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viernes, 24 de noviembre de 2023

El nuevo malestar ingrávido: el desasosiego vital como síntoma de una pérdida social



Partiendo de la definición de Charles Taylor que entiende por malestar: “aquellos rasgos de nuestra cultura y nuestra sociedad contemporáneas que la gente experimenta como pérdida o declive, aun a medida que se «desarrolla» nuestra civilización”, podemos afirmar que con la vorágine moderna  y la evolución de las civilizaciones occidentales se están perdiendo las garantías de progreso social azuzadas también por el cambio tecnológico que ha producido un sistema social y económico dislocativo de muchos proyectos vitales.

 

Uno de los principales malestares, entendido como pérdida, es el de esa pérdida de confianza en las instituciones y el sentido comunitario como sistema de organización social que garantizaba el progreso y que han provocado una forma reaccionaria de responder a modo de individualismo, autoexplotación y cansancio.

 

Este malestar moderno como sensación de pérdida de una seguridad  muchas veces no se hace evidente sino como necesidad de evasión individual, ya sea en forma de autoexplotación que acaba en  una vida desfallecida y  en un  cansancio  percibido ya como nueva realidad vital (Byung-Chul-Han), como también en el acogimiento irreflexivo de una ola de ideas políticas populistas e iliberales que prometen la vuelta a un mundo utópico de seguridad y control que por la propia evolución económica y tecnológica no va a volver ya nunca.

 

Hemos pasado de un  malestar evidente con la cultura (Freud) cuyo tratamiento era psicológico terapéutico externo a un malestar ingrávido en forma de una sensación de desasosiego y pérdida de control de nuestro proyecto vital: donde la terapia es individual a modo de autoexplotación para competir y no quedar excluido y cuyo síntoma principal es el cansancio y el desfallecimiento vital ante una vida turboacelerada y sin garantías ya de progreso social.


La nueva ola en Europa y otros continentes de movimientos políticos populistas e iliberales de alter-right y anarcocapitalistas (actualmente en Argentina), son los que recogen mejor ese malestar ingrávido de sensación de pérdida de progreso social y quienes proponen soluciones rápidas buscando enemigos comunes y que  nos devuelvan a unas premisas de utopías sociales que no van a volver más: en unas sociedades sometidas a una nueva vorágine tecnológica con el desarrollo de la inteligencia artificial que promete voltear el sistema socioeconómico tal y como lo conocemos y de las que aún es pronto para aventurar posibles configuraciones. 


Ese malestar ingrávido que en nuestras sociedades aparece como sensación perenne de pérdida no es sino un síntoma personal e individual de unas sociedades en cambio acelerado dislocativo y cuya gestión requiere ahora más que nunca de amplios consensos sociales que hagan frente a respuestas populistas o iliberales que nos permitan poder seguir hablando en el futuro de comunidades democráticas formadas por individuos libres. Es mucho sin duda lo que ahora tenemos en juego.

lunes, 17 de octubre de 2016

El porqué de la necesidad de las Ciencias Sociales


¿Sirven para algo las ciencias sociales? El cuestionamiento del carácter científico de la economía u otras ciencias sociales es uno de la asuntos más discutidos en la filosofía de las ciencias. Las diversas teorías, muchas veces contradictorias, el error en sus previsiones o la incapacidad a veces de evitar las crisis han provocado que esta rama de conocimiento esté siempre en el punto de mira de los defensores de las denominadas ciencias duras como la física o la química.

Como expone el filósofo César Rendueles en su libro" En bruto", quizás el enfoque que deberíamos dar a las ciencias sociales es la de elaboraciones redifinidas de nuestras prácticas rutinarias. Serían praxeologías, es decir, saberes cotidianos, no científicos.

Pertenecerían al mismo territorio epistemológico que la retórica, la cocina, la práctica deportiva o la interpretación musical. En todos estos ámbitos hay conocimiento e ignorancia, distancia entre el acierto y el error, pero no se puede confundir con la ciencia. Se descubren técnicas y acumulan conocimientos, pero no existe una teoría científica de la sociedad. El objetivo de la ciencias sociales es el conocimiento.

Así por ejemplo, la escuela de economía austriaca entiende la economía como una praxeología o una teoría de la acción humana subjetiva en un proceso dinámico y creador continuo. La economía no se trataría de bienes o servicio objetivables en una teoría, sino que trataría en cambio: de la práctica de la elección subjetiva y la acción humana.

