard, Bauman o Habermas.

7) Continente INCOGNITA: en la tierra de los exploradores


Detrás de las apariencias y de las evidencias se esconde un sentido: es por eso que los exploradores se lanzan a su descubrimiento con la voluntad de abrir una luz inédita sobre las cosas. Sumergiéndose en territorios desconocidos, encuentran nuevas vías para comprender lo que somos y lo que nos rodea.


Filósofos del continente Incognita serían Descartes, Kierkegaard, Freud, Husserl , Heidegger o Lacan.



martes, 23 de agosto de 2016

Economía política: la regulación como transformación.


Se hace necesario remarcar en estos tiempos que la economía no es más que una abstracción de la realidad. Aunque parezca que vivimos en un realismo capitalista donde se identifica lo que es real y deseable a lo que marque las necesidades económicas, la economía no es sino un conjunto de categorías que forman parte de un discurso al que denominamos realidad y que como tal es contingente, falsable o como mínimo democráticamente discutible.

Al comienzo de su existencia como ciencia autónoma se definía a si misma como economía política, pero con la pretensión de parecerse a las ciencias naturales, en la ansiada naturalización del nomos económico, perdió la política para denominarse economía, consiguiendo el estatus (seguramente inmerecido)  de ciencia social fuerte. Pero si lo reflexionamos más profundamente, la economía como tal no es nada si no es política, sino puede crear sociedades mejores, más justas o más desarrolladas.

Dentro de las diferentes corrientes del pensamiento económico existen todavía escuelas que defienden ese carácter político, transformador y de perspectiva macro y global del fenómeno económico, como la economía política regulacionista: cuyo objeto de estudio no es el sistema de mercados, el consumidor o la empresa sino el capitalismo entendido como una configuración institucional variable en el tiempo y el espacio. Lo que existen son diferentes capitalismos, caracterizados por la forma particular de su régimen monetario y financiero, por sus relaciones laborales y salariales, del Estado y sus intervenciones, etc.

La regulación que propone esta escuela no designa una acción gubernamental exógena sino el conjunto de instituciones que regulan y acomodan las contradicciones fundamentales del capitalismo. Que el capitalismo sea regulado significa que solo encuentra estabilidad temporalmente, dado que se puede decir que sus contradicciones pueden ser reguladas pero no solucionadas, siendo todos los niveles de arquitectura institucional (desde las normas micro de colaboración en las empresas hasta las formas macro de organización estatal y las finanzas) la forma de políticamente regular esas contradicciones para que en definitiva no dañen nuestras vidas.

Para esta escuela el principal hecho no es la desigualdad monetaria (como expone Piketty) sino la desigualdad política que crea el capitalismo. En otros sistemas económicos  previos al capitalismo ya existía la desigualdad de riqueza. El capital no tiene que ver con la riqueza, el capital es una relación social. 

De este modo es paradójico que en una época donde se esta orgulloso de la "igualdad democrática", se tolera que las personas pasen la totalidad de su vida profesional en relaciones de subordinación. Esta desigualdad política es un ejemplo de la forma política particular que toma la vida del trabajo bajo las relaciones sociales de los asalariados en el capitalismo. No deja de ser extraño que en nuestros centros de trabajo aceptamos condiciones de subordinación que en cualquier otro ámbito de nuestra vida nos resultarían repugnantes. 

En cambio, si tomamos en consideración  esta perspectiva política regulacionista, y no solo los análisis técnicos y modelos econométricos, siguiendo el régimen de regulación salarial actual (precariado, desempleo, capitalismo sin trabajo) entenderemos las consecuencias políticas del mismo (subordinación, desmovilización, dislocación de planes de vida) y este sea quizás un primer paso para políticamente regular la contradicción, con el objetivo de tratar  de crear nuevas alternativas y formas de politizar nuestra realidad y de este modo crear vidas vivibles. Sin la vuelta  a la economía entendida como política, seguiremos seguramente perdidos entre categorías muchas veces irreales.



lunes, 18 de julio de 2016

¿Está perdiendo el Capitalismo la batalla cultural?




