martes, 1 de noviembre de 2011

El Conocimiento y la construcción de una Arquitectura personal


¿Qué podemos conocer?. Ésta es una de las grandes preguntas que desde su origen se hace la Filosofía y la Ciencia. Y a todos nos resulta una cuestión sin duda cercana ya que la interpretación que hacemos de la realidad configura de forma definitiva nuestra identidad y lo que creemos ser. Ésta pregunta está pues relacionada también con otro de las grandes temas de la filosofía como es el estudio del Ser.

La perspectiva con la que se ha abordado el conocimiento ha variado radicalmente a lo largo de la historia:

Actualmente y desde la modernidad y Bacon el conocimiento se considera como un instrumento de poder. La famosa frase "el conocimiento es poder" no nos es sin duda ajena.

Foucault ha sido uno de los grandes filósofos que más se han dedicado al estudio del conocimiento fundamentalmente en tres problemáticas como él mismo enuncia:
  • ¿Cuáles son las relaciones de verdad a través del conocimiento científico, con esos "juegos de verdad" que son tan importantes en la civilización y en la que somos, a la vez, sujeto y objeto?
  • ¿Cuáles son las relaciones que entablamos con los demás a través de esas extrañas estrategias y relaciones de poder?
  • ¿Cuáles son las relaciones entre verdad, poder e individuo?

Para Foucault la construcción a partir del conocimiento instrumentalizado de lo que es oficialmente la verdad implica per se una serie de determinadas relaciones entre sujetos (muchas de ellas de subordinación cuando no de servilismo). Unas relaciones donde el conocimiento es poder pero que no sólo reprime, sino que también produce efectos de verdad: unos beneficios, una visión del mundo o vanas ilusiones por la que muchos individuos luchan a veces sin el sentido de lo ilusorias e interesadamente manipuladas que a veces éstas son.

Pero existe otra visión del conocimiento que nos proporcionan nuestros clásicos como Sócrates donde éste es una forma de llegar a la virtud personal. La famosa inscripción en el templo de Delfos: conócete a ti mismo (gnothi seauton) nos lanza la invitación generosa de perfeccionarnos como individuos mediante la sabiduría que nos proporciona un acercamiento a un conocimiento entendido como cuidado de uno mismo y no como instrumento de poder.


Hacer y compartir desinteresada y generosamente el conocimiento puede ser parte de nuestra identidad y llevarnos a una vida virtuosa en un sentido clásico, al que quizás debamos dar mayor relevancia vista la situación actual.

Se trata en el fondo de construir ayudados por una consciente voluntad emancipadora, una arquitectura personal a través del saber y el conocimiento compartido y entendido desinteresadamente como algo fundamental para el cuidado de uno mismo (al igual que seguimos una dieta) y no como dominación de los demás. Como ya nos desafiában los ilustrados: sapere aude (atrévete a saber).







    miércoles, 26 de octubre de 2011

    Buscando una actitud vital: la vida como proyecto o el sentimiento de plenitud


    Cuando uno debe afrontar la vida puede ver ésta como un proyecto: como un espacio y un tiempo donde desarrollar una serie de actividades con una finalidad determinada y en la que los valores y creencias estén siempre presentes. Esto supone a veces una dura tarea (como los doce trabajos de Heracles) pero tiene sus evidentes recompensas y satisfacciones.

    Al menos también existe otra forma posible de confrontar la vida: dejando que  las cosas discurran en su tendencia natural (el todo fluye o panta rei clásico). Es amar por encima de todo la vida y las cosas y esperar que éstas se muestren a nosotros tal como son, sin tratar de instrumentalizarlas. Supone al modo fenomenológico, una suspensión del juicio (epojé) y un cierto distanciamiento vital para poder tomar la altura necesaria y sentir la grandeza de la vida en toda su plenitud

    Y sin duda alguna, la creencia en un destino individual tiene una implicación especial en esta actitud ideal que todos buscamos al intentar afrontar la vida. En la mitología griega existe unas bellas personificaciones relacionadas con el destino de las cuales podemos extraer enseñanzas vitales, las moiras:

    "Eran personificaciones del destino.Vestidas con túnicas blancas, su número terminó fijándose en tres. Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta la muerte (y el más allá).Incluso los dioses temían a las Moiras. Zeus también estaba sujeto a su poder.


