domingo, 25 de mayo de 2014

De la sociedad del cansancio a la sociedad de la transparencia


Todos hemos tenido la sensación de que nos falta tiempo: dividimos el día en actividades, tareas y experiencias con las que intentamos conseguir una serie de objetivos que nos resultan a veces estresantes. El objetivo de ser siempre positivos y tener éxito a toda costa que nuestra sociedad nos inculca, nos lleva a grados de autoexigencia que acaban muchas veces por agotarnos. Hemos pasado seguramente a  vivir en una sociedad del cansancio. Si a esto añadimos que con la llegada de las redes sociales se nos exige mostrarnos cada vez más en un ejercicio de exposición  personal continua, podemos considerar la transparencia como otra de las características inquietantes de las sociedades modernas actuales.

El filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han expone magistralmente en su obra como el cansancio y la transparencia son dos de las características fundamentales de nuestra sociedad actual: haciendo un paralelismo  entre el discurso social y el biológico, entiende la sociedad como un organismo que puede sufrir todo tipo de enfermedades:  para Byung-Chul Han , "toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, existe una época bacterial que, sin embargo, toca a su fin con el descubrimiento de los antibióticos. A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos en una época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica. El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, es neuronal".

Así, el siglo pasado puede definirse desde una perspectiva inmunológica: existía una clara división entre el adentro y el afuera, el enemigo y el amigo o entre lo propio y lo extraño. Existía un vocabulario de guerra fría : basándose en la extrañeza, lo otro y lo extraño era rechazado aunque no encerrara en sí mismo ninguna declaración hostil. El objetivo era la resistencia. Con el fin de la guerra fría, desaparece la extrañeza y la "otredad" y se sustituye por la inofensiva "diferencia". La negatividad que era el rasgo fundamental de la inmunidad es reemplazado por la dialéctica de la positividad y el totalitarismo de lo idéntico. La diferencia soberana que distinguía lo uno de lo otro ha desaparecido y ahora lo que impera es lo idéntico.

La violencia hoy ha dejado de responder a los esquemas inmunológicos virales de lo propio y lo extraño. La violencia es hoy neuronal e inmanente al sistema: el "superrendimiento", la "supercomunicación" y la "superproducción actual son las razones que generan un colapso del Yo y los "infartos psíquicos". En esta sociedad del cansancio, el agotamiento, la fatiga, la sensación de asfixia son manifestaciones de esa violencia neuronal que se ve proyectada desde el corazón mismo del sistema y se infiltra por todas partes en una sociedad permisiva y pacífica. La positivización del mundo ha permitido esta nueva forma de violencia, es el terror de la inminencia que no distingue entre amigo y enemigo, entre adentro y afuera.

Hemos pasado de la sociedad disciplinaria de Foucault, con sus cárceles, hospitales y psiquiátricos a una nueva sociedad del rendimiento: con gimnasios, oficinas, grandes centros comerciales. Para Byung-Chul Han, el anterior "sujeto de obediencia" ha sido reemplazado por el "sujeto de rendimiento". Toda la dialéctica negativa que encerraba la sociedad disciplinaria ha caído, hoy la ha reemplazado la sociedad positiva del rendimiento con su plural afirmativo "Yes, We Can". Las motivaciones, el emprendimiento, los proyectos y la iniciativa han reemplazado la prohibición, el mandato o la ley.

Byung-Chul Han explica que el sujeto del rendimiento se encuentra en guerra contra sí mismo: libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o lo explote, esta sometido sólo a sí mismo, el sujeto del rendimiento se abandona a la libertad obligada o a la libre obligación de maximizar su rendimiento. El exceso de trabajo se agudiza y se convierte en autoexplotación en una multitasking (multitarea) continuo a la que se somete el sujeto contemporáneo, que limita su capacidad de atención profunda y contemplativa propia de los grandes logros de la humanidad, dominado ahora por una economía de la atención.

Para Byung-Chul Han, el cansancio de la sociedad del rendimiento es un cansancio a solas, que aísla y divide. El hombre se ha convertido en un animal laborans verdugo y víctima de si mismo, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso. Estos cansancios son violencia, porque destruyen toda la comunidad, toda cercanía desarmando y aflojando toda atadura de identidad. El cansancio y la potencia positiva, por agotamiento, incapacita y nos lleva a la indiferencia.