¿Vivimos en un Realismo capitalista donde es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

El neoliberaliberalismo al quedarse sin el contrapoder comunista, se ha vuelto absoluto. Ni fabricas, ni máquinas: la autenténtica apoteosis del capitalismo es hacer dinero con dinero: su estado radical es la burbuja pura. Por el camino van surgiendo crisis que se interpretan como molestas interrupciones de su lógica cíclica donde los seres humanos estorban.

El capitalismo parecería que está perdiendo la batalla cultural: provoca una crisis de valores. Pasa de un sistema deseable, vencedor en la lucha histórica por la libertad (fin de la historia) a una visión actual donde  la hegemonía del poder ya no descansa sobre una cultura compartida, sino fríamente sobre la imposición. Se sabe de dónde venimos (de un poder financiero que ha endeudado el mundo). Pero no adónde vamos. La bandera populista  (“el pueblo contra el capital financiero”) es un instrumento de la batalla cultural.

En los setenta se captó la sensación ambiente de que habitar el capitalismo global podría ser peligroso, injusto o incomprensible, pero, en cualquier caso, era inevitable y, desde cierto punto de vista, resultaba fascinante e incluso divertido. Lo que estamos comprendiendo de manera gradual son las posibilidades destructivas, hasta la autoliquidación de la propia humanidad, si se da carta blanca a la lógica capitalista.

El famoso eslogan de Margaret Thatcher, según el cual “no hay alternativa”, situó al neoliberalismo económico y con ello al libre comercio y la desregulación del mercado como el mejor y único modo para organizar las sociedades modernas.

El Realismo capitalista genera numerosos efectos nocivos que una “ontología de los negocios” tiene para la vida pública, dejando al desnudo que el capitalismo puede ser todo menos un orden natural inevitable y siempre eficiente.

La precarización del trabajo, la intensificación de la cultura del consumo, la expansión de la burocracia y de los mecanismos de control social, la gerencialización de la política, la mercantilización de la educación y el aumento de  padecimientos mentales como el estrés, la depresión y los desórdenes de atención parece que se muestran ya no como “errores honestos”  de un sistema que tiende al bien común, sino como dispositivos orientados a bloquear toda capacidad colectiva de transformación.

¿Contiene el capitalismo antogonismos lo suficientemente fuertes como para impedir su reproducción indefinida?

Podrían existir tres antagonismos y una contradicción:

·      la catástrofe ecológica.
·      la propiedad privada resulte inadecuada para la propiedad intelectual.

·      nuevas formas de apartheid: nuevos muros y ghetos.

La gran contridicción del neoliberalismo moderno es la sustitución del humanismo liberal (el sometimiento de los mercados y de los agentes económicos a unas leyes de funcionamiento preocupadas por las condiciones de la gente/ libre mercado) por el darwinismo social (defender el privilegio de los más fuertes como un requisito para el bien de toda la sociedad / oligopolios). 

Aún así nos parece que  a día de hoy el Realismo capitalista (a modo del históricamente impuesto Realismo socialista en el cual no había opción alternativa para sus habitantes) sigue siendo dominante: donde es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. El fin del mundo supondría el fin de nuestra historia, mientras que para imaginar el fin del capitalismo, se habría de plantear un sistema alternativo que ofreciese resultados y no solo utopías, lo cual nos parece sin duda más difícil.

La madre de todas las batallas que puede librarse en nuestros días, si queremos cambiar el sistema, es la batalla cultural: de propuesta de nuevos valores, formas de hacer política  y modos de vida; contra lo que parece el incontestable "no hay alternativa" del Realismo Capitalista: basado en la imposición con doctrinas de shock de una ontología de los negocios. De quién gane esa batalla cultural por lo que es deseable para el Ser Humano , dependerá en gran parte lo que seremos en el futuro.




domingo, 10 de julio de 2016

Los modelos económicos en la crisis: del modelo de demanda al de oferta


Si queremos tratar de determinar qué es lo que ha ocurrido con la crisis y cuál es su posible evolución, nos lo facilitará entender los cambios históricos del paradigma de modelo de económico que se ha producido en las últimas décadas. Como expone el economista Santiago Niño-Becerra es su libro "La economía: Una historia muy personal" la principal evolución histórica ha sido pasar de un modelo económico de demanda a uno de oferta:

El modelo de demanda: buscaba el máximo crecimiento posible a base de dinamizar todos los factores productivos e introducirlos en el entorno a través de todos los agentes económicos posibles (fuesen públicos o privados) y regular e intervenir la economía desde las instancias estatales y utilizar todos los resortes posibles con el fin de ir siempre a más.