Como expone Rendueles, el nacimiento de las ciencias sociales tiene que ver con la extensión de un sentimiento de perplejidad ante la aparición de nuevas regularidades sociales tan penetrantes como opacas. Necesitamos pues desesperadamente la ciencias sociales dado que vivimos en un mundo social muy oscuro, donde hay dinámicas ocultas que nos impiden plantearnos cambios políticos urgentes que podrían estar en nuestra mano con el conocimiento adecuado.

La aparición de las ciencias sociales fue contemporánea de los movimientos de democratización modernos. Se fueron gestando al mismo tiempo que el interés por explicar la naturaleza de los grandes procesos sociales y políticos subterráneos que acaban por moldear en uno u otro sentido nuestras vidas.

Si aspiramos a la emancipación personal y social necesitaremos sin duda las ciencias sociales más allá de su pretendida cientificidad, dado que nos aportan sus procesos de esclarecimiento de las adherencias de subordinación heredadas del pasado, el descubrimiento de las nuevas formas de desigualdad y sumisión y la propuesta de nuevas posibilidades de libertad y desarrollo colectivo. Seguramente el porqué de la ciencias sociales es más importante que el cómo se definen.





domingo, 5 de junio de 2016

Capitalismo depredador: la necropolítica neoliberal


¿Qué nos queda cuando los valores que han conformado la construcción de lo humano quedan relegados en favor de la instrumentalización y pragmatización de todo persiguiendo el beneficio a corto plazo? Nos queda el regreso de los monstruos depredadores egoístas del primer capitalismo que en sus inicios fue canalla de explotación industrial y colonial. 

Una depredación que podemos ver en la sobrexplotación de los recursos, en la precarización de las relaciones laborales, en una desigualdad de rentas alarmante o en la expulsión de familias enteras de sus hogares, ahogadas por una deuda gestionada como un mero activo financiero más.

La realidad del desamparo en que se ha convertido el sistema de bienestar que se había tratado de construir en Europa unida a la conciencia de temporalidad y frenesí de la vida acelerada moderna, que con la imposición de la lógica pragmática e instrumental cortoplacista y a la falta de transcendencia o búsqueda de un bien más allá de nuestra esfera hedonista personal: han dado un vuelco a la moral como algo intersubjetivo de construcción de una vida en común, pasando a percibirse solamente como una opción personal, donde lo bueno y lo malo no son más que opciones complejas sobre las que elegir.

La transgresión de los límites últimos, la ausencia de valores y la pérdida de la moralidad promueven la acción depredadora sustentada en el individuo y el derecho inalienable a la propiedad. Es el retorno  al mito del cowboy como héroe solitario que busca su lugar en el mundo. El hiperindividualismo, el sentimiento de depender de uno mismo (manager de sí mismo), el uso de la fuerza para dominar, todas esas cosas promueven una especie de egoísmo y codicia profundamente arraigada en la sociedad americana y cada vez más en otras sociedades.

Este capitalismo depredador nos deja un relato muy diferente al relato moderno que se basaba en una promesa de futuro. El nuevo relato que se impone es el que se ha denominado como el de la condición póstuma, el cual se basa en la constatación de nuestro no futuro. La caracterizada por algunos autores como necropolítica neoliberal que deja morir a la gente con las políticas de austeridad y exclusión. A los cuerpos que no son rentables, que no producen ni pueden consumir, se les deja morir. Como exponen lúcidamente: "con la dictadura nos mataban. Ahora nos dejan morir".

La nueva condición póstuma del capitalismo depredador es no futuro: precarización, agotamiento de recursos, malestares anímicos y de la salud. La postmodernidad obviaba la muerte en favor del disfrute hedonista del momento, pero hay una nueva experiencia de la totalidad que se concreta en un necrocapitalismo, que en su depredación, lleva inherente la posibilidad de nuestra destrucción.

