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martes, 28 de abril de 2015

La política de la Neurociencia: del gobierno de la mente al del cerebro


El poder actual es Biopolítico y mira sobre la vida. Pretende colonizar y gestionar la vida de la población en su totalidad. Su objetivo es orientar la vida hacia la producción, responsabilizándonos personalmente por todo lo que nos ocurre si no tenemos éxito. Lo que le interesa es tratar de responder a la pregunta de ¿cómo hacer con las personas para que sean productivas?.

Las políticas tratan de normalizar la población mediante la gestión demográfica, de salud, de trabajo o de las emociones. Ser normal significa adaptarse. El poder ya no es represivo, sino que tiene una parte seductora. La ideología propia de la Biopolítica es el Neoliberalismo, donde cada uno debe debe responsabilizarse de sí mismo, en una vida entendida como una empresa personal. Ofrece una vida de responsabilidad propia individual con posibles grandes recompensas, sin responsabilidades más allá de uno mismo.

Hace individuos competentes para que sean productivos (mediante la ahora en boga educación por competencias) y capaces de autorregularse en la consecución de sus objetivos productivos de éxito, sin necesidad ya de represión o control externo y eliminando el riesgo de rechazo o contestación. Se produce una subsunción total de la vida en capital y se individualiza el riesgo: si se fracasa en culpa exclusivamente de uno mismo y entra en juego entonces la medicalización como forma de solucionar la situación.

Siguiendo al filósofo Michel Foucault, en la perspectiva histórica del gobierno de las poblaciones hemos evolucionado desde un:

  • Gobiernos de las almas: con el poder pastoral que se preocupaba por la salvación. Comenzaba la subjetividad. Era un poder sobre las conciencias.
  • Gobierno de las mentes: era un discurso de carácter psicológico que se basaba en una normalización ideológica de las motivaciones de la persona y sus emociones hacia los objetivos de producción predeterminados. Se abandona el concepto de alma para adaptarse al concepto de mente del lenguaje psicológico. No era un discurso estrictamente científico
  • Gobierno del cerebro: entramos ahora en la medicalización de la sociedad mediante la biomedicina y la manipulación genética. El control de la vida se hace total con un discurso cientifista de medicación en caso de que alguien se salga de la normalidad (antidepresivos, tratamiento del TDAH en niños hiperactivos,...).
La neurociencia aparece como la nueva disciplina puntera en sus diversas variantes (neuromarketing, neuroeconomía,...). No se presenta como una ciencia determinista de control del cerebro, sino como la posibilidad de ser más libres y de conocer nuestras potencialidades y predisposicones. Parte de la base de la identificación entre mente y cerebro, donde cada pensamiento es una conexión neuronal y por tanto las causas de los trastornos son moleculares, y el remedio es farmacológico. Nuestra identidad queda reducida a mero cerebro. Si estamos tristes, apáticos, no tenemos éxito y no somos felices o no rendimos lo suficiente,  la solución no es personal ni relacional o social, sino que es medicarnos y tomar pastillas, inaugurando la nueva sociedad terapéutica en la que ahora vivimos.

El control de la político en la neurociencia se basa en la despolitización y la negación del conflicto: al reducir todo a un cerebro cuyos comportamientos pueden ser tratados por psicofármacos. La neurociencia vuelve a la reificación o cosificación: trata a las personas como si fueran cosas, nos saca de nuestra subjetividad y nos considera un objeto de estudio más, describiendo a las personas a partir de categorías previas.

El último paso en este proceso de poder biopolítico lo hemos dado inconscientemente nosotros mismos con la autoreificación: uno mismo se considera como objeto de estudio. Hacemos de nosotros un objeto a vender en los mercados, como el de trabajo. Hay que saberse vender a sí mismo en las entrevistas de trabajo, resultar un producto atractivo compitiendo frente a otros productos. Hemos renunciado a lo único que nos es propio: nuestra subjetividad en aras de no sabemos muy bien que si lo reflexionamos un poco. Ser conscientes de ello ya sería un primer paso para volver a ser lo que realmente somos: personas volubles con altos y bajos en busca de su propio sentido.




















miércoles, 24 de septiembre de 2014

Big Data: el nuevo metarrelato de la realidad


El volumen de información de nuestra época ha aumentado de un modo vertiginoso. Los sistemas de tratamiento de información en grandes volúmenes, denominados Big Data, han tomado un papel central en la gestión de nuestras sociedades. La evolución del gran metarrelato explicativo de toda la realidad ha pasado de ser propiedad de la Ciencia en el siglo XX o la Biotecnología en el S.XXI, al Big Data como nueva ciencia omnicomprensiva e integradora de las Ciencias y las Letras.

La nueva ciencia del Big Data se asienta en la premisa de que tu compartes información y tus datos te comparten a ti. Esta nueva disciplina utiliza la correlación, la agregación, la minería de datos, la geolocalización o los metadatos para mediante algoritmos extraer patrones y realizar predicciones. Son capaces por ejemplo de determinar la propagación de una posible epidemia mediante las búsquedas sobre la enfermedad realizadas en Google. El mismo director de la CIA declaró que se basan en metadatos para matar gente.

El Big Data se ha convertido en una sobreescritura de la realidad con una codificación alfanumérica y exponencial que trata de interpretar hechos científicos y artísticos. Promete un análisis más racional y una gestión más eficaz de lo real con el precio de la abdicación de la comprensión humana. Si con el Big Data todo es probabilidad y correlación: ¿que nos queda?. ¿Donde quedan la creatividad, la intuición o la ambición intelectual?.

La denominada tiranía del datacentrismo fomenta la idea de que en los datos se encuentra la respuesta a cualquier problema y que nuestra sociedad puede prescindir de mecanismos más imperfectos y desordenados basados en la política y la negociación. Podemos entrar en una distopía cotidiana dado que  la información que generamos (datificación) se crea pero no se destruye: es almacenada, transformada y analizada por servidores inmensos. La nueva materia prima de nuestra economía son nuestros datos por los cuales luchan las empresas, las instituciones o las redes sociales. La mercantilización del dato es la evolución natural de este nuevo Capitalismo digital.

Pero ante un panorama que puede parecer truculento nos queda algo tan humano como la crítica con la denominada Ética humanista del dato: nunca el dato puede tener un valor absoluto, siempre debe estar ligado a la ponderación del sentido común. Frente al nuevo determinismo de los datos, preservar valores como la subjetividad y la ambigüedad es especialmente importante ya que es fácil pensar que todas las soluciones son compatibles dentro de un servidor.

Como lúcidamente expone el estadístico Nate Silver en su libro "La señal y el ruido": en las predicciones desempeña un papel crucial la capacidad de detectar una estructura empírica subyacente, más allá de las operaciones matemáticas. La única forma de distinguir el ruido de la señal es organizar una historia causal que tome en cuenta tanto los factores contextuales como la verosimilitud de las hipótesis. Y para eso es necesario introducir ajustes de criterio (sesgos) en los procedimientos formales. Lo vital es distinguir la señal del ruido dado que hay predicciones que alteran el tradicional esquema causa-efecto.