Pone el acento en el consumo, en la demanda y en la plena ocupación del factor trabajo sin que le preocupase una inflación que no se produciría si no se imprimía más dinero del que realmente se necesitaba.

El modelo de oferta surgió como un paso en la evolución de la dinámica histórica. Abocado el planeta a una inflación de costes como consecuencia de la crisis de la energía del petróleo de 1973-1979, y de la impresión descontrolada de dólares por parte de Estados Unidad a fin de financiar su política de expansión internacional, empezó entonces a entrar en barrena el Estado del Bienestar.

Existían dos problemas contra los que había que luchar con todos los medios: uno era la inflación, y el otro, los impuestos. Trajo consigo la búsqueda a la desesperada de la competitividad en un entorno de cambios constantes.

El modelo de la oferta acabó en poner el acento en que los propietarios del capital aumentasen su particular crecimiento lo más posible en un entorno de inflación lo más reducida posible; el crecimiento vendría de la suma de todo lo que consigue cada individuo de los que integran el conjunto.

Internet ha introducido un nuevo giro al modelo de la oferta: la productividad iba a poder crecer verdaderamente en un entorno en el que el papel regulador del Estado iba a menos, como también la necesidad del factor trabajo.

Los logros de productividad se deben básicamente a tres factores: el uso de una tecnología crecientemente eficiente, la implementación de una organización cada vez más depurada, y la incorporación de un factor trabajo idóneo para las tareas que debían realizarse.

Para resumir lo anterior: lo importante para el modelo de demanda fueron dos aspectos: por un lado, remuneración con bastante eficiencia dal factor trabajo y por el otro realizar auténticos esfuerzos para reducir la desigualdad en la distribución de la renta a través de una política fiscal muy agresiva.

Con el modelo de oferta todo esto quedó atrás: lo importante pasó a ser el control de la inflación y la remuneración del capital y de aquellos profesionales que obtuvieran el mayor valor para el accionista. La tendencia a la menor remuneración del factor trabajo fue amortiguada por la creciente concesión de crédito con la consecuencia del incremento enorme del nivel de deuda,  desembocando finalmente en la crisis que hemos sufrido.

Vemos pues que la crisis de endeudamiento, la precarización del factor trabajo debido a su menor importancia o la gran afectación en las clases medias  de la crisis, son consecuencias que podemos entender mejor si comprendemos este cambio de modelo y las circunstancias históricas a las que respondieron cada uno de ellos. De su posible evolución es el debate que debemos continuar.

El sábado 16 de Julio a las 11 horas en el Ateneu Barcelonès se realizará una conferencia abierta en la 


domingo, 5 de junio de 2016

Capitalismo depredador: la necropolítica neoliberal


¿Qué nos queda cuando los valores que han conformado la construcción de lo humano quedan relegados en favor de la instrumentalización y pragmatización de todo persiguiendo el beneficio a corto plazo? Nos queda el regreso de los monstruos depredadores egoístas del primer capitalismo que en sus inicios fue canalla de explotación industrial y colonial. 

Una depredación que podemos ver en la sobrexplotación de los recursos, en la precarización de las relaciones laborales, en una desigualdad de rentas alarmante o en la expulsión de familias enteras de sus hogares, ahogadas por una deuda gestionada como un mero activo financiero más.

La realidad del desamparo en que se ha convertido el sistema de bienestar que se había tratado de construir en Europa unida a la conciencia de temporalidad y frenesí de la vida acelerada moderna, que con la imposición de la lógica pragmática e instrumental cortoplacista y a la falta de transcendencia o búsqueda de un bien más allá de nuestra esfera hedonista personal: han dado un vuelco a la moral como algo intersubjetivo de construcción de una vida en común, pasando a percibirse solamente como una opción personal, donde lo bueno y lo malo no son más que opciones complejas sobre las que elegir.