El discurso de los valores ha parecido muchas veces un relato meramente estético en ámbitos como el económico o el empresarial. Desgraciadamente nada más alejado de lo que estos ámbitos necesitan: un liderazgo fundamentado en una trascendencia que vaya más allá del beneficio a corto plazo, fuertemente enraizado en unos valores personales reflexionados, que antepongan la construcción intersubjetiva de equipos de trabajo en búsqueda de un bien común, a la  mera conquista depredadora  egoísta que está arrasando con el futuro de todos.








domingo, 21 de febrero de 2016

Las tensiones del Capitalismo: la ética intersubjetiva


Entendemos muchas veces el poder como la posibilidad de influenciar sobre los demás para cambiar las cosas según nuestra voluntad o deseo. Dominio, influencia, reconocimiento, subyugación y construcción de una realidad a nuestro antojo: aquí subyace la gran atracción y sed por conseguir el poder que se da en la política, en las organizaciones o en la sociedad. La del político sobre la sociedad, la del directivo o jefe sobre sus empleados o la del hombre en la familia de las sociedades patriarcales.

Pero en su reverso surge el escepticismo sobre  la posibilidad de hacer el bien desde el poder. Muchas veces ejercen mayor fascinación aquellos personajes que son capaces de tener otras prioridades (como el rey Lear de Shakespeare) que renuncian al poder y abandonan toda esperanza de que los buenos sentimientos reciban su recompensa en este mundo.

Se convierte en un desafío enorme justificar una ética no relativista si existe una ausencia de un fundamento moral (Dios, Historia, Progreso). Como expone el sociólogo César Rendueles, lo trágico de la modernidad es que nadie puede ser bueno. Han desaparecido los compromisos tácitos, basados en los sentimientos compartidos, que son el fundamento último de la vida en común.

Rendueles expone que el proyecto de desencantar el mundo social reduciéndolo a relaciones transparentes a través del mercado y la racionalidad es una utopía, una nebulosa fantasmagórica incompatible con algunas características antropológicas duraderas del ser humano como su disposición a la colaboración y la empatía. 

Rendueles continúa explicando que el mercado libre no es el resultado espontáneo de un instinto emprendedor innato de la especie humana. Hasta la modernidad, ninguna civilización ha sido tan idiota como para apostar su propia supervivencia material a la ruleta comercial. Si en el futuro prevalece el denominado Capitalismo sin trabajo, se va a tener que pensar en desligar el binomio trabajo-supervivencia. De ahí la fuerza de los debates sobre la instauración de una renta básica universal.

Vivimos las tensiones acumuladas del largo proceso de desarrollo capitalista: el proyecto del mercado libre generalizado, la aspiración a que el mayor número de áreas de la vida social se autorregulara a través de un orden espontáneo surgido del juego de la oferta y la demanda demostró para Rendueles tener efectos carcinogenos sobre el tejido comunitario. La competición despiadada arrojó a cientos de millones de personas de todo el mundo a la intemperie social y moral. Las nuevas palabras fuerza son la redundancia laboral, desigualdad y exclusión. No deja de ser extraño que en nuestros centros de trabajo aceptamos condiciones de subordinación que en cualquier otro ámbito de nuestra vida nos resultarían repugnantes.

Y quizás una de las salidas a estas tensiones de exclusión y desigualdad es no considerar la ética como objetiva o subjetiva sino como ética intersubjetiva: el respeto y el reconocimiento del otro como individuo poseedor de una dignidad intrínseca debe estar en la base de nuestra actuación. Si queremos vivir en una sociedad decente debemos empezar por no excluir a nadie. El poder no es sino una fatua pasión si no nos lleva a hacer más habitable a todos este mundo.


domingo, 25 de octubre de 2015

Defensa Tesis Doctoral: Macrofilosofía del Capitalismo





El próximo 6 de Noviembre realizaré la defensa de la Tesis doctoral de Macrofilosofía del Capitalismo dirigida por el Dr. Gonçal Mayos para obtener el título de Doctor ante el tribunal constituido en la  Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona.

La entrada para ver la defensa está abierta a todo el mundo y tiene una duración aproximada de dos horas en total.



Defensa Tesis Doctoral Macrofilosofía del Capitalismo

Doctorando: Alfonso Bárcena

Director: Dr. Gonçal Mayos

Fecha: Viernes 6 de Noviembre de 2015

Hora: 12 Horas

Lugar: Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona
            C/ Montalegre, 6
            08006 Barcelona

Aula: Seminario de Historia de la Filosofía, Estética y Filosofía de la Cultura
          4ª Planta


Entrada: Libre

Contacto: larazondesencantada@yahoo.es

Link de reflexiones sobre la defensa de la TesisMacrofilosofía del Capitalismo: dos reflexiones sobre la Tesis

domingo, 16 de noviembre de 2014

Festival Filosofía "Barcelona Pensa": Macrofilosofía del presente.