Es necesario entender la toma de decisiones y la racionalidad como un proceso intrínsecamente probabilístico donde el contexto es importante y el falsacionismo la garantía metodológica de humilde realismo. Y tener también en cuenta que en lo humano siempre van a existir dimensiones políticas: ¿la burbuja inmobiliaria fue sólo el resultado de un sesgo cognitivo de quienes no supieron ver la crisis que venía o la consecuencia del éxito de una política que promovía la propiedad para todos impulsada por la élite económica?.  Como ya advirtió sabiamente Nietzsche: "humano...demasiado humano".





martes, 19 de agosto de 2014

El nuevo realismo: conociendo la realidad


¿Podemos realmente conocer nuestra realidad? ¿Podemos describir los hechos tal como son? Existen en filosofía y en la ciencia grandes discrepancias a la hora de determinar qué podemos realmente conocer. Últimamente en cambio, ha aparecido una nueva corriente de pensamiento optimista denominada Nuevo Realismo y propugnada por el filósofo alemán Markus Gabriel, que nos exponen que podemos conocer los hechos tal como son. La vida cognitiva, nuestra vida como seres humanos, no es una ilusión. Podemos conocer la cosa en sí, como decía Kant y hay además verdades éticas evidentes (no matar niños por ejemplo).

La realidad se nos aparece a cada uno como campos de sentido, como sitios en los que estamos a lo largo del día. Nuestros sentidos no nos engañan. Podemos reconocer la realidad de los productos humanos (arte, pensamiento, democracia...). Esta denominada ontología de los campos de sentido habla de cosas que no son físicas pero sí reconocibles: gobiernos, sueños, amor... Todo existe porque aparece a los seres humanos en un campo de sentido. La democracia no es un objeto espacio-temporal, pero en cambio se nos aparece y tiene sentido en nuestro día a día.

Ser realista en filosofía no significa necesariamente fundar todos nuestros pensamientos en la naturaleza. La Ontología simplemente significa que el mundo tiene sus leyes y las hace respetar (el agua moja y el fuego nos quema más allá de que podamos conceptualizar al agua por ejemplo como H2O). Lejos del irrealismo de la postmodernidad que afirma que "no hay hechos sino sólo interpretaciones", el Nuevo Realismo lleva la crítica incorporada al partir de describir "así son las cosas", para después intentar cambiarlas. Podemos finalmente reconocer la realidad de los gobiernos, de los pensamientos de la filosofía, el arte. Los hechos consisten en conceptos que expresan propiedades. El mundo sería entonces la totalidad de los hechos pero sólo existe lo que se nos aparece en nuestro campo de sentido. El mundo como concepto aglutinador no existe. El todo no puede ser parte de sí mismo. Lo revolucionario es la afirmación que, a pesar de las corrientes de pensamiento predominantes actuales, puede que no todas las cosas estén conectadas unas a otras por una especie de supraestructura. Afortunadamente no hay determinismo sino libertad humana con infinitas posibilidades a explorar (como decía Sartre: estamos condenados a ser libres).

Existir puede tener dos variantes principales: 1) La de la ciencias físicas: que determinan lo existente solo en lo que se puede mesurar (numéricamente) a modo de objetos en el espacio-tiempo y 2) la filosófica: para la cual lo existente son los hechos que aparecen en un contexto. La Física es la disciplina que más está intentando describir toda la realidad llegando a hipótesis y tesis que contienen un alto valor a la hora de intentar reconocer esa realidad física en la que también vivimos:


  1. ¿Y si el tiempo fuera una ilusión? El físico británico Julian Barbour cree que el universo no es otra cosa que una gran colección de momentos (lo que el llama el montón) y cada uno de ellos, una colección de cosas. No tiene sentido querer ordenar cronológicamente esos diferentes momentos. Simplemente están y punto. Haciendo una analogía, es como reproducir una película en DVD que aleatoriamente salta hacia adelante o hacia atrás. Los protagonistas no encuentran ningún problema: ellos hacen lo que tienen que hacer, y siempre lo hacen. Así cada instante del espacio-tiempo es como una secuencia de una película, que en esencia consiste en nuestra memoria y recuerdos, es como un conjunto de diapositivas  que provocan la sensación de paso del tiempo. Esa sensación no requiere la existencia de escenas previas, de momentos previos: todo está contenido en esa diapositiva (DVD) particular del Universo. Hay "ahoras", nos movemos a través de una sucesión de ahoras que son las configuraciones de todas las cosas en el Universo, unas con respecto a otras, en cualquier momento, por ejemplo, ahora. El  espacio y tiempo absoluto sería como un bloque de vidrio traslúcido que se extiende desde el infinito hasta el infinito; es un marco de referencia fijo en el que todo sucede. El problema es que no podemos ver ese marco invisible; todo lo que vemos son cosas que se mueven unas con respecto a otras y es lo que utilizamos para medir el paso del tiempo. No existe un marco de referencia absoluto sino relaciones de unos objetos con otros.
  2. ¿Es el Universo cíclico? La teoría de cuerdas nos expone que cada partícula que vemos es en realidad un pequeño trozo de cuerda. Hay objetos llamados branas, abreviatura de membranas, que son básicamente versiones de cuerdas en dimensiones superiores. Algunos físicos sugieren que el cosmos surgió cuando una brana o membrana de cuatro dimensiones chocó con otra paralela. Si dos branas colisionan podrían haber sido el Big Bang y este accidente podría repetirse cíclicamente. El modelo cíclico surgió de la idea que cada Bang fue seguido por otro, y esto podría haber existido durante toda la eternidad. El Universo entero podría haber existido siempre, y habría habido una serie de Bangs, que se extienden hasta el pasado infinito y se extenderían hacia el futuro infinito.
  3. ¿Existe un Universo elegante? Una teoría unificada de un universo elegante que haga predicciones únicas y verificables ya no parece posible. La teoría de cuerdas admite un gran número de versiones ( o soluciones 10^100) diferentes, cada una de las cuales describe un universo con diferentes leyes de la física. Las propiedades básicas de un Universo, como su dimensionalidad, la naturaleza y las intensidades de las diferentes fuerzas y las masas de las partículas elementales varían de una teoría de cuerdas a otras. El principio antrópico no se puede refutar: afirma que ante la existencia de un conjunto de Universos posibles (mutiuniversos), al menos uno de los cuales tiene las propiedades que ya se han observado como ciertas en el nuestro y que permiten nuestra existencia como humanos.
  4. ¿La imagen que tenemos del Universo cambia en cada época? En efecto, cada época utiliza la tecnología predominante como una metáfora de la naturaleza y el universo:
  • En Grecia: se apreciaban los instrumentos musicales, la regla y el compás. La cosmología griega fue estructurada a partir del número, armonía, proporción; formas tomadas de la matemática.
  • S.XVIII: con Newton la fascinación eran los mecanismos de relojería. El Universo fue concebido como mecánico con todas la partes interconectadas y marchando con precisión infinita. 
  •  S. XIX: la máquina de vapor supuso la principal innovación. El universo era representado como una enorme máquina térmica o máquina termodinámica, deslizándose hacia la muerte térmica. El Universo empieza con una baja entropia y al final tiene una entropia muy alta.
  • S.XX-XXI: los ordenadores y computadoras son la máxima innovación. La naturaleza se entiende como un proceso computacional de procesamiento de información que un ordenador cuántico puede procesar. Se extiende la idea de que podríamos estar viviendo en una simulación (Matrix). El proceso de información aumenta de forma exponencial a nivel subatómico y cuántico y es quizás aprovechado por la naturaleza en una búsqueda cuántica en el árbol de decisión química, en donde la vida evolucionada es "el ganador".