La transgresión de los límites últimos, la ausencia de valores y la pérdida de la moralidad promueven la acción depredadora sustentada en el individuo y el derecho inalienable a la propiedad. Es el retorno  al mito del cowboy como héroe solitario que busca su lugar en el mundo. El hiperindividualismo, el sentimiento de depender de uno mismo (manager de sí mismo), el uso de la fuerza para dominar, todas esas cosas promueven una especie de egoísmo y codicia profundamente arraigada en la sociedad americana y cada vez más en otras sociedades.

Este capitalismo depredador nos deja un relato muy diferente al relato moderno que se basaba en una promesa de futuro. El nuevo relato que se impone es el que se ha denominado como el de la condición póstuma, el cual se basa en la constatación de nuestro no futuro. La caracterizada por algunos autores como necropolítica neoliberal que deja morir a la gente con las políticas de austeridad y exclusión. A los cuerpos que no son rentables, que no producen ni pueden consumir, se les deja morir. Como exponen lúcidamente: "con la dictadura nos mataban. Ahora nos dejan morir".

La nueva condición póstuma del capitalismo depredador es no futuro: precarización, agotamiento de recursos, malestares anímicos y de la salud. La postmodernidad obviaba la muerte en favor del disfrute hedonista del momento, pero hay una nueva experiencia de la totalidad que se concreta en un necrocapitalismo, que en su depredación, lleva inherente la posibilidad de nuestra destrucción.

El discurso de los valores ha parecido muchas veces un relato meramente estético en ámbitos como el económico o el empresarial. Desgraciadamente nada más alejado de lo que estos ámbitos necesitan: un liderazgo fundamentado en una trascendencia que vaya más allá del beneficio a corto plazo, fuertemente enraizado en unos valores personales reflexionados, que antepongan la construcción intersubjetiva de equipos de trabajo en búsqueda de un bien común, a la  mera conquista depredadora  egoísta que está arrasando con el futuro de todos.








domingo, 13 de marzo de 2016

Postcapitalismo: de la lógica de la escasez a la de la abundancia.


La economía existe porque estamos en un mundo de recursos escasos. Si no existiese escasez no nos harían falta los economistas, ni las políticas económicas, ni los recortes o la gestión presupuestaria. La lógica económica de la gestión de la escasez y los mercados es la que ha predominado hasta nuestros tiempos. Pero actualmente ya surgen muchas voces que hablan de la aparición de una nueva lógica que acabaría con el capitalismo tal y como lo entendemos actualmente para fundar una nueva época Postcapitalista.

En los fundadores de la economía como Adam Smith ya encontramos la visión del posible final del capitalismo cuando nos expone que en una sociedad próspera, los beneficios tienden a ser naturalmente bajos. En una sociedad próspera todo el mundo participa en los mercados compitiendo en la economía, provocando que los beneficios tiendan a la baja. Surgirá el problema de los incentivos: ¿quién producirá?.

En la actividad económica es necesario diferenciar la remuneración del factor de la alimentación de rentas: el beneficio o pago que se hace a un factor por su trabajo productivo (capital o trabajo)  es aquel que añade valor a nuestra economía satisfaciendo una necesidad. La alimentación de rentas es el valor monetario que va a remunerar la posición patrimonialista o el trabajo improductivo que no añade valor y que acaba en la denominada eutanasia del rentista.  

Para Smith la producción puede ser el mal menor del capitalista que desea no producir y dedicarse solo a obtener rentas. Muchas de las burbujas no son más que una distribución de rentas sin base productiva, lo cual puede llegar a colapsar el sistema como hemos visto en la reciente crisis.

Con la crisis actual del sistema capitalista hay autores como Paul Mason que afirman el fin del capitalismo neoliberal y su sustitución por una economía postcapitalista con el gran auge de la producción colaborativa. La principal contradicción que existe actualmente es la que enfrenta a la posibilidad de unos bienes y una información gratuitos y abundantes  con un sistema de monopolios, bancos y gobiernos empeñados en mantener el carácter privado, escaso y comercial de las cosas.

La cuestión fundamental es que estamos pasando de una lógica del mercado basada en la escasez a la vía de la tecnología y la información que es abundante, fácilmente reproducible hasta el infinito y a un coste muy bajo o nulo (coste marginal cero) siendo difícil que no caiga en manos de la población. Es lo que Mason denomina como la pugna entre la red y la jerarquía y el Estado.