Esta próxima semana, del 17 al 22 de noviembre, se realiza en Barcelona el primer festival de Filosofía "Barcelona pensa" organizado por la Universidad de Barcelona (UB) y coincidiendo con el día mundial de la Filosofía, que se celebra el jueves 20 de Noviembre.

Es una semana de Filosofía para todos que acogerá diferentes acontecimientos filosóficos gratuitos y abiertos: conferencias, exposiciones, cineforums, conciertos, cafés filosóficos, actividades para niños, etc y que tendrá lugar en diferentes espacios de la ciudad de Barcelona.

Se trata de sacar la Filosofía a la calle, una disciplina que parece meramente académica y solo para unos pocos, para acercarse a las preguntas que en el fondo nos atañen a todos y por las que deberíamos preguntarnos para intentar dar nuestras propias respuestas: ¿Cómo queremos ser gobernados?, ¿Cuales son las características del presente que afectan a mi desarrollo vital o profesional?, ¿Cómo quiero vivir mi vida?, ¿Qué relación hay entre la filosofía y artes como la pintura,  la música y el cine?... Se pueden consultar las diferentes actividades en su web (www.barcelonapensa.cat).



  • Uno de los actos abiertos recomendados, organizados dentro del festival por el profesor Gonçal Mayos, director del grupo de investigación GIRCHE  de la Facultad de Filosofía de la UB, es:


Macrofilosofía del presente: el miércoles día 19 de Noviembre a las 19 horas en el Ateneu Barcelonès. (http://www.barcelonapensa.cat/Acte:Macrofilosofia_del_present)


Macrofilosofia del present

Gonçal Mayos (UB)Ginés Navarro (UNED)Martha Palacio (UB)
Ateneu Barcelonès (Sala d'Actes Oriol Bohigas) | dimecres 19 de novembre, 19:00

En este acto se intentará pensar las características de la realidad presente desde una perspectiva de pensamiento macro y multidisciplinar, para dar de este modo herramientas para cambiarlas.








Como expone el pensador Giorgio Agamben: "la filosofía no es una disciplina, la filosofía es una intensidad, que, como sucede en un campo magnético o en un campo eléctrico, puede atravesar cualquier disciplina. Algo estético, algo religioso o económico puede resultar filosófico en la medida en que se aborda y se carga de una intensidad más fuerte." Pensemos pues públicamente para aumentar la intensidad de este mundo y hacerlo mejor.


domingo, 9 de febrero de 2014

La Nueva Normalidad: de la Gran Moderación a Extremistan


Tenemos una concepción del tiempo muy lineal y consecutiva pero también experimentamos interiormente que ciertas cosas parece que vuelven de manera cíclica. Esta percepción circular y repetitiva también es recogida en muchos ámbitos del saber como la economía, donde una de sus bases principales es la teoría de los ciclos económicos de expansión y recesión.

Si analizamos económicamente el último siglo podemos comprobar que a fases de expansión y crecimiento le han seguido periodos recesivos hasta que se alcanzan una nueva normalidad a partir de la cual comienza otro ciclo. Así tras los denominados felices y expansivos años veinte llego la crisis bursátil de 1929 en la que para purgar los excesos cometidos se impuso la denominada teoría liquidacionista que pretendía mediante la liquidación de todas las acciones, propiedades inmobiliarias o mano de obra no rentables purgar el sistema añadiendo una política deflacionista interna que acabase con esos excesos. Una política que ahora mismo nos parece muy familiar.

Fue necesario el New Deal y el gran crecimiento sostenido que se produjo posteriormente a la Segunda Guerra Mundial para llegar a una nueva base de normalidad que permitió el desarrollo de la clase media y que benefició a mucha población tras las penurias de la guerra. Una nueva normalidad que fue positiva ya que permitió el avance social en muchos países.