Parece pues que nuestra mejor descripción de la realidad implica la necesidad de varias perspectivas: la realidad física (de objetos en el espacio-tiempo), solo discernible a través de la realidad mental (o consciencia) construida por nuestro cerebro y solo puede describirse si utilizamos los conceptos de la realidad matemática y social que existen en paralelo a nuestro mundo físico. El Nuevo Realismo no es determinista: la infinitas posibilidades de la libertad humana nos hacen afortunadamente libres para elegir y cambiar nuestra realidad dándole el sentido que nosotros personalmente elijamos.




domingo, 8 de diciembre de 2013

Estudiando la Felicidad: de la conformidad al sentido


Vivimos ciertamente en una sociedad permisiva en la cual uno de sus mecanismos de funcionamiento, que parecen menos evidentes, es que en vez de prohibir hay que intentar que se desee lo que se quiere. El poder en vez de ser autoritario ahora debe seducir. Tenemos el deseo de regular y  lejos de intentar saltarnos las reglas como ocurría anteriormente,  las reglas y las normas son fuentes de placer para muchos cuando deben vigilar como aplicarlas. Construimos normas y regulaciones para nuestro bienestar pero al mismo tiempo el deber se convierte en un placer.

El filosofo Slavoj Zizek nos advierte que podemos encontrarnos ante un totalitarismo democrático en el cual se nos demanda a realizar nuestro deber o trabajo y además disfrutarlo y nos sentimos mal sino nos sentimos bien haciéndolo. Estamos ante una nueva forma de conformidad, más sutil si se quiere, pero siempre presente. Tienes que amar lo que debes hacer, el ser feliz se convierte en el nuevo mandamiento pero si nos detenemos a pensar quizás realmente no deseamos lo que queremos.

Desde el punto de vista de las Ciencias Sociales se comienza a estudiar la felicidad como un fenómeno. La felicidad es definida como un estado subjetivo de bienestar. La felicidad es algo que sentimos. En un sentimiento de placer inmediato o una sensación de conformidad y bienestar con la forma en que nuestra vida discurre. De los diferentes estudios que se han llevado a cabo el descubrimiento más importante es que la felicidad no depende realmente de nuestras condiciones objetivas o de la riqueza de nuestra sociedad. Al contrario, la felicidad depende por encima de todo, en la correlación entre las expectativas y las condiciones. Esto significa que no se es más feliz porque nuestra condición objetiva sea x. Se es más feliz porque nuestras expectativas, cualquiera que estas sean, se han cumplido.

Esta linea de pensamiento sobre la felicidad tiene fuertes implicaciones a la hora de analizar la historia de nuestras sociedades. Uno de estos mecanismos descubiertos de la satisfacción humana es que cuando los cosas mejoran, nuestras expectativas se disparan. Esperamos mucho más cuando se produce una significativa mejora de las condiciones objetivas y esto nos lleva a la insatisfacción porque esperamos más que antes y más si tenemos el mandato moderno de ser felices a toda costa.

Otra interesante conclusión de estos estudios es que si la felicidad esta determinada por las expectativas, dos de los pilares centrales de nuestra sociedad moderna como son los medios de comunicación y la publicidad, no están trabajando precisamente para asegurar el bienestar con sentido sino para que la gente no se sienta bien a pesar de la gran mejora objetiva en las condiciones materiales de nuestra sociedad. Al exponernos continuamente a mejores productos y formas de vida trabajan en incrementar nuestras expectativas para que consumamos más.

La felicidad también se ha estudiado desde otros ámbitos del conocimiento como el de la Biología y llegan a conclusiones similares a los científicos sociales de lo subjetivo de la felicidad aunque con una perspectiva diferente. Los biólogos argumentan que nuestro mundo mental y emocional esta gobernado por mecanismos bioquímicos que fueron modelados durante millones de años de evolución. Como otros estados mentales, nuestra felicidad, nuestro estado subjetivo de bienestar, no es determinado por factores externos como nuestro salario o la situación política de nuestro país sino que es determinado por un complejo, interno sistema biológico de nervios y neuronas y sinapsis en el cerebro y por varias sustancias bioquímicas como la serotonina, la dopamina o la oxitocina. Todo esto controla nuestro humor y nuestro placer, felicidad o tristeza. Una persona que gana la lotería salta de felicidad porque esta reaccionando a varias hormonas en el torrente sanguíneo y a señales eléctricas en el cerebro.

La evolución parece que nos ha programado para mantener nuestros niveles de felicidad bastante constantes. La felicidad y la tristeza juegan un papel en la evolución para promover o no la supervivencia y la reproducción. La evolución nos ha llevado a no ser ni demasiado felices ni demasiado miserables. Esta perspectiva biológica circunscribe la felicidad a disfrutar internamente de sensaciones placenteras el mayor tiempo posible y esto sólo puede conseguirse mediante la ayuda de drogas u otros tratamientos médicos. El dinero, el status social, grandes casas no proporcionan la felicidad. Nuestros sistema biológico se adapta y reduce la sensación placentera.  La felicidad duradera viene únicamente de los compuestos bioquímicos que hay internamente en nuestro cuerpo y que pueden fomentarse con los medicamentos (Prozac) o drogas sintéticas adecuadas. La felicidad es el soma del mundo feliz de Aldous Huxley.