    Las Moiras eran :
    • Cloto (Κλωθώ, ‘hilandera’) hilaba la hebra de vida desde su rueca hasta su huso. Su equivalente romana era  Nona (‘Novena’), que originalmente era una diosa invocada en el noveno mes de gestación
    • Láquesis (Λάχεσις, ‘la que echa a suertes’) medía el hilo de la vida de cada persona con su vara de medir. Su equivalente romana era Décima 
    • Átropos (Ἄτροπος, ‘inexorable’ o ‘inevitable’, literalmente ‘que no gira' a veces llamada Aisa) era quien cortaba el hilo de la vida. Elegía la forma en la que moría cada persona, y cuando su tiempo llegaba cortaba su hebra con «sus detestables tijeras» la confundían con Enio una de las grayas.Su equivalente romana era Morta (‘Muerte’).
    Se suponía que las Moiras se aparecían tres noches después del nacimiento de un niño para determinar el curso de su vida."

    El destino estaba determinado desde el nacimiento. Sólo quedaba pues el carácter heroico del pueblo griego de enfrentamiento vital al trágico destino prefijado.

    Y a nosotros como hombres y mujeres modernos, a veces también nos parece que la vida tiene una lógica implacable e incontestable que nos arrastra casi sin remisión y más en estos momentos de crisis que pasamos.


    Pero en contra de este en ocasiones lúgubre sentimiento, aún podemos contraponer como libre e intencional ofrecimiento vital una actitud de vivir sin poner condiciones, aceptando que la plenitud no se alcanza sólo en los buenos momentos sino también en una visión completa, desapasionada y reflexiva de todas las experiencias y giros con que la vida en ocasiones nos sorprende.

    Como dice sabiamente el filósofo Fernando Savater: a veces las razones están en contra de la vida sin embargo la vida está afortunadamente en contra de las razones.



                                                     Alabado sea el día.
                                                     Este día en que mi vida             

                                                     es bendecida por
                                                     El cielo, la tierra y el hombre. 

                                                                  -Sasaki Nobutsuna

    miércoles, 19 de octubre de 2011

    Sevilla: la poética lealtad luminosa





    Hay ciudades que desprenden una luz especial. Una luminosidad que muchas veces ayuda a despejar las brumas y oscuros presagios con las que muchos visitantes llegan a ellas. Esa claridad con las que muchas ciudades del a veces injustamente denostado Sur nos acoge, es el mejor regalo que como atribulados paseantes podemos agradecer llevarnos.


    Hay también artes, mitos y bailes que reflejan con fuerza un carácter de respuesta con mayúsculas de lo Humano ante el desafío del sentido.Una poética creadora en forma de costumbres, folclore o cantes que a fuerza de persistir orgullosamente en la propia identidad se hacen universales.

    Visitar Sevilla es sin duda todo una experiencia para los sentidos. Una ciudad que ofrece ese saber vivir humano que se ha ido conformando pacientemente a través de su historia e ilustres habitantes y que éstos nos ofrecen con esa abierta hospitalidad como sólo es bien entendida en el Sur.

    Y es que existe en ella toda una valiosa sabiduría vital popular en forma de gastronomía, baile y cante como el flamenco, devociones religiosas inquebrantables y pasiones universales en forma de personajes casi mitológicos como su malograda tabaquera Carmen,que nos muestra magistralmente como hace de su orgullosa libertad, arte y ejemplo universal.


    Y aunque en muchas ocasiones podamos pensar que la palabra que conjuga más con amor sea traición, paseando a la orilla del su eterno río Guadalquivir podremos sentir como gratuito ofrecimiento y contrapunto, el carácter e historia de una ciudad que hizo de la lealtad su título constituyente: "Sevilla: la Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana Ciudad"


    Compartir vivencias con esa noble ciudad es todo un desafío también para el pensamiento y la reflexión. Exige ese refinamiento que sólo se da a quién es capaz de hacer de la apertura de  sus a veces ofuscados sentidos por las preocupaciones, una actitud vital.

    Una ciudad de la que sólo el arte de la Poesía puede hacer honor. Y una vieja sapiencia vital que genialmente expresa en forma de Poema unos de sus más ilustres hijos Antonio Machado:

                      "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
                       y un huerto claro donde madura el limonero [...]

                      
                      Y cuando llegue el día del último vïaje,
                      y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
                      me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
                      casi desnudo, como los hijos de la mar
    "

    jueves, 13 de octubre de 2011

    Desenlazando el nudo gordiano de nuestra vida


    Todos afrontamos en algún momento de nuestra existencia situaciones que nos parecen de difícil solución. Sabemos que vivir no está exento de dificultades y que debemos muchas veces buscar soluciones creativas o de pensamiento lateral y no convencional.

    Se trata en el fondo de desenlazar el complicado nudo en el que en ocasiones se convierten muchas cuestiones o momentos que pasamos. También nos parece que con esta crisis actual las complejidades diarias aumentan enredando aún más si cabe ese nudo, al que en alguna ocasión tendremos que enfrentarnos.

    Deberíamos quizás volver la vista atrás y ver como en la historia clásica, hombres como nosotros se han enfrentado a situaciones tan difíciles como la actual para tomar  perspectiva y esa necesaria altura vital, que hace del distanciamiento reflexivo nuestro mejor aliado para buscar posibles soluciones:

    " Cuentan que en la antigua ciudad de Frigia  (la actual Turquía), un oráculo anunció al pueblo que un día verían llegar por la Puerta del Este, a su verdadero rey y que le reconocerían por el hecho de que, al atravesar esa puerta, un cuervo se posaría en su carro.

    Algún tiempo después un pastor, llamado Gordias, se dirigía a la ciudad por el camino del este y justo al pasar la puerta, el cuervo profético se posó en el yugo de su carro de bueyes. Esto fue tomado como una señal por lo que los ciudadanos aclamaron a Gordias coronándolo como rey.

    Cuando intentaron quitar el yugo que uncía los bueyes a la carreta de su reciente soberano, descubrieron que les era imposible deshacer el nudo de la correa de cuero que lo sujetaba al timón. El oráculo intervino de nuevo y predijo que quién lograra desatar el nudo sería el dominador de toda Asia.

    Alejandro Magno tuvo conocimiento de la existencia del nudo y de la leyenda que lo acompañaba por lo que llegado a la ciudad se dirigió al templo de Zeus donde le pusieron frente al yugo con el nudo intacto. Se enfrentó con el reto de desartarlo, buscando una y otra vez un punto débil pero el nudo resistió a todos sus intentos.

    Alejandro agotó su paciencia por lo que desenvainó su espada  y con un potente y certero tajo, cortó el nudo. Ante las protestas sentenció: "Es lo mismo cortarlo que desatarlo"

    Como consecuencia de este hecho Alejandro se convirtió en el nuevo rey de Frigia y el dominador de toda Asia".

    Actualmente seguimos utilizando la expresión “complicado como un nudo gordiano” para referirnos a una situación o hecho de difícil solución o desenlace.

    Buscar esas soluciones inesperadas lejos de ser una tarea titánica reservada sólo a  héroes clásicos es algo que esta a nuestro alcance como seres humanos inteligentes que somos. Ganar esa perspectiva vital nos dará ventaja. Como expresaba la corriente psicológica denominada Gestalt (forma): la inteligencia provine de la aprensión global de una forma, es decir, de una nueva visión del conjunto de la solución. La percepción global de una forma precede a los detalles: recordamos una melodía y no una sucesión aislada de notas.

    Esta visión holística de conjunto que nos indica que el todo es más que la suma de las partes y no dejarse desesperar por los pequeños detalles o contratiempos, fue quizás la que llevó a Alejandro a cortar directamente todo el nudo en vez de seguir intentando desenlazar cada una de sus partes. Seamos pues afortunados de ganar por adelantado esa perspectiva que la historia clásica a todos nos ofrece. Cuantas veces nos será sin duda útil.

    domingo, 9 de octubre de 2011

    Seres narrativos: construyendo con Cioran nuestra propia historia con lucidez

    Si buscamos algo que tengamos todos en común como personas lo que podremos afirmar con cierta seguridad es que todos somos  Seres Narrativos: desde muy pequeños nos embelesa que nos cuenten historias. La construcción de un sentido compartido de la realidad desde el lenguaje y las palabras es algo que es común a todas las culturas que han sido siempre antes orales que escritas y de cuya tarea creadora de sentido todos formamos parte de alguna forma: ya sea como lectores u oyentes o como a veces pacientes conversadores.

    Nuestro Ser lo constituye el lenguaje algo que ya afirmaba nuestro estimado filósofo Wittgenstein. Y en esta tesitura el domino de nuestra propia lengua como límite trascendente del mundo, de lo que podemos conocer, es una tarea en la que deberíamos poner el máximo empeño no sólo en nuestro sistema educativo sino también a nivel personal. Una lengua es una visión particular y de valor intransferible del mundo. La pérdida de una, nos resta un valor interpretativo de la realidad irreparable.

    El lenguaje tanto puede usarse para afirmar el mundo como para deconstruirlo y así desentrañar abusos de poder o realidades impostadas. Y, también, como no para destruirlo, eliminando cualquier alternativa lógica al propio sin sentido que a veces nos acecha .

    Dentro de la Filosofía existe un figura del lenguaje que hace de la concisión su identidad configuradora: el aforismo. Podemos definirlo como una oración o declaración concisa que pretende expresar un principio de manera coherente, concisa y en apariencia cerrada. Algo que con el reciente Twitter parece que vuelve a renacer.


    Y en la filosofía encontramos dos grandes maestros del aforismo: Nietzsche y el menos conocido filósofo rumano Cioran: éste era un persona que como filósofo amaba el saber y era afirmador del Ser en el lenguaje dado que trataba éste con rigor a pesar de su escepticismo radical para rechazar un mundo del que nada en esencia podemos saber de verdad.

    Era un merodeador del abismo del vacío con una visión trágica de la vida donde el libre albedrío, la libertad, la salvación o la redención no tienen cabida sino como mera ilusión para esconder nuestra realidad sujeta a una inapelable lógica determinista contra la que nada podemos hacer.

    Admirador del Quijote cuyo personaje muestra como la razón al final acaba necesariamente en locura, pero que mantiene la ilusión de pensar por uno mismo y no obedecer. En él ve el destino del Ser humano individual sometido a una Sociedad que le impone una razón a todas luces delirante. Algo que sin duda nos resulta familiar a todos nosotros como sufridos habitantes de este mundo moderno que nos ha tocado vivir.

    Pero Cioran nos legó algo de una utilidad y valor incalculabre: la lucidez. Esa conciencia de saber que aunque nadie se libera de sí mismo sí podemos tomar la actitud consciente de afirmar la vida, aceptándola lúcidamente como es: con su dolor intrínsenco y destino trágico. Pero que a su vez podemos sacralizarla proclamando también sus alegrías y momentos placenteros escribiendo nuestra propia historia personal como acto de fe en una razón y una vida que aunque convulsa y a veces desencantada, merece sin duda la pena de ser vivida y contada como construcción de un valuoso e intransferible sentido individual, que no debe perderse en los abismos de la inacción.


    miércoles, 28 de septiembre de 2011

    El mapa y el territorio: la versimilitud en nuestro final de época


    Estamos viviendo unos tiempos dónde quizás una de las pocas cosas que podemos hacer aún con cierta lucidez es tratar de dejar constancia con la mayor versimilitud posible del final de época al que cada vez parece más evidente que asistimos aunque sólo sea con la ingenua intención de tratar de no repetir los mismos errores.

    Hacer evidente esta deriva contemporánea en la que nos vemos inmersos persiguiendo la verdad  como sólo puede realizarse auténticamente: con obstinación, puede a veces ser etiquetado como simplemente de polémico, únicamente con el objetivo quizás, de desvalorizar y tratar de interesadamente ocultar esa visión alternativa, ya sea como crítica o aún peor, como algo a ser tomado en consideración.

    El escritor francés Michel Houellebecq es un maestro no sólo en el arte de narrar sino también en el de dejar fluir por el interior de sus novelas una profundidad y belleza de pensamiento  reflexivo que tiene como objeto todo lo que nos ocurre como seres contemporáneos.

    Y  a pesar del evidente tono desasosegado que  se respira en sus novelas esta lucidez crítica nos sirve al menos para comprender y reconfortarnos a través de sus personajes, con nuestras a veces incomprensibles y absudas peripecias vitales que  este final de época tiene a bien en depararnos.

    Su última novela  El mapa y el territorio ganadora del premio Goncourt, el más prestigioso premio literario en Francia, es una de esas piezas de relojería narrativa que va calando en nuestra conciencia como la lluvia fina: a través de unos personajes con gran éxito profesional, pero terriblemente solitarios que forman indudablemente parte de ésta, para todos nosotros conocida, postmodernidad que ha hecho del simulacro y el exceso su pirueta estética y que ahora puede resultar mortal.

