domingo, 1 de mayo de 2011

La autenticidad: construyendo nuestros sueños con Chagall


¿Cómo podríamos desde nuestra pequeña escala hacer un mundo mejor? Muchas respuestas se pueden dar a esta pregunta: desde mejorar cuestiones económicas, sociales a políticas o ecológicas. Pero quizás donde radique realmente la respuesta que sea la llave que abra todas las puertas sea sencillamente en nosotros mismos.

Estamos en un mundo en el que desafortunadamente vivimos encorsetados por los roles que se nos asignan en función a las tareas que desarrollamos o lo que poseemos en una sociedad que fomenta a todas horas el espectáculo y  premia el simulacro. Se hace difícil escapar a muchas descripciones o valoraciones estandard que automáticamente generamos o hacen de nosotros en función solamente al contexto y a lo que esta a nuestro alrededor proyecta, sin mirar realmente a lo que interiormente nos conforma y en lo que creemos.

Cada vez parece que existe una mayor necesidad de trascender estos impuestos roles en nuestras relaciones y virar hacia una comunicación con los demás más auténtica, mas veraz y alineada con nuestras debilidades, fortalezas y sueños sin miedo al rechazo y simplemente mirando  confiadamente al mundo en el que habitamos.

Y ¿qué significa en realidad ser auténtico? Ser genuino o verdadero. Ser lo que se dice ser, a pesar de las presiones, a que vaya contra determinados roles o no este de moda. Seguir nuestras creencias y perseguir nuestros sueños.

El gran valor de la autenticidad es que da a la persona autoridad sobre sí misma ante sus gustos o caprichos y le proporciona la iniciativa para proponerse y alcanzar metas más altas. Le facilita tener un carácter estable y sinceridad a toda prueba, lo que le hace tener una a veces tan deseada coherencia con su vida y en las relaciones con los demás.


Y sin duda el Arte puede sernos de ayuda en esta difícil misión de intentar ser auténticos: el pintor francés de origen judío Marc Chagall es un gran ejemplo de esta autenticidad y persecución de sus sueños. Nacido en un duro y laborioso ambiente en un barrio bielorruso judío de finales del siglo XIX fue capaz mediante el arte de la pintura trascender estos roles y viajar a Francia persiguiendo sus sueños y pintando personajes: amantes, músicos, payasos, animales que están encantados de vivir como realmente son en el  poético mundo artístico creado por Chagall.

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  http://www.bubok.es/libros/216134/LA-RAZON-DESENCANTADA   


Contacto: larazondesencantada@yahoo.es

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