Los catalizadores de esta nueva economía postcapitalista para Mason son:
  • La economía colaborativa como por ejemplo la construcción de Wikipedia que priva a las compañías publicitarias de miles de millones de ingresos publicitarios, las monedas paralelas, los bancos de tiempo o las entidades colaborativas autosugestionadas.
  • La imposibilidad de fijar precios por la complejidad de la información lo cual distorsiona los mercados.
  • La disminución de la demanda laboral por la automatización de los empleos unido a la previsión de un crecimiento débil en Occidente en los próximos 50 años.  Seguramente tendremos una nueva sociedad con poco trabajo y donde la información buscará ser libre. De ahí que las ideas de un renta básica universal que desligue supervivencia de trabajo cobren fuerza.

Debemos comenzar a pensar que quizás nos encontremos ante la consolidación de un nuevo modo de vida: donde la lógica del mercado y no-mercado van a interactuar durante un tiempo; pero donde la emergencia de actividades de tipo postcapitalistas con bienestar psicológico, colaborativas, de sentimiento de trabajar en equipo, de actividades con resonancia de conexión con el mundo y los demás, superen la lógica de los escasez y los incentivos económicos.





domingo, 21 de febrero de 2016

Las tensiones del Capitalismo: la ética intersubjetiva


Entendemos muchas veces el poder como la posibilidad de influenciar sobre los demás para cambiar las cosas según nuestra voluntad o deseo. Dominio, influencia, reconocimiento, subyugación y construcción de una realidad a nuestro antojo: aquí subyace la gran atracción y sed por conseguir el poder que se da en la política, en las organizaciones o en la sociedad. La del político sobre la sociedad, la del directivo o jefe sobre sus empleados o la del hombre en la familia de las sociedades patriarcales.

Pero en su reverso surge el escepticismo sobre  la posibilidad de hacer el bien desde el poder. Muchas veces ejercen mayor fascinación aquellos personajes que son capaces de tener otras prioridades (como el rey Lear de Shakespeare) que renuncian al poder y abandonan toda esperanza de que los buenos sentimientos reciban su recompensa en este mundo.

Se convierte en un desafío enorme justificar una ética no relativista si existe una ausencia de un fundamento moral (Dios, Historia, Progreso). Como expone el sociólogo César Rendueles, lo trágico de la modernidad es que nadie puede ser bueno. Han desaparecido los compromisos tácitos, basados en los sentimientos compartidos, que son el fundamento último de la vida en común.

Rendueles expone que el proyecto de desencantar el mundo social reduciéndolo a relaciones transparentes a través del mercado y la racionalidad es una utopía, una nebulosa fantasmagórica incompatible con algunas características antropológicas duraderas del ser humano como su disposición a la colaboración y la empatía. 

Rendueles continúa explicando que el mercado libre no es el resultado espontáneo de un instinto emprendedor innato de la especie humana. Hasta la modernidad, ninguna civilización ha sido tan idiota como para apostar su propia supervivencia material a la ruleta comercial. Si en el futuro prevalece el denominado Capitalismo sin trabajo, se va a tener que pensar en desligar el binomio trabajo-supervivencia. De ahí la fuerza de los debates sobre la instauración de una renta básica universal.

Vivimos las tensiones acumuladas del largo proceso de desarrollo capitalista: el proyecto del mercado libre generalizado, la aspiración a que el mayor número de áreas de la vida social se autorregulara a través de un orden espontáneo surgido del juego de la oferta y la demanda demostró para Rendueles tener efectos carcinogenos sobre el tejido comunitario. La competición despiadada arrojó a cientos de millones de personas de todo el mundo a la intemperie social y moral. Las nuevas palabras fuerza son la redundancia laboral, desigualdad y exclusión. No deja de ser extraño que en nuestros centros de trabajo aceptamos condiciones de subordinación que en cualquier otro ámbito de nuestra vida nos resultarían repugnantes.