    Es tiempo a lo mejor de preguntarnos sin embudos como se le plantea a Jed Martin, el artista protagonista de la novela, cuanto hemos sacrificado de nosotros mismos en aras de la sacrosanta productividad industrial y profesional.

    La vuelta a una vida artesanal, incluso agrícola, sin producción masiva, con la revalorización de las regiones, la lentitud y lo local es una forma plausible, al menos como opción, de aislar y salvar a los países de las intempestivas inclemencias de la economía globalizada moderna.

    Y aunque normalmente en nuestra vida cotidiana damos mucha veces más importancia a la representación que a la realidad misma (al mapa que al territorio, a las cotizaciones bursátiles o artísticas que a los bienes en sí), aún estamos a tiempo de, como expone magistralmente Houellebecq en su novela, tomar consciencia de la importancia de la valiosa individualidad de cada Ser Humano como detentor de una representación particular y única del mundo y un destino a realizar.

    Este capitalismo desaforado en el que hemos vivido últimamente no es quizás sino un mal  decorado temporal que ahora se derrumba ante nuestra realidad primigenia: esa soledad esencial del Ser Humano que debe vivir con confianza, lucidez y obstinación la búsqueda de su propia verdad individual, como testimonio legítimo e insustituible de una visión  de la realidad de valor aún afortunadamente incalculable para nuestros especuladores postmodernos.

    sábado, 24 de septiembre de 2011

    Hacia nuestra consciente expedición interior de subida



    Desde antiguo sabemos que en el ser humano hay  de forma natural una permanente ansia de superación, de mejora y desarrollo de nuestras capacidades tomando muchas veces ejemplo de los demás. Es lo que Platón llamaba anábasis que significa subida.

    Pero por otro lado, debemos ser conscientes que quizás esta altivez del hombre en su deseo permanente de superarse también encierra una cara dramática que es el dolor de la a veces inevitable caída, como tan bellamente expresa el mito griego de Icaro y su alas de cera fundidas por el sol al tener el arrojo de intentar volar.

    Entender como nuestros sabios antepasados griegos, que la vida tiene inevitablemente una dimensión de dolor y que es parte consustancial a la misma, nos hará no sólo más conscientes de nuestra propia realidad, sino más sabiamente responsables de nuestras propias actuaciones y nos permitirá reconciliarnos con nosotros mismos y los demás.

    El filósofo alemán Nietzsche nos decía que hay que saber separar entre sentido y valor: para él la vida no tiene ningún sentido pero sí tenía valor por si misma sólo si ésta es vivida aceptando su dimensión trágica. Era lo que denominaba el vivir de forma estética y aristrocrática.

    Se trata  en el fondo de no vivir anestesiados por a veces más o menos bienintencionadas corrientes de pensamiento, que utilizan terapias de lenguaje cognitivo-conductuales para casi obligar a pensar siempre en positivo intentando a veces ocultar o desvalorizar esta dimensión trágica que toda existencia inevitablemente tiene.

    La vida es placer y dolor y sabemos que no podremos evitar enfretarnos a contratiempos, fracasos y pérdidas. Lo que si tenemos en nuestras manos es la actitud consciente y reflexiva para conformar nuestro carácter y enfrentarnos lúcidamente a esas pérdidas y hacerlas parte consustancial de nosotros.

    Y esta concienciación de la dimensión trágica de la vida  no debe no sólo impedirnos desarrollar nuestra humana conditio, sino que además puede darnos fuerza para realizar nuestra propia anábasis: esa expedición interior de subida a la que todos estamos afortunadamente de forma natural llamados como seres humanos.

    domingo, 18 de septiembre de 2011

    Reconciliándonos con nosotros mismos: decrecimiento o saber vivir.

    ¿Cuando consideramos a una persona rica? Con casi total seguridad  responderemos que alguien es rico  cuando posee mucho dinero, patrimonio o abundantes inmuebles. Es decir, por muchas razones asociamos la riqueza con cuestiones exclusivamente materiales.

    En nuestro imaginario mental tenemos bien inculcado la necesidad indiscutible del crecimiento, ya sea en resultados, ventas, posesiones y lo asociamos al éxito y al reconocimiento en la vida. De hecho, sintomáticamente lo primero que preguntamos en Occidente para conocer a una persona es de qué trabaja, cúal es su puesto en la cadena productiva que tanto sacralizamos inconscientemente.