Además ningún otro lema domina hoy tanto como el discurso público de la transparencia dentro de esta nueva sociedad positiva. La abolición de lo negativo ha inundado el torrente del capital, la comunicación y la información: el cálculo, la dirección y el control someten hoy nuestras acciones volviéndolas transparentes. Byung-Chul Han expone que las cosas se tornan transparentes cuando se desojan de su singularidad y se expresan completamente en la dimensión del precio. El dinero, que todo lo hace comparable con todo, suprime cualquier singularidad de las cosas. La sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual. La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente expuesta, de su "valor de exposición" en el mercado. Después de lo discursos del Ser de la Antigüedad, o del Tener del Capitalismo, lo que domina ahora es la importancia del parecer, de la apariencia. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes.

Estamos todos expuestos al imperativo de la exposición que conduce a una absolutización de lo visible y lo exterior. Lo invisible no existe, porque no engendra valor de exposición, ninguna atención. El veredicto general de la sociedad positiva se llama "Me gusta" , al cual todos aspiramos y nos exponemos públicamente sin pudor para conseguirlo en esta nueva sociedad de la transparencia. Cada individuo se somete voluntariamente a la vigilancia de las redes sociales que actúan como nuevo panóptico moderno.

En política la opinión reemplaza a la figura negativa de la ideología, provocando que seamos menos radicales y penetrantes.  Pero como muy sabiamente expone Byung-Chul Han: transparencia y verdad no son idénticas. Esta última es una negatividad en cuanto se pone e impone declarando falso todo lo otro. Más información o una acumulación de información por sí sola no es ninguna verdad. Mas información, más comunicación no eliminan la fundamental imprecisión de todo. Más bien lo agrava.

¿Existe alguna salida a esta nueva sociedad del cansancio y la transparencia? Para Byung-Chul Han, la única via para escapar de este mal, que proviene del interior del propio hombre, es retomar el ideal romántico y dejar de lado ese narcisismo en el que  todos nos vemos envueltos y que nos hace perder en la distancia al Otro, dejando de percibir su mirada. Hay que negar el presente represivo y aceptar la existencia del Otro, y de su mano salir del nosotros mismos, en una recuperación del sentimiento y la pasión, del amor, del eros, de la apertura al otro como necesaria rendención ante un mundo que por exigente, positivo y transparente, nos cansa y agota.


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domingo, 18 de mayo de 2014

El liberalismo en positivo: la política del individuo libre.


Cuando hablamos de liberalismo de forma casi inmediata lo asociamos a una forma de hacer economía cuando menos controvertida, por no decir como directamente negativa, si extendemos el análisis al neoliberalismo reciente que muchas veces se adjetiva, de forma automática y sin pensarlo mucho, como salvaje o destructivo influenciados por ciertos grupos ideológicos, medios de comunicación o percepciones indignadas de los resultados de la reciente crisis.

Deberíamos seguramente profundizar un poco más y reflexionar  desde una perspectiva global sobre qué aportaciones ha realizado esta corriente de pensamiento y medir la enorme importancia que ha tenido el liberalismo no sólo como forma de organización económica, sino también política proveniente de una gran tradición de pensamiento  político occidental.

La aportación fundamental, es que el liberalismo es una filosofía del individuo, un pensamiento que pone la autonomía del hombre en el corazón de todo al contrario de la heteromía del Ser Humano que es construido por un sistema en el cual nuestro pensamiento no es más que el resultado mecánico de la socialización o de una ingeniería social dirigida. Es significativo resaltar que liberalismo como corriente de pensamiento del siglo XVIII y XIX, es un liberalismo político que lucha contra el despotismo, la intolerancia y la desigualdad. Pensemos que el rechazo al liberalismo en la actualidad es debido seguramente a que se asimila de forma directa a la dureza del mercado del sistema capitalista actual, pero que en sus inicios fue fundado como una respuesta política para acabar con las guerras y la irracionalidad.