Finalmente desde una perspectiva mas holística podemos decir que quizás la felicidad no es confort, no es placer; por encima de todo esto es encontrar sentido en lo que hacemos a pesar de que esto suponga pasar a veces por malos tiempos o dificultades. Si la felicidad depende del sentido en la época actual jugamos con desventaja si lo comparamos por ejemplo con la época medieval donde el sentido religioso de la vida humana era omnipresente. Puede que el mundo postmoderno haya fragmentado o destruido cualquier intento de sentido absoluto pero la clave para ser feliz esta en sincronizar nuestras ilusiones con las de nuestra comunidad y la gente que nos rodea. Si nuestra historia personal encaja  y esta en línea con las de las personas que nos rodean podemos convencernos que nuestra vida tiene sentido y encontrar así la felicidad y la satisfacción. No conformarnos con lo que nos ofrecen sino en dar un sentido interno a lo que hacemos. La felicidad esta en dar sentido a nuestra vida con los demás.







domingo, 2 de junio de 2013

Haciendo del tiempo un aliado interno


Si de algo tenemos mayor sensación es de la falta de tiempo. Hemos hecho de nuestra vida diaria una contrareloj de actividades que acaban por agotarnos. Además, al fomentar en nuestro sistema económico el endeudamiento, hemos provocado que gran parte de la población haya ya vendido su tiempo futuro para poder devolver esas deudas. Pero: ¿Qué es en realidad el tiempo? ¿Existe el tiempo? ¿La forma en como concibamos el tiempo puede ayudarnos en nuestra vida cotidiana?

Desde ámbitos en principio tan dispares como la Física y la Filosofía podemos encontrar respuestas que nos hagan reflexionar sobre cómo hacer del tiempo un aliado interno. Para la Física lo que existen son los procesos que conforman una realidad. Se habla de la flecha del tiempo refiriéndose a los procesos irreversibles que se dan en el mundo físico. Nuestra vida es un proceso irreversible que se va construyendo en nuestro devenir vital. En cambio para Einstein nos decía que el tiempo no existía porque el mundo físico no era un proceso y hablaba de una realidad absoluta. Los acontecimientos son la percepción humana y relativa de esta realidad absoluta.

Pero ya desde la Filosofía griega Presocrática existía esta conceptualización diferente de la realidad del tiempo con los filósofos Heráclito y Parménides y que ha continuado vigente hasta nuestros días:
  • Para Heráclito la realidad tiene un carácter asombroso en lo que a su diversidad se refiere. El fluir continuo de todo lo concreto y el cambio constante son condiciones fundamentales de la experiencia sensible humana. La realidad es una armonía de tensiones opuestas cuyo principio es el devenir. Todo fluye (panta rei). En China también se entiende la realidad como un proceso de transformaciones.
  • Parménides defiende la unidad de lo real. Lo común a la existencia es la persistencia del Ser. Mas allá del Todo nada existe, porque el Todo es el Ser y más allá del Ser no hay nada. Nos topamos con una llamativa negación del devenir. El Ser es increado, imperecedero, inmóvil e ilimitado. El universo ha de ser necesariamente un continuo repleto del Ser. Parménides estaría muy cerca de Einstein al concebir una realidad absoluta que nosotros sólo percibimos relativamente sin poder cambiar su naturaleza.

Estas dos concepciones pueden ayudarnos: primero a saber que el tiempo es entendido como un proceso de transformación en el que nosotros tenemos la afortunada oportunidad de intervenir para cambiar. Pero seguidamente,debemos hacerlo con conciencia que nuestra posición en la realidad es relativa y humilde y que debemos respetar la naturaleza de las cosas sin forzarlas.

La diferenciación entre el sentido objetivo y subjetivo del tiempo es algo que podemos aprender de nuestros vecinos del continete Africano como nos decía Kapuscinski: así, los Europeos estamos convencidos que el tiempo funciona independientemente del hombre, de que su existencia es objetiva, exterior, que se halla fuera de nosotros y que sus parámetros son medibles y constantes, los cuales no podemos controlar. Los Africanos perciben el tiempo de manera bien diferente: para ellos el tiempo es una categoría más holgada, abierta, elástica y subjetiva. Es el hombre el que influye sobre la horma del tiempo, sobre su ritmo y su transcurso. El tiempo, incluso, es algo que el hombre puede crear.


Ser pues conscientes de esta naturaleza polimórfica que el tiempo tiene: de su oportunidad de transformación y cambio; que nuestra posición relativa debe respetar la naturaleza de las cosas: que el tiempo es algo también interior y subjetivo que nosotros podemos crear, debe ayudarnos a posicionarnos antes esa sensación de escasez de tiempo que todos en algún momento vivimos. Sabemos que el ego es una ficción creada para dar solidez y continuidad a una civilización Occidental como la nuestra,que mediante el dominio, control y la organización del tiempo y nuestros egos ha escrito su historia de dominio que ha llegado ahora a un punto crítico.

Hagamos pues de nuestro tiempo subjetivo, que nosotros creamos para lo que realmente nos da sentido, un aliado interno y motor de cambio de una sociedad que hace de su escasez un elemento de dominio y control.


sábado, 19 de enero de 2013

La subjetividad: cientifismo vs psiquismo

Nuestra época vive inmersa en un paradigma de pensamiento dominado por el cientifismo: basado en un reduccionismo mecanicista todo lo humano sería explicable por un mecanismo físico, genético o neurológico. Sujetos a la causalidad mecánica y al determinismo físico toda acción del sujeto sería reducible a lo orgánico. Explotada hasta el extremo hemos hecho de esta metodología una ideología que se aplica sin conciencia a otras ciencias, como su aplicada alumna la economía, con los resultados que desgraciadamente todos conocemos.

Uno de los grandes choques contra ese paradigma cientifísta viene de la Psicología que postula que existe una realidad psíquica, un psiquismo independiente de la realidad física y que no todos los problemas mentales deben tratarse exclusivamente con medicación farmacológica o intervenciones médicas. La vida del sujeto es un devenir de experiencias con una parte inconsciente que marcan su identidad personal. El cerebro recibe información externa mediante la percepción pero esta condicionado por la información interna en forma de red asociativa psíquica de fantasía y deseo que ordena una biografía particular y un tiempo vital.

La percepción que marca la realidad cerebral deja huella en la memoria que se transforma en representaciones de imagenes (significantes, palabras,..) que conforman nuestra realidad psíquica. Como diría Spinoza en su monismo materialista: el pensamiento es un atributo del cuerpo y todo forma parte del cuerpo. Así el cuerpo crea el lenguaje que es una realidad diferente de significantes. El lenguaje crea al sujeto que habla y que se sostiene en un sujeto empírico que es el cuerpo pensante.

La ciencia no piensa sobre el sujeto que tiene sus efectos. La conciencia como resultado de la función subjetiva es un estado unificado que se nos presenta como un todo integrado por múltiples componentes. No se ha hallado un lugar o estructura que integre esa información de la conciencia que se represente como un todo integrado por muchos componentes que han sido procesados en la áreas corticales del cerebro. La conciencia o función subjetiva en el fondo es un proceso y no un objeto que se pueda aprehender y estudiar como una realidad emergente. Lo que nos configura como sujetos quizás no sea un objeto adecuado para el estudio científico actual.