    Paradójicamente vivimos en un mundo donde desde el punto de vista físico nuestros recursos son limitados. El principio entrópico nos expone que no es posible crecer ilimitadamente dentro de un sistema, como es nuestro planeta, cerrado y que dispone de una cantidad de energía limitada.

    La idea ilustrada del poder de la razón y la Fe en el progreso abrió nuestra modernidad y nos ayudó sin duda a alcanzar altas cotas de bienestar material y hedonismo a la carta. Tres siglos después y con una conciencia formada global de los resultados que la modernidad ha tenido, quizás sea ya momento sino de rechazarla, al menos de matizarla sustancialmente.

    Porque si el sueño de la razón produce monstruos, la permanente vigilia instrumentalizada y apropiativa nos lleva a la extenuación de nuestro planeta y, sobretodo, a la propia personal.

    Dado el actual contexto de crisis económica parece cada vez más probable que la alternativa en muchos países desarrollados Occidentales no sea otra que entre recesión (decrecimiento salvaje) y decrecimiento (cívico). Y aún en estas circunstancias, podemos alejarnos de pánicos muchas veces interesados, para serenamente reflexionar y tomar conciencia de las alternativas que afortunadamente tenemos.

    Las teorías del decrecimiento no significan crecimiento negativo sino asumir como criterio regulador de la vida económica las consecuencias de limitación de recursos que el principio físico entrópico claramente expone. Quiere situar la relaciones comunitarias y la felicidad cualitativa por encima del individualismo y las concepciones puramente cuantitativas del mundo propias de la modernidad dominante.

    Si nos paramos a pensar sacrificamos muchas cosas en nuestra vida en aras de la sacrosanta productividad. Si de algo puede servirnos esta crisis es para ser más conscientes del la paradoja de la abundancia donde el poseer más no nos hace más felices. Y muchas veces no es necesario hacer cambios radicales de vida, sino modular y enfocar nuestra actual existencia con dosis de reflexión y consciencia.

    Es tiempo quizás para volver al slow life: el placer del ocio con los nuestros, el ethos del juego en lugar de la obsesión por el trabajo.A la importancia de la vida social y altruista, la conversación y lo local sobre el consumo ilimitado, a lo relacional, el gusto por la lentitud y el prestar atención a los detalles y los pequeños placeres como la lectura.

    Una persona rica puede ser alguien con abundantes experiencias, lecturas o habilidades relacionales y conversacionales. Seguro que nos proporcionará más sentido y ejemplaridad que alguien que simplemente posee muchas cosas materiales temporalmente.

    Es en el fondo ir hacia lo razonable sobre lo racional, vivir dentro de nuestras posibilidades sin dramatismos pero con una renovada ilusión . Como dice el filósofo Rafael Argullol al final conocerse a uno mismo es reconciliarse con nosotros mismos. Es hacer de nuestros naufragios y nuestras pérdidas parte constituyente y aceptada de nuestra patria personal.

    Como le dijo un pescador: "¿Qué hago si me atrapa un remolino?". "Déjate succionar por él, al llegar al fondo él mismo te impulsará hacia fuera"


    martes, 13 de septiembre de 2011

    ¿Cómo vivir?: veinte años de enseñanza de la ética con Fernando Savater

    Una de las preguntas más difíciles, que además tenemos que inevitablemente contestar cada uno de nosotros como personas,  es sin duda: ¿Cómo debemos vivir?: qué orientación debemos dar a nuestra vida y que debemos hacer. Todos ya sabemos que no existen recetas mágicas o sencillas a la hora de buscar respuestas o motivaciones a  nuestras actuaciones y que somos, casi por definición, seres llenos de contradicciones.

    Lo que si sabemos es que la formación de un criterio propio a la vez crítico y reflexivo orientado a la acción práctica es condición necesaria para ejercer nuestra libertad vital con autonomía y sentido. Y esta formación requiere sin duda un esfuerzo orientado de estudio y análisis de las distintas propuestas que se nos ofrecen desde diferentes ramas del saber.

    Una oferta que a modo de invitación hace la Ética como elemento fundamental de una Filosofía lejana del encorsetamiento academicista y orientada en cambio a los problemas prácticos de nuestra vida diaria.

