miércoles, 2 de marzo de 2011

La estética por excelencia en el Arte: el ballet clásico y la perfección

Cuando nos acercamos al Arte nuestros sentimientos y entendimiento se ven a veces extasiados por una fascinación ante una estética que despliega la perfección a la que puede llegar el Ser Humano si se lo propone. Y es que esa pasión con la que a veces llevamos a cabo las cosas son las que muchas veces sin que lo sepamos son dignas de admiración para otros seres humanos y da sin duda un sentido a lo que hacemos para nosotros y los demás.

Pero como todo lo humano esa pasión puede tener su reverso tenebroso y oscuro como bien sabían los griegos de la época clásica y desarrollaban magistralmente en sus Tragedias. Era consustancial a lo humano pecar de exceso, de desmesura, de hybris como ellos lo denominaban, y eso les condenaba sin remisión a un destino fatal, a toda una Tragedia Griega. Una desmesura que en nuestro mundo moderno colonizado por la psicología denominaríamos como obsesión o compulsión.

La reciente película Cisne negro protagonizada por Natalie Portman nos muestra excelentemente esa moneda de doble cara que puede tener a veces  la actividad artística. Basada en el ballet clásico, que es sin duda el arte en movimiento más estético por excelencia, nos envuelve en esa fascinación por la belleza de la perfección del movimiento que tiene detrás una prometéica carga de trabajo, práctica y en definitiva pasión que muchas veces, como le ocurre a la protagonista, puede acabar en obsesión por un objetivo de pureza que pocas veces es concedido como gracia por los Dioses al Ser Humano. Y la línea que pasa a la autodestrucción en esa obsesión es muy delgada y ésta ha sido desgraciadamente cruzada por muchos artistas a lo largo de la historia.

Y son también los propios Griegos, que sufrieron estas desmesuras en sus Tragedias, quienes nos dan la lección que podemos aprender para nuestra vida diaria: como decía uno de los siete sabios de Grecia: "Nada con exceso, todo con medida"

2 comentarios:

  1. Comentar que la película "El Cisne Negro" va más allá de la estética del ballet, de la profesionalidad y el esfuerzo y de las obsesiones profesionales. Es un film con una carga emocional inmensa, donde se entremezclan carencias afectivas, desórdenes familiares y trastornos de salúd. La debilidad dentro de la obsesión...el deseo, envuelto de sacrificio; las carencias y los sueños...y sobre todo la falta de amor y los trastornos que ocasiona. Cuando el Ser no vive desde el amor, el ego lo distrae con una profesión y cuanto mayor es la carencia más intensa la dedicación: ¿perfeccionismo o evasión? Pues el perfeccionista busca la aceptación, la admiración y el afecto. Buscamos aquello de lo que adolecemos. La medida y el exceso...¿donde está el equilibrio?...en la felicidad.
    NAMASTE.
    Jordi

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  2. Como profesional del ballet discrepo de la valoración didáctica que otorgáis a esta película. Por el contrario, su enfoque y desarrollo es la antítesis del equilibrio y la virtud en la mirada.
    Sus exagerados estereotipos y las taras que asocia a la competencia artística, propician el rechazo a la excelencia artística, concepto que nada tiene que ver con el trastorno perfeccionista.
    La admiración hacia la pericia y el virtuosismo artístico es uno de los pilares del arte, probablemente el fundamental. Tratarlo con la superficialidad y zafiedad manipuladora de esta película es facilitar los argumentos del todo vale.

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