Y es importante remarcar que para la Psicología, en la construcción del Yo ( de nuestra subjetividad) es el Otro (la cultura, nuestros padres, familia, compañeros o amigos) el que pone en marcha la funciones subjetivas. Sin el otro, sin la vida social, no llegamos a construirnos. Desde la exterioridad construimos nuestra interioridad. Sin los demás no somos nosotros mismos.  Y como decía la corriente filosófica denominada Personalismo: la persona no es un dato o un fenómeno, sino un proceso (el de personalización) que nos hace madurar moralmente y que en este proceso de personalización proporciona lo mejor a todos desde la propia singularidad y sus acciones.

Quizás estaríamos en un mundo diferente si nuestro dominante cientifísmo economicista cambiase sus postulados no ya para tratar con objetos y datos a rentabilizar, sino con personas en un proceso de construcción subjetiva con sus semejantes. Necesitamos sin duda ahora más que nunca, Ciencia con Conciencia.



domingo, 28 de octubre de 2012

La necesidad de la verdad: creando nuestras propias normas


¿Existe una verdad?¿Está a nuestro alcance? ¿Podemos tener un conocimiento seguro del mundo? ¿Se puede dudar de todo?. Estas han sido desde siempre unas de las grandes preguntas que desde varios ámbitos del conocimiento han preocupado al ser humano y de cuya respuesta se deduce una manera de ver y habitar el mundo.

Desde el ámbito filosófico con su rama de estudio denominada epistemología, han sido muy variadas las interpretaciones al problema de que puede ser considerado como verdadero y cuales son los criterios para determinar la verdad. Lo verdadero suele ser definido por la correlación entre nuestras ideas y la realidad. Pero no está garantizado que exista una correlación entre las representaciones que uno pueda tener y la realidad, aunque esta última es concebida como algo independiente de toda representación. 

Puede ser que lo que consideramos verdadero sea un concepto a eliminar a pesar de estar omnipresente en nuestra vida cotidiana. Cada día decimos convencidos "es verdad" o "no es verdad". La verdad es a lo mejor simplemente el acuerdo de nosotros mismos con nosotros mismos porque al no poder distinguir entre lo verdadero y lo falso, nuestra representación del mundo se volvería caótica.

Siempre el objeto real y la representación (mental) que nos hacemos de él serán diferentes. Los hechos y la representación que nos hacemos de ellos a través de la percepción no serán nunca de la misma naturaleza y por lo tanto no serán comparables. Entonces, ¿No habría que contentarse con hablar de coherencia? Podemos llegar a juzgar alguna afirmación como falsa si es incoherente. Por ejemplo: los perros urbanos son rosas. Sería una frase incoherente con nuestra experiencia y por tanto falsa. Pero aquí de nuevo lo que es juzgado verdadero en un tiempo no lo es necesariamente en otro. No se creía que existieran cisnes negros en el mundo occidental hasta su descubrimiento en el siglo XVII.

Al descartar el sentido fuerte de correlación y el de coherencia como criterios para determinar qué es verdadero surge la opción pragmatista de otorgar la verdad el criterio de utilidad: "es verdad porque es útil". La verdad no es solamente lo que es coherente, sino lo que es más ventajoso en un plano cognitivo. Una teoría científica sería una creencia verdadera cuando es resultado de una búsqueda racional y permite predecir y controlar el mundo mejor que sus rivales. Pero aquí volveríamos al concepto de correlación con la realidad para ver que opción es más útil.

Entonces ¿qué es la verdad? A lo mejor se trata en realidad de algo muy banal y superfluo que no añade, como dicen los deflacionistas, ninguna información adicional: así decir que una afirmación verdadera como "el azúcar se deshace en el agua" encuentra ya  su explicación en los mecanismos químicos.No hay ninguna esencia de verdad que buscar. Todo esta ya explicado por las propiedades de los objetos y no nos aporta nada definir que es verdad.

En definitiva, a lo mejor la verdad no es un concepto o una propiedad sino, como algunos filósofos defienden, es una norma: la forma en que buscamos el conocimiento de las cosas mediante una metodología (científica) que ha hecho lo posible para establecer una correlación entre las entidades (electrones, colores, agujeros negros,...) y la realidad tal y como es, salvando incoherencias y contradicciones. En este sentido, la verdad como norma juega un papel fundamental dado que nos permite evitar la ilusiones metafísicas (y sus nefastas ideologías asociadas) y el caos conceptual.

Y seguramente lo más interesante sea las consecuencias que desde el punto de vista social de todo esto se derivan: para la filosofía de Platón y Kant el conocimiento seguro del mundo es inalcanzable y de aquí surge en gran medida el relativismo que influye fuertemente en la forma en que nos comportamos y organizamos nuestra sociedad y que es atacado desde el pensamiento religioso al filosófico: así por ejemplo para el objetivismo de Ayn Rand este relativismo provoca los cultos al "término medio", al compromiso, al consenso que son sintomáticos de inseguridad en los propios valores y en las propias decisiones. Para Rand el extremismo es bueno: si partiendo de las premisas correctas y siguiendo la epistemologia correcta uno identifica algo como bueno, lo moral es llevarlo hasta sus últimas consecuencias. El objetivismo considera al ser humano como heroico creando sus propias normas en la búsqueda absoluta de la felicidad.

Ante tiempos de crisis como los actuales, quizás lo que necesitamos entonces es crear las normas para encontrar nuestra verdad como forma de encontrar la felicidad más allá de la realidad que nos toque vivir o las verdades que nos pretendan imponer.


miércoles, 22 de agosto de 2012

Nuestra poética de la vida: la ciencia como argumento


Cuando estamos ante tiempos difíciles y duros como los actuales se nos hace sin duda necesario buscar una poética a la vida: crear nuestro propio sentido que nos haga de refugio ante la serie de tempestades que cíclicamente nos llegan. Y somos en el fondo afortunados de vivir una época como la actual en la que la Ciencia se ha convertido no sólo en la punta de lanza del avance del progreso humano sino también en la mayor creadora de poéticas metáforas sobre la vida y su sentido.

Resulta fascinante saber que nuestro universo surge de una singularidad: de un compartamiento extremo en un punto que crea el espacio-tiempo algo que nos lleva a una serie casi ilimitada de efectos sin una causa aparente y donde aparece nuestro mundo tal y como lo conocemos. Y aún resulta más fascinante conocer que si estamos aquí y somos conscientes de nosotros mismos y nuestro universo es gracias a una pequeña asimetría entre la relación de la materia y la antimateria.


Singularidad y asimetría son dos palabras que nos demuestran poéticamente que la excepcionalidad es parte inherente de lo que nos conforma íntimamente como seres humanos. Y quizás ser conscientes de este hecho puede hacer que veamos nuestra vida no sólo como un derecho sino como un privilegio ante las realmente escasas probabilidades que hemos tenido de llegar a estar aquí.