Más recientemente, y tras una época económica conocida como la de la Gran Moderación que abarcó veinte años desde finales del siglo pasado hasta la crisis del 2007 y en la cual la constante fue la tranquilidad económica que provocó una menor aversión al riesgo reforzada por una estructura regulatoria laxa, una política monetaria de tipos bajos y una sobrexposición al endeudamiento y a nuevos y complejos instrumentos financieros que nos llevó a la Gran Perturbación de las diferentes burbujas que comenzarón a explotar en el año 2007 provocando la situación de crisis actual, contra la cual aún se está luchando.

La cuestión principal que se plantea actualmente, una vez que se vislumbra la salida de esta crisis, es: ¿cómo va a ser la nueva normalidad? ¿vamos a vivir una nueva época positiva y de progreso? o por el contrario: ¿la nueva situación que consideremos normal será peor y con mayores limitaciones a las que teníamos antes de la crisis?

No parece que la respuesta pueda ser muy optimista, si realizamos un análisis realista de esta Nueva Normalidad postcrisis que comenzamos a vivir, la podríamos seguramente caracterizar como:


  • Una época de la Precariedad permanente donde parece que se impone un nuevo Capitalismo sin trabajo: La nueva evolución económica con la aparición de nuevas industrias como la de nanotecnología o la de los sistemas de información parece que necesitaran de una menor incorporación del factor trabajo y mayor de capital. Un factor trabajo que tendrá que reinventarse para adaptarse a la nueva flexibilidad que se le va a exigir por parte de las empresas: nos dicen que las lealtades serán renovadas diariamente y que ya no existirán roles o descripciones de puestos fijos, sino diferentes proyectos a cuyo ritmo tendremos que adaptar nuestra trayectoria profesional y vida personal.
  • Viviremos en Extremistan: en un mundo donde todo va a parecer desproporcionado y las diferencias van a ser grandes. La desigualdad interna se va haciendo cada vez mayor. Tendemos a sociedades de grandes extremos donde la clase media parece ya no tener cabida. Los derechos sociales se habían sustituido por el acceso al crédito que ahora ya no fluye, destruyendo a su paso miles de proyectos de futuro.
  • El Hipercapitalismo toma el relevo: la exposición pública de la vida intima estará en el orden del día. Anteriormente la vulgaridad era tabú y los sentimientos tendían a interiorizarse. En la actualidad el exceso y la transparencia total se imponen como leivmotiv de la nueva época dónde la pérdida de esfera pública deja un vacío en el que se derraman intimidades.
  • Viviremos en una sociedad del Riesgo constante: vamos hacía una sociedad controlada donde internet parece la gran máquina de vigilancia en aras de una supuesta seguridad, pero al mismo tiempo será una sociedad acobardada por los los miles de riesgos que en la época de la conectividad total parece que nos acechan: la política será la gestión del miedo, los cuales serán azuzados según necesidad. La sensación de vulnerabilidad del individuo será cada vez mayor con el riesgo de caer en la insensibilidad y falta de empatía hacia el sufrimiento del otro, al que muchas veces no seremos capaces más que de verlo como una amenaza o competidor por nuestros recursos o modelo de vida.

Va a ser necesario pues buscar nuevos anclajes que aseguren nuestra estabilidad personal y emocional en esta extremista nueva normalidad. Esta anclaje sólo puede ser cultural
  • Basar nuestra vida en valores decisivos y elegidos conscientemente como la construcción de relatos vitales con sentido a través de la cultura y los diferentes concepciones de la vida buena clásica y no intentar  sólo seguir los relatos interesados empresariales de éxito; 
  • la utilidad social buscada en el compartir y ayudar a los demás en proyectos sin ánimo de lucro para evitar el sentimiento de inutilidad en la que a veces nos vemos abocados en nuestro trabajo o al no disponer de él; 
  • y finalmente tener un espíritu intrínseco de hacer algo por el simple hecho de hacerlo bien sin esperar reconocimiento, beneficios o nada a cambio: sencillamente siguiendo nuestros deseos y construyendo así nosotros mismos el sentido a nuestro relato vital como el ancla más resistente en mares extremos.



domingo, 24 de noviembre de 2013

El precariado: ¿una nueva clase social?


