domingo, 6 de octubre de 2013

La intensidad: el reto de vivir la propia vida


Ocultado quizás por nuestra absorbente actividad diaria plagada de automatismos, obligaciones y repeticiones constantes, podemos no ser conscientes que una de las grandes características de nuestra época actual es la incapacidad para dar un sentido global a lo que hacemos: los grandes metarrelatos de la modernidad que daban una coherencia vital a los individuos que formaban parte de una comunidad han desaparecido. No existe ya una verdadera esencia, una fundación de todo, un telos o un objetivo absoluto a perseguir. Nos ha quedado a cambio una vida fragmentada que no podemos ni vivir por etapas ya que el stress diario solamente nos deja ser conscientes de instantes fugaces que tan pronto como se iluminan desaparecen y a los que nos cuesta dar una linealidad reflexionada de sentido.

Como decía el filósofo francés Michel Foucault, la función de la filosofía es hacer Ontología del presente: analizar cuál es la situación del nuestro devenir diario como personas para intentar mejorarnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean. La Filosofía debe enseñar a mirar, a pensar y también a actuar. Debe enseñar a vivir. Y una de las cuestiones que analizan en profundidad la Filosofía reciente es como estos discursos de la modernidad basados en el progreso, el poder emancipatorio de la razón  y la evolución de generación a generación hacia una mejor vida ha quedado actualmente en entredicho con la crisis que estamos padeciendo.

Con toda probabilidad una de las causas  de esta situación es la incapacidad de generar nuevas alternativas y al mismo tiempo insistir patológicamente en los mismos patrones. La Escuela de Frankfurt ya nos advirtió que la razón emancipadora de la Ilustración había sido relegada a una peligrosa razón instrumental donde el progreso técnico refuerza el status quo y la dominación por parte de quienes tienen esa capacidad técnica que usan muchas veces de forma opresiva para imponerse a los demás. Ser racional es pues reproducir el status quo. Y todos sabemos desgraciadamente cual es el status quo actual para mucha de nuestra población.

Desde la Filosofía existen afortunadamente análisis y propuestas que nos ayuden a dar esperanza a esta situación que no parece tener salida. Así el mismo Foucault asocia la modernidad como algo en lo que nuestra actitud debe estar orientada al cambio y a la diferencia. Es un tiempo donde, en vez de reproducir la moral burguesa o las modas que dicten nuestros mass media actuales, debemos inventar posibilidades más que confirmar las mismas alternativas. Debemos pensar la realidad como algo que puede ser diferente a lo que es. Estamos encarcelados en una truculenta serie de rutinas diarias que nos agotan. No conformarnos, esa es la actitud.

El hombre moderno no debe buscar la verdadera esencia, una fundación, un telos o un objetivo que otros nos han marcado, sino que debe inventarse a si mismo. Cuidar de sí mismo en la formación de un carácter (ethos) como forma de posteriormente cuidar de los demás (política). La modernidad es el hombre que vive su propia vida sin dejar que las condiciones externas, sea cuales sean, le limiten.

La crítica no sólo es la función kantiana de buscar los límites de los conceptos, la crítica para Foucault es también la transgresión: abrir nuevas posibilidades que no caigan en nuevas formas de represión. No se trata de descubrir algo más en el status quo sino inventar o crear algo diferente. Y esto puede hacerse viviendo nuestra vida ordinaria con intensidad .Como decía la escritora Virginia Woolf  hay que intentar capturar esas "pequeñas iluminaciones como el encendido de una cerilla en la oscuridad" y no la gran epifanía y vivir intensamente la sola intimidad de lo ordinario: priorizar las relaciones con lo nuestros y hacer lo que realmente nos importa ya es un acto transgresor de vivir conscientemente la propia vida.

La dialéctica de la vida puede entenderse como la oposición de vivirla con intensidad o con normalidad y conformidad social. Ser conscientes de la importancia de vivir intensamente nuestra propia intimidad de lo ordinario nos abrirá nuevas posibilidades En el fondo, no hay que encontrarse a uno mismo por caminos que otros delimitan sino ser transgresor y producirse uno mismo en lo ordinario de cada día. Aquí radica el verdadero reto: vivir nuestra propia vida .





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