Ser algo excepcional en el devenir del universo debe llevarnos también a reforzar ese afecto irracional que todos tenemos hacia la vida: un sentimiento positivo que brota del mero hecho de estar vivo y de tener un tiempo vital que nos es dado para crear nuestra propia poésis de sentido: valioso e irrenunciable por ser único e intransferible. Y también sin duda verdadero porque como decía el filósofo Unamuno "la vida es el criterio de la verdad" y todo lo que da impulso a la vida contiene elementos de verdad.

Puede parecernos que hay pequeñas malas temporadas donde lo social o económico arrasa con cualquier sentimiento de progreso vital pero mirar las cosas con la perspectiva que da la ciencia y un mundo físico de millones de años que nos arropa con sus propias e inmutables leyes que crean la vida, nos da la energía para no desfallecer y seguir hacia adelante con la confianza de ser parte excepcional de algo más grande donde esta en nuestras manos crear nuestro propio argumento de sentido como parte irrenunciable de nuestro devenir vital.



lunes, 16 de enero de 2012

Pensando la Física: en busca de la naturaleza última de la realidad

Hay preguntas que no por difíciles de contestar resultan menos fundamentales. Cuando habitamos nuestro mundo nos surgen a veces cuestiones como: ¿cuál es la naturaleza última de la realidad? o ¿en qué consiste en último término el mundo?. Preguntas que desde que el Ser Humano tiene uso de razón ha intentado contestar desde los diferentes saberes.

La rama del conocimiento que más se esta acercando a responder esas preguntas que intentan aprehender la realidad es sin duda la Física. Y como nos dice el Filósofo de la Ciencia Jordi Pigem, paradójicamente el conocimiento científico que siempre había ido generando más certeza sobre la realidad, con la aparición de la nueva Física Cuántica en el siglo pasado, las antiguas certezas de la Física mecanicista se disuelven entre un océano de probabilidades e identidades intangibles. Algo similar a lo que ocurre con la Economía de nuestros días presa de la incertidumbre y los límites que todas las cosas tienen por naturaleza.

Desde la Grecia Clásica con Demócrito se ha buscado en la naturaleza patrones y elementos fijos e indivisibles que se identificaron con los átomos. Y para Einstein era básico que la Física creyese en un mundo real y objetivo que existiese independientemente de cualquier acto de percepción, sujeto a un orden y que recogía en su famosa frase de "Dios no juega a los dados".

Pero la naturaleza afortunadamente siempre nos reta a intentar superarnos mediante la contradicción: para el Físico Niels Bohr, uno de los padres de la Física Cuántica, no existen particulas materiales aisladas sino que son abstracciones: sus propiedades sólo se pueden definir y observar interactuando con otros sistemas. Las certezas se ven suplantadas por simples probabilidades y el observador puede determinar la forma de cómo se conforme la realidad. Con esto no sólo se esfuma la idea de que hay elementos únicos que componen la realidad, sino que pone en cuestión que exista una realidad objetiva, previa e independiente del observador.

Y es que desde el pensamiento filosófico de Platón y Aristóteles pasando por Descartes, Newton y Kant se habían acercado a la realidad como algo objetivo e independiente al observador. Kant pensaba que detrás de los fenómenos observados había una realidad objetiva (noúmeno) a la cual no podemos acceder. Pero ya Goethe nos advertía que "no hay que buscar nada detrás de los fenómenos: ellos mismos son la teoría".

Los Físicos se preguntan ahora si acaso la idea que el elemento más fundamental de la realidad sea la información:  nuestra mejor descripción de la realidad podría tener que implicar una especie de trinidad: la "realidad física" sólo es discernible debido a la "realidad mental" (o consciencia) construida por nuestro cerebro, y sólo puede describirse si creemos que nuestras ecuaciones y leyes de la física proceden de alguna "realidad matemática" que existe en paralelo a nuestro mundo físico.

En nuestra mente damos cabida a información que puede ser manipulada matemáticamente y que siempre está casada con cosas físicas: la información no puede existir sin algo (ADN, fotón de luz, un papel). La información es Física y estás hipótesis dan lugar a propuestas tan fascinantes como que con la existencia de un ordenador suficientemente potente (cuántico), podríamos estar viviendo plausiblemente en una simulación (al estilo de la película Matrix).

¿Y dónde nos lleva todo esto en nuestra vida diaria? Como también expone Pigem: nos lleva hacía pasar de un mundo de realismo clásico mecanicista e instrumental con la Física de Newton a una realidad postmaterialista y un universo participativo, en el cual no estamos separados del mundo, siendo interdependientes y donde las expectativas del observador condicionan decisivamente lo que observamos.

La Física teórica nos pide a gritos un cambio de perspectiva tan necesario en la situación de crisis actual. En el fondo vivir en el postmaterialismo sabiendo que los recursos son limitados, sentir nuestra interdependencia, desarrollarnos en la incertidumbre y ser conscientes de nuestro poder de decisión como observadores privilegiados que influimos en nuestro acontecer diario, más allá de alejarnos de nuestra esencia, nos acerca sin duda a la realidad última de lo que verdaderamente es el mundo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿Qué es la vida?: De los hechos al discurso civilizado


Todos intentamos saber y conocer a través de nuestras experiencias con los hechos que nos ocurren. Sabemos también que existen diferentes ramas del pensamiento humano que intentar dar con un conocimiento válido: así la Filosofía (amor a la sabiduría) surgió como el intento de clarificar el orden de lo que conocemos, es decir, el distinguir entre conocimiento sólido (episteme) y opinión a veces infundada (doxa). Por su lado la Ciencia (del verbo scire, saber) trata de contrastar de forma rigurosa enunciados o teorías potenciablemente verificables o refutables y empíricamente demostrables.

El gran problema que surge entonces, como nos dice el filósofo de la Ciencia Jesús Mosterín, es el de la demarcación: demarcar un terreno es señalar sus lindes o confines, trazar la frontera que lo separa de otros. ¿Qué separa la Ciencia de la Filosofía? Puede parecernos que mucho, pero en el fondo quizás la única línea que podamos trazar entre ellas sea afortunadamente discontínua. Aunque no nos lo parezca, dentro de la Ciencia existen muchos enunciados existenciales ("hay una partícula con estas propiedades")  verificables, pero no refutables y que pueden parecernos más propios de la Filosofía. Y,como en la Filosofía, las especulaciones juegan un papel necesario en la dinámica del progreso científico.

Y si preguntamos, ¿Qué es la vida? :

La Ciencia podría respondernos que un ser vivo es un sistema abierto que intercambia materia, energía e información con el exterior y que, gracias a ello, tiende a mantener su identidad independiente de la incertidumbre de su entorno. Los seres vivos tienen las capacidades de multiplicación, variación y herencia o descienden de seres que las tienen. En algún momento emergieron seres dotados con redes metabólicas rodeados de membranas semipermeables, con sistemas de transformación de energía y con información genética capaz de copiarse y transmitirse a las siguientes generaciones. Luego la selección natural se ha encargado de favorecer aquellas innovaciones que ayudan a seguir vivo.