Y quizás una de las salidas a estas tensiones de exclusión y desigualdad es no considerar la ética como objetiva o subjetiva sino como ética intersubjetiva: el respeto y el reconocimiento del otro como individuo poseedor de una dignidad intrínseca debe estar en la base de nuestra actuación. Si queremos vivir en una sociedad decente debemos empezar por no excluir a nadie. El poder no es sino una fatua pasión si no nos lleva a hacer más habitable a todos este mundo.


domingo, 31 de enero de 2016

La filosofía como actividad práctica de cuidado del mundo


¿Para qué puede servir la filosofía? ¿Cuál es su función? Una posible respuesta es que cómo entiende el filósofo Francesc Torralba, la genuina función del filósofo es doble: el cuidado del alma (cura animae) y el cuidado del mundo (cura mundi). 

Para Torralba, el cuidado del otro exige,  como condición de posibilidad, el cuidado de uno mismo. Sólo si el ser humano tiene cuidado de si mismo, de su ser corpóreo y de su ser espiritual, de su exterioridad y de su interioridad, si cura sus heridas, es capaz de tener una relación nueva consigo mismo y, consecuentemente, con el mundo, podrá contemplarlo con otros ojos e interacciones con el de una manera nueva.

Entiende la filosofía no como un ejercicio críptico reservado a una élite académico sino como una actividad vital necesaria para construir una ciudadanía global responsable. La filosofía no es solamente un saber teórico, un cuerpo de conocimientos, sino una actividad que tiene como fin el pleno desarrollo de la persona y de sus horizontes profesionales y sociales.

Francesc Torralba propone así siete movimientos inherentes a la actividad filosófica y que pueden ayudarnos en nuestra discurrir cotidiano:


  1. Sosegarse: Lo que aprendimos de los estoicos. Buscar la paz interior, lo que los estoicos latinos llamaron como la tranquilitas animae fruto de una ascética espiritual y física y como condición necesaria para la contemplación.
  2. Maravillarse: Las lecciones de Aristóteles. No hay filosofía sin el acto de maravillarse ante el enigma de la vida. Somos extraños en el mundo y, por eso, nos admiramos de lo que hay en él. El enigma de la vida, no del mundo sino del rostro de nuestra vida, es el objeto de la filosofía.
  3. Indagar: La audacia de Sócrates. La indagación como
    expresión de la curiosidad humana, responde al deseo de saber, al anhelo de conocer lo que se ignora. El sosiego es la condición de posibilidad de la admiración y la admiración es la fuerza motriz de la indagación. El por qué de las cosas es el fundamento de la actividad filosófica: al filósofo no le interesa cómo es el mundo sino por qué hay mundo.
  4. Dialogar: Lo que hemos heredado de Platón. Filosofar es, esencialmente, dialogar. Es un diálogo con uno mismo y con los otros. Un diálogo que conduzca al examen de conciencia, a dirigir la atención sobre uno mismo, a conocerse a uno mismo. Un diálogo es auténtico cuando no se limita a intercambiar información sino que sirve también para aproximarse al otro y estar más cerca de él.
  5. Criticar: Lo que Immanuel Kant nos ha enseñado. La crítica es el arte de discernir, de separar lo esencial de lo accidental; es la capacidad que posee todo ser humano de distinguir y priorizar. La  actitud crítica es necesaria para sopesar la consistencia racional de lo que se comunica, la validez de los argumentos, la cualidad de la persuasión.
  6. Decidir: El vértigo de Soren Kierkegaard. La crítica es la condición necesaria para tomar decisiones. La filosofía articula una metodología para tomar decisiones libres y responsables. Saber decidir es abrirse paso entre la disyuntiva y asumir las consecuencias positivas o negativas de los actos. Es un acto que imprime carácter dado que define un camino dejando atrás un universo de posibilidades que ya no volverán.
  7. Transformar: El legado de Marx. El conocimiento filosófico que se pierda en el universo de las ideas no es significativo para la comunidad humana.  El acto filosófico debe transformar el mundo y tiene como fin mejorar la cualidad de la existencia de todos los seres humanos. No es cuestión de excluirse del mundo sino que hay que orientarse hacía el compromiso de edificar el mundo para que este sea más bello, más verdadero, más unitario, más bueno. Esto es lo que propiamente es la transformación.

Como concluye Torralba, todo discurso filosófico trata de formar y transformar el mundo, de modificar el modo de ver y vivir el mundo. La filosofía no es un simple discurso teórico, sino una práctica, un ascésis, una transformación del ser. Su último objetivo es cuidar del mundo.