Desde una perspectiva macrohistórica podemos decir que las sociedades humanas han ido construyendo de forma lenta sus identidades estables y esferas de seguridad rígidas a su alrededor para protegerlas. Algo que en la actualidad ha quedado desplazado con nuestro sistema actual que fomenta un modo de vida basado en la competitividad, la meritocracia y la flexibilidad. Y sabemos por experiencia que los grandes cambios sociales han provocado siempre, sin excepción, sus damnificados con nuevas formas de exclusión e incluso la aparición de posibles nuevas clases sociales como el precariado.

El economista Guy Standing analiza en esta fase de desarrollo del Capitalismo en su libro "El precariado: una nueva clase social" la aparición en el mundo laboral de una posible nueva clase social que denomina precariado : no es solo una cuestión de empleo inseguro, de duración limitada y con una protección laboral insuficiente: es quedar anclado en un estatus que no ofrece una posibilidad de carrera profesional, ningún sentido de identidad ocupacional seguro y pocos derechos o prestaciones sociales.

En el proceso de globalización anterior se dio un pacto fáustico: existiría un contrato social en el que se pedía a los trabajadores que aceptaran la flexibilización a cambio de medidas que preservaran el empleo total, manteniendo el nivel de vida a través de un consumo que excediera los ingresos y el valor de lo producido a través del endeudamiento. Con el crash del 2008 empezó la nueva etapa: los ingresos disminuyeron y cayeron por debajo del repago de la deuda, rompiéndose el contrato social y lanzando a gran parte de la población (y los Estados) hacia la bancarrota y la precariedad.

La precariedad significa quedar encadenado a un estilo de vida en el que las tareas realizadas no proporcionan una sensación de desarrollo profesional. El lugar de trabajo es cualquier lugar,difuso, no familiar, una zona de inseguridad. Además el precariado se ve sometido a una gran presión sobre el tiempo que dispone. Debe estar siempre disponible y dedicar una cantidad cada vez mayor al trabajo sin que esto le suponga una fiable seguridad económica.

La precariedad implica también la ausencia de una identidad basada en el empleo seguro sometidos a un estilo de vida terciario que implica la multitarea sin control sobre el uso del tiempo, sin una vinculación hacia el futuro construida desde el pasado. Además de su inseguridad en el trabajo y en los ingresos, los miembros del precariado carecen pues de identidad basada en el trabajo. Carecen de ciertos compromisos morales o de comportamiento que definen una identidad profesional. Parecen más forzados nómadas humanos o residentes que ciudadanos plenos. Impelidos a una multitarea que reduce la productividad en cada y cualquier actividad, habituándose a un pensamiento fragmentado que dificulta realizar trabajos de concentración o reflexión; siendo la interacción interrumpida (tareas, internet, smartphones, videojuegos) el nuevo opio del precariado como lo fue la ginebra o la cerveza en la primera generación del proletariado industrial.

El precariado puede ser una nueva clase emergente que no vea ante sí un futuro de seguridad o identidad y que sienta el temor y la frustración, entrando en una nueva guerra consigo mismos al considerarse (injustificadamente) culpables de su suerte. Pero ¿quiénes forman o pueden formar parte del precariado? Como explica el profesor Gonçal Mayos: la evolución última de las sociedades avanzadas hacia la postindustrialización y la sociedad del conocimiento está provocando que prácticamente todo trabajador sea en gran medida un trabajador coginitivo y que el el precariado (o nuevo proletariado) está más representado que nunca por el cognitariado: los tradicionales obreros tienden a ser substituidos por un nuevo tipo de trabajado intelectual o cognitivo, justificado por el neologismo "cognitariado".

Mayos expone que en la actualidad el sector productivo más poderoso y efectivo es el basado en el saber, o más bien, en la ciencia con aplicaciones técnicas y valor económico. Actualmente el hecho de que el trabajo que se tenga que desempeñar sea más bien intelectual o más bien manual no cambia la condición de proletario. Se asociaba, sin mucha reflexión, a los trabajadores cognitivos a la burguesía, clases pudientes y propietarios, cuando en realidad y por principio dependen sólo de su fuerza de trabajo, su cognición. El profesor Mayos nos recuerda que el proletariado era la clase que se caracterizaba por no tener capital: no tenía propiedades y solo se tenía a sí misma, a su familia (prole) y a su fuerza de trabajo. El cognitariado como tal se caracteriza por poseer sólo su cognición: sus capacidades y habilidades cognitivas, es decir, el resultado de su elaborada educación y formación que es ahora su fuerza de trabajo puesta a la venta en el mercado.