La Filosofía pondría quizás el acento en la significación que tiene esto que llamamos la vida. Y podría decirnos que la vida es un sentimiento subjetivo y personal que necesita incorporar una concepción totalizadora y con sentido del mundo a modo de discurso interiorizado.

Y es que si nos ceñimos al materialismo de lo que hay, la materia puede tener varios estados: desde materia inerte en el cosmos, pasando por materia viva en las células y evolucionando a materia inteligente en las neuronas para acabar en materia civilizada en el hombre. La vida es pues desde una bacteria hasta Shakespeare. La vida son hechos y discursos: Ciencia y Filosofía.

Ciencia y Filosofía atacan con coraje emancipador el gran desafío del saber. A nosotros nos queda la consciente responsabilidad y esfuerzo de conocerlas y unirlas en la denominada Tercera Cultura, conjunta de Humanistas y Científicos, para estrechar el cerco crítico contra el mero opinar interesado de vocación dominadora y adueñarnos así de nuestra propia y viva identidad.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Construyendo nuestras mitologías personales: amando la irrealidad


Vivimos en un mundo que ha perdido ese carácter mágico que tenía para nosotros de pequeños: en el que todo era posible, desconocido y misterioso, dónde todo nos sorprendía  pero el cual sentíamos como nuestro, en esa íntima confianza infantil en la narración mítica de lo que nos rodeaba. Ahora tratamos la realidad como algo instrumental para conseguir algún objetivo. Parece que todo nos venga dado y pueda ser analizado. La perspectiva racional-científica domina claramente a la hora de formar el criterio de lo que consideramos como verdadero y en lo que hay que creer.

La praxis de la Ciencia ha dado lugar en algunos momentos a una deriva autoritaria con una serie de presupuestos sobre el Ser Humano como una simple máquina biológica y que a base de buscar objetividad, se ha convertido en un dogmatismo que excluye cualquier otra alternativa no científica: lo que no se atañe a los hechos y su descripción no puede ser referencia explicativa de la realidad. Es lo que en Filosofía se ha dominado como la muerte del sujeto y la subjetividad personal.

El famoso paso en Grecia del mito al logos, de la explicación irracional y mitológica de la realidad al discurso lógico y racional, ha marcado desde hace siglos nuestro pensamiento y forma de actuar. Pero: ¿qué nos hemos dejado por el camino con esta travesía hacia el mundo de los hechos medibles?

La respuesta no es fácil, pero en el fondo frente a la radical incertidumbre de saber lo que somos y lo que nos rodea, parece cuando menos limitante un cientifísmo que avanza hacia la extinción de lo subjetivo, en nombre de un programación genético o neuronal que dejaría al hombre a merced de su cerebro como único creador de nuestras vidas. Utilizamos lo tecnológico y científico como una especie de amuleto que nos da seguridad y permite ubicarnos en el mundo. Tememos la desconexión y mucho más el silencio creativo reflexivo.

Quizás no deberíamos haber dejado nunca de lado ese discurso mítico, que en vez de atenerse a lo que hay, trata de crear una realidad nueva personal. Y es que el Ser Humano no es una cosa o sustancia, un  simple dato o un fenómeno sino un proceso creador (el de personalización) que nos hace madurar éticamente en nuestra forma de afrontar la vida.

Como sabiamente decía el filósofo español Miguel Unamuno: la vida es el criterio de la verdad. Y en consecuencia contiene elementos de verdad todo aquello que da impulso a la vida: desde un mito o narración a una elaborada teoría científica. Nuestro modo de comprender o no comprender el mundo y la vida brota de nuestro sentimiento respecto a la vida misma. Y este sentimiento es un afecto que probablemente tiene raíces inconscientes, es decir, que es irracional.

Ante una realidad impuesta y definida de antemano, la fuerza de la persona humana radica en el empeño en producir aquello que todavía no existe y como niños que todos hemos sido, sabemos aún sin duda afortunadamente crear con nuestra mítica  imaginación, espejismos narrativos para después confiadamente vivir en el interior de estas intransferibles mitologías personales.

martes, 1 de noviembre de 2011

El Conocimiento y la construcción de una Arquitectura personal


¿Qué podemos conocer?. Ésta es una de las grandes preguntas que desde su origen se hace la Filosofía y la Ciencia. Y a todos nos resulta una cuestión sin duda cercana ya que la interpretación que hacemos de la realidad configura de forma definitiva nuestra identidad y lo que creemos ser. Ésta pregunta está pues relacionada también con otro de las grandes temas de la filosofía como es el estudio del Ser.

La perspectiva con la que se ha abordado el conocimiento ha variado radicalmente a lo largo de la historia:

Actualmente y desde la modernidad y Bacon el conocimiento se considera como un instrumento de poder. La famosa frase "el conocimiento es poder" no nos es sin duda ajena.

Foucault ha sido uno de los grandes filósofos que más se han dedicado al estudio del conocimiento fundamentalmente en tres problemáticas como él mismo enuncia:
  • ¿Cuáles son las relaciones de verdad a través del conocimiento científico, con esos "juegos de verdad" que son tan importantes en la civilización y en la que somos, a la vez, sujeto y objeto?
  • ¿Cuáles son las relaciones que entablamos con los demás a través de esas extrañas estrategias y relaciones de poder?
  • ¿Cuáles son las relaciones entre verdad, poder e individuo?

Para Foucault la construcción a partir del conocimiento instrumentalizado de lo que es oficialmente la verdad implica per se una serie de determinadas relaciones entre sujetos (muchas de ellas de subordinación cuando no de servilismo). Unas relaciones donde el conocimiento es poder pero que no sólo reprime, sino que también produce efectos de verdad: unos beneficios, una visión del mundo o vanas ilusiones por la que muchos individuos luchan a veces sin el sentido de lo ilusorias e interesadamente manipuladas que a veces éstas son.

Pero existe otra visión del conocimiento que nos proporcionan nuestros clásicos como Sócrates donde éste es una forma de llegar a la virtud personal. La famosa inscripción en el templo de Delfos: conócete a ti mismo (gnothi seauton) nos lanza la invitación generosa de perfeccionarnos como individuos mediante la sabiduría que nos proporciona un acercamiento a un conocimiento entendido como cuidado de uno mismo y no como instrumento de poder.


Hacer y compartir desinteresada y generosamente el conocimiento puede ser parte de nuestra identidad y llevarnos a una vida virtuosa en un sentido clásico, al que quizás debamos dar mayor relevancia vista la situación actual.

Se trata en el fondo de construir ayudados por una consciente voluntad emancipadora, una arquitectura personal a través del saber y el conocimiento compartido y entendido desinteresadamente como algo fundamental para el cuidado de uno mismo (al igual que seguimos una dieta) y no como dominación de los demás. Como ya nos desafiában los ilustrados: sapere aude (atrévete a saber).







    domingo, 18 de septiembre de 2011

    Reconciliándonos con nosotros mismos: decrecimiento o saber vivir.