Los principios en los que se asienta el liberalismo abren nuestra modernidad y su época de prosperidad sin precedentes : libertad individual de elección; libertad de conciencia y de palabra; responsabilidad individual; igualdad de derechos; pleno derecho a la propiedad privada; pluralismo o  cooperación voluntaria y contractual. Existe una relación indivisible entre la libertad política y la libertad económica basada en el libre intercambio y el mercado de libre competencia; y una necesaria limitación de la intervención del Estado relegado a su función de servidor del Estado de Derecho.

Como explica el pensador francés Jean-Michel Michéa, el liberalismo es una reacción contra las guerras de religión de los siglos XVI y XVII.  Se plantea el problema de una sociedad  pacificada. Los enemigos son la religión y la teología: las ideologías del Bien, necesariamente mortíferas y excluyentes. ¿Por qué sustituirlas? La respuesta del liberalismo es: la Razón "luz natural". La razón puede ofrecer un ordenamiento del mundo en claves de paz, prosperidad, felicidad, sin imponer una representación única de "la vida buena". Para el liberalismo no hay Bien y Mal, sino lo bueno y lo malo.

El liberalismo parte de que puede haber una "ciencia de la naturaleza humana". La ley que permite entender y modificar los comportamientos humanos es el interés. Actuando movidos por nuestro interés bien entendido, y no por las pasiones o los prejuicios, podemos configurar una sociedad armonizada. El "dulce comercio" es el mejor antídoto contra la religión y la guerra.

Hay tres grandes tradiciones liberales:


  • Tradición política: de John Locke, Montesquieu a Rawls. Propugna principalmente la autonomía del orden político en la construcción de la sociedad.
  • Tradición Utilitarista: de Benthan y Mill a Hayek. Explica los fenómenos políticos, económicos y sociales a partir de la persecución y confrontación de los intereses individuales.
  • Tradición libertaria: de Mises a Nozick. Pone como principio máximo el carácter inviolable y exclusivo de los derechos del individuo y hace descansar la libertad en la propiedad y el Estado mínimo.

El liberalismo tiene también para Michéa su propia "metafísica": prima al individuo e ignora (o minusvalora) todo  lo que le hace dependiente de "lo social". El individuo liberal es un ser autocentrado e independiente por naturaleza. La metafísica liberal es pesimista, parte de la desconfianza  en el otro: la guerra de todos contra todos es la verdad oculta bajo todas las relaciones sociales. Es una metafísica del "miedo a la muerte": la autoconservación, perseguir el propio interés y perseverar en el propio ser son las conductas racionales.

Es una metafísica "juvenil" marcada por el miedo a envejecer, por el ideal de una salud física a toda prueba que permite al individuo la autosuficiencia. Finalmente, es una metafísica de la "transgresión y la movilidad" que elogia la capacidad de arrancarse a todas la raíces y no anclarse en hábitos. Esta metafísica con su construcción de un modelo antropológico de individuo ideal de éxito a perseguir, explica sin duda de donde viene  gran parte de la percepción desazonada que tenemos de nuestro entorno vital.

Para Michéa, izquierda y derecha tienen idénticas raíces liberales: la derecha es liberal en lo económico pero le cuesta aceptar las consecuencias del liberalismo en lo cultural (aborto, matrimonio gay, etc.). A la izquierda le pasa lo contrario: asume que "cada cual tiene su vida" (y puede hacer con ella lo que quiera, siempre que no dañe a otro) en el ámbito de las costumbres, pero no del todo en el económico. Este movimiento es a la vez y paradójicamente fuente de emancipación (de modalidades desigualitarias de lazo social) y motor de la "modernización capitalista" (que barre costumbres, lugares y comunidades "no funcionales").

La utopía liberal, con esa metafísica individual maximalista, crea imposibles o inalcanzables modelos antropológicos de éxito individual que frustran a muchos individuos y explican gran parte de la sensación de desasosiego en la que se encuentra el sujeto moderno;  pero lejos de caer en la fácil crítica destructiva, debemos reconocer al liberalismo esa defensa de la libertad y la autonomía del pensar y actuar de los individuos, ante construcciones sociales que pretenden solo dominar y que pasan por encima de las personas y sus sueños. Como decía John Locke: "los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias".



lunes, 12 de mayo de 2014

Presentación : Consecuencias del capitalismo actual en la Universitat de Barcelona



Dentro de las sesiones del grupo de investigación GIRCHE de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona dirigido por el profesor Gonçal Mayos, el martes 10 de Junio de 2014 haré una presentación del estado de la investigación de la Tesis Doctoral: "Macrofilosofía del Capitalismo"  del programa de Doctorado en Filosofía: Ciudadanía y Derechos Humanos de la UB, con el título:

"Consecuencias económicas, personales y culturales de la dinámica capitalista actual"

Doctorando: Alfonso Bárcena
Fecha: 10 de Junio
Hora: 18 horas
           C/ Montalegre 6  (frente al CCCB y el MACBA en el Raval)
           08001 Barcelona
           4ª Planta
           Aula: Seminario de Filosofia

Entrada: libre
Contacto: larazondesencantada@yahoo.es

Para descargar materiales de la presentación cliclar link de abajo:

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domingo, 11 de mayo de 2014

Breaking Bad: la moral como opción personal


¿Estamos solos ante nuestras decisiones? ¿La responsabilidad de nuestras acciones es una cuestión únicamente de conciencia individual?. Ante un entorno de crisis como el actual: ¿hasta que punto no tenemos la sensación de ser todos héroes solitarios que debemos luchar en una realidad verdaderamente adversa, intentando proteger a los nuestros pero sin saber si lograremos mantenernos en pie?

Breaking Bad, una de las mejores series televisivas de la historia, ofrece interesantes puntos de análisis que muestran la condición actual a la que se enfrenta el sujeto moderno. La serie cuenta la historia de la transformación de un anodino profesor de instituto de química norteamericano, que tras ser diagnosticado de un cáncer agresivo toma la decisión de convertirse en un narcotraficante, con la intención inicial de ganar dinero para asegurar el futuro de su familia una vez él fallezca.

Desde diferentes perspectivas como la Filosofía, la Sociología o la Psicología se han realizado análisis que pueden verse condensados en el libro: Breaking Bad: 530 gramos (de papel) para seriadictos no rehabilitados. Las conclusiones que pueden sacarse de estos análisis son realmente interesantes para intentar delucidar cual es la condición del sujeto moderno, a la que todos en el fondo estamos expuestos:


