domingo, 1 de diciembre de 2013

El Capitalismo somos todos: politizando el futuro


Con la crisis económica actual hay una sobreexposición a hablar sobre el Capitalismo. Es algo que tenemos en muchos discursos o en los medios de comunicación casi a diario. Hace no muchos años la palabra capitalismo era algo antiguo y fuera de la moda, como hablar por ejemplo también de imperialismo. Y estos discursos suelen ser muy retóricos, normalmente desfavorables y muy encendidos, pero no nos damos cuenta de que el capitalismo esta dentro de nosotros.

Tenemos discursos muy críticos con el Capitalismo, pero el Capitalismo somos todos y no lo vemos. Hablamos de transformar la sociedad pero en el fondo no estamos transformando nuestras actitudes, expectativas, costumbres, a lo que estamos dispuestos a renunciar y a hacer . Debemos asumir nuestra parte de responsabilidad: aquí nos han metido, pero también nos hemos metido; no nos están dejando salir, pero quizás debemos hacer algo más para salir.

Una de las principales características que marcan la actual globalización es que aunque estemos en crisis, es una crisis interna del Capitalismo: se resolverá dentro de su propia lógica y sin prever un cambio de sistema. Como nos advierte clarividentemente el filósofo alemán Jürgen Habermas, es poco serio fundar una teoría alternativa en la expectativa de un big bang, de una explosión revolucionaria que nos devuelva al comunismo o sistemas similares. No se debe despreciar la capacidad de aprendizaje del Capitalismo. Lo esencial del Capitalismo es que se trata de un sistema dinámico a modo de artefacto que debe moverse para funcionar (crecer, desarrollar, destruir, extenderse) y que es  capaz de transformarse y seguir. Es una economía del tiempo.

La crisis económica actual refleja la incapacidad estructural del orden capitalista para eliminar las injusticias sociales (exclusión, precariedad...), pero una de las ventajas del Capitalismo es que en su dinámica temporal podría ser deformado desde dentro hasta hacerse irreconocible. En el fondo es seguramente la falta de una amplia acción política de las élites y de una base social la que este provocando gran parte de las consecuencias negativas actuales de la crisis.

Vivimos en un tiempo en que lo político carece de prestigio, estamos en la época de la despolitización: el lenguaje debe ser neutro y políticamente correcto; la moralidad debe ser al estilo kantiano: homogénea y universal, sin atender a las diferencias y despolitizando la acción humana; cuestionamos la representación y nuestros representantes políticos como espacio legitimo para hacer política, fragmentamos la acción individual hasta hacerla irrelevante.

Necesitamos seguramente politizar de nuevo muchas de nuestras problemáticas: discutir sin restricciones en el ágora pública lo que consideremos importante. No dejar que la economía se repliegue en supuestas ortodoxias técnicas de modelos económicos a aplicar sin discusión por instituciones no elegidas democráticamente. Utilizar  y exponer todo lo importante sin miedo al diálogo público, no como una mera negociación, sino como una conversación que se compromete con la experiencia, a veces difícil,  del otro a la hora de buscar soluciones.


Afortunadamente, están surgiendo a raíz de esta crisis, unas diferentes culturas económicas que desde dentro del Capitalismo lo pueden cambiar o al menos modelar y que están unificadas bajo el objetivo de una superación del consumismo: redes de producción agroecológica, moneda social, redes de intercambio, cooperativas, universidades  libres. Culturas económicas creadas por masas de ex-consumidores que ya no pueden consumir nada más que a sí mismos y que buscan en esta nueva cultura una forma de vida diferente, más humana e incluyente.

Aristóteles ya nos decía que lo que nos caracteriza como humanos es que somos animales políticos (zóon politikon): la política, el diálogo, la discusión en el ágora pública es lo que nos hace realmente humanos. El animal que hay en nosotros saluda al Dios que hay dentro de nosotros en el momento de la politicicidad. Es nuestra responsabilidad prestigiar de nuevo la política como forma de cambiar las cosas y de ejercer realmente como Seres Humanos comprometidos. La política también somos todos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario