martes, 2 de diciembre de 2014

La economía: ¿ciencia o arte político?. El nomos naturalizado liberal.



¿La economía es una ciencia o un arte político?.¿Existe una naturaleza del intercambio y del ser humano  que le  haga inherentemente racional, caracterizado técnicamente como homo economicus, y que fundamente una economía formalista concebida apolíticamente?.¿La economía es cultura-nomos con fines intencionales éticos o ciencia técnica natural-physis?. ¿Qué consecuencias tiene concebir teóricamente la economía como la ciencia (physis)  de los problemas políticos resueltos (y de este modo no nomos) sobre la soberanía gubernamental, el derecho, la libertad o la concepción de los sujetos?.

La economía, en su primer origen, etimológicamente proviene del griego oikos-nomos traducido como las “normas de la administración del hogar”. El nomos como construcción de reglas o costumbres culturales de administración del hogar, uno de los elementos sociales constitutivos de las polis, está presente pues en la misma esencia originaria de la economía. Una economía “política” de administración del hogar en las polis; frente a una naturaleza o mundo de los fenómenos naturales (physis), que parecen de entrada un ámbito de estudio alejado del objeto de estudio de la economía  o de sus propios fundamentos. De este modo, significativamente Aristóteles al principio de la Ética Nicomaquea, pone en relación la economía con los fines humanos, refiriéndose a su interés por la riqueza. Considera la economía como parte instrumental de la política y en última instancia, de la ética, este punto de vista se desarrolla aún más en su obra “La política”.

Pero a partir del siglo XVIII con la aparición de la teoría económica liberal y la neoclásica marginalista, principalmente desarrollada por Locke,  Adam Smith, Stuart Mill o Walras y el empirismo de autores como Hume, aparece un segundo origen de la economía como una ciencia social que se fundamenta en fenómenos naturales (de la physis) como el intercambio y especialmente referida al funcionamiento natural de los mercados complementada con la hipotésis de la naturaleza racional inherente a las actuaciones y decisiones del Ser Humano. Es una economía numérica, con un enfoque “logístico” a imagen de la ciencias naturales y mecánicas. Al analizar el comportamiento humano no se le da demasiada impotancia a las consideraciones éticas o normativas. La economía se considera a si misma como la ciencia de los problemas políticos resueltos. Este segundo origen científico-natural y apolítico de la economía, es el que se hace dominante a partir finales del siglo XX y del que toma parte de sus bases ideológicas el neoliberalismo en el que vivimos actualmente.

El pensador francés Michel Foucault en su curso de 1979 “Nacimiento de la Biopolítica” en el Collège de France, desarrolla magistralmente el nacimiento de la nueva razón gubernamental liberal como gobernar menos, en interés de la eficacia máxima y en función de la naturalidad de los fenómenos a los que se enfrenta. 

Foucault cita de inicio a Rousseau en su famoso artículo “Économie politique” de la “Encyclopedie” donde expone que la economía es una suerte de reflexión general sobre la organización, la distribución y la limitación de los poderes en una sociedad. Por economía política también se alude, de una manera más amplia y más práctica, a todo método de gobierno en condiciones de asegurar la prosperidad de una nación. La economía era considerada como política, relacionada intrínsecamente con el poder.

La economía en adelante en su forma liberal, reflexiona sobre las mismas prácticas gubernamentales y no las examina en términos de derecho para saber si son legítimas o no. No las considera desde el punto de vista de su origen sino de sus efectos. Importa poco que un derecho sea legítimo o no, el problema pasa por saber qué efectos tiene y si éstos son negativos. La cuestión económica siempre va a plantearse en el interior del campo de la práctica gubernamental y en función a sus efectos, no en función de lo que podría fundarla en términos de derecho.

La ciencia económica es concebida apolíticamente, en la medida en que el único poder que tienen los agentes económicos es el poder de compra. Pero no hay jerarquías entre ellos (el mercado es anónimo), ni capacidad de coerción personal de unos sobre otros. Los mercados no serían sino movimientos promotores de la asignación eficiente de recursos a lo largo de una frontera de posibilidades de producción exógenamente definida. Y en ningún caso serían, a la vez, instituciones políticas disciplinarias suministradoras de mecanismos para alterar las ofertas. Para la vieja economía política, la relación (política: de poder) entre el capital y el trabajo fue un problema fundamental; para la teoría económica neoclásica, en un mercado perfectamente competitivo, realmente no importa quién alquila a quién, así podemos suponer que el trabajo alquila al capital.