  • Breaking Bad no plantea una situación en la que la moral de los personajes sea estática, contradictoria o teñida del espíritu de la época. Otras series crean realidades en las que se prescinde de la actuación individual. Los actos de los personajes no expresan quienes son: en gran medida son una reflexión sobre una época determinada; en lugar de ello en Breaking Bad se apunta que la moral es, siempre, una opción personal. ¿Qué convierte a un hombre en  "malo"?, ¿sus actos, sus motivos o la decisión consciente de ser una mala persona?. Lo bueno y lo malo no son más que opciones complejas, para nada distintas de cualquier otra.
  • El personaje principal de la serie, el químico Walter White, es visto a modo de un Fausto moderno que intenta trascender la realidad mediante el conocimiento pero que su insatisfacción y su codicia le llevan a crear un imperio de las drogas. En la actualidad, al contrario del Fausto histórico, el protagonista no debe rendir cuentas a un ente superior por su codicia o ambición, sino que el castigo se experimenta de una forma personal, en un constante dilema moral. ¿Por cuanto tiempo logrará convivir con su demonio interior?.
  • La serie es la puesta en escena de la complejidad del sujeto contemporáneo y el proceso de atracción hacia lo "monstruoso": es el despertar de la conciencia individual del profesor de química de instituto acerca de la precariedad del mundo actual, ante una crisis que cortocircuita el tejido social, con el deterioro de alguna de sus instituciones como la justicia o el sistema sanitario que no se distribuye equitativamente o una ética provisional desprovista de moralidad. En el personaje de Walter White se caracteriza el propósito heroico del sujeto moderno, en su firme decisión de emprender la acción individual en pos de una resolución justa del conflicto material que se le plantea ante su probable próxima muerte, lo cual compromete gravemente el futuro de su familia. Lo que le contradice son los medios empleados y las consecuencias trágicas que provocan dicha acción.
  • Existe en la serie una concepción dialéctica de los conflictos individuales: la idea de límite parte de la conciencia de la temporalidad y el frenesí de la huida de la muerte descolocando el orden natural de la existencia y la temporalidad con su acción de héroe trágico en su transformación de profesor de instituto a narcotraficante sin escrúpulos (apodado Heisenberg). Se relata el itinerario hacia lo monstruoso con una pérdida de la moralidad, la transgresión de los límites últimos en una pura y llana acción depredadora mostrando al mismo tiempo otro lado oscuro: el de la lógica capitalista sustentada en el individuo y el derecho inalienable a la propiedad. 
  • Como expone Gil Calvo se muestra la realidad del desamparo, el del sujeto del mundo en crisis del nuevo siglo que constituye el territorio y el tiempo para "el regreso de los monstruos" depredadores (capitalistas). Supone ésta una realidad que brota de un modelo social desgajado y sometido a los designios de destinos ya no plenamente humanos ni trascendentes, sino reflejos banales de la lógica pragmática e instrumental, y de los atavismos de un individualismo extremo.
  • ¿Cómo podemos distinguir entre lo bueno y lo malo?. Spinoza nos decía que distinguir lo bueno y lo malo no es una cuestión relativa a juicios morales o a recompensas y castigos, sino es una cuestión relacionada con la química, con la composición o descomposición de los cuerpos. La verdadera alegría, el aumento de la potencia de existir, procede únicamente de cada uno. No existe el Mal (en sí), ni el Bien (en sí) sino solamente lo bueno y lo malo (para mí). Como expone el químico Walter White a sus alumnos, en su filosofía, similar en este aspecto a la de Spinoza, los remordimientos y la tristeza son una pérdida de tiempo porque disminuyen nuestra potencia de existir y nuestro único objetivo es sobrevivir, perdurar, pasar página.
  • Finalmente como nos expone  el escritor Enrique Vila-Matas la serie Breaking Bad es un reflejo magistral de nuestra condición humana: White es un químico y modesto profesor que pierde el mapa de su vida cuando le anuncian una enfermedad terminal. La ciencia nos dice que el Universo es aleatorio, un caos donde partículas  subatómicas sin fin colisionan sin rumbo, pero lo que no nos dice la Ciencia es porque un hombre es capaz de actuar de esa manera. 
Nos rescata afortunadamente en este punto el arte de Gonçalo Tavares con su poema El mapa:
"Entre la posibilidad de acertar mucho, existente en la matemática, y la posibilidad de errar mucho, que existe en la escritura (errar de errante, de caminar más o menos sin una meta), opté instintivamente por la segunda. Escribo porque perdí el mapa"

¿Quién no ha perdido nunca el mapa de su vida? Escribámoslo de nuevo sin miedo ya que siempre estamos a tiempo mientras estemos vivos, confiando en esa instintiva potencia de existir que todos llevamos dentro.







domingo, 4 de mayo de 2014

Economía civil: una alternativa de desarrollo humano integral


No existe una alternativa a la economía de mercado. Estamos ante una crisis interna del capitalismo y cualquier sistema alternativo parece además de conflictivo, no viable para la organización económica de sociedades complejas e interdependientes como las actuales.

Lo que si que existen en cambio, son distintos modelos dentro de la denominada economía de mercado: uno de los modelos es el de economía neoliberal, propia de la tradición norteamericana, cuyo objetivo es incrementar el bien total. Por otro lado, y como alternativa, existe otro modelo denominado de economía civil, típico de la tradición cultural de Italia y España, que pretende incrementar el bien común. Como expone el economista y profesor italiano Stefano Zamagni, la economía civil persigue el desarrollo humano integral, con tres componentes: crecimiento, dimensión socio-relacional y espiritual. Se debe organizar la sociedad  y las instituciones de manera que las tres dimensiones vayan juntas y no sólo prestando atención al crecimiento propugnado por el modelo neoliberal. Se trata de poner en el centro de la dinámica económica a la persona y su crecimiento personal.