    La ética bien entendida es una invitación reflexiva a la acción y no la imposición de ciertos valores o dogmas. No debe pretender cubrir ciertas carencias sino facilitar la formación libre y consciente de la propia identidad a partir de cada una de las acciones que realizamos.

    Es en definitiva una formación del carácter que nuestro sistema educativo debe promover sin reservas ni ambigüedades, como forma de transmitir los valores democráticos de Libertad, Igualdad  y Fraternidad que tanto han costado conseguir. 

    Valores que deben sustentar cada una de las actuaciones que como afortunados ciudadanos de una democracia somos libres de realizar y, que lejos de relativismos interesados, tenemos la responsabilidad de ofrecerlos a las próximas generaciones a modo de invitación alegre a la acción.

    Se cumplen ahora veinte años del libro y manual de referencia de enseñanza escolar de la ética en español: Ética para Amador del filósofo Fernando Savater. Un libro con vocación divulgativa y de proximidad a los jóvenes pero que transmite sin ambigüedades lo que desde la ética se considera que es necesario para llevar una vida buena. Una excelente oportunidad para revisitar nuestra juventud y lo que nos marcó y configuró como las personas que ahora somos.

    La Editorial Ariel para celebrar este aniversario ha organizado un concurso en este nuevo curso escolar para centros educativos de España que podéis consultar en su página web http://www.eticaparaamador.es/ .Una iniciativa que sin duda pretende apoyar la importancia de la ética en la educación de nuestros futuros ciudadanos.

    Como sabiamente nos dijo el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones: "los hombres han nacido los unos para los otros. Edúcalos o súfrelos".

    martes, 6 de septiembre de 2011

    Vivir hipotéticamente: afrontando el futuro con confianza

    Vivimos ciertamente una época donde cuando se discute sobre el futuro, se habla de él de forma negativa casi automáticamente. Quizás deberíamos comenzar a intentar mirar hacia adelante de manera menos traumática: lejos de un optimismo ingenuo pero con la confianza plena en el abanico de posibilidades que nos da por si misma la extraordinaria experiencia de estar vivos.

    Debemos ser asimismo conscientes que nuestra época actual difiere claramente de la histórica modernidad: como nos dijo sabiamente el filósofo Kant los roles de la primera modernidad dependieron en gran medida de la prescripción de reglas determinadas, del juicio determinado. En nuestra postmodernidad es el individuo quién debe buscar las reglas mediante el juicio reflexivo.

    Queda abierta pues la ventana a la incertidumbre, al riesgo pero por otro lado también se deja la puerta abierta a la innovación y a mayores grados de libertad que nuestros antepasados, tanto en nuestros roles como en nuestras posibles acciones.

    Y también debemos tomar en consideración que muchas veces la reiterada pregunta por el sentido, la interpretación (hermenéutica) o los objetivos finalistas devoran el contenido mismo de la experiencia como bien exponía la fenomenología de Husserl.

    Es posible que en ocasiones sea necesario dejar fluir las cosas como son, sin intentar apropiarnos de forma interesada de su esencia o interpretarlas con ofuscados juicios. Vivir simplemente la experiencia: el clásico griego panta rei (todo fluye).

    El sociólogo U.Beck en su obra La sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida nos ofrece las claves para afrontar la época que vivimos: debemos ser conscientes de que hemos dejado atrás (quizás para siempre) la época industrial de las certidumbres, de las grandes ideologías, del inmovilismo social, de la seguridad del trabajo para toda la vida y saber cambiar con la llegada de la incertidumbre y del riesgo.

    Mediante el juicio reflexivo y el poder autoformativo que nos da la experiencia de nuestra propia individualidad podemos liberarnos de la compulsión de la identidad o un rol que nos enconserta afrontando los miedos que a todos nos acontecen en algún momento. Y abrirnos a la diferencia constituyente del riesgo, las oportunidades y la innovación con las que la época actual nos desafía a nosotros: los que afortunadamente estamos vivos para intentar llegar a ser lo que queramos Ser.

    Como nos dijo Robert Musil  en su magnífica obra El hombre sin atributos debemos vivir hipotéticamente: este lema expresaba el valor y la voluntaria ignorancia en la que cada paso es un riesgo sin experiencia. Lo hermoso y lo único cierto del que mira el mundo por primera vez o de forma nueva es esa excitante sensación de estar predestinado a algo.

    ¿Cuál es entonces tu hipótesis de futuro?