Las sociedades avanzadas postindustriales y cognitivas convierten la precariedad en su característica más definitoria con la desaparición de las tradicionales garantías y seguridades (familiares, de clase...), el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la obsolescencia profesional y cognitiva que amenazan con la precariedad a una parte cada vez mayor de la sociedad (incluidos antiguos ejecutivos y miembros de la clase alta). El precariado no es ni víctima, ni villano, ni héroe: somos la mayoría de nosotros.

Posiblemente un paliativo a esta situación es analizar la macrohistoria del Capitalismo, donde vemos que en un momento determinado de su evolución se sustituyeron los lazos familiares y comunitarios, por el Estado y el Mercado ante la promesa de un individualismo emancipatorio que ha resultado seguramente fallido. Volver  el enfoque a los lazos comunitarios, a la familia, a la solidaridad, a la fraternidad, a la intimidad de lo ordinario compartido, es quizás la nueva mirada con perspectiva histórica que proporcione una identidad equitativa a todos sin excepción.


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domingo, 16 de junio de 2013

La literalidad del mundo: la imaginación como vida verdadera

Vivimos en un mundo desencantado: influenciado por el positivismo y ante la imposibilidad de obtener nociones absolutas, nuestra realidad es solo vista como una sucesión de leyes y relaciones que hay que tratar de comprender para apropiarse así de sus réditos. La explicación de los hechos se reduce así a sus términos reales dejando de lado cualquier otro tipo de explicación no científica o a la sensibilidad artística como forma de vivir nuestra vida.

El escritor Patrick Harpur en su obra La tradición oculta del alma, nos expone que quizás detrás de la crisis actual del Capitalismo postdemocrático se desvela su habilidad para achatar el mundo con un visión lineal y unidimensional de una realidad de la que lo que hay que hacer es, apropiarse o sacar rendimiento. La mayor de las amenazas que pende sobre el ser humano es el literalismo: la hybris de un ego incapaz de aceptar cuanto no alcance a ser iluminado por su razón. Todo lo que este fuera de la razón (los sentimientos, lo poético e imaginado, nuestro inconsciente, lo oculto sin explicación) debe no ser solo rechazado, sino también denostado. No existe una naturaleza ni un alma del mundo que imaginar ,sentir y en la que confiar;sólo hay que apropiarse de ella en nombre del progreso.

Hay explicaciones magistrales en la mitología sobre el problema de la literalidad:  así el mito griego de Orfeo,que mientras conduce a Eurídice fuera del inframundo, no puede evitar volverse para asegurarse de que es ella, es decir adopta la perspectiva literal sin confiar y no puede evitar de este modo perderla, dejar que Eurídice se repliegue de nuevo al inframundo del Hades. O el de Perseo que, precavido, se acerca a la Medusa caminando hacia atrás y provisto de un escudo pulido, a modo de espejo, que le permita mirarla de manera indirecta y eludir así su mirada petrificante. Confrontado de forma literal, el rostro de la Medusa es mortal, pero tratado con la cautela que hilvana las imágenes indirectas del escudo, mirando sesgadamente, la Medusa se vuelve dúctil y vulnerable.

Y es  en esta dura realidad  que sólo es vista de una perspectiva de literalidad económica donde debemos retornar con confianza al alma del mundo, a su poliédrica naturaleza. La imaginación es la facultad que inscribe lo humano en la naturaleza y despliega el vocabulario con el que a lo largo de los siglos se ha manifestado el alma del mundo. Debemos luchar contra el desencantamiento del mundo: no debemos romper, como decía Plutarco, la cadena que une al mundo con los dioses. Los mitos y la imaginación liberan a la psique del angosto recipiente del ego, rellenado ahora  por ansias de apropiación y éxito a toda costa que, bien pensado, en el fondo no nos definen. Sólo así quizás podamos dar una nuevo enfoque a un capitalismo, que con su literalidad  del éxito económico que pone todo al servicio del mercado, se ha apropiado de nuestra visión de la realidad.