La economía civil de mercado busca orientar el discurso económico por una vía que pretende recuperar la noción del bien común, yendo más allá del puro beneficio, y aboga por la recuperación de otros bienes igualmente necesarios para una vida plena: los bienes relacionales. Como explica Zamagni, en la lógica de bien total, propia del modelo neoliberal, dado que el bien total es resultado de la suma de los bienes individuales, puedo olvidarme de algunos, puesto que el bien de unos va a compensar la falta de bien de otros. En la economía civil de mercado, cuya lógica es el bien común, lo anterior no es posible porque si olvidamos el bien de algunos, el de los demás desaparece.

Una de las diferencias fundamentales entre ambos modelos de economía de mercado es que la economía de corte neoliberal se basa en los principios de intercambio de equivalentes y de redistribución que requiere partir de un precio de mercado; el sistema civil de mercado añade un tercer principio: el de reciprocidad. Este concepto significa gratuidad, frente al mero principio de intercambio, cuya motivación básica es el interés por el dinero. En la reciprocidad hay donación, con una base de proporcionalidad en función de la capacidad de cada uno.

Los bienes son de diversas categorías: privados, públicos, comunes (como el medioambiente) y relacionales (lo que se producen en la relación interpersonal). Para Zamagni, el modelo neoliberal funciona bien con los privados, menos con los públicos y es un desastre con los bienes comunes y relacionales. Pero el ser humano quiere cada vez más bienes comunes y relacionales. Si no modificamos el modelo neoliberal tendremos un mayor ingreso nacional, pero habrá ciudadanos agraviados. Para conseguir bienes comunes y relacionales tendremos que introducir el principio de reciprocidad.

La filosofía que subyace al pensamiento neoliberal es la del individualismo libertario nacida en Estados Unidos y según la cual cada uno es patrón y manager de sí mismo y su destino está en sus manos. Zamagni expone que este paradigma lleva a la desesperación porque ninguno de nosotros es una isla, ni se basta a sí mismo; tenemos que establecer relaciones interpersonales. El individualismo es enemigo del personalismo, que es la filosofía en la que se basa la economía civil de mercado, y es la idea de un individuo que tiene una relación ontológica con los otros. Es la idea contraria al ambiente de competencia. El individualismo genera egoísmo, mientras que la ayuda de unos a otros hace real la reciprocidad.

Es fundamental destacar que las nuevas pobrezas no son debidas a la carencia de recursos: las paradojas específicas del crecimiento que vivimos actualmente como el aumento de la desigualdad, el crecimiento de la desocupación (jobless growth) o las dificultades crecientes para hacer practicable el principio de la soberanía del consumidor, ninguna tiene que ver con la escasez de recursos materiales sino que señalan más bien a una escasez social y esta se resuelve solamente con un cambio institucional y de modelo económico.

La nueva economía política ha demostrado convincentemente que en la base de toda quiebra de mercado radica la incapacidad del mercado de generar resultados cooperativos. El premio Nobel de Economía Kenneth Arrow defiende que se puede sostener que gran parte del atraso del mundo admite ser explicado por la falta de confianza recíproca.

¿Qué es lo que hay que hacer en una sociedad para que crezcan las estructuras de confianza?.Cambiar hacia un modelo de economía civil de mercado propio de las tradiciones culturales latinas del Sur de Europa: la sociedad civil es el lugar ideal destinado a predisponer para la confianza dado que actúa por el principio de reciprocidad y no así, en cambio, el mercado privado que actúa por el de poder de adquisición. La sociedad civil no puede ser solamente un presupuesto para el correcto operar del Estado y para el funcionamiento eficiente del mercado privado.

La sociedad civil no puede dejar de incluir una economía civil como forma de generar alternativas de modelo económico que acabe con esa escasez social y nos permita desarrollarnos a todos íntegramente con seres humanos más allá de la simple acumulación material de producción total. Como ya decía Marco Aurelio: "Van mal los asuntos humanos cuando queda solamente la fe en los asuntos materiales".