La economía es una ciencia social que habla de deseos y actos humanos deficientemente informados, con recursos naturales inciertos y por ello hermética e imprevisible para nuestra observación inmediata. Es evolutiva y dinámica como el resto de la vida natural y solo raramente explica en qué dirección y porque causas se ha movido. La economía se convierte en un nomos naturalizado.

Los intereses son el medio por el cual el gobierno puede tener influjo sobre los individuos, los actos, las palabras, las riquezas, los recursos, la propiedad, los derechos, etcétera. En los sucesivo, el gobierno ya no tiene que intervenir, ya no tiene influjo directo sobre las cosas y las personas ni puede tenerlo, sólo está legitimado, fundado en el derecho y la razón para intervenir en la medida en que el interés, los intereses, los juegos de intereses, hacen bien o de cierto interés para el individuo o el conjunto de ellos. El gobierno no se interesa sino en los intereses. La limitación de la gubernamentalidad se dará mediante el cálculo de utilidad. El gobierno se ejercerá por la república fenoménica de los intereses. La pregunta fundamental del liberalismo será: ¿Cuál es el valor de utilidad del gobierno y de todas sus acciones en una sociedad donde lo que determina el verdadero valor de las cosas es el intercambio?

Foucault expone que en el siglo XVIII aparece mucho más un naturalismo que un liberalismo. Se utiliza liberalismo en cuanto a la libertad está, de todos modos, en el centro de esta práctica o de los problemas que se plantean. El nuevo arte de gubernamental se presentará como administrador de la libertad. El liberalismo plantea lo siguiente: voy a producir para ti lo que se requiere para que seas libre. Voy a hacer de tal modo que tengas la libertad de ser libre. Es preciso por un lado producir la libertad, pero ese mismo gesto implica que, por otro lado, se establezcan los límites, controles, coerciones, obligaciones apoyadas en amenazas, etc. La libertad en el régimen de liberalismo no es un dato previo, sino que es algo que se fabrica en cada momento. El liberalismo no es lo que acepta la libertad, es lo que se propone fabricarla en cada instante, suscitarla y producirla con todo el conjunto de coacciones y problemas de costo que plantea esa fabricación.

El objeto del análisis económico puede extenderse, en una definición colosal para Foucault, incluso más allá de las conductas racionales en este imparable éxito de la colonización de la economía como gramática universal de las Ciencias Sociales . Expone el economista Gary Becker que en el fondo el análisis económico puede perfectamente encontrar sus puntos de anclaje y su eficacia en el mero hecho de que la conducta de un individuo responda a la cláusula  de que su reacción no sea aleatoria con respecto a lo real (a lo natural).  Es decir: cualquier conducta que responda de manera sistemática a modificaciones y variables del medio debe poder ser objeto de un análisis económico, en definitiva, como dice Becker, cualquier conducta que “acepte la realidad”. El homo economicus es quien acepta la realidad. Es racional toda conducta que sea sensible a modificaciones en las variables del medio y que responda a ellas de manera no aleatoria, de manera, por tanto, sistemática, y la economía podrá definirse entonces como la ciencia de la sistematicidad de las respuestas a las variables del medio natural. Y también es posible integrar en la economía todas las técnicas comportamentales como la psicología.

La economía es una disciplina atea; es una disciplina sin Dios; es una disciplina sin totalidad, y es una disciplina que comienza a poner de manifiesto no sólo la inutilidad sino la imposibilidad de un punto de vista político soberano sobre la totalidad del Estado. La mano invisible plantea como principio la imposibilidad del despotismo político (y en su extremo de cualquier intervención estatal) por falta de evidencia  económica. El conjunto de los procesos económicos no puede dejar de escapar a una mirada que quiera ser central, totalizadora y dominante. La economía para el liberalismo se convierte así en la ciencia de los problemas políticos resueltos y las consecuencias de esta concepción las sufrimos aún con mayor intensidad, si cabe, en la crisis actual .

Este texto es un extracto de mi presentación en el V Coloquio Macrofilosófico Internacional el pasado 1 de diciembre en la Facultad de Filosofía de la UB. Para descargar el texto completo gratuitamente en PDF clicar en el link de abajo:








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