La lectura literaria, el escribir nuestros pensamientos, la poética creadora, el sentir artístico o el escuchar relajado nos acercan mucho más a la real naturaleza de las cosas y al alma del mundo. La verdadera vida en el fondo está oculta y es una cuestión de Fe y Confianza en los demás y el mundo que nos rodea. Como sabiamente nos decía Borges: la verdadera vida, es la vida imaginada.



domingo, 26 de mayo de 2013

Del enjuciamento a la comprensión: la verdad moral



Estamos acostumbrados en los diferentes ámbitos de nuestra vida a realizar consideraciones, dar opiniones, a juzgar en definitiva. Y al mismo tiempo, a estar continuamente recibiendo aprobaciones o desaprobaciones, juicios de otros y en el mundo empresarial el conocido como  feed-back como forma de evaluar nuestras actuaciones profesionales. Este enjuiciamiento continuo, nos parece algo natural  que aceptamos casi inconscientemente, a pesar de que muchas veces nos produzca internamente sufrimiento y malestar, porque detrás se esconden situaciones de dominio de la voluntad y búsqueda del servilismo productivista como en el caso empresarial, donde todo, incluida nuestra vida, debe ponerse al servicio de una burda y manipulable ficción contable como es el beneficio.

Cabe preguntarse si existe una legitimidad fundamentada que nos permita realizar esos juicios del valor sobre los otros o sobre lo que nos rodea. ¿Existe un orden moral del mundo que nos permita enjuiciar a los demás a través de sus premisas? ¿Y quién está legitimado para juzgar? Desde la filosofía una de las respuestas más clarividentes vienen del filósofo holandés Spinoza: su doctrina niega el orden moral del mundo. No hay una teleología, una causa final que de sentido a lo que hacemos. Denuncia  así el orden moral del mundo: el bien y el mal no existe, son solo inventos para someternos a un poder ya sea sacerdotal, político o empresarial. Bueno es lo que proporciona placer o alegría y malo lo que nos produce sufrimiento y tristeza. Culpabilizarnos ante los juicios de otros es una pasión triste, negativa e inútil.

¿Qué debemos hacer entonces si no hay un orden moral que justifique los juicios? Al contrario de lo que pueda parecer, Spinoza propone una ética afirmativa de la vida: la alegría de vivir siguiendo el conatus del querer ser. El libre albedrío es una ficción. Estamos determinados pero la libertad es autodeterminación: hay que actuar por el propio impulso y no como respuesta a la acción de otro. Ser capaces de decidir por nosotros mismos y no por la presión de los otros. Es nuestra determinación interna contra la determinación externa de nuestros sacerdotes, políticos o jefes. No hay una voluntad libre: hay voluntad fuerte y voluntad débil. Hay que distanciarse serenamente de los condicionamientos externos e internos y seguir nuestras pasiones. Nadie tiene legitimidad para juzgarnos.

Nietzsche, que consideraba a Spinoza como un precursor de su pensamiento, nos decía que el mundo es lo que es y no puede ser otra cosa: hemos de querer las cosas como son porque es lo que hay (amor fati). En esta autodeterminación al que nos empele un mundo sin orden moral, quizás nos quede fundamentarnos en tener un compromiso ético con la verdad en todos los ámbitos de actuación de nuestra vida, incluyendo la profesional. Y como también nos dice el filósofo Slajov Zizek: la verdad está siempre del  lado de la víctima, de los que sufren el poder de unos pocos, de los excluidos del sistema. Hay siempre una verdad moral.

Hay que ser conscientes de esta falta de legitimidad del sistema actual. Que vivimos inmersos en una ideología de la apropiación de recursos por unos pocos, que mediante un sistema de representaciones y discursos repetitivos como el de la eficiencia, el consumo y los beneficios, intentan justificar un estado de cosas y ocultar así los conflictos reales, como la exclusión y el desamparo de gran parte de nuestra población, que por pura frustración comienzan a explosionar en los extrarradios de las grandes ciudades.

En la búsqueda de esa verdad moral quizás también nos lleve a interiorizar que en vez de juzgar y muchas veces despreciar y excluir a los otros basados en premisas ilegítimas, hay que tratar de escuchar, comprender, incluir y ayudarles con nuestras capacidades. En esta autodeterminación reside nuestra verdadera libertad ejercida como una voluntad fuerte y una afirmación inclusiva en positivo de la vida como palanca para cambiar el mundo.