    ¿Cuando consideramos a una persona rica? Con casi total seguridad  responderemos que alguien es rico  cuando posee mucho dinero, patrimonio o abundantes inmuebles. Es decir, por muchas razones asociamos la riqueza con cuestiones exclusivamente materiales.

    En nuestro imaginario mental tenemos bien inculcado la necesidad indiscutible del crecimiento, ya sea en resultados, ventas, posesiones y lo asociamos al éxito y al reconocimiento en la vida. De hecho, sintomáticamente lo primero que preguntamos en Occidente para conocer a una persona es de qué trabaja, cúal es su puesto en la cadena productiva que tanto sacralizamos inconscientemente.

    Paradójicamente vivimos en un mundo donde desde el punto de vista físico nuestros recursos son limitados. El principio entrópico nos expone que no es posible crecer ilimitadamente dentro de un sistema, como es nuestro planeta, cerrado y que dispone de una cantidad de energía limitada.

    La idea ilustrada del poder de la razón y la Fe en el progreso abrió nuestra modernidad y nos ayudó sin duda a alcanzar altas cotas de bienestar material y hedonismo a la carta. Tres siglos después y con una conciencia formada global de los resultados que la modernidad ha tenido, quizás sea ya momento sino de rechazarla, al menos de matizarla sustancialmente.

    Porque si el sueño de la razón produce monstruos, la permanente vigilia instrumentalizada y apropiativa nos lleva a la extenuación de nuestro planeta y, sobretodo, a la propia personal.

    Dado el actual contexto de crisis económica parece cada vez más probable que la alternativa en muchos países desarrollados Occidentales no sea otra que entre recesión (decrecimiento salvaje) y decrecimiento (cívico). Y aún en estas circunstancias, podemos alejarnos de pánicos muchas veces interesados, para serenamente reflexionar y tomar conciencia de las alternativas que afortunadamente tenemos.

    Las teorías del decrecimiento no significan crecimiento negativo sino asumir como criterio regulador de la vida económica las consecuencias de limitación de recursos que el principio físico entrópico claramente expone. Quiere situar la relaciones comunitarias y la felicidad cualitativa por encima del individualismo y las concepciones puramente cuantitativas del mundo propias de la modernidad dominante.

    Si nos paramos a pensar sacrificamos muchas cosas en nuestra vida en aras de la sacrosanta productividad. Si de algo puede servirnos esta crisis es para ser más conscientes del la paradoja de la abundancia donde el poseer más no nos hace más felices. Y muchas veces no es necesario hacer cambios radicales de vida, sino modular y enfocar nuestra actual existencia con dosis de reflexión y consciencia.

    Es tiempo quizás para volver al slow life: el placer del ocio con los nuestros, el ethos del juego en lugar de la obsesión por el trabajo.A la importancia de la vida social y altruista, la conversación y lo local sobre el consumo ilimitado, a lo relacional, el gusto por la lentitud y el prestar atención a los detalles y los pequeños placeres como la lectura.

    Una persona rica puede ser alguien con abundantes experiencias, lecturas o habilidades relacionales y conversacionales. Seguro que nos proporcionará más sentido y ejemplaridad que alguien que simplemente posee muchas cosas materiales temporalmente.

    Es en el fondo ir hacia lo razonable sobre lo racional, vivir dentro de nuestras posibilidades sin dramatismos pero con una renovada ilusión . Como dice el filósofo Rafael Argullol al final conocerse a uno mismo es reconciliarse con nosotros mismos. Es hacer de nuestros naufragios y nuestras pérdidas parte constituyente y aceptada de nuestra patria personal.

    Como le dijo un pescador: "¿Qué hago si me atrapa un remolino?". "Déjate succionar por él, al llegar al fondo él mismo te impulsará hacia fuera"


    martes, 16 de agosto de 2011

    Globalització i interculturalitat: Lectura recomendada


    La situación social y económica global que vivimos actualmente es compleja. Los acontecimientos transcurren a tal velocidad de vértigo que  muchas veces tenemos la sensación de que nos sobrepasan y no logramos comprender el alcance y fondo de lo que ocurre.

    Además vivimos rodeados, como forma de evasión de esta desagradable realidad, del espectáculo y lo ilusorio. Tenemos pocos momentos para detenernos y pensar. Ahora sin duda, son más que nunca necesarias las Humanidades para retomar una cultura basada en la lectura y la reflexión.

    La educación requiere esfuerzo y dedicación pero proporciona a cambio lo más preciado para un ser humano: la construcción de una vida plena de significación con la que poder dar respuesta a todos los retos que se nos planteen.

    Uno de los libros que desde la Filosofía y las Humanidades pueden ayudarnos en este camino de comprender el mundo actual si hacemos una parada para reflexionar es: Globalització i interculturalitat: Reptes i escenaris publicado en La Busca edicions. He tenido la satisfacción de participar en él con la inclusión de un artículo sobre como gestionar la globalización con propuestas hacia una gobernancia mundial.

    El libro surge de un ciclo de conferencias sobre Pensar la globalización realizadas en el Ateneu Barcelones por el grupo de prestigiosos profesores de filosofía que componen el  Liceo Maragall de Filosofía dirigidos por el profesor de Filosofía de la UB Gonçal Mayos.

    Globalització i Interculturalitat nos muestra la genealogía de la presente globalización (Gonçal Mayos) y como gestionarla, apuntando a una gobernancia mundial (Alfonso Bárcena). Evalua las consecuencias de la creciente impotencia del Estado (Sergi Mas), de los "sueños imperiales" convertidos en "pesadillas globales" (Joan Lara) y la emergencia de nuevos sujetos políticos como la "multitud" de Toni Negri  (Marta Doltra). Investiga los miedos y esperanzas que genera el otro en nuestro mundo global, ya sea impulsando un cosmopolitismo inclusivo (Norbert Bilbeny), denunciando el falso multiculturalismo (Lluís Roca), explicitando la ética que emerge de la globalización informática (Anna Sarsanedas), o bien criticando el riesgo globalizado de una sociedad crecientemente inhóspita (Josep Casol).

    El libro encara pues la complejísima situación actual: acontecimientos como el terrorismo y el contraterrorismo globales, el "choque de civilizaciones" internacional pero que también es interno en cada una de las sociedades (como se ve en las actuales revueltas en Londres), la crisis económica que amenaza no sólo las personas sino la soberania de Estados enteros e, incluso, hace sentir a Occidente que es superado por Oriente.

    Una recomendación, en forma de libro, que espero sinceramente os sea de ayuda en ese, a veces, esforzado camino de responsabilizarnos de nuestra propia educación para comprender y dar sentido y así posteriormente actuar y opinar con lo más valioso y satisfactorio: la formación del criterio propio